K de koala
Una de las primeras salidas que llegué a tener a solas con Adrien fue al zoológico.
Me acuerdo que aún tenía mucho entusiasmo por ver a la famosa pantera negra que allí vivía y que se encargaba de cuidar el padre de Alya personalmente. Era una pena que él, tiempo atrás, hubiera resultado una de las víctimas de Hawkmoth por las burlas de Kim hacia su compañera pantera. No hacía nada malo, solo defendía al animal o podría decirse que a su compañero/a.
A veces considero que, de haberse dado ese caso con Chat y conmigo siendo Ladybug, yo no hubiera dudado en defender a mi compañero gatuno de cualquiera que osara burlarse de él frente a mí, tal y como lo había hecho Otus Cesàire. Sonrío al recordar ese pensamiento, puesto que en esos días ni siquiera era consciente de lo tan importante que era ese chico rubio para mí siendo el crush por el que yo andaba más que loca.
Nuestra salida al zoológico parisino no fue premeditada, sino más bien improvisada. Habíamos salido de la escuela y nos quedamos en el parque cercano a mi casa comprando unos helados mientras charlábamos sobre algunas de nuestras viejas batallas. Daba gracias a los pequeños momentos de descanso que tenía con el chico ojiverde en su apretada agenda para pasarlos en su mayoría conmigo desde que nos descubrimos mutuamente. Nino y Alya no habían podido quedar porque tenían pendiente un trabajo en pareja para clase que habían dejado para última hora por los despistes del DJ.
En esto que estábamos hablando sobre algunos akumas problemáticos, me acordé del famoso T-Rex en el que se convirtió el padre de mi mejor amiga y me desternillé de la risa al ver la cara de espanto de Adrien. Por un momento pareció como si se le erizase la piel como si fuera un gato de verdad, de los pies a la cabeza. Él, por otro lado, no paró de recriminarme ante aquel acto tan loco de mi parte de meterme en la boca de la "extinta" especie. Me conmovió cuando se sinceró conmigo y en un arrebato me dijo que aún tenía pesadillas conmigo por ese día pensando que no lo contaba.
Yo, queriendo dejar el asunto a un lado y quitarle ese asunto tan absurdo en ese momento de la cabeza, lo jalé de un brazo y empezamos a correr mientras lo dirigía al zoo y una vez dentro nos dirigíamos a todos y cada uno de los lugares donde estaban los animales mientras pasábamos la tarde.
Creo que funcionó y no podía evitar que se curvaran mis labios al ver la cara de entusiasmo del rubio con cada especie nueva que veía en vivo por primera vez. Cuando durante nuestros paseos por el reciento agarró mi mano, no pude evitar sonrojarme y esquivar la cabeza un poco cortada a pesar de que él después, con una sonrisa burlona, reducía la distancia hasta que nuestro hombros se rozaran como minino.
Por aquel entonces todavía no terminaba de acostumbrarme al contacto físico con él de manera íntima. Si bien ya sabíamos sobre nuestras identidades y nuestros sentimientos aún teníamos que ir aprendiendo a ser más desenvueltos el uno con el otro; dejar atrás las torpezas y no tener miedo de ser quienes éramos con el otro. Aún éramos unos niños, unos simples adolescentes para los que todo aquello de los sentimientos era nuevo. No sabía a veces con que atenerme con él; si con su personalidad dulce y caballerosa de Adrien o con la extrovertida, juguetona y burlona de Chat Noir. Pero de todas las formas, aunque al comienzo me intimidara, siempre acababa por gustarme…incluso más de lo que en un principio creería.
Fue super gracioso verlo con los pelos de punta cuando nos acercamos a la jaula de la pantera negra y saludamos al padre de Alya en el lugar. Por segundos parecía estar rehuyendo al animal y por otros parecía matarse con la mirada con él/ella. Era como ver una auténtica batalla de felinos y ante aquel comentario luego por mi parte tanto yo como Tikki desde mi bolso no paramos de reír ante las caras largas y gruñonas del rubio y el kwami de la mala suerte, que estaba escondido en la chaqueta del primero.
Cuando nos paramos en unos bancos para darles de comer algo a nuestros kwamis no pude evitar darme cuenta de que estábamos sentados en los mismos bancos en los que tiempo atrás estuve conmigo en aquella improvisada "cita" que se había organizado tiempo atrás en el zoo para que Nino me confesara sus sentimientos. Me reí al contarle a Adrien sobre la reacción de mi amiga al decirle a Nino aquella vez que le iba a organizar una cita con Alya. En ese momento solo lo veía como un amigo.
¿Quién lo diría ahora no?
Mea culpa…o más bien…culpa de Ladybug por encerrarlos en una jaula. Adrien reía incrédulo a creer mi relato de que fui capaz de encerrar a aquellos dos después de todo y no ir a sacarlos de su encierro después de lo del akuma. No pude evitar agarrarle otra vez de la mano para guiarlo hasta la jaula donde en concreto me aseguré de encerrar aquella vez a los dos morenos. Hasta aquel día no me percaté, junto a Adrien, de que se trataba del lugar reservado a los Koalas.
¡Eran tan monos!
Me picó la curiosidad al ver a Adrien en ese momento más pendiente del tablero de madera donde estaban los datos y curiosidades sobre aquellos animales que de los propios animales. En toda la tarde que habíamos pasado en el lugar, no se había parado ni una sola vez en ninguno de los tableros, sino que se la pasaba contemplándolos con todo el entusiasmo del mundo. ¡Fue mi guía personalizado! Era ver un animal, y era capaz de decirme tantas cosas de ellos que, hasta los propios cuidadores de los animales, al vernos y oírle, se quedaban a cuadros.
Era demasiado listo para hasta su propio bien y ni siquiera parecía darse cuenta muchas veces de ello.
Sin venir a cuento, y tras, por lo que parecía, había terminado de leer el tablero, sonrío al alzar su vista a los animales y después mirarme a mí con una sonrisa. Se colocó detrás de mí ante mi mirada atenta y extrañada ante su cambio de actitud. Y finalmente me rodeo con sus brazos dejando que apoyara mi espalda contra su pecho mientras sus brazos descansaban sobre vientre con las manos cruzadas. Me sonrojé sin remedio, cortada ante el pensamiento de que alguien nos viera de esa manera viendo la jaula y los animales. Pero a él no le pareció importarle aquello en ningún momento. Todo lo contrario. A pesar de que era más alto que yo por algunos centímetros apoyo una de sus mejillas contra mi cabeza y sentí su aliento por unos segundos por mi lóbulo derecho y por mi nuca como si fuera una corriente eléctrica. Mis manos, apoyadas en ese momento sobre la baranda frente a la jaula se apretaron inconscientemente al pronunciar junto a mi oído de una manera tan suave y delicada que me llegó a conmover. Hasta esa ocasión, muy pocas habían sido las veces en las que había tenido la suerte de escuchar aquellas palabras de su parte debido de nuevo a nuestra inexperiencia o timidez.
Tiempo después supe que lo que me susurró era exactamente lo mismo que lo que incluso más tiempo atrás le dijo a Nino que me dijera cuando iba a confesarme sus sentimientos. Me dijo que aunque se lo intentara negar así mismo, aquella vez sintió como si de verdad él mismo me estuviera diciendo aquello que él mismo había estado deseando decirme por tanto tiempo solo siendo Ladybug….Fue un simple y sincero…
Quiero decirte…que te amo Marinette…
Aquel día, entre los brazos de Adrien, no pude evitar pensar que no podría sentirme jamás más a gusto en ningún otro lugar que no fuera en sus brazos. Era como abrazar a un dulce y tierno Koala como los que había frente a nosotros o al menos, sentirse abrazado de esa manera. Antes de marcharnos miré lo que leyó Adrien en el tablero. Era algo peculiar que aparecía casi al final pero a lo que tuve que darle mucha razón: en cuanto a simbología se trata, los koalas son símbolo de protección, de sensibilidad y también de calma.
Y Adrien era todo eso y mucho más para mí.
Si no fuera porque ya lo consideraba mi gatito tonto, quizás en otra vida se tendría que haberle considerado crearle o darle un miraculous con una relación similar o cercana a los koalas.
Me hacía sentir querida, amada con sus abrazos de koala. Lo amaba, lo amo y lo amaré siempre…
