CAPÍTULO X – CAMBIOS MÁGICOS

25 de Abril

En la tarde de ese jueves, el sol brillaba cálidamente en todo Londres. Era una perfecta tarde para salir a dar un paseo por algún hermoso parque, pero no. Para Hermione esa idea era solo un sueño frustrado por las gigantescas pilas de papeles que debía leer y firmar antes del viernes. Hermione se lamentaba internamente por tener que quedarse encerrada en medio de su trabajo mientras afuera el día era espléndido.

–¡Que desperdicio! –bufó la chica apartando la mirada del informe que estaba leyendo y soñando con el parque y el sol.

Si ese día fuera sábado o domingo y no jueves, ella hubiera podido salir a dar un recorrido y disfrutar del clima. Incluso habría invitado a Theo con tal de salir con Raven. El castaño dejaba a su hijo pasar mucho tiempo con Hermione, pero aún se negaba a dejarlos salir al exterior sin la presencia de él.

–Hermi, estaremos en la oficina hasta las seis. Después, iremos al estudio de Simmons S.A. a las seis treinta para la campaña de Cambios Mágicos –dijo Theo mientras revisaba la apretada agenda de Hermione.

El castaño se había acostumbrado a llamarla Hermi debido a la insistencia de su hijo, a Hermione esto no le molestaba y ambos se habían acostumbrado a llamarse por sus nombres en diminutivo, esto no le había agradado ni a Harry ni a Draco. A Harry por que alegaba que él y Ron eran los únicos amigos verdaderos que tenían derecho de llamar así a la castaña y Draco estaba celoso de que la castaña tuviera más confianza con Theo que con él.

–¿Es hoy la sesión de fotos? –preguntó Hermione, recostándose sobre su silla y frotándose los ojos.

–Si es hoy, ¿puedes dejar de restregarte los ojos? –la regaño el chico.

–Si, papá...–dijo a regañadientes Hermione y dejó de restregarse los ojos.

–No me llames así, me haces sentir muy viejo –dijo Theo arrugando la nariz en señal de molestia.

En poco tiempo, ambos chicos habían logrado entenderse a la perfección, sus conversaciones incluían bromas o expresiones que sabían que molestaban al otro. Además, Hermione había comprobado que Theo era un padre ejemplar y sobreprotector, y no solo era así con Raven sino que también lo era con ella. La castaña sabía que era así, no porque fuera el asesor de ella, sino porque poco a poco el chico la estaba aceptando como vecina, jefa, amiga y la mami de Raven.

–Ajá...–dijo Hermione olvidándose de toda la etiqueta y bostezando abiertamente.

–Pensé que me ibas a tragar –dijo Theo riendo bajito. Él no podía evitar ser reservado aunque con aquella chica era muy fácil olvidarse de todo. Hermione solo le hizo una mueca por el comentario.

–Puedes irte temprano, no es necesario que me acompañes a Simmons –dijo Hermione comprobando la hora.

–¿No quieres que te acompañe a la sesión? –preguntó incrédulo Theo.

–No, creo que Raven te va a necesitar más que yo. Nada más busca algún auror que me pueda acompañar –dijo Hermione volviendo a leer el documento que tenía en sus manos.

–Sabes que es una tontería pedirle a algún auror que te acompañe, cuando sabes perfectamente que Harry no va a dejar que otro auror que no sea él te acompañe –replicó el castaño.

–Entonces dile a Harry que este aquí a las seis en punto –dijo Hermione–, luego te puedes retirar, nada más deja una copia de la agenda por si necesito agendar algo de último momento.

El castaño solo asintió y salió silenciosamente de la oficina. Trabajar con él era bastante ameno. A la seis en punto, alguien tocó la puerta de Hermione, ésta levantó la mirada de los documentos que aún tenía que terminar, y con simple pasé la puerta se abrió. Harry entró en la habitación vestido con su capa de viaje y una agenda debajo de uno de sus brazos.

–¡Hermi! –saludó el chico dándole un cálido beso en la frente– Lamento no haber venido a la hora del almuerzo, tuve que organizar las nuevas misiones de los aurores. ¿Sabes? Ron regresa a final de mes –sonrió el chico sin dar tiempo a que la castaña respondiera–. Nott dejó esta agenda para ti y creo que ya debemos irnos, son las seis y cinco.

–¡Dios mío! ¡Harry no puedo llegar tarde, esta campaña es muy importante para mí! –exclamó la castaña levantándose como un resorte. Tomó su bolso y con un movimiento de su varita guardó los papeles que le faltaban de revisar y la agenda en su bolso mágico– Vámonos.

Ambos chicos se dirigieron al recibidor del Ministerio, Harry tomó a Hermione de la cintura, acercándola a su cuerpo y entró a la chimenea que los llevaría al estudio fotográfico. Hermione ya se había acostumbrado a que Harry la tomara por la cintura cada vez que tenían que viajar por la Red Flu e incluso para desaparecerse.

La pareja apareció en la chimenea de un recibidor bastante amplio decorado con colores chillones y todo tipo de texturas a la moda. Una bruja con un uniforme fucsia neón les sonrió e hizo una bomba con un chicle que estaba mascando.

–¿Tienen una cita? –preguntó amablemente sin dejar de mascar grotescamente el chicle.

–Por supuesto –respondió Harry secamente, al notar que la chica no los reconoció–. Es para la campaña Cambios Mágicos, a cargo del Sr. Simmons y la aquí presente Ministra de Magia.

La chica que se encontraba haciendo otra bomba de chicle, se atragantó provocando que la bomba reventara estrepitosamente sobre su boca y el chicle cayera sobre el escritorio, la bruja se levantó inmediatamente e hizo una reverencia. Luego, tomó un aparato mágico y le comunicó a alguien que la Ministra había llegado.

–Pueden sentarse y esperar –dijo cortésmente la chica señalando unos sillones modernos en un rincón del recibidor.

–Gracias –dijeron al unísono la pareja.

–Escuché que tendrías que posar con algunas criaturas mágicas y con un modelo famoso –comentó Harry sentándose lo más pegado posible a Hermione.

–Sí, es una campaña sobre los cambios mágicos que ha realizado el Ministerio de Magia, por eso debo salir en las fotos, claro contra mi voluntad –dijo la chica haciendo una mueca.

–¿Crees que el modelo sea...guapo? –dijo Harry desviando la mirada para parecer desinteresado en el asunto.

–Harry...–Hermione abrió los ojos como platos ante el comentario de su amigo, aquello la había dejado en shock, con voz tímida preguntó–... ¿Eres gay?

Harry casi se cae del sillón de la impresión, volteó a ver a su amiga sin poder creer lo que ella había preguntado. ¿Cómo diantres había llegado a esa conclusión?

–¡Por Merlín! Hermione, claro que no soy gay –dijo Harry levantando un poco la voz pero intentado de que la recepcionista no la escuchara–, me encantan las mujeres, ¿Cómo pensaste eso?

Harry aún no podía creer lo que había escuchado, que su amiga dudara de su hombría. ¿Él gay? Imposible, si había preguntado si él tipo ese era guapo, era porque tenía celos de que otro chico atractivo apareciera en la vida de Hermione. Ya era suficiente con Malfoy molestando a las horas de comida, con Nott y el pequeño Nott casi viviendo y durmiendo con Hermione y ahora Neville con sus cartas todos los días, a ese paso él no tendría tiempo para pasar con la castaña.

–Debes admitir que tu pregunta fue extraña –dijo Hermione bajando la mirada y sonrojándose levemente por la confusión.

–Es solo que no quiero que otro tipo se te acerque, ya tengo suficiente con lidiar con Malfoy, Nott y el pequeño Nott –dijo Harry sinceramente–. Además, te quiero... solo para mí...

Hermione se ruborizó ante la confesión del azabache. Él tenía razón casi no pasaba tiempo con su mejor amigo, cualquiera se sentiría desplazado al pasar más tiempo con otras personas que con su amigo, su hermano. Hermione comprendió los celos de su amigo, le sonrió y lo abrazó fuertemente.

–¡Oh, Harry! No te pongas celoso, tú eres mi hermano y ese puesto nadie te lo va quitar. Tienes un lugar muy especial en mi corazón –le susurró Hermione al oído.

Un escalofrío recorrió a Harry, pero aunque esa sensación fue placentera, las palabras de Hermione se sentían como golpes de sauce boxeador en el estómago del azabache.

–¡Ministra! –exclamó una voz masculina desde las gradas de la estancia.

El hombre vestía una túnica verde neón bastante llamativa, también lucía unos cuantos collares de oro en su cuello, unos anillos bastante protuberantes en cada dedo de sus manos, el cabello rojizo contrastaba demasiado con su atuendo. Hermione se incorporó y saludó al hombre.

–Sr. Simmons, es un placer verle. Este es Harry Potter, mi mejor amigo y el auror que me acompaña hoy –dijo la castaña presentando a su acompañante.

–¡Por las barbas de Merlín! Harry Potter en persona –dijo el hombre estrechándole la mano a Harry.

Aunque pasaran miles de años, las personas no dejaban de asombrarse al conocer al ojiverde. Donde quiera que iba, la fama y la historia lo perseguía. Él ya era toda una leyenda desde que nació y más ahora por lo ocurrido en la guerra.

–El placer es mío –dijo Harry cortésmente.

–Síganme, por favor – pidió el hombre.

El pelirrojo los guió hasta una sala con espejos y tocadores donde varias brujas se encontraban rodeadas de envases con todo tipo de maquillaje y pociones de belleza, otras tenían peines, cepillos y accesorios de cabello, y en la parte trasera se veía una mampara naranja donde se hacían los cambios de vestuario.

–Sra. Ministra la dejo en buenas manos, ellas se encargaran de maquillarla, peinarla y vestirla para la sesión fotográfica –comentó Simmons–. Ya hemos comenzado a tomar fotografías de las criaturas y del modelo. Solo faltan sus fotografías en solitario y las de todos juntos. Sin más nos retiramos. Sr. Potter, si gusta seguirme para darle privacidad a las chicas.

Hermione le entregó su bolso al azabache. Luego, Harry y Simmons salieron de la habitación y se dirigieron al lugar donde se estaban tomando las fotografías. Harry se sentó a observar y vigilar que todo estuviera en orden, y depositó el bolso de Hermione en el piso a su lado.

Las brujas decidieron vestir a Hermione con una hermosa capa rosado claro, el peino era una media coleta de lado que dejaba caer hermosamente los rizos definidos de la castaña. Y las maquillistas se pusieron manos a la obra, unos golpes en la puerta las detuvieron. Hermione dijo pase sin apartar la mirada del espejo, mientras las maquillistas volvían al ataque.

–Estás hermosa, preciosa –dijo una voz ronca pero sensual–. Jamás imaginé que tendría el honor de trabajar contigo. Admito que después del baile de cuarto año supe que eras hermosa, pero el tiempo te ha tratado generosamente.

Hermione sintió la mirada de aquel desconocido recorriendo su cuerpo, pero por alguna extraña razón sentía que conocía esa voz. Las maquillistas terminaron su trabajo y le susurraron a Hermione que el hombre a sus espaldas era el modelo contratado para la sesión fotográfica.

Hermione volteó lentamente para observar al dueño de aquella profunda voz y que al parecer era un conocido de ella. Cuantos reencuentros estaba teniendo aquel mes. Hermione abrió sus ojos como platos al descubrir quién sería su acompañante en aquella campaña.

–¿Tú eres modelo? –preguntó incrédula Hermione. De verdad que últimamente se habían dado muchos cambios mágicos y ese chico era una prueba de ello.