CAPÍTULO XVI – Primer intento
18 de Mayo
El mes de Abril había terminado y durante ese tiempo Hermione se había reencontrado con seis apuestos hombres que habían entrado sin permiso a su solitaria vida. Sin embargo, todo se había complicado desde la llegada de Ron, la vida de Hermione se había transformado en un caos completo.
Ron se había topado con la dura realidad de que Hermione se encontraba rodeada de apuestos hombres con impresionantes trayectorias laborales. Una mañana se había topado con Neville, éste iba cargando un ramo de rosas y una bolsa con libros. Al inicio no lo había reconocido pero cuando vio como Hermione se le tiraba a los brazos diciendo su nombre y como éste la abraza y le da daba un corto beso cerca de la comisura de sus labios y ambos se encaminaban a la salida del ministerio, supo que ya no era el tipo tímido que él había conocido. A los días, había leído la campaña Cambios Mágicos y se había quedado atónico al ver a Zabini junto a Hermione en algunas de las fotografías, llamó su atención una en donde el moreno tomaba a Hermione por la cintura, la levantaba y giraba con ella alegremente, Ron no salía de su asombro ante tal descubrimiento. Sin mencionar, que esa misma tarde, Malfoy se había aparecido en el Ministerio y casi le pega un puñetazo por haberlo atacado por la espalda y sin razón, de no ser por Hermione que se interpuso en el camino y condujo a Malfoy a su oficina, quien sabe qué habría pasado. Y su humor no mejoró al saber que la mayoría del tiempo, Theo y Raven lo pasaban en la casa de Hermione o viceversa. Lo enfurecía aún más saber que no tenía progresos con el niño, mientras los otros sí. Ya Neville y Zabini también eran llamados tíos por el niño. Para concluir, había esperado pacientemente la llegada de Harry después de su misteriosa misión, le había reclamado y exigido que le contara todo lo que se había guardado de Hermione y que él había ido descubriendo poco a poco durante esos días. Conocer todos los detalles de parte de Harry no había sido agradable. Lo peor fue cuando su amigo aceptó su carta de renuncia sin decir ningún comentario, para luego soltarle en la cara que se estaba enamorando de Hermione. Esa noticia lo había dejado en shock y estuvo a punto de gritar y mandar hechizos a diestra y siniestra, pero se contuvo; ya no podía dejar que Hermione viera lo impulsivo que era o ella nunca más le volvería a hablar.
La traición de Harry lo había herido profundamente, su mejor amigo sabía que aún estaba enamorado de Hermione y que planea regresar con ella, y Harry no había dudado en decirle que se estaba enamorando de su chica. No ganaba nada enojándose con su mejor amigo o con los otros chicos, tenía que aceptar que él y la castaña habían terminado su relación tres años atrás y ella podía rehacer su vida con quien fuera como lo había intentado hacer él sin éxito, por mucho que doliera la realidad. También, a duras penas tuvo que admitir que iba a tener que esforzarse mucho si quería ganarse nuevamente el corazón de Hermione, pues se dio cuenta que ni su mejor amigo, ni el lento de Neville, ni el idiota de Blaise, ni el callado Theo y ni el desgraciado de Draco eran los mismos que él había conocido en Hogwarts. La guerra, la vida los había hecho cambiar a todos, y el pasado que compartían solo eran meros recuerdos de lo que una vez fueron pero nunca más serían y eso lo asustaba porque había comprobado que Hermione había superado todo eso y se había abierto a cada uno de ellos olvidando el pasado.
Hermione por su lado se encontraba en su oficina esperando que Harry llegara a recogerla. Su amigo le había enviado una carta aquella mañana diciéndole que llegaba después de mediodía al ministerio y que la recogería para llevarla a la apertura del nuevo Centro de Atención a Personas Mágicas con Problemas Mentales y Psicológicos.
La apertura de aquel centro la llenaba de emoción, ese proyecto ella lo había formulado y presentado al Wizengamot cuando estaba iniciando como miembro del Departamento de Catástrofes y Accidentes Mágicos. Había formulado tan bien la propuesta que rápidamente fue aprobada, ganándose así la confianza de muchas personas en el Ministerio e iniciando los logros de su prometida carrera en el Ministerio de Magia. La construcción del centro por fin estaba terminada y esa misma tarde sería la apertura. Ella nunca había imaginado que ese proyecto que había propuesto hacía cuatro años, iba a ser de gran ayuda para Narcissa Malfoy. La apertura del centro significaba que podría ayudar a la madre de Draco cumpliendo así con su palabra. Cuando le había comentado a Draco respecto al centro, éste se había emocionado y sin dudarlo había hablado con su madre para que se dejara atender en el centro. Narcissa había aceptado, por lo que Draco había tenido la fantástica idea de presentarle a su madre. La situación fue incómoda al inicio, pero después Narcissa se comenzó a llevar bastante bien con la castaña, alejando que no sabía que la chica eran tan inteligente y buena compañía; gracias su creciente buena relación, Narcisa y Hermione tomaban el té o salían de compras una vez por semana. Draco estaba asombrado que su madre se estuviera recuperando tan pronto y que tuviera ganas de salir, en el fondo le agradecía a Hermione que su madre estuviera cambiando gracias a ella. Así que la semana pasada, Hermione había enviado una invitación a los Malfoy para que esa tarde fueran sus invitados de honor en la apertura del centro.
–¿Hermi? –llamó la dulce voz de Harry desde la puerta.
–Oh Harry, pasa –dijo Hermione levantando la vista de los documentos que estaba revisando.
–¿Aún tienes documentos del mundial pendientes? –preguntó entrando en la oficina y sentándose frente a la castaña.
–No, gracias a Merlín –dijo Hermione sonriendo–. Bueno y a Draco. Después de lo ocurrido con Ron pensé que no me iba a ayudar, pero por el contrario cada tarde sigue viniendo a asesorarme con lo del mundial y ayer terminamos todo –comentó mientras se estiraba en su silla–. Este es mi discurso de hoy, este proyecto fue mi primera propuesta así que es bastante importante para mí.
–Es tu primer cambio mágico –comentó Harry, Hermione asintió– Creo que es hora de irnos.
Hermione se levantó, tomó su discurso y lo guardó en su bolso; luego, tomó su capa de viaje y se la ciñó. Harry le extendió un brazo, Hermione lo aceptó y salieron de la oficina.
–Theo, no es necesario que me acompañes hoy –le dijo Hermione al castaño que estaba esperando junto al ascensor.
–Pero es mi trabajo –protestó Theo.
–Estas ceremonias duran bastante tiempo y Raven no puede esperar. Ve con tu hijo, Harry cuidara de mí –dijo Hermione amablemente.
Theo volteó a mirar a Harry. El azabache le sostuvo la mirada, Harry no necesitaba escuchar la voz de Theo para saber que este le decía que esta vez debía prestar atención y evitar que algo le pasara a Hermione. Harry solo asintió.
–Si algo sucede…–por fin se decidió a decir algo–… debes informarme inmediatamente Potter.
–No va a pasar nada Theo, te lo aseguro –afirmó Harry.
Los entraron al elevador. Al salir se dirigieron a las chimeneas de la red flu, Theo espero que Harry y Hermione se marcharan antes de hacer lo mismo él.
···
–Por tanto, es un honor para el Ministerio de Magia abrir este Centro de Atención a Personas Mágicas con Problemas Mentales y Psicológicos en ayuda de aquellas personas con consecuencias post-guerra tanto provocadas por magia como los que no. Además, me complace informar que este centro fue creado en honor a Frank y Alice Longbottom, los cuales fueron miembros importantes de la primera generación de la Orden del Fénix… –Hermione se encontraba frente a una multitud de magos y brujas, frente a la prensa mágica dando su discurso de apertura del centro.
En medio de los presentes se encontraban Draco y Narcissa Malfoy. Aquella tarde habían sido la comidilla de los medios, y habían tenido que declarar a todo tipo de preguntas. Draco había pensado que ese ambiente afectaría la salud mental de su madre, pero la sorpresa se la llevó al ver que su madre respondía cortésmente a los medios. Conocía muy bien a su madre, ella era su fuerza, lo único que lo mantenía vivo, lo que lo hacía luchar desesperadamente, ella era su todo y ella había dejado que su vida se fuera consumiendo poco a poco por la situación de su padre, pero esa tarde los ojos le brillaban nuevamente, se veía radiante.
–¿Madre?
–¿Si, cariño? –dijo Narcissa desviando la mirada de la Ministra de Magia y posando sus ojos en los de su hijo.
–¿Cómo te sientes? –preguntó Draco.
–Me siento bien, diría que cálida, como en casa. ¿Por qué lo preguntas, cariño? –preguntó Narcissa dedicándole una sonrisa amable.
–Te veo radiante –dijo sinceramente–. ¿Cuál es la razón?
Narcissa desvió la mirada y la posó en Hermione, la chica se veía segura dando su discurso. Sus miradas se conectaron y Hermione le sonrió dulcemente y siguió su discurso. Narcissa pensó en la pregunta de su hijo y respondió.
–Ella me devolvió la esperanza a pesar de lo que mi hermana… Lo que nuestra familia le hizo por años…–dijo sinceramente Narcissa– Ella nos perdonó…
Draco comprendió como se sentía su madre, él de alguna forma se sentía igual. Él le debía más de lo que su madre imaginaba a Hermione, ver lo que su madre fue durante años y verla ahora era más de lo que él podía pedir.
–Ya casi es tu turno…–comentó Draco, su madre sonrió y se acomodó su traje.
Unos asientos delante de los Malfoy se encontraba Neville. El chico también había sido invitado por parte de Hermione, ya que el centro era dedicado a sus padres. Cuando recibió la invitación junto a una carta de Hermione donde le explicaba todo lo relacionado al centro, se había sentido muy orgulloso de ser el hijo de Fran y Alice. La noticia le había removido muchos sentimientos, así que había ido a visitarlos a San Mungo donde aún se encontraban internados. Les había comentado la noticia y había llevado unos pastelitos para compartir con ellos. Su madre le había dado un beso en la mejilla a pesar de no reconocerlo y su padre le pidió un autógrafo, al menos lo reconocía como un escritor. Esa tarde, había lagrimeado un poco al ver a sus padres.
Harry se encontraba dando un recorrido al perímetro, al menos veinte aurores habían sido convocados para resguardar la ceremonia e impedir que alguien hiciera una revuelta. Harry había endurecido las reglas de seguridad, y todos los presentes habían sido registrados para evitar que hubiera mortífagos en la ceremonia. Harry se había reído de sus propias reglas por evitar que en el evento hubiera mortífagos, ya que en realidad si había dos mortífagos en la ceremonia y él mismo los había dejado pasar. Entre la multitud buscó con la mirada a Malfoy que seguía sentado junto a su madre y a Zabini que había sido invitado por el jefe del Departamento de Catástrofes y Accidentes Mágicos. Se hubieran redimido o no aun portaban la marca tenebrosa y él los había dejado entrar. Sus reglas parecían una tontería en ese momento. Se rió por lo bajo y siguió recorriendo el lugar.
–…El centro trabajará en completa unión con el Hospital San Mungo de Enfermedades y Heridas Mágicas. El Ministerio de Magia les pide su completo apoyo para este centro y agradece la colaboración y esfuerzo que han puesto muchos magos y brujas para la realización de este proyecto. Gracias mundo mágico –Hermione terminó su discurso e inmediatamente los aplausos y flashes llenaron el lugar.
Hermione sonreía abiertamente y le hizo una seña a Narcissa para que subiera. La rubia subió a la tarima donde Hermione se encontraba, la castaña la abrazó y le dio un beso en cada mejilla. Los camarógrafos se volvieron locos tratando de tomar una buena foto de la escena. Una empleada del ministerio se acercó con una bandeja en las manos, Hermione tomó unas tijeras de plata de la bandeja y se las pasó a Narcissa. Ambas se posicionaron frente a una larga cinta color morado que se encontraba atada a lo ancho de la entrada al centro.
–A la cuenta de tres –murmuró Hermione, Narcissa asintió sonriendo.
–Una… dos… tres… –contó Hermione. Narcissa cortó la cinta morada y los presentes volvieron a estallar en aplausos. Ambas mujeres voltearon a ver a los espectadores.
Narcissa observó que en medio de la multitud un hombre se levantaba del asiento, sacaba su varita y apuntaba a Hermione. Nadie se daba cuenta de lo pasaba, pues todos festejaban y Hermione sonreía abiertamente sin prestar atención. Los aurores estaban tan enfrascados vigilando el perímetro que no prestaban atención a lo que pasaba en la ceremonia.
Harry volteó para guardar en su mente la cara sonriente de Hermione cuando notó al hombre con la varita levantada. Sin pensarlo dos veces corrió a la multitud y sacó su varita. Narcissa sin saber qué hacía exactamente había saltado hacía donde estaba Hermione protegiéndola con su propio cuerpo. Un haz de luz rojo dio de lleno en uno de los costados de Narcissa y en un brazo de Hermione.
Los espectadores comenzaron a gritar y a huir del lugar. Draco se precipitó hacia la tarima, no entendía que había pasado, solo había visto a su madre abrazar a Hermione y luego alguien había lanzado un hechizo impactando a ambas mujeres.
Neville se levantó de su asiento y corrió hacia la tarima. Vio como Draco saltaba ágilmente y se arrodillaba al lado de las mujeres. Neville apresuró sus piernas, saltó a la tarima y se arrodilló como Draco, ambas mujeres estaban inconscientes.
Blaise corrió hacia la tarima al ver como Draco y Neville también lo hacían. Llegó después de ellos y la imagen que vio lo hizo tambalear. El traje de Narcissa se había quemado donde el hechizo le había dado, y en su lugar había una profunda y negruzca herida que brotaba sangre por doquier, lo oscuro se iba extendiendo por la piel de Narcissa con horribles cardenales. A su lado Hermione se encontraba con una herida en su brazo, Narcissa se había llevado la peor parte.
Harry había logrado hacerse campo entre la multitud, pero no llegó a tiempo a impedir que el hombre lanzará el hechizo. Horrorizado vio como el hechizo daba con alguien en la tarima, ha como pudo desarmó por la espalda al hombre y se le tiró encima para inmovilizarlo. Lo que no esperaba es que el hombre tomara el líquido de una pequeña botella. El hombre empezó a vomitar sangre por la boca y al cabo de un minuto estaba muerto.
–¿Madre?, ¿Madre? ¡Ennervate! –decía Draco intentando reavivar a su madre– ¡Ennervate!, ¡Ennervate!
–¡¿Hermione!? ¡Responde por favor! –Neville zarandeaba a la chica pero esta no daba signos de responder.
–¡Draco! –gritó Blaise– ¡Esto no está bien! –el moreno intentó quitar a su amigo pero este lo empujó.
–¡Déjame! –gritó Draco– ¡Madre!
–¡Necesitan ayuda médica con urgencia! –gritó Blaise tanto a Draco como a Neville– No sabemos que tipo de maldición es, tenemos que actuar ya o puede ser muy tarde. ¡Draco bastardo escúchame!
–Malfoy –llamó Neville– Zabini tiene razón, están perdiendo mucha sangra y nosotros no podemos nada, tiene que verlas un especialista…
–¡Maldita sea, Longbottom! Claro que sé que necesitan ayuda pero una desaparición en este momento solo puede complicar las cosas… –gritó desesperadamente Draco.
El rubio tenia razón, estaban muy alterados por lo ocurrido, si se desaparecían en conjunto podían provocar una desmembración o algo peor y eso no ayudaría en nada a la situación. Harry llegó corriendo a donde se encontraban.
–¡Hermione! –llamó.
–Está inconsciente Harry –dijo Neville–. Narcissa y Hermione están perdiendo mucha sangre, Harry… ¿Qué hacemos?
Harry tomó las tijeras que habían utilizado para cortar la cinta, y le apuntó con su varita.
–¡Portus! –exclamó– Neville, Zabini vayan a San Mungo y digan lo ocurrido, que llegaremos en unos minutos con las pacientes, ¡es una emergencia! –ordenó Harry– Neville envíale un mensaje a Ron con lo ocurrido y Zabini tu envíaselo a Theo. Nos vemos allá.
Los chicos asintieron y se desaparecieron del lugar. Harry se acercó a Hermione y como pudo la levantó entre sus brazos.
–¡Malfoy! Levanta a tu madre y toma las tijeras –el aludido no dudo ni un segundo e hizo lo que Harry le decía–. A la cuenta de tres. Uno, dos, tres…
El trasladador que había creado Harry los jaló con fuerza y desaparecieron del lugar.
Neville y Blaise se aparecieron en la entrada del hospital, se precipitaron a la recepción y pidieron ayuda. Las enfermeras se movilizaron rápidamente para esperar la llegada de las heridas y atender el caso.
–¡Expecto Patronum! –dijo Blaise. De su varita salió un lobo pequeño– Theo, Hermione está herida. Estamos en San Mungo. ¡Necesito que vengas!
Dicho eso, el zorro plateado desapareció. Neville imitando a Blaise sacó su varita e invocó su patronus.
–¡Ron! Hermione esta grave en el hospital, debes venir rápido –dijo apresuradamente Neville.
En ese momento, apreció un trasladador con Harry cargando a Hermione y Draco cargando a Narcissa. Ambas mujeres se veían igual de pálidas por la pérdida de sangre.
–¡Ayuda! –gritó Harry.
Unas enfermeras llegaron rápidamente al encuentro de los chicos. Con un hechizo hicieron levitar los cuerpos de las mujeres y rápidamente las trasladaron a unas salas donde los chicos no podían pasar. Los sanadores llegaron inmediatamente a la sala y cerraron el lugar.
Draco se apoyó su espalda en una pared y lentamente se deslizó hasta el piso, luego tomó su cabeza entre sus manos e intentó contener sus lágrimas. Neville sin saber que hacer o decir tomó asiento en una de las sillas que había cerca y empezó a juguetear con sus manos debido al nerviosismo. Blaise no sabía cómo consolar a su amigo, si sería buena idea acercarse y decir algo, conocía el carácter de su amigo y creía que lo mejor era dejarlo en paz por unos instantes; así que decidió tomar asiento al lado de Neville y fijó su mirada en la puerta por la que se habían llevado a Hermione y Narcissa.
Harry por su lado comprendía en cierta parte la angustia que podía sentir Malfoy en ese momento. Él había perdido a sus padres, padrino, amigos, la gente que amaba frente a sus ojos sin poder hacer nada, sabía que el Slytherin se sentía impotente.
–¿Malfoy? –llamó Harry. El rubio no dijo nada, pero Harry no podía quedarse callado, su empatía se lo impedía. Tomó asiento en el piso junto a Malfoy– Narcissa estará bien…
–¿Lo puedes prometer? –preguntó Draco sin moverse y con la voz un poco quebrada.
Harry se sintió miserable, no podía responder esa pregunta, ni siquiera podía decir nada sobre su amiga. Él no sabía que maldición habían recibido. Tomó aire y respondió-
–No… no puedo prometerlo…
Draco giró su cabeza para toparse con los ojos verdes de Harry, podía notar la tristeza del azabache. Harry se quedó sin habla, podía ver el dolor, la angustia, la muerte en los ojos mercurio de Malfoy, sus ojos estaban perdiendo brillo, perdiendo la esperanza.
Los chicos escucharon unos pasos apresurados por el pasillo, voltearon a ver a un pelirrojo que corría hacia ellos.
–¡Harry! –gritó Ron– Harry, ¿Qué pasó?
El pelirrojo se apuró y se acercó a su amigo. Vio que al lado de Harry se encontraba Malfoy, sus miradas chocaron, un escalofrío recorrió la espalda de Ron, Malfoy tenía una mirada sin vida…
–Es complicado de explicar, Ron. No es el momento… –susurró Harry.
–Le avisé a mi familia lo que Neville me dijo…–Ron volteó para buscar con su mirada al Gryffindor. Se llevó la sorpresa de verlo sentado detrás suyo junto a Zabini.
–Gracias… –fue todo lo que dijo Harry.
Los sanadores no salían a decirles nada de lo que estaba ocurriendo. La espera era frustrante, no querían pensarlo lo peor. Aunque en realidad solo habían pasado alrededor de unos veinte minutos. Cuando nuevamente escucharon unos pasos por el pasillo.
–¡Tú! –gritó un hombre de forma alterada.
