Words: 1,644

Rated: K

Pairing: Matt Murdock/Karen Page


Found you

La adolescente de 13 años no podía parar de llorar. Había perdido a toda su familia en un terrible accidente de auto durante un viaje hacia la ciudad de Nueva York.
Pasó hospitalizada unos días y ahora se encontraba sentada en un pasillo de una institución del gobierno, esperando a que tomen la decisión de qué hacer con ella.
Las peores vacaciones de su corta vida...

Rato después, una señora sale de su oficina y le comenta que será trasladada a un albergue, pues al no poseer suficiente información sobre ella, no lograron contactar a sus parientes biológicos. La tendrán ahí hasta que le den continuación a la investigación y obtengan resultados.

-'-

Estaba consciente de no ser la única en el mundo que se encontraba en esa lamentable condición, pues sabía que personas que han tenido que crecer en un albergue rodeados de religiosas con estrictas reglas. La mayoría con diferentes historias pero con una sola meta: vivir en un hogar.
Pero se sorprendió grandemente al llegar y ver la cantidad de niños que estaban ahí esperando ser adoptados. Varios sin brillo en los ojos, ya habiendo perdido la esperanza, pues al crecer disminuían las posibilidades.

Le explicaron rápidamente las actividades que se realizaban a diario y luego de darle un tour por el complejo, la dejaron en el comedor principal para que conviviera con los demás.

Ella no estaba de ánimos de relacionarse con nadie ahora, seguramente le preguntarían cómo es que llegó aquí y no quería dar explicaciones, así que caminó hacia una solitaria mesa de la esquina y se sentó con sus alimentos.

Inevitablemente, la desgarradora imagen comenzó a reproducirse una y otra vez en su cabeza. Su padre, su madre, su querido hermano... Sentía sus ojos humedecerse nuevamente.

Pronto, una suave voz la saca de sus pensamientos

— Puedes sentarte con nosotros si gustas

Ella voltea y nota a un chico castaño con gafas oscuras sentado al otro extremo de la mesa

— Oh, bueno... Gracias — se levanta y avanza para tomar asiento frente a él — Uhm, ¿cuál es tu nombre?

— Matt... ¿Y el tuyo?

— Karen — respondió y bajó la cabeza, observando su plato. Se formó un breve silencio...
Bueno, había progresado. Esa había sido la conversación más larga que había tenido hasta ahora.

— Eres nueva por aquí, ¿verdad? — preguntó interesado

— Sí, acabo de llegar... — sintió su voz quebrarse y tragó saliva.

— ¿Está todo bien? — podría percibir que estaba nerviosa

— Bien, dime... ¿Cómo es estar aquí?

— Puede ser difícil al principio, pero luego te acostumbrarás... No es tan malo — respondió para animarla

— Mmm... Eso espero — suspira y juguetea con su comida, no tenía apetito.

De repente, llega una chica de cabello negro, arroja su bandeja a la mesa y toma asiento a lado de Matt.

— ¿Qué onda? — se inclina hacia él y susurrando, preguntó — ¿Quién es ésta, Murdock?

— Se llama Karen. Al parecer, ya tendrás compañera de cuarto — se inclina hacia Jess y también en voz baja, pide — No seas dura con ella, recién llegó

— ¿Así que serás mi nueva compañera, huh? Bueno, te advierto que no muchas me soportan

— No te preocupes por eso — se encogió de hombros — Seguro la pasaremos bien — asegura Karen, sintiendo que su situación mejoraba al ver que pronto había conseguido nuevos amigos y parecían ser confiables.

— Entonces... ¡Bienvenida al club!

-'-

Un día normal para ellos era acudir al salón de clases, preparar la comida, realizar sus tareas escolares y de la casa, y después se retiraban a sus respectivos dormitorios.

Establecían roles para limpiar semanalmente cada área de la casa-hogar, que comprendía el comedor, los dormitorios, los salones, los baños y el patio de juegos.

También registraban en un pizarrón su turno para lavar la ropa. Habían niños problemáticos que no querían cumplir con sus deberes, pero luego comprendían que eso les enseñaba a ser responsables y a trabajar en equipo.

Todos respetaban en la mayor medida el espacio del otro y pocas veces habían discusiones entre ellos.

Pasaron las tardes jugando y los fines de semana los llevaban a lugares para hacer actividades recreativas al aire libre.

Karen disfrutaba de la compañía de Matt y Jess. Pensaba que si ellos no estuvieran ahí con ella, no se levantaría con una sonrisa cada mañana. Se volvieron muy cercanos.

Las circunstancias por las que cada uno había llegado ahí eran dolorosas, pero juntos podían llevarlo de mejor manera.

-'-

Unas semanas después, cuando Jess fue a buscarla a su habitación, la encontró empacando sus cosas.

— ¿Qué sucede? ¿Te cambiarán de habitación? — se acercó a la cama y cerró su maleta para evitar que siga guardando cosas — ¡Oh, vamos! Te trataré mejor... Prefiero tenerte de compañera que a otra chica pesada

— No... No es eso — rió y colocó un mechón detrás de su oreja — Me dijeron que finalmente encontraron a un familiar que quisiera hacerse cargo de mi... Así que me iré

— ¿Y pensabas irte sin despedirte?

— Claro que no... Sólo quería estar preparada antes de...

— Matt no estaría contento con eso

— ¿Matt? ¿Y él porque...?

— ¡Por nada! — sacudió las manos, esperando no haber hablado de más

— Okaaay... — arqueó una ceja al notar que su amiga actuaba extraño — Debo seguir, me están esperando

— Bien, déjame ayudarte

Matt al enterarse que Karen dejaría el lugar, sintió una pizca de enojo. Y eso era egoísta de su parte... Debería sentirse emocionado por ella, porque pronto recibirá el calor de una familia, justo como todos anhelaban ahí; pero le entristecía que se apartara y quizás nunca saber más de ella.

Una vez en la entrada, Karen abrazó con fuerza a cada uno. Era ridículo pensar que se conocían apenas unas cuantas semanas, pero su vínculo era fuerte.

— Lo siento, chicos. ¡Los extrañaré!

— Fue un placer conocerte, Karen

— ¡Cuídate!

— ¡Buena suerte! — giró para tomar su maleta pero Matt la envolvió en otro fuerte abrazo. Karen se sonrojó.

— Esperemos encontrarnos de nuevo — susurró antes de apartarse y finalmente dejarla ir.

-'-

Los años pasaron y cada uno continuó con sus vidas. Ni querían recordar bien esa etapa, había sido hace bastante tiempo y deseaban dejarlo ahí en el pasado.

Pasaron parte de la infancia y la adolescencia esperando. Cada sábado por la tarde, cada Navidad, cada cumpleaños, esperaron que alguien los viniera a buscar para llevárselos a su casa y darles una familia. Pero eso nunca ocurrió.

Cada día estaban compañados de otros pequeños y de almas caritativas que los ilusionaban con regresar, pero nunca lo hicieron. Y aunque recibían regalos costosos donados por voluntarios, nada suplía el anhelo de atravesar las puertas de aquel orfanato. Era la ilusión de cada niño que deseaba intensamente una familia.

De esa manera se les fue la vida, viendo cómo matrimonios llegaban por otros niños, hasta que se dieron cuenta de que ya no serían candidatos, porque comúnmente las parejas buscan a niños más pequeños.

Además, ¿quién querría lidiar con un muchacho ciego o con una joven rebelde?

Hasta que un día, al tener la mayoría de edad, finalmente les dijeron que eran libres de dejar el hogar en el que habían crecido.

Entonces los huérfanos decidieron salir al mundo a luchar por su vida. Estudiar una carrera, conseguir un trabajo, una casa y forjarse un destino.

Estaban realmente muy agradecidos con las personas que los cuidaron y alimentaron en el albergue. Nunca les faltó nada material, sólo el abrazo tierno de una madre para sentirse amada.

Pero eso no importaba cuando se tenían el uno al otro. Con el paso del tiempo, Jess se convirtió en una hermana para él. Siempre estaba ahí para ayudarlo cuando lo necesitara y él también hacía todo lo posible para apoyarla.
Habían tomado diferentes caminos, pero seguían en contacto para mantener informado al otro de sus triunfos y fracasos.

-'-

Un día, tras abrir por primera vez las puertas de su firma, su mejor amigo de la universidad y ahora socio, Foggy; recibió una llamada de la policía para avisarles de un posible caso del cual podrían hacerse cargo.

Al acudir a la sala de interrogación, la mujer que tenían frente a ellos lucía demasiado asustada.

Pronto confió en ambos y comenzó a hablar, y cuando él prestó atención al latido de su corazón para saber si decía la verdad, le pareció haberlo escuchado antes.

Ella pudo haber cambiado físicamente, su voz hacerse más profunda y su esencia podría ser ligeramente diferente, pero el latido de su corazón...

Un latido de corazón es tan único como la retina del ojo o las huellas digitales. Esto le ayudó a identificarla al instante

— Espera... ¿Eres Karen, dijiste?

— Sí, ¿por qué? — intentó adivinar, pero su mente estaba completamente en blanco. Simplemente lo miraba fijamente sin saber a qué venía esa pregunta.

Murdock se alegró de haberla reconocido.

— Soy Matt. Del orfanato, ¿recuerdas?

Él también había cambiado bastante en los últimos años, pero Karen estaba segura de haberlo visto antes.

— Oh, por Dios... — esbozó una pequeña sonrisa. Los borrosos recuerdos volvieron con claridad cristalina apenas lo mencionó — Qué pequeño es el mundo — se limpió las lágrimas con el dorso de la mano.

Este reencuentro hubiera sido más emotivo de no ser porque está sentenciada como principal sospechosa de un asesinato

— Hey, ¿de qué me perdí? — preguntó Foggy, un poco confundido y luego llevó sus manos a la cabeza una vez que se dio cuenta — Ohhh ¡Eres tú! De la que tanto hablaban Matt y Jess

La ojiazul seguía asombrada por lo que estaba pasando, pero los tres se echaron a reír

— No te preocupes, Karen — estiró su mano sobre la mesa para alcanzar la suya y la estrechó — Yo cuidaré de ti

Tomó un breve descanso para poder salir a hacer una llamada urgente.

El celular emitía el sonido de llamada entrante y mientras esperaba a que contesten al otro lado de la línea, no pudo evitar esbozar una gran sonrisa y derramar lágrimas de felicidad.

— ¿Sí?

— Jess... ¿Adivina a quién me encontré?


¡Gracias por sus comentarios! Su retroalimentación es muy apreciada