CAPÍTULO XV – RAVEN

Hermione y Ron se aparecieron frente a una guardería. El edificio se encontraba escondido cerca de Hampstead Heath, en medio de los árboles. Una barrera mágica rodeaba el lugar para impedir que los muggles se acercaran a los niños. La guardería era un lugar especial para los niños hijos de padres magos que tenían el dinero suficiente para poder pagar la guardería.

¿Una guardería? –preguntó Ron confuso. ¿Quién sería ese tal Raven para trabajar en una guardería?

–No te preocupes, este lugar es uno de los más seguros para las personas mágicas, ya casi conocerás a Raven –dijo tranquilamente Hermione.

–¿Hermione? ¿Puedo preguntarte algo? –dijo Ron desviando la mirada.

–Claro…

–¿Por qué no correspondiste mi beso? ¿De verdad ya no hay nada entre nosotros? –preguntó el pelirrojo. No podía quedarse callado, necesitaba saber si Hermione aún sentía algo por él. Se negaba a pensar que todo había terminado.

–No es el momento, ni el lugar para hablar estas cosas –Hermione fue cortante, no quería hablar de eso.

–Por favor respóndeme, es importante para mí –rogó Ron.

Hermione suspiró profundamente. Ron había sido el amor de su vida, había dado su mayor esfuerzo por gustarle al pelirrojo y cuando por fin comenzaron a salir, ella no cabía de la emoción. Pero la sombra de la muerte de Fred había consumido a la familia Weasley. Después de la guerra, Ron había dejado de sonreír, comer y hasta hablar con ella. Él había comenzado a tener un carácter insoportable, su malhumor crecía día a día y él no reparaba en las cosas hirientes que le decía a la pobre chica. Cuando se graduaron de Hogwarts, las cosas empeoraron, ella debía buscar a sus padres antes de comenzar a estudiar leyes mágicas; por el contrario, Ron quería que vivieran juntos y que ella no estudiara, si no que como su madre, atendiera las cosas de la casa. Hermione no había estado de acuerdo, tuvieron una pelea, donde Ron perdió el control y trató de embrujar a Hermione, la chica en defensa propia había contraatacado. Al ver que aquella situación se les había escapado de las manos, Hermione se había desaparecido. Días después, había enviado una carta a la familia Weasley pidiendo disculpas por su comportamiento, que se iría a Australia a buscar a sus padres, que no regresaría más, que olvidaran que existía; luego de eso, nadie había vuelto a saber nada de Hermione y Ron nunca se había disculpado por lo ocurrido.

–Ron, es difícil para mí esta situación. No puedes pretender que de un momento para otro olvide todo lo que pasó entre nosotros –dijo Hermione incómoda.

–Sé que no lo es, pero necesito saber sí aún tengo esperanza de remendar mis errores y que me vuelvas a querer.

–Nunca te he dejado de querer, pero ya no es de la misma forma que cuando estábamos en Hogwarts –Hermione estaba intentando ser lo más sincera posible, sin lastimar a su amigo. Ron tendría que hacer mucho más que besarla para que ella volviera a sentir amor por él.

–¿Hay alguien en tu vida? ¿Estás saliendo con alguien? –dijo Ron armándose de valor. Hermione no había podido pasar tanto tiempo sola, con lo bien que se veía. Aunque en el fondo él no quería escuchar la respuesta.

Hermione meditó la pregunta de su amigo. Ella sabía perfectamente que no estaba enamorada de nadie, su trabajo le impedía tener tiempo para el amor. Si bien es cierto, ese mes de Abril había sido una completa locura, el destino se había encargado de que durante ese mes, seis chicos pusieran su vida de cabeza. Cada uno era distinto, se habían vuelto muy masculinos y por alguna extraña razón, provocaban que constantemente ella se sonrojara. Hermione creía que era una reacción física de su cuerpo y nada más, había pasado tantos años sola sin ningún contacto con un hombre, sin mencionar que era virgen, era lógico que cualquier mirada en ese momento o un simple toque provocaran que su corazón latiera rápido. Sin embargo, mientras recordaba como la hacían sentir esos hombres, unos ojos inundaron sus pensamientos, unos ojos inocentes que le daban paz y tranquilidad, una sonrisa que la inundaba de alegría, unos brazos que le transmitían calor calidez. Hermione se dio de bruces con la realidad, si amaba a un hombre.

–¿Hermione? –llamó Ron– Respóndeme por favor…

–Ron, yo… no salgo con nadie –Ron respiró profundamente ante la afirmación de Hermione, saber que no salía con alguien le daba esperanzas–. Pero…

¿Pero? –eso no sonaba a nada bueno.

–Sí amó a alguien…

Ron se quedó congelado, la verdad lo golpeó y sintió como en su interior comenzaba a crecer un sentimiento de odio, pero a la vez un vacío lleno de tristeza se quería apoderar de él. Miró a Hermione, quería saber más de quien le había robado el corazón de SU chica, pero la mirada que le dedicó Hermione le hicieron comprender que no diría nada más, pues comenzaron a aparecerse otros magos en las afueras de la guardería.

Ron no quería dejar ahí el tema, pero debía hacerlo. Necesitaba calmarse, o podría cometer una locura. Lo que sí sabía es que no iba a dejar que nadie se quedara con su Hermione, ella era de él y de nadie más. Respiró profundamente varias veces hasta sentir que se había calmado y decidió cambiar el tema de conversación para relajar la tensión del ambiente.

–¿Sabes? Siempre quise asistir a esta guardería pero mi familia nunca tuvo el dinero suficiente para enviarme a mi o a mis hermanos aquí –dijo Ron recordando aquellos tiempos en que había hecho berrinches para poder ir a ese lugar sin ningún éxito–. Mis niñeros fueron Fred y George, y siempre experimentaban conmigo.

Hablar de Fred aún era doloroso para Ron, pero el tiempo se había encargado de ir sanando ese vacío que él y su familia tenían después de la muerte de su hermano.

–Para tus padres no fue fácil criar siete niños, debes estar agradecido que al menos tuviste a toda tu familia ahí, para ti –dijo Hermione mirando alrededor, siguiéndole la corriente y saludando con la mano a los magos que iban llegando.

–Lo sé… Parece que todos te conocen aquí –afirmó Ron al notar los saludos de los magos.

–Soy la Ministra, ¿recuerdas? –dijo Hermione.

–Sí, pero no todo el mundo está interesado en quién es la ministra, no todos te conocen.

–Bueno es cierto, pero todas estas personas tienen hijos en esta guardería y como de vez en cuando vengo por Raven…–dejó inconclusa la frase, ya que los niños comenzaron a salir de la guardería.

–¿Eso significa que Raven es el hijo de Theo? –preguntó astutamente Ron atando cabos–. No pensé que ese tipo pudiera tener familia, me pregunto ¿Quién será la mamá del niño…? ¿Hermione sabes quién es la esp…?

Ron estaba en sus propias cavilaciones, tenía la esperanza que Hermione le contara la historia. Pero la chica no lo hizo; por el contrario, se adelantó unos pasos y se agachó con los brazos abiertos.

–¡Mami! –gritó un niño pequeño abriéndose paso entre la multitud y corriendo a los brazos de Hermione. Ron se quedó estupefacto, eso era lo único que le faltaba.

Ese niño había llamado mami a Hermione, Ron tenía la esperanza de haber escuchado mal, pero la escena que estaba presenciando lo decía todo. El niño abrazaba fuertemente a Hermione, la castaña lo alzó y comenzó a darle besitos en sus pálidas mejillas. Ron sintió como si alguien estrujara su corazón, jamás había imaginado a Hermione teniendo hijos con otra persona que no fuera él, de hecho, había imaginado a la castaña abrazando y besando a unos niños pelirrojos justo como lo hacía en ese momento con ese pequeño castaño.

Harry de verdad había olvidado decirle muchas cosas, había olvidado decirle que Nott trabajaba con su Hermione, que Malfoy era ahora amigo de su Hermione, que su Hermione tenía un hijo… un hijo con Nott… ¿Qué más había olvidado decirle Harry? ¿Cómo era posible que su Hermione se llevara tan bien con las serpientes, especialmente con Malfoy? ¿Y Nott? ¿Por qué tendría un hijo con Nott? ¿Pero por qué le mintió cuando le preguntó que si salía con alguien y ella dijo que no? La respuesta llego al instante, claro ella no salía con Nott, estaba casada con Nott. Nada tenía sentido en la mente de Ron, si nadie le decía algo pronto tendría un colapso mental.

–Rav, cariño –Hermione miró al niño y le sonrió dulcemente–. Quiero presentarte a alguien.

Hermione se acercó a Ron y le sonrió. Ron solo pudo mirar fijamente a Hermione y hacer una sonrisa que parecía mueca más que sonrisa.

–Ron, este es Raven. Rav, este es Ron un amigo.

¿Amigo? Aquella palabra no le gustó a Ron, él era más que eso. El niño giró para conocer al hombre que su mami le había presentado.

–Hola –saludó el niño cortésmente.

Ron prestó atención al niño y el alma se le cayó a los pies. Ese era el hijo de Hermione, se parecía mucho físicamente a Nott, pero los ojos eran del mismo color miel que los de Hermione. Las palabras se atoraron en su garganta, sentía mucho odio hacia Nott, por robarse a su mujer y darle un hijo. Algo que él había soñado tener con Hermione, pero había dejado que se le escapará de las manos.

–Hola –dijo fríamente Ron. Por mucho que fuera el hijo de Hermione; también, era el hijo de Nott. Él no podía querer o tratar bien a aquel niño.

Hermione notó el tono frío con el que Ron trató al niño. Su amigo podía ser muy celoso, pero al punto de tratar así a un niño era inaudito. La chica comprendió que tal vez Ron había malinterpretado las cosas, como lo había hecho Harry, Draco y Neville.

–¿Ron? –llamó Hermione. El aludido solo la volteó a mirar– Raven es el hijo de Theo. Nosotros somos vecinos, ¿verdad Rav? –el niño asintió mirando de arriba abajo a Ron– Por eso Raven me quiere como si fuera su mamá.

Ron abrió desmesuradamente los ojos. ¿Eso significaba que Hermione aún estaba soltera? Ron se calmó y sonrió ampliamente ante el descubrimiento. Se había precipitado en sacar conclusiones.

–¿A Nott y a su mujer no les importa que él te llame así? –señaló al niño.

–¡Mi mami es Hermi! Yo no tengo otra mami –afirmó el niño fulminando a Ron con la mirada. Ese pelirrojo no le gustaba para nada.

–Theo no se molesta que Raven me llame mami y yo tampoco –dijo secamente Hermione, Ron estaba siendo grosero con el niño.

Ron notó el cambio de humor de su amiga y supo que la había embarrado. Al parecer, su amiga estaba muy encaprichada con el niño, parecía que de verdad era la madre del pequeño Nott, cualquier cosa que pudiera disgustar al niño haría que Hermione se pusiera de mal humor. En eso, sus pensamientos lo iluminaron, debía ganarse al niño para así volverse a ganar el corazón de su amada y dejar por fuera a quien Hermione amara en este momento. En cuestión de segundos, Ron pensó en un plan.

–Ya nos tenemos que ir a casa –dijo Hermione.

–¡Espera! –exclamó Ron– Me gustaría conocer más a Raven –dijo con fingido interés–. Vamos a tomar un helado, yo invito.

A Raven se le iluminaron los ojos, él amaba los dulces. Iba a salir con su mami y comer helado, esa idea le agradaba, lo que no le agradaba era ese pelirrojo, pero él no diría nada con tal de que le compraran un helado.

Hermione pudo sentir que el niño se removía ansioso entre sus brazos. Ella sabía que el niño adoraba los dulces, y que no se quedaría en paz hasta comer el helado, el problema era que no tenía el permiso de Theo para salir con Raven, si se enteraba podría traer muchas consecuencias negativas tanto para el niño como para ella. Pero el niño se veía tan ansioso, ella no podía negarle esa felicidad. Más tarde tendría que arreglárselas con Theo.

–Mami, ¿podemos ir? –preguntó Raven sonriéndole tiernamente a Hermione.

–Vamos por el helado y regresamos rápido a casa antes de que tu papi se dé cuenta, ¿te parece? –dijo Hermione devolviéndole la sonrisa al niño.

–Es una promesa del dedo meñique –dijo Raven estirando su dedo meñique, Hermione lo enlazó con el suyo cerrando la promesa.

Ron sonrió para sus adentros, su plan estaba dando resultados. Le ofreció un brazo a Hermione, ella lo tomó y desaparecieron del lugar.

···

Habían pasado una hora en una heladería en el callejón Diagon. Ron había sido amable con Raven, había bromeado e incluso jugado con el niño. Cada vez que Hermione se descuidada, él fulminaba con la mirada al niño. Raven tampoco era tonto a pesar de su corta edad. Había notado que el amigo de su mami lo trataba bien solo cuando su mami estaba viendo y le había comprado un segundo helado cuando había mencionado que se quería ir a la casa. Ese tipo no le caía nada bien y él no iba a dejar que nadie se acercara a su mami, solo su papi podía hacerlo. Ni el tío Harry, ni el tío Draco podían hacer eso.

–Ya debemos irnos –comentó Hermione, consultando la hora– No quiero que Theo se enoje; además, necesito saber cómo esta Draco, gracias a cierta persona –dijo mirando a Ron, recordándole que aún no había olvidado lo que ocurrió en la oficia–. También debo escribirle a Harry, mi agenda sigue sin aparecer –dijo para sí misma. En el incidente con el grindillow, Harry de la carrera, había olvidado el bolso de Hermione en el estudio, ahí estaba su agenda y el bolso había desaparecido.

–¿El tío Draco está enfermo? ¿El tío Harry desapareció? –preguntó inocentemente Raven sin dejar de mirar lo que le quedaba de su helado.

¿Tío Draco, tío Harry? Se preguntó internamente Ron. Ese chiquillo lo sacaba de quicio, en toda la tarde había hecho el tonto para agradarle al niño y solo había conseguido que Raven lo llamara Wiz porque no podía pronunciar su apellido y se negaba a llamarlo Ron. ¿Por qué Malfoy y Harry si podían ser tíos y él no? Eso significaba que debía esforzarse más para superar a esos chicos y así reconquistar el corazón de su Hermione.

–¿Pueden esperar un momento? Necesito ir al tocador –dijo Hermione. Ambos chicos asintieron.

Ron aprovechó que Hermione se fue para conversar con el pequeño Nott. Esperaba tener suerte y que el niño quisiera hablar.

–Rav, ¿puedo llamarte así, no? –dijo Ron lo más amistosamente que pudo.

–No –dijo directamente el niño– Soy Raven.

Ron torció una sonrisa. Ese niño era muy arrogante para ser tan pequeño. Aquello iba a costar más de lo que pensaba.

–Esta bien, Raven… –dijo Ron intentando no perder la paciencia–… Tu mami me dijo hace rato que estaba enamorada de alguien, ¿sabes de quién está enamorada?

Raven abrió desmesuradamente sus ojitos color miel. ¿Su mami enamorada de una persona? Eso significaba que se casaría, tendría hijos y se olvidaría de él. Raven no sabía de qué hablaba Ron, solo sabía que no quería perder a su mami.

–N…no…lo sé…–dijo haciendo pucheros.

Ron se decepcionó al darse cuenta que el niño no sabía nada. Raven estaba en shock por la noticia; sin embargo, pensó que su mami no lo dejaría, porque tal vez su mami estaba enamorada de su papi, se iban a casar y los tres vivirían felices para siempre. Esa idea sí le gustaba y si tendría que ayudar a su papi para que enamorara a su mami lo haría.

–Tal vez mami enamorada de mi papi y se piensan casar para así vivir juntos los tres –dijo Raven inocentemente y sonriendo ampliamente ante la idea.

El comentario no le hizo gracia a Ron. Sin dudarlo, le quitó a Raven lo que le quedaba de helado y se lo comió ante los ojos del niño. Raven abrió su boca, ese hombre era malo, no lo quería cerca de su mami.

–¡Eres un hombre malo! –gritó el niño echándose a llorar.

Ron intentaba calmar el llanto del niño, para su mala suerte en ese momento llegó Hermione.

–¡¿Rav, cariño que te pasa?! –preguntó Hermione asustada.

–Maaa…miii –logró decir el niño entre gimoteos–. ¡Hombre malo… comer helado…mío!

Raven no paraba de llorar. Hermione comprendió lo que el niño quería decir, lo abrazó y lo alzó. Luego, recogió sus cosas y se volteó hacia Ron que se había quedado quieto ante la declaración del niño, supo que ahora si la había embarrado y los esfuerzos que había hecho aquella tarde se habían esfumado rápidamente.

–Ronald Bilius Weasley… espero que estés contento con lo que acabas de hacer… –dijo Hermione fulminando a Ron con la mirada–…no puedo creer que… ¡ya no eres un niño!

Ron quería decir algo, pero Hermione simplemente le dedicó una gélida mirada, salió del local y se desapareció, dejando a Ron completamente solo y boquiabierto.

Hermione se apareció a las afueras del hotel donde vivía. Entró al recibidor y subió al ascensor. Raven no dejaba de llorar escondido en su pecho. Hermione intentaba consolarlo, pero el niño lloraba más fuerte.

Hermione salió del ascensor, se dirigía a su apartamento pero cambió de opinión, era mejor esperar a Theo en su propia casa.

–TheRaNott –dijo Hermione frente a la puerta de Theo. El castaño le había dado la contraseña de su casa en caso de una emergencia. Cuando se la había dado, pensó que Theo era muy hogareño al combinar los nombres como contraseña.

–Rav, ya estamos es casa. Ya no llores más –imploró Hermione. Entró a la habitación del niño, cerró la puerta y se acostó junto al niño en la cama.

Hermione llevaba unos diez minutos intentado calmar al niño cuando Theo entró en su casa. Escuchó una voz femenina en el cuarto de su hijo, sacó su varita y se acercó silenciosamente a la puerta para escuchar que pasaba.

–¿Mami me amas? –escuchó como preguntaba su hijo.

–No lo dudes mi pequeño – dijo dulcemente la voz de Hermione–. Te amo.

–¿Mami? –preguntó su hijo.

–¿Dime?

–¿El señor Wiz dijo que estabas enamorada de alguien? ¿Te vas a casar con esa persona y nos vas a dejar solos a mí papi y a mí? –gimoteó nuevamente.

Theo sintió una punzada en su corazón. Su hijo estaba llorando por Hermione, al parecer, Weasley le había dicho algo a Raven y el niño estaba desconsolado.

–Rav, escúchame –dijo Hermione, el niño comenzó a llorar más fuerte– Rav, Rav… escúchame ¿sí? Yo no me voy a casar con nadie…

–Pero el Wiz dijo que estabas enamorada… –dijo entre hipitos el niño. Hermione maldijo internamente a Ron–… ¿nos vas a dejar a papi y a mí?

Theo se pegó más a la puerta para poder escuchar mejor la conversación. No es que él tuviera la costumbre de escuchar las conversaciones ajenas detrás de la puerta, pero se trataba sobre su hijo. Cualquier padre se preocuparía por lo que le estuviera sucediendo a su hijo.

–Rav, escúchame bien. No voy a dejarte ni a ti ni a tu papi –Theo sintió que su corazón se le aceleraba. Aquellas simples palabras enloquecieron su corazón; tal vez porque hacía mucho tiempo nadie le decía algo así y que Raven lo aceptara, o porque él aún tenía la esperanza de conseguirle una mami a su hijo, claro no pensaba que Hermione sería la que robara el corazón de su hijo–. Te voy a contar un secreto, pero nadie más lo puede saber, ¿lo prometes?

Raven se calmó y miró a Hermione– Lo prometo –Hermione le sonrió dulcemente y lo abrazó.

–Alguien robó el corazón de tu mami –Raven se removió ansioso en los brazos de Hermione, Theo agudizó el oído– Mami estuvo pensando en esa persona todo el día y ahí me di cuenta cuanto amo a esta persona…

–Entonces, ¿es cierto lo que dijo Wiz? –la cortó Raven haciendo un puchero.

–Sí y no. No estoy enamorada de esta persona, pero la amo con todo mi corazón –aquella afirmación era muy confusa para Raven. Hermione se percató de esto y decidió aclarar la situación– Te amo a ti Rav…

Theo escuchó la cama de su hijo crujir y como su hijo exclama varias cosas alegremente. Theo se alejó de la puerta y se sentó en un sillón. Las palabras que había dicho Hermione resonaban como ecos en los oídos del castaño pero principalmente hacían latir con fuerza su corazón.