CAPÍTULO IX – NEVILLE

–¿Sí? –dijo el chico un poco renuente a la chica.

Los murmullos alrededor de los chicos se incrementaban, pero Hermione no les prestaba atención, ella solo podía admirar incrédula al chico que tenía al frente. Las piezas del rompecabezas en su cabeza querían encajar, pero por más que ella les diera vueltas no lo hacían, aquel chico no podía ser Neville. El hombre frente a ella era alto, delgado pero con músculos bien formados bajo la camisa negra que vestía, su cabello castaño oscuro tenía un corte moderno: corto a los lados y el flequillo largo levantado con algún producto de belleza sobre su cabeza, tenía una barba bien definida pero corta, y su sonrisa era perfecta. Esa imagen no conectaba con la imagen mental que tenía Hermione de Neville; al ver sus ojos verdes algo dentro de ella hizo clic, aquellos ojos aun mantenían la bondad e inocencia que caracterizaba a Neville. Hermione volvió a la realidad y tuvo que pensar rápidamente que decir y salir de ahí sin que nadie lo notara.

–Debo admitir que estoy sorprendida por... verte –dijo amablemente.

Hermione, volteó a ver al dependiente de la tienda, aprovechando que todos estaban distraídos, tomó el libro y depositó diez galeones en las manos del hombre. Luego, volteó a ver a Neville.

–No estoy interesada en tu fama, por el contrario estoy contenta de ver a un viejo amigo –dijo la castaña. Neville levantó una de sus cejas en señal de confusión –, lamento haber interrumpido tu firma de autógrafos.

Hermione levantó una de sus manos esperando que el chico aceptara su mano. El chico dudó unos instantes pero finalmente estrechó la mano de la chica, aunque no reconocía quien era esa castaña que al parecer sí lo conocía a él. Hermione retiró su mano y salió de la tienda. Neville por su lado se quedó observando por donde salió la chica hasta que sintió el pequeño papel que había en su mano. El papel era una tarjeta de presentación color morado con letras doradas, lo leyó detenidamente y abrió sus ojos desmesuradamente ante lo que decía:

Ministerio de Magia

Hermione Jean Granger

Ministra de Magia

Neville volvió a mirar la salida y se apresuró a salir detrás de la chica mientras las brujas de la tienda gritaban a su espalda, pero él las ignoró y se aventuró en el mar de gente buscando a la castaña. ¿Tan presumido se había vuelto que no había reconocido a la castaña? Estaba cambiada pero se veía normal con esas ropas, como en su época de estudiantes. Que tonto se sentía al no haber reconocido a la única chica que lo había ayudado, alentado y hablado por primera vez en Hogwarts. Neville distinguió un moño castaño en medio de la gente.

–¡Hermione! ¡Hermione! ¡Hermione! –llamó Neville a todo pulmón.

Hermione escuchó la voz seductora del chico y sonrió de medio lado. Su plan había funcionado, había conseguido el libro, nadie descubrió que ella era la Ministra de Magia, que había montado un escándalo en Flourish & Blotts, y le había podido decir indirectamente a Neville quién era ella. Hermione aminoró el paso, guardó los lentes en su bolso e iba a voltear cuando sintió un tirón en el brazo que la hizo voltear bruscamente y estrellarse contra el duro pecho de un hombre.

–¡Auch! –se quejó Hermione levantando la mirada.

–¡Lo siento! –se disculpó inmediatamente Neville para luego dedicarle una hermosa sonrisa que dejó sin aire a Hermione –grité pero creo que con tanto bullicio no me escuchaste.

–Eh... siteescuchéibaavoltearperoenesomejalasteelbrazo –Hermione dijo ininteligiblemente.

–¿Perdón? –preguntó el ojiverde al no comprender lo que dijo la chica.

–Dije: si te escuché, iba a voltear pero en eso me jalaste el brazo –repitió lentamente la chica recuperando el aliento.

–Ahh, entiendo. De verdad lo siento –se disculpó nuevamente el chico–. A modo de disculpa por lo torpe que he sido hoy, ¿aceptarías almorzar conmigo? –propuso el castaño.

–Encantada, hoy es mi día libre así que ando sin compromisos –aceptó Hermione.

–Ando de suerte entonces –le sonrió nuevamente Neville.

Desde esa distancia podría apreciar los hermosos ojos color miel de la chica, el pequeño sonrojo en sus mejillas, sus rosados labios entreabiertos... ¡Diantres Neville contrólate! Se ordenó mentalmente el chico, al sentir como un escalofrío recorría su columna vertebral. Ella era Granger, su amiga, ¿Qué era ese escalofrío?

–¿Neville? – dijo Hermione sonrojándose más.

–Dime –dijo el chico sonriéndole de medio lado para darle confianza a Hermione, pero provocando que la chica se sonrojara más. Definitivamente él ya no era el niño que había conocido en Hogwarts.

–¿Po...podrías... soltar...me? –tartamudeó Hermione apartando la mirada de los ojos verdes del chico.

Neville se percató que tenía bien sujeta a la castaña contra su pecho, pero tenerla así no le molestaba, de hecho, se sentía bien. Era como si su pecho encajara perfectamente con el cuerpo de la chica. No quería soltarla, ¿Neville que estás pensando? Se reprendió mentalmente otra vez.

–Oh... yo ¡lo siento Hermione! –se disculpó Neville, liberando a la castaña de su abrazo como a regañadientes– No me di cuenta que te estaba lastimando.

–En realidad, no me estabas lastimando. Pero, todos nos estaban mirando y creo que por ahí vienen unas cuantas fans tuyas –señaló Hermione a un grupo de mujeres que se acercaban velozmente lideradas por la mujer del escote.

Neville sin dudarlo tomó la mano de la castaña y sin el consentimiento de ella se desapareció. Cuando Hermione se percató de lo que estaba sucediendo, se encontraba en el recibidor de un restaurante en las afueras del Londres muggle. El lugar era bello, era una estancia cálida pintada de color rosa pastel y detalles en color dorado, había arreglos florales por doquier y en un recibidor de cristal se encontraba un mago vestido con una capa turquesa que atendía las reservaciones y leía entretenidamente un libro.

–¿Tienen una mesa para dos? –preguntó Neville acercándose al mago sin soltar la mano de Hermione.

–¿Tiene una reservación? –preguntó el mago sin levantar la vista del libro que tenía al frente.

–No, pero no la necesito –dijo Neville amablemente. El hombre apartó a regañadientes la mirada del libro y observó a su cliente.

–¡Sr. Longbottom! –exclamó el hombre irguiéndose completamente y ruborizándose por su indiferencia– Por supuesto que usted no necesita una reservación, sígame por favor. ¿Prefiere adentro o fuera?

Hoy es un día espléndido, creo que afuera se apreciará más la comida –dijo Neville cortésmente siguiendo al mago, detrás iba una Hermione que estaba admirada del lugar–, tal vez haya alguna mesa disponible cerca de las Flores Voladoras.

Pasaron por un salón amplio con mesas decoradas con manteles claros, más arreglos florales y una lámpara de araña en medio del salón. La iluminación era apropiada y los grandes ventanales tenían una vista increíble a un jardín. El mago los guió a un balcón con menos mesas que el salón pero igual de impresionante, el aire era fresco y olía a rosas. También, se podía observar una parte del jardín que estaba repleto de rosales, de ahí el olor a rosas, y algunas plantas mágicas. El mago se detuvo junto a una mesa a la par de una Flor Voladora que separaba un poco la mesa de las demás. El hombre corrió una silla para ayudar a Hermione a sentarse. La castaña se dio cuenta que aún estaba aferrada a la mano de Neville. Ambos chicos se miraron y soltaron el agarre rápidamente.

–Muchas gracias –murmuró Hermione.

–Trae lo mismo de siempre, pero para dos personas –dijo Neville antes de que preguntara el hombre, éste solo asintió y se marchó.

–¿Seguro que lo que ordenaste me gustará? –preguntó Hermione dubitativa.

–Claro que te gustará –afirmó el chico– Confío en mi buen gusto.

–Tanto como que yo quería un libro firmado por ti –molestó Hermione.

–Tanto como que fuiste tú la que gritó mi nombre escondida en las estanterías –le devolvió el chico soltando una carcajada ante el recuerdo.

Hermione se ruborizó, había olvidado que gritó como maniática en un establecimiento repleto de brujas enamoradas de su amigo. Definitivamente, él había escuchado toda la conversación con la bruja pedante, pero qué pensaría él de ella ahora.

–No sabía que se te había subido los humos de la fama a la cabeza –contestó la castaña. En una lucha de palabras no le ganarían, Malfoy se había encargado de cómo entrenarla durante sus años de colegio.

–Yo no sabía que uno de los pasatiempos de la Ministra de Magia era montar escándalos en medio de la presentación del nuevo libro de uno de sus amigos –contraatacó Neville. Si algo había aprendido durante la guerra y después de ella, fue a no quedarse callado.

–Y yo no sabía que disfrutabas verte rodeado de mujeres que bien podrían ser tus abuelas –dijo mordazmente Hermione, pero para suavizar las cosas soltó una carcajada y añadió–; claro, debajo de mucho maquillaje y pociones rejuvenecedoras ¿Quién no se vería atractiva?

–Tienes razón, mis fans son muy intensas y por alguna razón que no comprendo, se empeñan en maquillarse a más no poder y vestirse con ropas que dejan muy poco a la imaginación –dijo el castaño riendo– Si supieran que prefiero a las chicas sencillas, nada estrafalario.

–Así que... eres un famoso escritor, un bombón soltero andante, y un profesor ejemplar en Hogwarts –parafraseó Hermione las palabras de la bruja del escote.

–Pues sí, soy un escritor famoso, y profesor de Herbología en Hogwarts. No niego que estoy soltero y que soy demasiado apuesto para el mundo mágico –carcajeó Neville.

–¿Dónde quedó el Neville humilde que yo conocí? –bromeó la chica, aunque de cierta manera la confundía este nuevo y confiado Neville.

–La guerra nos cambió a todos Hermione –dijo un poco más serio el chico, irguiéndose sobre su silla y apoyando un codo sobre la mesa para así observar mejor a su acompañante.

–Tienes razón –concordó Hermione–. Entonces dime, ¿Cómo sucedió todo?

–Bueno, después de terminar nuestro último año de Hogwarts estudié para ser profesor de Herbología. Mientras estudiaba me percaté que una de las consecuencias fatales de la guerra era que muchas hierbas y plantas mágicas que se encontraban en los libros, habían desaparecido por completo del mundo mágico, pero eso también había provocado que nuevas plantas aparecieran. Así que decidí actualizar la información que tenía el mundo mágico acerca de las hierbas y plantas. Ese libro, al parecer fue muy bien aceptado por el público y me llevó a la fama en un santiamén –señaló el libro que Hermione había comprado en Flourish & Blotts y la chica había puesto sobre la mesa–. Al siguiente año de mi debut como escritor, tomé la plaza de profesor de Herbología junto a la profesora Sprout que estaba pronta a retirarse y seguí escribiendo. Y sin intención de alardear, todos mis libros han sido bien recibidos desde sus primeras publicaciones –explicó el ojiverde, sonriéndole amablemente a Hermione.

–Muy afortunado. Me alegra saber que tu trabajo se ve recompensado –comentó sinceramente Hermione devolviéndole la sonrisa–. ¿Y... cómo llegó el olvidadizo y bonachón Neville a ser... tu yo actual? –preguntó Hermione señalando al castaño.

–Me di cuenta que entre más fama me daban mis escritos, menos tímido debía ser. También mi asesor me recomendó mejorar mi aspecto físico, pues así atraeríamos más público –dijo sinceramente el chico y riendo ante la pregunta de la castaña.

–¡Buen ojo tiene tu asesor! –dijo Hermione riendo– Claro que has atraído al público, especialmente al femenino.

–Te aseguro que es así, y no quiero que pienses que he cambiado mucho. Por dentro sigo siendo el mismo, solo que ahora me tengo más confianza y cuido mi apariencia física, pero no soy ningún hombre frívolo ni mucho menos. Sigo siendo el Neville que tu conociste –afirmó el chico serenamente mientras le dedicaba una cálida sonrisa a la castaña.

–Eh... sí por supuesto –dijo Hermione desviando la mirada.

A quién quería engañar, el hombre frente a ella no se parecía absolutamente en nada al chico que ella conoció. ¡Por Merlín hasta su voz había cambiado completamente! Era demasiado seductora, a cualquiera se le erizaría la piel con solo escucharlo pronunciar su nombre, bueno eso era lo que le estaba ocurriendo a ella.

–¿Y tú? ¿Cómo llegaste a ser la Ministra de Magia más joven de toda la historia del mundo mágico? –preguntó Neville sin pasar desapercibido el sonrojo en las mejillas de Hermione y el leve olor a vainilla que desprendía la piel de la chica y que la brisa se encargaba de restregarle en la cara.

Hermione le contó lo sucedido en su vida, a excepción de algunas cosas que prefería no recordar, esas cosas ni siquiera se las había contado a Harry. Un mesero llegó con la comida, la cual degustaron amenamente, Hermione tuvo que reconocer públicamente que Neville tenía buen gusto, esto provocó muchas bromas de parte del castaño, a las cuales Hermione respondía. Así pasaron el resto del día, entre bromas, historias, una que otra presunción e incluso algunos piropos.

–Neville, ya debo regresar. Se está haciendo tarde y debo darle algunas cosas que compré a Raven –dijo Hermione levantándose.

–¿Raven? –preguntó Neville extrañado, ni idea de quien era Raven. Caminaron juntos hasta el recibidor para pagar la cuenta.

–Ajá... es mi vecino –dijo Hermione sin explicar mucho.

Vecino... repitió mentalmente Neville. Si la chica se tomaba la molestia de llegar temprano a casa para entregarle el regalo que le había comprado a su vecino, definitivamente aquel hombre debía ser algo más que un vecino. Por alguna razón, Neville sintió un vacío en su estómago y eso que estaba lleno por todo lo que había comido esa tarde junto a la castaña.

–¿Te importa si te acompaño? –dijo cortésmente Neville– Claro, si a Raven no le molesta.

–No te preocupes, es probable que Raven se moleste pues es muy celoso –dijo Hermione sin prestar atención a lo que sus palabras provocaban en su acompañante–. Pero él acepta a mis amigos y estoy segura que le caerás muy bien.

–Entonces, ¿nos vamos? –dijo Neville con las palabras de la castaña retumbando en sus oídos. Hermione asintió y tomó el brazo que el ojiverde le ofrecía.

Una pareja se apareció en la entrada de un lujoso hotel. La chica se soltó el brazo del castaño y se volteó para despedirse.

–Neville, fue una tarde maravillosa. Gracias por la invitación, fue un placer volverte a ver –dijo la castaña sonriéndole ampliamente al chico–. También disculpa por interrumpir tu sesión de autógrafos. Buenas noches.

–No te preocupes, me salvaste de seguir recibiendo miradas y comentarios pervertidos de esas mujeres. Espero que podamos vernos más seguido –Neville le guiñó un ojo a la castaña, ella por su parte se ruborizó

Al tiro quien fuera ese tal Raven y la relación que tuviera con Hermione. Lentamente, Neville se acercó a la castaña y le dio un tierno y suave beso en la mejilla. Hermione se ruborizó completamente, a tal punto que hasta sus orejas se pusieron coloradas.

–Buenas noches, Hermione –susurró seductoramente Neville.

Un escalofrió recorrió su espalda al escuchar su nombre en los labios del castaño. Neville se marchó dejando a Hermione como un tomate, la chica entró en el edificio y se dirigió a su apartamento pensando en cómo la guerra había cambiado maravillosa y sensualmente a su amigo.