CAPÍTULO VII – Desconocido

–¿Quién eres? –preguntó Hermione, tenía miedo de la respuesta. Ciertamente los prejuicios de sangre se habían acabado, pero algunas familias pura sangre se empeñaban en mantener viva esa obsesión. ¿Y si ese tipo era un mortífago que desconocía que su vecina era la Ministra de Magia? Aquello no presagiaba nada bueno, Hermione pensó que se había metido en la boca del lobo.

El hombre rió ante aquella pregunta, se imaginó todo lo que podía haber hecho y preguntado la bruja, siendo tan inteligente como lo era pero preguntó aquello. Él era capaz de reconocer eso y mucho más, era talentosa, inteligente y por cómo veía que la había trato el tiempo, también era hermosa a su manera. Hermione se tensó un poco al escuchar la risa del hombre, no era fría pero tampoco cálida, era... ¿divertida? El hombre dejó su escondite entre las sombras y salió a la luz de la cocina donde la castaña lo podría ver.

–¿Nott? ¿Theodore Nott? –preguntó incrédula ante el hombre que tenía enfrente.

–¡Bingo! –exclamó el castaño y pasó a su lado en dirección a la barra donde habían varias copas y diferentes clases de licores– Lamento mi comportamiento de hace escasos cinco segundos –se disculpó el hombre sonriendo de lado–, es solo que no supe cómo reaccionar, no imaginé que la chica que amablemente me ayudó era la Ministra de Magia, antigua excompañera de curso y... una hija de muggles–terminó de decir Theo volviéndose a Hermione y ofreciéndole una copa.

Hermione aceptó desconfiadamente la copa, pero al ver que el chico tomaba un trago de su copa supo que no estaba envenenada ni nada por el estilo; sin embargo, se permitió olisquear el líquido por si las dudas, este gesto provocó que Nott riera. Su risa era demasiado varonil y sensual pensó Hermione al sentir como ese sonido provocaba un cosquilleo en su columna vertebral.

–Tampoco imaginé que mi preocupado y hogareño vecino era una serpiente –atacó Hermione viendo de reojo las compras del hombre que ella misma dejó en la cocina–. Me sorprende que tengas familia, ¿O robaste el niño?

–Muy graciosa Granger, pero aunque te sorprenda Raven es mi hijo –dijo Theo con una mueca en su rostro. Claro que Hermione sabía que era el hijo del castaño, ella también había visto el desordenado cabello que había debajo del sombrero puntiagudo y era idéntico al de Nott hasta podía apostar que los ojos del niño eran como los de su padre. Ella simplemente quería fastidiar a Nott por mencionar su descendencia.

–Debo admitir que me asombra que estés casado –comentó Hermione dándole un pequeño sorbo a su copa y comprando que el líquido tenía un sabor exquisito, al parecer Nott tenía buen gusto.

–Viudo querrás decir, pero no me interesa hablar de eso tema y...–estaba diciendo Nott cuando una vocecita salió de entre las sombras y cortó lo que estaba diciendo.

–¿Papi?

Theo volvió su mirada al lugar de donde provenía la voz. Hermione observó como un niño pequeño se acercaba a Nott restregándose sus pequeños ojitos, los cuales eran tal todo lo contrario a lo que Hermione predijo: eran unos cálidos ojos color miel. El castaño se agachó para poder abrazar a su hijo y levantarlo.

–¿Tuviste pesadillas pequeño? –preguntó Nott

–No papi, es que escuché la voz de mami y quise conocerla –dijo el niño y empezó a buscar con la mirada a una mujer. Tanto Theo como Hermione se quedaron estupefactos ante la declaración del niño.

Raven ubicó a Hermione detrás de él. Observó detenidamente a la chica, su cabello castaño atado en una coleta, el pequeño rubor en sus mejillas, sus finas facciones y se detuvo en sus ojos miel. Definitivamente aquella era su mamá.

–¿Mami? –el niño se alejó un poco del pecho de Nott y le tendió los brazos a Hermione.

Hermione sin saber qué hacía se movió por instinto quitándole el niño al castaño y cargándolo en sus brazos. Nott que ante los comentarios de su hijo se había quedado helado, ahora ante la reacción de la castaña se había quedado mudo. Él era consciente que su niño añoraba una mamá, y él con tal de complacerlo había intentado salir con varias chicas, pero ninguna había logrado llenar el campo de madre en el corazón del niño. Y de pronto escucha la voz de una completa desconocida que nunca ha visto y le dice mamá. Esa situación era muy confusa en la mente de Theo, lo que a una de sus novias le había costado meses sin lograr escuchar esas palabras de su hijo, a la Gryffindor le había costado ¿nada? Ni siquiera lograba encontrar las palabras apropiadas para explicar el fenómeno del que estaba siendo testigo en ese momento. Theo cayó en la cuenta que su hijo se estaba confundiendo con la chica y llevando aquel extraño encuentro a un nivel completamente diferente e imposible.

Por su lado, el corazón de Hermione latía con fuerza ante la calidez y las palabras del niño, nunca se había detenido a pensar si quería formar una familia en el futuro, el trabajo no le da tiempo para pensar en ello y menos después de verse sola sin amigos, ¿cómo iba a formar una familia si ni siquiera salía con alguien? Y de pronto su corazón de mujer la traiciona ante aquel pequeño niño que no podía tener más de cinco años, aquel pequeño hombre estaba haciendo lo que ningún hombre había logrado hacer en su corazón. Su instinto maternal estaba floreciendo de la nada con un niño que no era su hijo; y además, era el hijo de una serpiente; que bien es cierto, nunca la molestó en su tiempo de estudiantes como lo hacía Malfoy o los otros Slytherins pero, sí se reía de ella por ser hija de muggles.

–Raven, ven para acá. La... –reaccionó Theo pero se congeló nuevamente sin saber que hacer o decir.

–Hermione –dijo de pronto la castaña–. Mi nombre es Hermione –repitió la chica tendiéndole una mano al niño mientras le sonreía cariñosamente.

–Yo soy Raven –dijo el niño ignorando la mano de Hermione y abrazándola. Esto fue más de lo que pudo soportar la castaña y abrazo cariñosamente al niño. Theo abrió como platos sus ojos, aquella escena la había imaginado cientos de veces pero no con aquella chica.

–Raven –Theo no espero contestación y arrancó al niño de los brazos de Hermione. Vio como el niño iba a protestar por haberlo arrancado de los brazos de la chica–. Esta mujer es nuestra vecina no tu mami –sentenció cálidamente el castaño explicándole a su hijo la verdad–. Ella ayudó a papi a subir las compras y estábamos platicando.

–Oh... –dijo el niño abriendo su boca formando una perfecta O e intentando reprimir las lágrimas que se querían asomar por sus ojitos debido a la decepción.

–Rav, ¿puedo llamarte así? –preguntó Hermione sonriéndole nuevamente al niño y limpiándole una lágrima que se escapó de sus pequeños ojos. El niño asintió. Esos gestos fueron muy tiernos para Theo, por lo que empezó a cuestionarse muchas cosas–. No soy tu mami, pero puedo ser tu amiga y si quieres puedes llamarme Hermi.

El niño meditó un momento aquellas palabras. Le dolía que la chica no fuera su mamá, le había gustado desde que la vio a los ojos, esos ojos como los de él, y sintió tanto amor y calidez con los pequeños mimos que la chica le había dado que era una completa estupidez que no fuera su mamá. Su papá debía ser muy tonto al no ver que él ya estaba amando a esa castaña y la quería como mami, no iba a dejar que su papá lo arruinara.

–¡Mami! –Hermione y Theo se quedaron mudos otra vez–. Quiero llamarte mami ¿puedo? –preguntó el niño abriendo sus ojos lo más que pudo a modo de súplica. Hermione volvió a ver a Theo esperando una respuesta, el castaño solo se encogió de hombros.

Si ha Theodore no le importaba como la llamara su hijo, no había problema con ella. Probablemente, al chico le diera igual como la llamara su hijo, ya que sabía que no se verían mucho, si en seis meses no se habían visto hasta esa noche, tal vez pasarían otros seis meses antes de volverse a ver. Incluso, pensaba que el castaño tenía la esperanza de que su hijo se olvidara completamente de ella. Que más daba darle un pequeño instante de felicidad al niño.

–Puedes llamarme como más te guste –dijo la castaña.

–Mami –llamó el niño–, tengo hambre, ¿puedes... hacer comida?

Hermione se tensó ante la pregunta del niño. ¡Diantres! Ella no sabía cocinar ni un simple huevo, ¿Cómo iba a cocinarle al niño? Esta situación se le estaba escapando de las manos, si seguía en esa casa juntos a esos dos hombres se volvería incapaz de razonar nunca más en su vida. No podía decirle que no al niño; tampoco, quería demostrarle al Slytherin que era una tonta que no sabía cocinar. ¡Por Merlín! Podían morir envenenados por su intento de cocinar, ¿Qué podía hacer para escapar de esa situación?

Hermione intentaba pensar alguna razón coherente que la hicieran salir airosa de esa situación, pero como si su cerebro hubiera decidido tomar un descanso, ninguna razón acudió a su mente. Theo al ver la expresión de confusión mental comprendió al instante la lucha mental de la chica y la respuesta eso era clara: la castaña no sabía cocinar. El hombre rió internamente ante la idea.

–Yo... bueno... este... –Hermione empezó a decir tartamudear cosas incoherentes.

Nott disfrutaba la escena, pero tampoco quería que su hijo muriera de hambre por la falta de las artes culinarias de la chica. Esto comprobaba su teoría de que aquella chica tan perfecta e inteligente tenía que tener un punto débil, solo que no imaginó que ese punto débil sería algo tan trivial y cotidiano como cocinar.

–Raven, la vecina es hoy nuestra invitada a cenar –afirmó el castaño. Hace tiempo que su hijo no se entusiasmaba con una mujer, mantener un poco aquella felicidad no le caería mal, aunque fuera solo por una noche. Incluso él sería capaz de olvidar todo lo que lo alejaba de aquella chica, lo haría por la felicidad de su hijo.

–¡Yupi! –Exclamó el niño bajándose de los brazos de su padre y corriendo a las piernas de Hermione y abrazarlas–. Traeré a la Sra. Kir –dijo el niño y salió corriendo a su habitación.

–¿Quién es la Sra. Kir? ¿Y desde cuando soy tu vecina? –interrogó Hermione a Nott, mientras este se volvía y comenzaba a sacar ingredientes y ollas para preparar la cena– Y por cierto, ¿Cuándo me invitaste a cenar? Porque no lo recuerdo.

–Kirlia es nuestro Búho barrado, Raven de cariño le dice Sra. Kir, es complicado para él pronunciar su nombre. Eres mi vecina desde hace seis meses ¿No? ¿Quieres quedarte a cenar? Mi hijo no se emociona tanto desde que lo llevé a nuestra última salida familiar, y eso te lo aseguro, fue hace años ya que debo andar asesorando varias empresas a cargo de herederos idiotas que al parecer ni siquiera saben escribir –bufó el castaño. Ni siquiera sabía porque le decía todo eso a ella.

–¿Eres asesor? ¿Pensé que eras empresario? –preguntó Hermione interesada en lo conversador que se estaba volviendo Nott.

–Soy empresario, pero mis empresas las dirijo desde casa, cada mes voy a supervisarlas directamente. No es necesario que este a diario en ellas ya que soy muy bueno en mí trabajo y tengo todo ordenadamente. Sin embargo, algunas personas no saben nada de empresas y son los gerentes de las mismas, por lo que acuden a mí para que los asesore. Esto me quita todo mi tiempo para pasar con mi hijo, por eso hago el trabajo de mis empresas en casa –Theo simplemente hablaba de su apretada agenda sin prestar atención con quien estaba hablando, era como si él se estuviera desahogando de todo lo que sucedía en su vida.

–¿Por qué simplemente no dejas ese trabajo de asesor? Estoy segura que eres lo suficientemente rico y no necesitas de ese trabajo para sobrevivir–comentó la castaña.

–Tienes toda la razón, no me hace falta dinero, pero mi difunta madre quería que fuera asesor y que dejara los negocios de mi padre. Así lo he hecho, las empresas que manejo son creaciones completamente mías, no tienen nada que ver con mi padre. Y asesoro por voluntad de mi madre, solo que no imaginé que tantos empresarios necesitaran de mí, a tal punto para dejarme sin tiempo para mi hijo. Necesito cambiar todo, pero era lo que mi madre quería de mí, no puedo dejarlo así de sencillo –replicó el castaño mientras movía la varita haciendo hechizos mentales para comenzar a cocinar.

–Tu familia es una antigua familia sangre pura, ¿cierto? –Cuestionó Hermione, Theo simplemente asintió mientras se movía ágilmente en la cocina– Eso quiere decir, que ¿ese deseo de tu madre tiene algún tipo de magia antigua que te impide dejar de hacer la voluntad de tu ella?

–Bingo nuevamente Granger –Theo se volteó y le dedicó una sonrisa de lado a Hermione antes de continuar cocinando–. Veo que sigues siendo muy inteligente, una cualidad que he admirado de ti.

Un momento, ¿Theo le estaba haciendo un cumplido? Definitivamente aquella conversación ya había pasado los límites normales. Pero ella era realmente inteligente por lo que no pasó por alto los datos interesantes que le dio el castaño y en su mente ya empezaba a maquinar un plan para sacar provecho de todo aquello y matar dos pájaros de un tiro.

–¿Estas consciente de que ella hizo eso porque quería algo mejor para ti que lo que te ofrecía tu padre? –tentó Hermione la confianza que Theo estaba teniendo con ella. El chico asintió nuevamente sin comentar al respecto– Tengo una solución para remediar ese hechizo y así puedas pasar tiempo con tu hijo.

Theo se detuvo y volteó a mirar dudoso a la castaña. ¿Acaso ella era tan inteligente y talentosa como para deshacer una magia tan antigua? Aquello sería un gran acontecimiento, algo digno de recordar. Theo sintió curiosidad al respecto aunque se mantuvo renuente a escuchar la respuesta.

–Como veo que no estás seguro que decir, seré directa –dijo diplomáticamente la chica– Trabaja para mí.

Si todo lo que había pasado esa noche había tomado desprevenido al castaño, aquella extraña propuesta había sido la cereza del pastel. ¿Trabajar para la Gryffindor? ¿Qué trabajo podría necesitar ella de él? ¿Esperaba que le limpiara los zapatos? ¿Qué le diera consejos de moda? ¿O esperaba que le hiciera algún tipo de favorcillo íntimo?

–Disculpa, no entiendo –dijo Theo lo más cortésmente que pudo.

–Sencillo, mi asesora murió...–se le quebró un poco la voz al recordar el incidente, Theo recordó haber leído esa noticia unos días atrás–... por lo que necesito un asesor con urgencia y no he encontrado a la persona indicada. Creo que tienes las cualidades y aptitudes para el trabajo –dijo la chica y agregó rápidamente al ver que el castaño iba a protestar–. Así cumplirías con la voluntad de tu madre, y como somos vecinos en algunas ocasiones podremos realizar algún trabajo desde la casa así podrás aprovechar más tiempo con tu hijo. También, que los horarios conmigo son flexibles.

Theo meditó las palabras de la castaña. No era tan descabellada la idea, hasta tenia lógica. ¿Qué podría salir mal? Ellos nunca se llevaron bien pero tampoco mal, él era muy reservado, callado y tenía bastante paciencia, así que se podría aguantar uno que otro capricho de la chica. Y lo más importante, tendría tiempo con su hijo.

–Dedo analizarlo primeramente –dijo el castaño y se apresuró a terminar la cena.

–Mami, la Sra. Kir no está –dijo una vocecita detrás de Hermione. La chica volteó y allí estaba Raven sonriéndole cálidamente.

–Campeón, ¿Por qué no llevas a Granger al comedor? La cena esta lista –dijo Theo aún incómodo por la forma en que su hijo se refería a la castaña.

–Hermi, dile Hermi papá –sentenció el niño haciendo pucheros mientras tomaba la mano de Hermione y la llevaba al comedor.

–Raven, ella y yo apenas nos conocemos. ¿Recuerdas que te dije que solo puedes llamar por su nombre a las personas cercanas? –dijo Theo dirigiéndose al niño.

–Pero mami no se enojará, ¿verdad mami? –preguntó inocentemente el niño. Ambos adultos se tensaron ante la pregunta.

–Eh... bueno...–Hermione no sabía que responder exactamente, aquello era incómodo. Hermione se tuvo que aclarar la garganta varias veces antes de continuar–... pues... claro. Tu papá me puede llamar Hermi.

–Ves papi, dile Hermi –sonrió triunfantemente el niño a su padre.

–Eh... si –dijo secamente Nott y comenzó a poner la cena en la mesa.

La cena transcurrió entre risas por parte del niño, y alguno que otro comentario que ponía un poco tenso el ambiente; por lo demás, todo fue perfecto. Hermione se cuestionaba internamente si así se sentiría tener un hijo y un esposo, claro lo extraño no era el niño sino su compañero. Obviando eso, todo se sentía increíble, su corazón le pedía a gritos que ignorara el pasado y viera el futuro que tenía en frente, pero eso no era tan fácil. Aunque ese niño hubiera robado su corazón en un instante, su padre era la otra cara de la moneda y ella aún tenía sus dudas al respecto; eso sí, ignoró olímpicamente a su cerebro cuando le propuso empleo al castaño. La verdad, con todo lo que había ocurrido recientemente en su vida, ya ni tenía idea que hacía o decía.

Después de la cena, Hermione se dirigió a la puerta para marcharse a su apartamento. Ya había socializado demasiado con Nott, aunque ahora él tenía otra imagen frente a los ojos de la chica. Theo la acompañó hasta la puerta seguido de un pequeño Raven que no quería dejar marchar a la castaña.

–Gracias por todo. Debo admitir que cocinas bastante bien para mi sorpresa –dijo sinceramente Hermione sonriéndole al castaño.

–Cuando quieras puedo enseñarte – dijo Theo sonriendo un poco burlón, Hermione supo que el castaño había descubierto su inexistente habilidad para cocinar.

–Mami, ¿no puedes quedarte? –preguntó Raven haciendo pucheros.

–No, no puedo. Es muy tarde y tanto tú, como tu padre y yo debemos descansar –dijo dulcemente la castaña–. Además, vivo al frente y puedes irme a visitar cuando quieras.

–¿En serio mami? –preguntó emocionado el niño.

–Por supuesto, es una promesa del dedo meñique – Hermione tendió su dedo meñique a lo que el niño aferró con el suyo–. Creo que ya me debo ir.

–Buenas noches mami, te voy a extrañar –dijo Raven abrazando las piernas de Hermione que eran las que tenía a su nivel.

–Y yo te extrañaré a ti, Rav. Pero nos veremos muy pronto. Lo olvidaba, la contraseña de mi apartamento es: Leona a pesar de todo. Así podrás entrar a mi casa cuando quieras, pero no se la puedes decir a nadie más, es solo entre tú y yo –dijo Hermione. Theo soltó una risita al escuchar la contraseña de su vecina.

–¿Papi puede saberla? –preguntó Raven mirando a su padre.

–Él escuchó, así que ya la sabe –dijo la castaña fulminando con la mirada a Theo y dándole un beso en la mejilla a Raven–, ahora ve a dormir.

–¡Sí! –exclamó el niño y salió corriendo a su habitación.

–Hermione se incorporó y observó a Nott. Definitivamente era un hombre guapo, pero era tan misterioso e intrigante. La castaña salió al pasillo y se volteó para despedirse.

–Acepto –dijo el castaño sin esperar que algún sonido saliera de la boca abierta de la castaña. Hermione enarcó una ceja en señal de confusión.

–¿Aceptas qué? –preguntó la castaña.

–Acepto ser tu asesor, pero hay algunas reglas que quisiera acordar –dijo el chico.

–Está bien, pero lo hablaremos luego porque estoy cansada y solo deseo mi cama, así que si me disculpas –se despidió Hermione abriendo la puerta de su casa.

–Sí, buenas noches, Hermi...–susurró el chico lo suficientemente audible para que Hermione escuchara y se congelara en la puerta de su apartamento.

–Bue...buenas noches –tartamudeó Hermione–, Theo...

El castaño le sonrió amablemente y cerró la puerta de su casa, dejando a una confundida Hermione pensando en la jugarreta que debía estarle jugando el destino últimamente.