CAPÍTULO VI – THEO
15 de Abril
Había pasado una semana desde aquel fatídico episodio en Hogsmeade. Hermione tuvo que dar miles de entrevistas para explicar lo sucedido ese ocho de Abril, la prensa se había vuelto muy quisquillosa respecto al tema y habían logrado que Hermione se viera afectada por todos los comentarios publicados y las acusaciones que le hacían, como ser responsable de la muerte de varios magos y elfos, incluida su asesora personal. Aquello había sido como un balde de agua fría para la castaña que aún no lograba superar la muerte de Mrs. Jennings. Y para hacer todo aun peor durante una semana había entrevistado a muchas personas para contratar a alguien que ocupara el cargo de asesor personal de la Ministra de Magia, pero los resultados no eran muy buenos. Hermione simplemente no lograba encontrar la persona adecuada que pudiera llenar el gran desempeño que hacía Mrs. Jennings. Gracias a Dios que Harry y Draco la habían ayudado varias veces durante esa semana para calmar a la prensa, de lo contrario hubieran tenido que ir a visitar a Hermione al psiquiátrico. Claro está que el encuentro entre ambos hombres fue de lo más extraño, Harry no quería separarse de ella con el pretexto de que podían volver a aparecer mortífagos; por otro lado, Draco irrumpió en su oficina bastante temprano al día siguiente para conocer su estado físico y mental, y él tampoco había querido separarse de ella alegando que necesitaba a alguien inteligente a su lado que pudiera calmar a la prensa. Por tanto, ambos chicos habían terminado discutiendo varias ocasiones durante la semana por compartir tiempo con la castaña, por dicha no paso de meros insultos; la mayoría por parte de Malfoy aunque Harry no se quedaba cayado y terminaba respondiéndole, también hubieron unas cuantas miras asesinas. Al tercer día de estar debatiendo quien debería estar aquel día cerca de Hermione, acordaron hacer turnos ya que ellos también tenían trabajos que realizar, claro; los gritos de Hermione ayudaron a que llegaran a esa solución, pues ella tenía muchos problemas encima, sin contar que aún no conseguía al bendito asesor, como para tener que escuchar las estupideces de Harry y Draco como si todavía estuvieran en Hogwarts.
Algo si era seguro, Hermione se encontraba agradecida con ambos chicos por el apoyo y especialmente con Harry porque como él lo había garantizado, al día siguiente del accidente, ella no tenía cicatrices de nada y podía caminar perfectamente sin ayuda. Harry había insistido en que se quedara una temporada con él en el número 12 de Grimmauld Place, pero ella rechazó la invitación de su amigo manifestando que vivía en un complejo de apartamentos bastante seguro y ese era su hogar. Aunque la verdadera razón era que ella no quería que los periodistas sacaran conclusiones de una posible relación amorosa donde no la había y ella tenía en ese momento muchos problemas que atender para detenerse a explicar que Harry y ella eran como hermanos.
Hermione acababa de llegar a la recepción del edificio donde se encontraba su apartamento, se dirigió al ascensor y entró en él para subir a su piso. En ese momento, escuchó como una voz gritaba.
–¡Detenga el elevador, por favor! –exclamó una voz varonil.
Hermione sin meditar lo que hacía puso su pie fuera del elevador para impedir que las puertas se cerraran. La castaña observó cómo un hombre entraba deprisa en el ascensor, él iba cargando muchas bolsas de compras, llevaba un maletín negro y un bolso pequeño en forma de escoba que le colgaba de un brazo; también notó que el hombre cargaba en sus brazos a un niño pequeño que llevaba un sombrero puntiagudo y se notaba que estaba dormido. Ella intentó comprender como ese hombre era capaz de cargar todo aquello y ver por dónde iba ya que el sombrero del niño le tapaba el rostro, si hubiera sido ella no habría dado ni dos pasos.
–¡Gracias! Disculpe el inconveniente, si no me ayuda no sé cómo hubiera podido llegar a mi piso–dijo el hombre con una voz bastante varonil a pesar de escucharse agitado por correr con toda aquella carga y el niño.
–No fue nada, ¿a qué piso va? –preguntó la castaña, apretando el número de su piso y esperando la respuesta del hombre para marcar el de él.
–Al último por favor –dijo el hombre entrecortadamente intentando recuperar el aire.
–En ese piso solo hay dos apartamentos, ¿cierto? –preguntó Hermione observando mejor a su acompañante. El hombre era alto, delgado pero se notaba que su cuerpo estaba en buena condición física, vestía un traje negro muy elegante aunque un poco desarreglado y arrugado, Hermione supuso que se debía a todo lo que el hombre llevaba cargando. También, observó una cabellera color castaño oscuro y completamente despeinada, supuso que ese era el cabello del hombre.
–Es correcto – afirmó el hombre–. Llevo unos cuantos años viviendo aquí.
Hermione se asombró ante esa información. Ella vivía en el mismo piso y jamás había visto a su único vecino durante los seis meses que llevaba viviendo en el edificio, menos haber escuchado la voz de un niño. Siempre pensó que ese apartamento se encontraba vacío, ya que el alquiler era bastante alto y solamente alguien extremadamente rico podía alquilar aquel piso. Ella tenía esa facilidad ya que era la Ministra de Magia y ese edificio tenía una excelente seguridad, ella optó por vivir ahí a pesar del elevado costo, era eso o vivir en un apartamento más barato pero con aurores apostados en los costados de su puerta las veinticuatro horas del día invadiendo su privacidad. Por lo que prefirió alquilar aquel caro apartamento, claro, era caro pero la vista que tenía era preciosa y no la cambiaba por nada del mundo.
–Yo me dirijo al mismo piso. Perdone mi curiosidad, es solo que no sabía que tenía un vecino, ya que nunca nos habíamos visto hasta hoy –comentó la castaña lo más amable que pudo intentando ocultar la curiosidad que despertaba aquel misterioso vecino.
–No se preocupe. Es solo que todos los días salgo temprano del apartamento, ya que debo ir a dejar a una guardería a mi hijo y regresó temprano por lo mismo. Bueno, de vez en cuando no pasamos en nuestra casa ya que si tengo que trabajar hasta tarde, Raven se queda con algún compañero en su casa–comentó el hombre. Hermione supuso que el tal Raven era el niño que llevaba entre sus brazos.
Cuando Hermione iba a preguntar por la madre del niño, la puerta del ascensor se abrió de par en par. Hermione salió primero ya que el hombre cortésmente y como pudo le indicó que saliera ella. La castaña se dirigió a la puerta de su apartamento y se detuvo para despedirse de su vecino, pero al notar que el hombre no podía ponerse de acuerdo con sus compras y sus llaves para poder abrir la puerta de su casa, decidió ayudarlo.
–Dame, yo te ayudo –ofreció voluntariamente Hermione. El hombre a como pudo le pasó las llaves de su casa y espero que la chica abriera la puerta.
–Gracias –murmuró el castaño.
Hermione abrió la puerta de su vecino, y le dio campo para que este pasara, pero cuando se disponía a pasar el umbral de su hogar, se quedó atorado en la puerta por todas las bolsas que cargaba. Esto provocó que el hombre estuviera a punto de perder el equilibrio y caer sobre su hijo, de no ser porque reaccionó ágilmente y dejó caer sus compras mientras entraba dando saltitos a su casa intentando recuperar el equilibrio. Hermione rió por lo bajito y se apresuró a recoger las bolsas que su vecino soltó en la entrada.
No te preocupes, deja las bolsas en la cocina, ya te ayudo. Voy a recostar a Raven en su dormitorio, pasa y siéntete como en tu casa. - dijo el hombre mientras se dirigía a una puerta pintada de color verde.
Hermione contempló el lugar, era exactamente igual a su apartamento solo que con unas cuantas diferencias, como los muebles y el color de las paredes. En el apartamento de Hermione todo era una combinación moderna y lujosa de muebles y paredes color rojo escarlata y dorado, ella había escogido aquellos colores para sentirse en la sala común de Gryffindor. Al contrario, su vecino había escogido unos muebles pulcros y elegantes en color negro que hacían un bonito juego con las paredes verdes con detalles en color plata. Aquello era como la sala común de Slytherin y ese pensamiento divirtió a la castaña, eran polos opuestos. Se dirigió a la cocina y observó que estaba reluciente completamente limpia, era notorio que el hombre si le deba uso a la cocina pero se empeñaba en dejarla bien limpia y ordenada; caso contrario a ella, que aunque su cocina se encontraba pulcramente limpia y bien cuidada, ella nunca la había utilizado, no solo porque no tenía tiempo y cuando disponía tiempo para comer, lo hacia fuera de casa, sino que también debía admitir con vergüenza que no sabía cocinar absolutamente nada. Hermione dejó las comprar sobre la mesa de la cocina y se disponía a irse cuando salió su vecino del cuarto de su hijo.
–Disculpa las molestias, creo que abuse de su amabilidad –se disculpó el castaño mientras se dirigía hacia Hermione cuando se detuvo de pronto mientras las sombras de la casa lo envolvía–. Sra. Ministra...
–Oh, no se preocupe, no fue ningún abuso, simplemente ayude a mi vecino que se encontraba en problemas –dijo Hermione intentando sonar amable obviando que su vecino la reconoció como Ministra–. Y por favor no me llame Ministra, en este momento no estoy laborando –Hermione le dedicó una cálida sonrisa al hombre.
–¿Cómo prefieres que te llame? –dijo el hombre seriamente. Se había puesto rígido al contemplar a su vecina. Hermione solamente podía ver el relejo de unos ojos verdes en medio de la oscuridad a la altura de la cabeza de su vecino– Acaso... ¿Prefieres que te llame Granger?
Hermione dejó de sonreír, era evidente que el hombre sabía quién era ella y no por ser la Ministra. La forma fría en que el hombre dijo su apellido le heló la sangre y entonces todo empezó a tomar forma: las paredes verdes y plata con muebles negros, todo pulcramente limpio y ordenado a pesar de que un niño vivía en la casa, no habían juguetes desparramados por todo el piso; la única explicación para aquel cambio de humor del hombre era que él era un Slytherin.
