CAPÍTULO XIII – Soy tan patético
30 de Abril
Había pasado casi una semana desde el incidente en la sesión fotográfica. Theo se había movido rápidamente y había logrado que el suceso no fuera conocido por la prensa mágica, por lo que Hermione había vuelto al trabajo sin tener que dar largas entrevistas explicando lo sucedido.
Desde aquella noche, la castaña no había vuelto a ver a Harry, su amigo le había enviado una carta al día siguiente excusándose que tenía unos cuantos informes atrasados y debía realizar personalmente un trabajo. Por otro lado, al día siguiente se llevó una gran sorpresa cuando Draco entró estrepitosamente en su oficina, la levantó de su escritorio; donde ella estaba leyendo y analizando una solicitud para oficiar la final del mundial de Quidditch en Inglaterra en el mes de Septiembre, había tomado su rostro y levantado su barbilla; algo que la sorprendió de manera y no pudo evitar sentir retortijones en su estómago al ver tan cerca los bellos ojos grises del rubio, para finalmente y sin previo aviso, darle un fuerte abrazo, eso había logrado que Hermione pensara que Draco había recibido una fuerte maldición imperio o mínimo un obliviate. Luego, el chico había tomado asiento frente a ella y comenzó a preguntarle efusivamente por el incidente del día anterior. Aquel día había sido imposible trabajar, ya que Draco había decidido tomarse el día libre y quedarse con ella en la oficina, un gesto lindo pero extraño viniendo de él. Ella hubiera preferido estar sola para pensar mejor lo sucedido y no sentir los ojos grises del chico en cada gesto o movimiento que ella hacía; además, de que tenía más trabajo del que creía y todo por culpa del famoso mundial de quidditch, del cual ella no entendía nada. Sin embargo, Hermione no lograba comprender como Draco se había enterado del incidente, pues Theo había sido lo suficientemente cuidadoso para que nadie se enterara; estaba comenzando a creer que el rubio tenía más influencia de la que pensaba.
Pero eso no había sido todo lo ocurrido durante aquellos días. Cada mañana recibía una lechuza con mensajes de Neville como de costumbre, el chico ignoraba lo ocurrido y ella no quería preocuparlo, pero eso no significaba que él dejara de ser tan amable y detallista con ella; la diferencia era por las tardes, ya que le llegaba una rosa encantada de parte del escritor, ella las colocaba en un florero sobre la mesita que había en la oficina junto con las cartas del chico, ya casi tenía un ramo de rosas de parte de Neville. Todo no acaba ahí, Draco había tomado por costumbre durante esos días, llegar todas las tardes a la oficina, a hacer nada, pues sabía que la chica tenía mucho trabajo encima; sin embargo, él se quedaba observándola trabajar sin comentar absolutamente nada y luego la acompañaba hasta su casa. No es que ella se molestara, pero la actitud del rubio era un completo misterio para ella.
Aquel día había recibido otra sorpresa. Un gran búho había llegado al ministerio trayendo una carta para la Ministra, la carta resultó ser nada más y nada menos que de Zabini. El chico se excusaba por no haberla contactado con anterioridad, lamentaba lo que había ocurrido y que él no la hubiera podido ayudar más. También, la invitaba a un paseo al aire libre a modo de disculpa, el próximo 10 de Junio pues tenía libre ese día. Aquello asombró bastante a Hermione, no estaba segura de aceptar la invitación pero sentía que se lo debía, en forma de agradecimiento por salvarle la vida. Así que la castaña respondió la carta inmediatamente, ya que el búho no se iba esperando la respuesta, probablemente siguiendo órdenes de Zabini.
Eran alrededor de las tres de la tarde cuando Draco tocó la puerta de la oficina de la castaña, esperó su rutinario pase y entró como de costumbre a la oficina. Hermione supo inmediatamente quien entró a su oficina sin necesidad de levantar la vista, Draco siempre era puntual a su hora de llegada a la oficina de ella, pero no por eso supo que se trataba de él, sino por ese relajante olor a menta que envolvía la oficina o cualquier lugar donde el rubio estuviera.
Ella ya reconocía el olor de los chicos que la rodeaban continuamente en su espacio personal, cuando se encontraba cerca de Raven percibía un delicioso aroma a dulces, si era Theo el que andaba cerca el aire se emitía un olor a chocolate y café, no podía olvidar el refrescante olor a lima que desprendía la piel de Harry y ahora el relajante olor a menta de Draco. Descubrir esta característica tan significativa de esos hombres, la había cuestionado con respecto a su propio olor, ¿ellos podrían identificarla a ella? No lo sabía, o tal vez es que ella tenía algún tipo de fetiche con los olores de esos hombres que estaban poniendo de cabeza su tranquilo y solitario mundo.
Draco entró y saludó cortésmente, Hermione devolvió el saludo sin levantar el rostro. Aquella tarde, el rubio había decidido tomar asiento el sillón favorito de Hermione, en lugar de la acostumbrada silla frente a la castaña. Hermione se extrañó del cambio de asiento del rubio pero no dijo nada, en ese momento entró una lechuza café trayendo la acostumbrada rosa de parte de Neville y dejándola sobre el escritorio de la castaña para volver a salir por donde entró, Hermione sonrió al ver la rosa; por otro lado, Draco hizo una mueca, ya estaba harto de las florcitas de Longbottom. Le parecía increíble ver como el idiota ese había logrado realizar un encantamiento sobre las rosas para que no se marchitaran y así Hermione podía armar todo el ramo, lo peor era ver a la castaña sonriendo como tonta cada tarde cuando la misma lechuza café depositaba las rosas en el escritorio. Y para mejorar la situación, pensó sarcásticamente Draco, Hermione había decidido conservar las rosas y las cartas en la mesita que él tenía al frente en ese preciso momento. Un fuerte olor a iris provocó que arrugara la nariz, ¿acaso el tipo rociaba su propio perfume sobre las cartas? Draco se burló internamente de aquel pensamiento, de verdad que Longbottom era muy cursi. El rubio asqueado del olor, realizó un hechizo mental para desaparecer el olor sin que la castaña se diera cuenta, sonrió de medio lado al notar que había funcionado.
Draco se aclaró la garganta. Hermione suspiró brevemente y levantó la mirada para toparse con los penetrantes ojos del rubio, la chica contuvo la respiración unos instantes antes de responder.
–¿Sí?
–En la entrada me topé con Theo y me dijo que estás un poco atrasada con los permisos del mundial; además, por el camino pasé por la cafetería que te gusta y compré algunas cosas, sé que hoy no te irás hasta que termines esos documentos. Así que estaba pensando, que podrías comer algo y si quieres yo te ayudo con esos documentos –dijo Draco señalando las bolsas que había traído.
Hermione se quedó sin habla, Draco cada vez la asombraba más. La cortesía y amabilidad que tenía el rubio para con ella era desconcertante, no sabía si lo hacía en agradecimiento por ayudarlo con su familia o por simple diversión. La chica escogió cuidadosamente las palabras que iba a decir.
–No puedo permitir que me ayudes, es mi trabajo como ministra. Pero puedo aceptar lo que trajiste –Hermione desvió la mirada para que Draco no notara cuanto le gustaban los dulces de la cafetería Bolsa de Té de Rosa Lee; sin embargo, Draco sonriendo de medio lado en son de victoria, la chica no podía negarse a los dulces de esa tienda.
–No seas tan cabezota, Granger –de vez en cuando la volvía a llamar por su apellido, sabía que la chica odiaba que la llamara así pero había logrado que centrara toda su atención en él–. Conozco las leyes de cooperación mágica internacional, también los tipos de requerimientos, permisos y adaptaciones que debe tener el lugar para que no haya ningún altercado y todo el que asista se encuentre suficientemente cómodo para disfrutar la final de quidditch. Sin mencionar, que fui un excelente jugador de quidditch y conozco todo lo relacionado al juego –terminó de decir ensanchando más su sonrisa.
–¿Te han dicho que eres un presumido y arrogante? –preguntó Hermione sonriéndole burlonamente, sabía que eso ponía de mal humor al rubio, pero en el fondo Draco dio en el punto exacto: él conocía mucho de quidditch y del mundo mágico.
–¿Y a ti te han dicho que eres muy cabezota e insufrible por no aceptar la ayuda que amablemente te ofrecen? Eres una sabelotodo pero en términos de quidditch eres muy ignorante –dijo Draco comenzando a sacar los dulces que había comprado sin notar como la castaña agachaba la cabeza.
–Lamento ser... una insufrible, cabezota, sabelotodo... –dijo Hermione entrecortadamente. El comentario de Draco había removido algo en su interior, sus tiempos tristes de Hogwarts. Estaba luchando consigo misma para que sus ahora vidrios ojos no comenzaran a lagrimear.
Draco escuchó la forma en que la castaña le habló, volteó a verla y se topó con una chica mirando el piso ocultando su rostro con su cabello. Inmediatamente entendió lo ocurrido, su comentario había afectado a la chica. El rubio se reprendió internamente por bromear sin meditar bien sus palabras. Terminó de colocar todo sobre la mesa alrededor de las horribles flores según Draco y lentamente se acercó a Hermione. No como usualmente lo hacía, frente al escritorio, sino al lado de la silla de la ministra. Se arrodilló al lado de la castaña, tomó su rostro entre sus manos y obligó a la chica a mirarlo a los ojos.
–Lamento haberte dicho insufrible, sabelotodo y cabezota. No lo dije para burlarme de ti u ofenderte; por el contrario, reconozco... –¿Por qué elogiar a aquella chica era tan difícil?–... hmmm... que eres bastante inteligente y conoces mucho más cosas que los demás, pero no lo puedes saber todo y no está mal que de vez en cuando recibas ayuda.
Hermione no pudo contener más sus lágrimas y éstas comenzaron a correr libremente por sus mejillas. Draco se quedó paralizado, él no era bueno para levantarles el ánimo a las personas, mucho menos decir cosas lindas, ser cariñoso; tampoco, era bueno cuando las chicas lloraban, de hecho, detestaba que lo hicieran, era tan problemático. Pero algo dentro de él lo impulsaba a ser detallista, olvidarse que era una Malfoy, disculparse por lo que decía, a estar cerca de ella, solo de ella. Ella lo convertía en un ser patético que nadie reconocería; ese él en el que se transformaba al lado de ella no era el Draco Malfoy que el mundo mágico conocía.
Se recriminaba interiormente por ser tan patético, tan débil ante esa mujer. Aun no comprendía como tanto odio que sentía por ella se había desvanecido en un santiamén. Algo en su interior le decía que desde la guerra, cuando fue testigo de cómo su tía Bellatrix torturaba a la chica, había comenzado a ver a la castaña de forma diferente. Reconocía que ella había sido muy valiente a pesar de todo lo vivido, pero eso no era suficiente para volverse tan sentimental por ella. Un recuerdo resonó en sus oídos y mente:
–Sé que es, no sé, muy imprudente de mi parte tal vez preguntar esto, pero ¿Porque nadie quiere ayudar a tus padres? –la chica había preguntado directamente y sin temor lo que él no quería hablar. Vio como la chica pasaba una toalla con hielos sobre las manchas rojas.
El simplemente hizo un resumen de lo que había ocurrido en su vida después de la guerra, sin dar muchos detalles, pero no ocultó la verdad. Escuchó como la castaña lo llamaba por su apellido, como lo había hecho desde que se conocieron en Hogwarts.
–Malfoy... –Hermione tomó una de sus manos y con la otra levantó su barbilla para que él la mirara a los ojos, y apretó fuertemente la mano–... Malfoy... ustedes no están solos, yo...
Él le respondió cortante y hasta de forma grosera. Pero ella lo había pillado desprevenido y no había esperado la forma en que ella le había respondido.
–¡Hermione! –había dicho alzando un poco su voz de manera que sonó un poco chillona–. Dime Hermione de ahora en adelante, y no me calló. No estoy intentando ser amable ni nada por el estilo, solo creo que la comunidad mágica le debe a Narcissa más de lo que todos piensan.
Luego de eso, habían intercambiado argumentos del porque si y porque no ella debía ayudar a su familia. Pero en el fondo necesitaba aquello, a alguien que le ayudara sin esperar nada a cambio.
–Solo te ofrezco voluntariamente mi ayuda, no me rechaces por favor –él observó cómo los ojos miel de la chica se conectaban con los suyos–. Confía en mí, déjame ayudar a Narcissa.
Observó cómo la castaña extendía su brazo derecho para estrechar su propia mano. Él meditó un momento las palabras de la chica, no podía creer que eso estuviera pasando, la castaña llegaba como un salvavidas a su vida cuando él sentía que iba a dejar todo botado, él solo debía extender la mano y ella lo rescataría de la oscuridad en la que vivía. Se levantó del sillón, abrochó su camisa y miró directamente los ojos miel de Hermione.
–¿Nos ayudarías sinceramente? –Algo en su interior se removió al ver la radiante sonrisa que le dedicó la chica. Luego, solo pudo observar como ella asentía ante su pregunta sin dejar de sonreír. Él de alguna forma sintió la sinceridad de ella o tal vez quiso creer en esa sinceridad, levantó su brazo y estrechó la mano de Hermione.
Ella le había ofrecido todo lo que el mundo mágico le había negado a su familia, en ella había encontrada la salida que necesitaba. Esa simple amabilidad lo había hecho tan patético.
La castaña aún no decía nada, solo dejaba correr las lágrimas. Draco no pudo más, secó las lágrimas de la chica, la atrajo hacia él y... en ese preciso instante, se abrió la puerta de la oficina dejando ver a un pelirrojo en el umbral de la puerta.
