CAPÍTULO VIII – En Flourish & Blotts

21 de Abril

¡Por fin Domingo! Hermione deseaba tanto aquel fin de semana, que decidió levantarse tarde, tomar un breve desayuno en casa; ya sabía cocinar huevos, le había costado unas cuantas quemaduras de aceite pues se empeñó en aprender a cocinarlos de forma muggle, cosa que fastidió un poco a su maestro de cocina; también, sabía preparar su propio café y ya sabía usar la tostadora. Luego del desayuno, tomó un baño y salió de su apartamento.

Las últimas semanas habían sido una completa locura. El encuentro con Draco había provocado unas cuantas especulaciones en los medios mágicos sobre su posible relación, y había que darles en cierto modo su mérito, ya que los habían visto juntos en repetidas ocasiones saliendo de restaurantes e incluso en el mismo Ministerio. Algunos medios hasta se habían aventurado a decir que estaban comprometidos, que el rubio por fin había sentado cabeza y había decidido casarse robando el corazón de la leona más importante del mundo mágico londinense. Cuando se publicaron aquellas noticias, Hermione tuvo que dar varias entrevistas para aclarar los malos entendidos, esto fue bastante difícil pues Draco por alguna extraña razón no parecía interesado en desmentir a los medios. Hermione creía que la serpiente disfrutaba ese escándalo y lo hacía para fastidiarla un poco, ¿acaso no notaba que ella tenía mucho trabajo como para también dedicarse a desmentir los chismes de los medios? La actitud de Draco exasperaba a Hermione.

Por otro lado estaba Harry, últimamente se empeñaba en estar con ella casi las 24 horas del día. La única forma de deshacerse de él era dirigiéndose al baño de mujeres aunque no necesitara ir en realidad; también, se deshacía de él cuando llegaba al edificio donde ella vivía, se necesitaban contraseñas para ingresar a los apartamentos y Hermione no había querido dársela; por tanto, Harry no se marchaba hasta ver como ella desaparecía en el elevador del edifico. No es que el chico fuera mala compañía, en realidad era todo lo contrario, las charlas eran amenas y ambos disfrutaban la compañía. El problema radicaba en que Harry era muy sobreprotector con ella, él decía que era para recuperar el tiempo perdido, incluso había abusado de su autoridad como Jefe del Departamento de Aurores para auto asignarse como guardaespaldas personal de la Ministra de Magia. Lo divertido de esa situación era ver la cara de Draco cuando salía con Hermione, y Harry los escoltaba fielmente, claro ver la mueca que hacia Harry al notar el acercamiento que tenían Draco y Hermione merecía un premio. Ella esperaba que aquellos encuentros entre los leones y la serpiente no terminaran en algo peor. Aunque debía admitir que la sobreprotección de Harry la hacía sentir segura y le gustaba un poco.

Como si no fuera suficiente tener a esos dos chicos pululando alrededor de ella, se unían al grupo Theo y Raven. En realidad esta pareja de chicos no era tan desconcertante como la primera; Theo por su lado, era bastante reservado, no había vuelto a hablar tanto como la noche que se reencontraron. Hermione tenía la teoría de que el castaño era intolerable al alcohol por eso aquella noche había hablado demás, pero aún no había podido comprobar esa teoría. Nott había impuesto unas cuantas condiciones sencillas de cumplir y había comenzado a trabajar como asesor de Hermione, y ella se sentía más que bien con eso, ya que el castaño la había sorprendido bastante en los primeros días de trabajo, él era increíblemente ordenado y se notaba a leguas lo bueno y responsable que era en su trabajo, Hermione estaba satisfecha por tenerlo como asesor. Además, contra su voluntad, Theo había decidido darle clases de cocina a Hermione porque su hijo se empeñaba en pasar más en el apartamento de la castaña que en el suyo propio, él temía por la alimentación de su hijo, así que por eso decidió enseñarle a la castaña, aunque significaba pasar más tiempo del debido con la chica. Por supuesto, él se había fastidiado cuando la chica aceptó aprender a cocinar pero ella impuso que aprendería de forma muggle, ¡lo que hacía por amor a su hijo!, él esperaba que Raven reconociera eso a futuro. Theo debía admitir que lo divertido de todo aquello ocurrió el viernes anterior cuando Hermione tuvo la fabulosa idea de invitar a Draco y a Harry a cenar. Ellos se habían enterado de que la chica estaba aprendiendo a cocinar y eso solo significaba que él era el que debía cocinar, pues la chica solo sabía cocinar huevos, hacer café y encender la tostadora. ¿Cómo diantres había logrado sobrevivir sin cocinar? Cuando los chicos llegaron al apartamento de la castaña, se toparon con la agradable sorpresa de encontrar al castaño con un delantal cocinando junto a Hermione malinterpretando la situación, lo mejor ocurrió cuando un niño con el cabello como el de Nott y ojos miel como los de Hermione salió de una de las habitaciones llamando mami a la castaña. Las expresiones que hicieron Harry y Draco habían sido de lo más chistosas, que bueno que estuvo ahí para presenciarlas de lo contrario no lo habría creído. Ambos habían creído que Theo era la pareja de Hermione y habían concebido a un hijo que la sociedad mágica desconocía. Después de aquel momento de confusión, Hermione tuvo que explicar su relación con Theo y Raven provocando suspiros de alivio por parte de Draco y Harry, unas cuantas miradas poco amistosas hacia los chicos de parte del niño y una sonrisa divertida de parte de Theo. Lo más extraño era que Draco desconociera de la existencia de Raven siendo uno de los mejores amigos de Theo, otro misterio del chico que intrigaba a Hermione.

Y pues que decir de Raven, simplemente Hermione adoraba al niño, lo veía como su propio hijo y lo consentía en todo lo que podía. El niño había tomado la costumbre de escaparse algunas madrugadas de su casa, entraba sigilosamente en el apartamento de Hermione y dormía con ella; a ella no le molestaba el gesto del niño, por el contrario le encantaba, pero Theo era otra cosa. En varias ocasiones, se había despertado y hallado la cama vacía de su hijo. La primera vez que ocurrió lo había buscado como loco, y en la mañana había entrado en cólera al descubrir que su hijo dormía plácidamente en el apartamento de Hermione, esta fue la única vez que la castaña vio sumamente enojado y preocupado a su vecino. Los otros días que aquello había ocurrido, el castaño simplemente llamaba a la puerta de Hermione para recoger a su hijo o los dejaba en paz hasta la mañana siguiente. Raven por su lado, amaba a Hermione y nada de lo que dijeran lo iba a apartar de su mami.

El callejón Diagon se encontraba abarrotado de magos que realizan compras o se dirigían a Gringotts. Harry había insistido en acompañarla, pero la castaña se negó rotundamente, necesitaba tiempo para ella misma y Harry también debía ocuparse de su vida personal. El azabache había desistido a regañadientes pero con la condición de que Hermione debía usar un disfraz o lo que fuera necesario para que nadie la reconociera, la chica aceptó la propuesta y optó por dejar sus capas y vestidos para vestir unos sencillos jeans, una blusa azul oscuro, una chaqueta y unas tennis, al conjunto agregó unos lentes y amarró su cabello en un moño sencillo.

Aún faltaba tiempo para la hora del almuerzo, así que la chica decidió ir a la tienda de juguetes para comprarle un regalo a Raven. Luego, fue a comprar diferentes clases de dulces, ya que Raven pasaba demasiado tiempo en su casa y ella no tenía ningún alimento apetecible para el niño, mimarlo un poco no sería nada grave, en poco tiempo la castaña ya conocía perfectamente los gustos del pequeño. Finalmente, se dirigió al lugar que tanto le fascinaba del callejón Diagon: Flourish & Blotts. Cuando se encontraba cerca de la tienda observó que la entrada de la misma se encontraba abarrotada por una cantidad inmensa de brujas que luchaban ferozmente por entrar a la tienda. La única vez que Hermione había presenciado algo parecido, había sido en su segundo año escolar cuando su profesor de artes oscuras de ese año, Gilderoy Lockhart, firmaba autógrafos. Solo que al parecer, fuera lo que fuera, había mucha más audiencia ese día que aquel año. La castaña se acercó a una mujer alta que retocaba su maquillaje haciéndola lucir espléndida y que vestía un traje con un buen escote al frente que dejaba muy poco a la imaginación.

–Disculpe, ¿podría decirme que ocurre? –preguntó educadamente Hermione.

–Oh querida, ¿acaso eres la única que desconoce quién está en la tienda? –dijo con una voz chillona la chica mirando de reojo a Hermione.

–Eh... pues si... sino no lo hubiera preguntado –dijo un poco sarcástica e incómoda la castaña al ver como la chica observaba reprobatoriamente su atuendo desarreglado.

–Pues es un escritor muy famoso, es un bombón andante, está soltero y no solo es bueno escribiendo, sino que también es un profesor ejemplar en el Colegio Hogwarts –replicó la mujer dándole la espalda a Hermione y empujó la fila como si con eso iba a lograr que avanzara más rápido.

Por fin tenía un día libre, podría darse un pequeño gusto al comprar libros y ¿para qué? Si al parecer aquel día, todos se antojaron de comprar libros, por lo visto no lograría entrar rápidamente a la tienda y aquello la ponía de mal humor. Todo por un simple mago, ella ya no creía en todo eso después de conocer lo fraudulento que había resultado el mago que tanto admiraba en segundo año. Ella no se iba a retirar sin comprar un solo libro, así que comenzó a hacer fila y rezó para que pronto acabara aquella interminable espera para poder estar rodeada de hermosos libros.

Más de media hora después, Hermione logró entrar en la tienda y comenzó a buscar en las estanterías algún título que le llamara la atención. Escuchó como las brujas reían como tontas ante algún comentario del famoso escritor, Hermione ignoró todo y continuó buscando. Decidió revisar primero los libros de segunda mano porque las mujeres se aferraban a cuanto libro encontraban en las demás estanterías, definitivamente aquel hombre debía ser muy popular para que las brujas se comportaran de esa manera. En una estantería encontró un libro degastado que llamó su atención, el título decía Hierbas Mágicas Curativas Extintas y Nuevas Especies, al parecer era un libro de edición especial y lo más sorprendente era el nombre del autor. En la portada se podía leer con dificultad Neville Longbottom.

Hermione quedó en blanco mientras su cerebro intentaba procesar el descubrimiento que acaba de hacer. Neville... Neville... que nombre tan familiar... un chico regordete y olvidadizo llegó a la mente de la castaña.

–¡Neville Longbottom! –gritó a viva voz Hermione.

Las personas en la tienda quedaron en silencio buscando a la persona que había logrado gritar de tal forma. Hermione percatándose de lo ocurrido intentó salir disimuladamente de la estantería y se dirigió a la caja a pagar por el libro.

–¿Solamente? –preguntó el dependiente mirando a una Hermione ruborizada por su grito. La castaña asintió y rebuscó en su bolso su monedero.

–¿No quiere que él lo firme? Es un libro de edición especial y solo se vendieron diez de ellos en el mundo, a pesar de ser de segunda mano es un poco caro por lo mismo. Ha tenido suerte te encontrarlo antes que todas estas señoras –dijo el hombre sin apartar los ojos de la chica.

–Eh... no, no es necesario ninguna firma, el libro vale por sí solo, no necesita nada más. No se preocupe por el precio puedo pagarlo... –estaba diciendo Hermione, cuando la chica que había conocido en la fila le arrebató el libro de las manos al dependiente.

–¡Quiero este libro! ¿Cuánto cuesta? –le gritó la bruja al dependiente que estaba en shock por la acción de la chica.

–Me parece que está equivocada señora..., yo encontré ese libro primero y lo estoy pagando por si no se da cuenta –contestó Hermione enojada por la falta de cortesía de la mujer.

–Lo siento querida, pero nadie le esta preguntado... –la bruja empezó a decir miles de improperios hacia la castaña que no estaba de buen humor.

Todo eso acabó con su paciencia, y aunque era la Ministra de Magia, no se iba a quedar callada. Ella encontró primero ese libro y pagaría lo que fuera por él, no iba a dejar que ninguna solterona con kilos de maquillaje y pociones rejuvenecedoras encima, le quitara un libro. Por eso había ido a la tienda y no se iba a devolver con las manos vacías, aunque tuviera que abusar un poco de su autoridad como Ministra y sobornar a alguien. Sabía que esta acción no le agradaría a Harry, pues dejaría al descubierto que era la Ministra y andaba sin protección. Pero que importaba Harry en ese momento, ella quería el libro y lo iba a conseguir a toda costa.

–No me interesa su opinión, ¡el libro es mío! así que fuera de mi vista –gritó Hermione al punto de olvidarse de todo y tirársele encima a la bruja y arrancarle el cabello–. Vaya pídale el autógrafo a ese famoso escritor del que está enamorada, claro a ver si no lo asusta primero con todo ese maquillaje que lleva encima y que oculta su verdadera edad. ¡Por Merlín! Creo que usted hasta podría ser la madre e incluso la abuela del escritorcito ese –terminó de decir Hermione sin notar como todos se habían quedado en silencio una vez más observando a las dos brujas. Hermione se reprendió internamente por su actuar, cuando esas personas se dieran cuenta que era la ministra, ¡Por Merlín! El escándalo que harían.

–Eres una desgraciada, hija de... –gritó la bruja llena de ira, apuntando con su varita a Hermione.

–Señoras no creo que este sea el lugar ni el momento adecuado para... –empezó a decir el dependiente temiendo por la seguridad de los libros.

–Señorita –dijo una voz seductora detrás de Hermione–, creo que lo más apropiado es que baje esa varita. Nunca me ha gustado la violencia y si tanto le interesa un libro mío, puedo regalarle firmado el que usted guste. Y a usted señorita–dijo el hombre dirigiéndose a Hermione–, le agradecería que no grite, habemos muchos presentes aquí y sus gritos son ensordedores. Además, si tanto le disgusta que yo sea un escritorcito no entiendo porque monta un escándalo por comprar uno de mis libros, ¿tanto quería llamar mi atención? Pues lo ha logrado, pero no estoy de acuerdo con su forma de hacerlo. ¿Necesita algo? –dijo educadamente el hombre aunque se notaba un poco enojado por lo ocurrido. Hermione sintió la presencia de aquel hombre a sus espaldas, pero no quería voltear, la otra bruja aún mantenía la varita en alto y ella no era tan tonta como para darle la espalda al enemigo. Ese hombre a sus espaldas debía ser el culpable de aquel tumulto de brujas desesperadas en la tienda, y al parecer había escuchado por completo la discusión de ambas brujas. Hermione se ruborizó ante la idea, luego recordó las palabras de ese hombre a sus espaldas... ¿Si le interesa tanto un libro mío? ¿Comprar uno de mis libros? ¿Mío? Hermione miró el desgastado libro que el dependiente le había quitado nuevamente a la bruja. En la portada con letras doradas un poco descoloridas se leía con dificultad Neville Longbottom. Hermione comprendió quien era el autor de aquella seductora voz y abrió los ojos desmesuradamente ante el descubrimiento. Hermione volteó lentamente para encarar al hombre a sus espaldas.

–Ne... Nev...ille - tartamudeó Hermione