CAPÍTULO XIV – RON
–¡Desmaius!
Un destello rojo inundó toda la oficina impactando en el costado de un rubio. Draco salió disparado hacia una pared y chocó estrepitosamente en ella, Hermione se levantó inmediatamente como si hubiera recibido una descarga eléctrica, ágilmente tomó su varita.
–¡Expelliarmus! –la chica apuntó hacia la persona que estaba en la puerta. La varita del atacante salió volando por los aires ante el asombro de su propietario.
–¡¿Hermione, qué diablos crees que haces?! –gritó confundido el pelirrojo.
–¿Ro...n? –preguntó Hermione observando detenidamente al supuesto atacante.
–Si...
La castaña abrió desmesuradamente sus ojos al descubrir que era uno de sus mejores amigos y ex novio quien había atacado a Draco. En la puerta se encontraba Ronald Weasley mirando a Hermione con cara de confusión por la acción hecha por su amiga.
Hermione abrió la boca para decir un montón de cosas a su amigo cuando recordó que él había lanzado un hechizo a Draco cuando este no estaba viendo.
–¡Ronald Bilius Weasley eres un tonto! –gritó Hermione y corrió hasta el lugar donde se encontraba Draco desmayado.
Ron se impresionó al escuchar a su amiga decir eso y correr hacia el rubio, aquella escena era tan atípica para él. Ron pensó que se había equivocado de personas o estaba soñando, pero estaba seguro que aquella pareja era Hermione y Malfoy.
Había llegado una hora atrás al Ministerio después de haber estado por año y medio trabajando de encubierto en Irlanda, se había dirigido a la oficina de aurores para entregar todo su reporte acerca de su estadía en Irlanda y cómo había logrado atrapar satisfactoriamente a un grupo de magos que practicaban magia negra en niños muggles. Luego, buscó a su jefe y mejor amigo pero le informaron que se encontraba realizando un trabajo encargado personalmente por el secretario de la Ministra y solamente Harry podía realizar aquel encargo. Ron se había extraño de que su amigo se tomara tan en serio un encargo cuando había tanto trabajo por realizar; además, de que el ojiverde sabía que él regresaría ese día, y había prometido que irían a beber un rato. Ron se dio cuenta que el plan de ir a beber se tendría que posponer por el momento, suspiró ante la idea pues tenía mucho tiempo sin salir a relajarse. Sin más, se dirigió a la oficina de Harry y por debajo de la puerta deslizó su carta de renuncia, su amigo se enfadaría con él por renunciar sin haberle comentado su decisión con anterioridad pero su hermano necesitaba ayuda con la tienda, esperaba que Harry entendiera sus razones. El pelirrojo volteó y se dirigió a un pequeño cubículo en el departamento de aurores. Este cubículo era considerado la prueba de que los aurores varones eran unos magos hechos y derechos. El cubículo era un pequeño comedor repleto de electrodomésticos muggles y mágicos; en el centro del lugar había una mesa redonda y alargada con varias sillas de madera alrededor. Ese cubículo había sido diseñado para que los aurores prepararan su propia alimentación, en honor a Moody y a su manía de no comer lo que le ofrecían otras personas por precaución. Por tanto, muchos magos habían aprendido a cocinar ahí, cuando Ron había hecho su primer intento de estofado sus compañeros se habían burlado de él porque había confundido unos ingredientes. Harry por otro lado, no tenía problemas con cocinar pues en sus años de convivencia con los Dursley había aprendido una que otra cosa que le habían servido en su vida. Ron se preparó una pila de sándwiches, se sirvió jugo de calabaza en un vaso y se dispuso a engullir todo.
Mientras comía, Ron recordó la última carta que había recibido de su amigo, en la carta Harry le decía que había vuelto a ver a Hermione cuando había regresado de su misión en Uganda, que era cierto que su amiga era la nueva Ministra de Magia y que estaba muy cambiada a como ellos la recordaban; también, había mencionado que iba a ser su escolta personal, pero que cuando él regresara tenía que contarle algo importante sobre Hermione antes de que la fuera a ver. Su amigo no había escrito nada más, pero él suponía que se debía a que Hermione no quería verlo a él o algo por el estilo. Tanto Harry como él habían perdido comunicación con Hermione por mucho tiempo; además, entre ella y él las cosas eran un poco incómodas después de que terminaron su relación, ¿los motivos? Había unos cuantos pero tal vez eran muy inmaduros para entender, pero eso era otra historia y ya todo había terminado, él solo podía ver a la castaña como su amiga, parte de su familia. Por eso quería verla pronto y con suerte todo iba a resultar tan bien como le fue a Harry. Con esas ideas en mente Ron se había levantado de su asiento y salió del cubículo en dirección al elevador que lo llevaría a la oficina de la Ministra de Magia.
Al llegar al lugar correcto, se acercó al escritorio del asistente de la ministra para preguntar si Hermione estaba y si podía pasar de sorpresa. Se estaba preparando para preguntar de la forma más amable que podía cuando descubrió que el asistente de Hermione no era nada más y nada menos que Theodore Nott. Aquello hizo que algo dentro de él se removiera con incomodidad e incredulidad. ¿A eso se refería Harry cuando dijo que tenía que contarle algo? Nott no era tan importante como para que Hermione le prestara suficiente atención, ciertamente el chico nunca había sido un mortífago pero verlo ahí trabajando para su amiga lo irritaba, no sabía exactamente por qué pero él creía que se debía a que era un Slytherin.
–¿Hermione está en su oficina? –preguntó secamente Ron.
Theo levantó la vista de los documentos que estaba ordenando. El ojiverde se tensó al ver delante de él a Ron, nunca le había hablado pero sabía que el pelirrojo era muy explosivo y por la forma en que lo estaba mirando, podía claramente entender que la presencia del Slytherin no era agradable para el Gryffindor.
–¿Tiene alguna cita? –trato de decir lo más diplomáticamente que pudo.
–No necesito cita, ¿está o no está? –dijo fríamente entrecerrando los ojos.
–La Ministra... sí está en su oficina, pero no puede pasar sin cita previa, aunque sea usted Weasley –dijo Theo levantándose de su escritorio para encarar a Ron.
El pelirrojo era alto y corpulento pero Theo era unos centímetros más alto y aunque no era tan corpulento como Ron, tenía bastante fuerza y músculos que había desarrollado gracias a Raven. Ron por su parte notó eso también.
–No me anuncies, es una sorpresa. ¿Me entendiste asquerosa serpiente? –dijo Ron con un dejo de odio en la voz que no pasó desapercibido por Theo.
–No puedes pasar. La Ministra se encuentra ocupada en es...
Theo no pudo terminar la frase pues Ron lo ignoró y caminó hacia la oficina de Hermione. Theo empezó a llamarlo por el apellido pero Ron no se detuvo y de un solo tirón abrió la puerta de la oficina.
Ron se congeló en el umbral de la puerta, lo que estaba viendo era más de lo que esperaba, ni siquiera en sus pesadillas más oscuras había soñado la escena que estaba viendo. Hermione se encontraba completamente enroscada en los brazos de un hombre. Donde él estaba no podía ver el rostro del hombre, hasta que un cabello rubio platinado sobresalió del castaño pelo de Hermione, ese cabello solo podía pertenecer a una persona, la que él más detestaba y aborrecía: Draco Malfoy. Dentro de él despertó un odio intenso, no pensó en lo que hacía, el odio lo cegaba y solo pudo tomar su varita.
Theo pensó que estaba en una película al estilo muggle, vio como Ron sacaba su varita, lanzaba un hechizo, escuchaba otro hechizo en respuesta, la varita de Ron saltaba de su mano y escuchaba como el pelirrojo gritaba y su jefa gritaba también. Ron se puso rojo de la ira y entró estrepitosamente en la habitación.
Cuando Ron entró a la habitación camino rápidamente hacia Hermione, la tomó por los hombros y la zarandeó con fuerza.
–¿Qué haces con Malfoy? ¿Te está chantajeando? –decía Ron vehementemente con la esperanza de que todo fuera una broma de mal gusto.
–¡Suéltame Ron! –exclamaba Hermione– ¡Dije que me sueltes!
–¡Respóndeme! ¿Qué hacia Malfoy contigo? ¿Por qué estaban abrazados?
Ron parecía que se había vuelto loco, cada vez zarandeaba con más fuerza a la castaña. Hermione como pudo golpeó a Ron en la entrepierna, Ron se quejó y soltó del agarre a Hermione, la chica corrió a donde estaba Draco tirado en el suelo inconsciente. Hermione se arrodilló al lado del cuerpo inerte de Draco, y lo giró, Hermione se asustó al ver como un hilo de sangre brotaba de una herida en una de las cejas del rubio.
–¿Draco? ¿Draco? –llamaba Hermione intentando despertar al Slytherin, Ron se molestó aún más al escuchar como Hermione llamaba tan preocupada al hombre– ¿Qué hiciste Ron?
–¿Por qué te preocupa tanto este... –Ron no pudo encontrar el insulto apropiado para decirle a Malfoy todo el odio que sentía por él en ese momento.
–¡Ron a ti no te importa lo que pase entre Draco y yo! –gritó Hermione exasperada.
–¡Draco! ¿Desde cuándo lo llamas por su nombre? ¿Qué es lo que... –Ron no terminó de formular la pregunta. En su mente resonaron las palabras que su amigo le había escrito en la carta: Ron, cuando regreses ven a verme primero antes de que hables con Hermione. Debes saber que ella ha cambiado mucho, bueno en realidad muchos han cambiado con ella. Ya nada es como antes. Las personas cambian con el tiempo. Ahora entendía a qué se refería Harry, Hermione y Draco salían, esa realidad golpeó dolorosamente en su corazón–... ¿Por qué no me habías dicho que tú y ese... ese... estaban saliendo? Soy tu amigo...
–¿De que estas hablando Ron? ¿Qué te ocurre? Tú no eres tan imprudente –dijo Hermione.
–¿Desde cuándo te interesa Malfoy? –dijo Ron enojándose al ver como Hermione aún mantenía en sus brazos a Malfoy y lo defendía– ¡Él te llamaba sangre sucia!
–¡Ron ya basta! ¡Las personas cambian con el tiempo! –Ron se quedó paralizado ante la afirmación de su amiga. Hermione por su lado se sentía dolida por la actitud de su amigo y como se empeñaba en herirla por algún estúpido prejuicio que al parecer él no había podido superar.
–Hermione, lo siento yo... –Ron no pudo seguir disculpándose.
–¡Theo! –gritó Hermione ignorando a su amigo– ¡Theo!
¿Theo? repitió internamente Ron, tanta confianza le tenía para llamarlo así. Harry había olvidado decirle más cosas de las que él creía. Theo entró rápidamente en la oficina, al ver a su amigo con sangre e inconsciente en los brazos de la castaña supo que el culpable había sido el pelirrojo. Se tranquilizó todo lo que pudo para no perder la cabeza y se acercó a su jefa.
–¿Qué le pasó Hermi? –escuchar a Theo llamar así a Hermione no mejoró el humor de Ron.
–Ron lo hechizo, solo esta desmayado. Pero no puedo despertarlo, tengo miedo de que al hacerlo entre en cólera y la situación se me salga de control –explicó rápidamente Hermione–. ¿Puedes llevarlo a su casa y cuidarlo?
–Claro, pero antes debo avisarle a Raven que deberá quedarse en casa de algún compañero.
–No, yo lo iré a recoger por ti, Ron me acompañará –sentenció Hermione. Ron solo se encogió de hombros y fulminó con la mirada a Theo.
–Gracias, ¿Puedes levantar el hechizo para desaparecernos?
Hermione asintió. El Ministerio estaba rodeado por una fuerte barrera que impedía que los magos y brujas se aparecieran y desaparecieran en las instalaciones, especialmente en la oficina del Ministro de Magia. Sin embargo, el ministro podía levantar la barrera en su oficina para poder realizar una aparición en casos especiales, pero para hacerlo se debía decir una contraseña elegida a conveniencia por el Ministro. Hermione se levantó y se acercó a un cuadro que se encontraba detrás de su escritorio, lo tocó suavemente en el borde.
–P.E.D.D.O –susurró–. Listo, vete Theo. Luego me informas cómo reacciona Draco y ¿le puedes dar mis disculpas? Apenas pueda lo iré a visitar.
Ron no podía creer lo que estaba escuchando. Si no le daban explicaciones pronto su cabeza explotaría.
–Raven sale a las cuatro treinta, no llegues tarde –diciendo esto levantó a Draco, pasó el brazo de su amigo sobre sus hombros y desapareció de la oficina.
Hermione volteó a ver a Ron, suspiró profundamente. No quería dejar las cosas así, pero era su amigo, no lo veía desde hacía tiempo y no podía evitar que su amigo reaccionara de aquella forma. Él no sabía cómo estaban las cosas, pero las explicaciones también debían esperar al igual que su trabajo, necesitaba ir a recoger a Raven.
–No esperes que te perdone tan fácilmente, pero me alegro de verte –dijo Hermione sonriendo un poco.
–Me debes una buena explicación –dijo Ron respirando profundamente y devolviéndole la sonrisa– Yo también me alegro de verte.
Se acercó lentamente a Hermione, miró los ojos miel de la chica que por alguna desconocida razón estaban rojos, y torpemente la abrazo. Hermione devolvió el abrazo, pero se sentía rara. No solo por lo que había ocurrido, sino que era raro abrazar a su ex novio como si nada hubiera pasado. Ella recordó todo lo que había vivido junto a Ron y cuánto había tenido que luchar para que él se fijara en ella, habían terminado por qué era lo mejor para ambos. Por un tiempo, había conservado la esperanza de volver con el pelirrojo, pero ahora que la abrazaba se daba cuenta que había superado todo aquello y que quería a Ron pero no como antes. Ron por el contrario, sentía como su corazón latía rápidamente por la mujer entre sus brazos, su olor a vainilla era delicioso. Sin saber qué hacía, se separó un poco de la castaña, tomó el rostro de la chica entre sus manos y la besó apasionadamente.
Hermione abrió sus ojos desmesuradamente, ¡Ron la estaba besando! El ojiazul movía sus labios desenfrenadamente sobre los de ella. Sentía como el chico aceleraba su respiración, y el movimiento de sus labios. Había estado tanto tiempo sola y ocupada que había olvidado como se sentía ser besada, pero en ese momento el rostro de un hombre inundó su mente, sus ojos que brillaban cuando la veían a ella, su sonrisa que la hacía sentir viva. Sacando fuerzas empujó a Ron.
–Ron, lo de nosotros acabo hace mucho tiempo. No puedo corresponderte como tú quieres –dijo Hermione sinceramente. Ron hizo una mueca de decepción.
–¿De verdad ya no sientes nada por mí? –preguntó incrédulo Ron. Él se sentía como la primera vez que la había besado.
–Ron, no hagas las cosas más difíciles. No me preguntes eso.
–Hermione, para mi es importante saber esto –dijo Ron alzando la voz.
–No puedo contestarte ahora –dijo Hermione desviando la mirada–. Debemos irnos, debo recoger a Raven.
–¿Raven? ¿Quién es Raven? –preguntó Ron. Ese nombre no le sonaba de nada, pero tenía el presentimiento que no sería nada bueno.
–Ya lo verás –Hermione le extendió la mano a Ron, él la tomó y ambos se desaparecieron.
