CAPÍTULO XIX – Malfoy Manor
05 de Junio
Habían pasado casi tres semanas desde el incidente en la apertura del Centro de Atención a Personas Mágicas con Problemas Mentales y Psicológicos. Hermione había sido dada de alta a los tres días de lo ocurrido y Narcissa había sido dada de alta una semana después.
Theo había pasado una semana entera dando explicaciones de lo ocurrido en la ceremonia. El mundo mágico había entrado en pánico y hasta se habían atrevido a inventar que se estaba levantando un nuevo señor oscuro y quería asesinar a la Ministra. Theo tuvo que pedirle ayuda a Harry, Draco y Neville para poder calmar las especulaciones de todo el mundo. Harry al ser el jefe de aurores y famoso desde su primer año de vida, había explicado las nuevas medidas de seguridad que se iban a tomar para evitar nuevos ataques; por su parte, Draco y Neville, al ser figuras importantes y famosas en el mundo mágico, habían dado declaraciones de la importancia de unir fuerzas y brindar información si alguien conocía a los responsables del ataque.
La oficina de la Ministra de Magia se había vuelto un caos, las cartas llegan sin parar, varios magos y brujas exigían ver en persona a la Ministra, sin mencionar que algún gracioso había querido pasarse de listo y había dejado libres una docena de duendecillos de Cornualles en las afueras de la oficina y éstos habían hecho fiesta con todos los papeles sobre el escritorio de Theo, agregándole más trabajo al pobre Theo. Él tenía tanto trabajo que tuvo que pedirle ayuda a Neville. El chico era bueno con los papeles al ser escritor, pero su tiempo era limitado ya que aún no acababan las clases en Hogwarts.
Por otro lado, Hermione no había regresado al trabajo ya que el doctor le había pedido que descansara por una semana entera antes de regresar a su vida normal. Con Hermione ausente y tanto trabajo encima, Theo no podía pasar tiempo con su hijo, así que le había pedido a Raven que cuidara a Hermione. El niño había aceptado gustosamente y Hermione no se había negado. Además, Hermione visitaba todos los días a Narcissa en el hospital, Draco la acompañaba y como Raven se había encariñado de pronto con Draco, Theo había aceptado que el rubio llevara a su hijo a cualquier lugar. Lo que más le dolía era que el privilegio que él tenía de compartir momentos especiales con Raven y Hermione, ya no eran únicamente de él sino que también eran de Draco. Cuando le dieron la salida a Narcissa, Hermione igual la seguía visitando en Malfoy Manor, algunas veces iba sin que Draco se diera cuenta pero siempre acompañada por el pequeño Raven.
–¿Hermione? –Narcissa se encontraba sentada en un sillón mullido frente a la chimenea de su cuarto.
–Dime, Cissy.
–Sé que el haberte pedido que vinieras hoy a la fiesta de cumpleaños de Draco fue muy atrevido de mi parte…
–Cissy, ni lo menciones. Celebrar la vida es un acontecimiento muy importante y con todo lo ocurrido, es justo celebrarlo –dijo Hermione sonriéndole a Narcissa–. Además, es el cumpleaños número veinticinco de Draco, no todos los días se cumplen veinticinco años.
–Tienes razón, este será el primer cumpleaños que mi hijo va a celebrar de forma especial –Narcissa tomó la taza de té que tenía enfrente–. Me has ayudado mucho con los preparativos para la fiesta…
–Yo también ayudé abuelita Cissy –dijo Raven detrás de las mujeres mientras jugaba con un carro muggle que le había comprado Hermione.
–Por supuesto cariño, sin ti no hubiéramos podido terminar todo para el tío Draco –dijo amablemente Narcissa volteando a ver al niño. Raven sonrió ampliamente ante el comentario.
–Sé que venir esta noche a la fiesta va a ser un poco incómodo para ti –continuó Narcissa–. También, sé que con Blaise y Theo no hay inconveniente, pero puede ser desagradable con Pansy y las hermanas Greengrass. Pero ellas han sido amigas de Draco desde niñas y en los momentos difíciles no lo abandonaron a pesar de que él se alejó de todos.
–No te preocupes Cissy, podré soportar por una noche unas cuantas serpientes –comentó Hermione, riendo al imaginarse rodeada de tantos Slytherins y en Malfoy Manor. En otro momento de su vida jamás hubiera imaginado una escena así.
–Pero… –dijo Narcissa mientras se levantaba de su sillón y se dirigía a su armario–… te compré algo para que uses esta noche. Y… no acepto ningún pero para que no aceptes mi regalo.
–Cissy, no tenías que comprar…
–No tenía que hacerlo, pero quería –Hermione cerró su boca pues no encontró un argumento–. Por favor, hazme el honor de usar esto en la fiesta de Draco, como agradecimiento por salvar mi vida.
–Cissy, pero tú salvaste la mía… –Narcissa le hizo señas a Hermione para que no siguiera hablando y que se acercara.
–Esto es para ti –Narcissa le entregó una caja a Hermione.
Hermione abrió la caja y sacó un vestido largo. El vestido era strapless, con encaje negro en la parte del busto y en las mangas a medio brazo, la falda era de un brillante y liso verde limón pero no llamativo, con un pliegue que unía tanto la falda como la parte superior del vestido con un pulcro accesorio de plata en forma de flor. Hermione abrió mucho sus ojos.
–Cissy… –tartamudeó–… es hermoso…
–Me hace muy feliz que te gustara el vestido, lo escogí yo personalmente. Aunque son pocos los invitados y no es algo tan formal, quiero que te veas aún más hermosa de lo que ya eres –sonrió maliciosamente para sus adentros Narcissa.
–Gracias, Cissy. Pero, ¿Por qué quieres que me vea hermosa? –preguntó Hermione, no se había podido aguantar la curiosidad.
–Por nada en especial, querida.
Narcissa no le iba a decir a Hermione sus verdaderas intenciones. Ella había tenido que idear un plan para que su hijo solo tuviera ojos para Hermione. Esa noche que era tan especial, ella no iba a permitir que ni la gritona de Pansy, ni la introvertida de Daphne, mucho menos la vulgar de Astoria, alejaran a su hijo de la persona que ella; Narcissa Malfoy, había elegido como futura señora Malfoy.
–Hermione, faltan dos horas para que Draco y sus amigos lleguen –comentó Narcissa–. Déjame peinarte.
Hermione le sonrió ampliamente a Narcissa y asintió. Narcissa llamó a un elfo domestico para que llevara a Raven al jardín a jugar. Luego, la rubia comenzó a sacar productos de belleza y se dispuso a peinar y maquillar a la ministra.
···
Draco había llegado a Malfoy Manor media hora antes. Quería tomar un baño y cambiarse de ropa antes de que llegaran sus amigos. Su madre le había informado dos días atrás que no se comprometiera con nadie para su cumpleaños, pues quería hacer una pequeña celebración con sus amigos más cercanos. Draco a regañadientes había aceptado, no le hacía ni pizca de gracia que su madre se pusiera a planear fiestas cuando aún estaba recuperándose. Pero su madre lo había convencido cuando mencionó había invitado a Hermione a la fiesta.
Draco salió de la ducha y comenzó a vestirse. Tomó una camisa de manga corta y cuello scoop color gris ratón, no quería vestir muy formal pero se sentía un poco incómodo que su marca tenebrosa quedara al descubierto, especialmente porque Hermione iba a estar en la fiesta, así que decidió vestir un saco negro que le cubriera el antebrazo izquierdo; también, se puso un pantalón largo color negro a juego con sus zapatos. Caminó hacia el espejo de cuerpo completo que tenía en su habitación y se miró detenidamente, arregló un poco su saco, tomó una poción para peinar su cabello; luego, tomó su varita y con un hechizo mental se deshizo de todo indicio de barba. Comprobó nuevamente su aspecto y salió en dirección al vestíbulo de la mansión.
Narcissa se encontraba en el vestíbulo dándole órdenes a los elfos para los últimos retoques de la decoración. Hermione se encontraba en la cocina con Raven, Draco no sabía que la castaña había llegado desde temprano a Malfoy Manor.
–Madre, ¿aún no ha llegado nadie? –preguntó asombrado Draco, los Slytherins se caracterizaban por ser muy puntuales.
–No cariño, Theo envió hace unos instantes una lechuza diciendo que se había atrasado en el trabajo, llegará un poco tarde. Blaise dijo que el pasaría a recoger a las chicas, así que deben estar por llegar – dijo Narcissa mientras ayudaba a una elfina a colocar una guirnalda que decía Feliz Cumpleaños Draco y que cambiaba de color cada dos minutos.
–¿Blaise también recogerá a Hermione? –preguntó Draco tratando de imaginar a Blaise junto con Hermione, Pansy, Daphne y Astoria.
–No cariño, Hermione esta con Raven en la cocina, pero no puedes ir porque están decorando tu pastel, así que no le vayas a matar la sorpresa a Raven pues estaba muy ilusionado ayudando a Hermione; además, tus amigos están por llegar, así que como anfitrión debes estar aquí para recibirlos apropiadamente –dijo Narcissa volteando a ver a su hijo, su mirada denotaba que castigaría al rubio si intentaba meterse en la cocina.
–Esta bien, esta bien. Pero quiero aclarar que la anfitriona eres tú y no yo –dijo Draco mientras se apoyaba en la baranda de la escalinata y agregó a ver que su madre iba a protestar–. Tú los invitaste no yo, todo esto… –Draco recorrió el lugar con la mirada y abrió sus brazos dramáticamente–… fue obra tuya no mía.
–Pero el que está cumpliendo años eres tú, así que Draco no actúes como un niño y haz lo que debas hacer como corresponde –contraatacó Narcissa.
–Tu ganas –Draco sonrió de medio lado. Su madre lanzó un leve bufido y continuó ayudando a la elfina.
Los elfos domésticos iban y venían por todo el vestíbulo y comedor trayendo bandejas con pastelillos, dulces, refrescos y una que otra fuente de chocolate.
–¡Mamá! –exclamó Draco abriendo los ojos como platos al observar toda la comida que traían los elfos–. ¿Por qué hay tantos dulces? Ya no soy un niño, ¡cumplo veinticinco! Y ¿Por qué hay tanta comida? Solo somos Theo, Blaise, Pansy, Daphne, Astoria, Hermione, Raven, tú y yo, o ¿acaso invitaste a alguien más? –cuestionó Draco entrecerrando sus ojos.
–Primero, hay muchos dulces porque a Raven y a Hermione les encantan los dulces, y Hermione es mayor que tú y ella no se quejó de que hubieran tantos dulces. Segundo, no es tanta comida, si te pones a pensar que Blaise devora todo a su paso. Tercero, aparte de las personas que tú ya mencionaste antes, Hermione tuvo la fantástica idea de que los elfos nos acompañaran en tu cumpleaños –zanjó Narcissa dando por terminada la discusión.
Draco iba a replicar cuando sonó el timbre de la mansión. Draco tomó una postura elegante y se acercó para recibir a los invitados, mientras un elfo domestico se apresuró a abrir la puerta. En el umbral se encontraba Blaise acompañado de una pelinegra y dos rubias. Blaise vestía un sencillo traje de noche no muy formal, pero si apto para la ocasión. Pansy vestía una fina túnica blanca que le llegaba a la mitad del muslo, llevaba su larga cabellera negra atada en una pulcra cola de caballo. Astoria vestía una túnica color lila con un pronunciado escote al frente y mucho más corta que la que vestía Pansy, la túnica resaltaba sus ojos verdes, llevaba el cabello suelto adornado con una llamativa tiara. Daphne por su lado vestía una sencilla túnica café que le llegaba al nivel de la rodilla, la chica había arreglado su rubia melena con unas cuantas ondas.
–Draco, hermano ¡Feliz cumpleaños! –saludó animadamente Blaise entrando a la mansión y dándole un fuerte a brazo a Draco mientras sonreía.
–Blaise, que sorpresa –dijo Draco devolviéndole la sonrisa a su amigo–. Pensé que tenías muy ocupada tu agenda.
–¡Por supuesto que mi agenda está muy apretada! –exclamó Blaise fingiendo que le dolió el comentario de Draco–. Pero hace años que no nos reunimos a celebrar algo, así que me permití este pequeño descanso.
–Blaise, ¿puedes quitarte de en medio? –dijo fríamente Astoria– También, queremos saludar a Draco.
Blaise hizo una mueca sarcástica e hizo una profunda reverencia para que pasaran las chicas. Draco solo rodó los ojos y torció una sonrisa. Pansy pasó al lado de Astoria empujándola un poco y se apresuró a abrazar y besar a Draco.
–¡Draco cariño! –Pansy se le tiró encima. Draco al notar las intenciones de Pansy de besarlo, movió un poco su rostro y el beso fue a parar directo a su mejilla. Pansy no pasó desapercibido el gesto de Draco– ¡Feliz cumpleaños!
–Gracias, Pansy.
–¡Feliz cumpleaños, mi querido Draco! –dijo seductoramente Astoria mientras apartaba a Pansy y besa sensualmente la mejilla de Draco, dejando marcado su labial rojo en la pálida mejilla de Draco.
–Gracias Astoria –Draco respondía secamente a las felicitaciones de sus amigas. Sabía que si les respondía amablemente, ellas no dudarían en tirársele encima durante toda la noche, y él no quería darles ningún indicio de que tenían esa oportunidad.
–Feliz cumpleaños, Draco –dijo amablemente Daphne mientras le sonreía abiertamente y le daba un corto beso en la mejilla.
–Buenas noches, Cissy –saludaron las tres Slytherins a coro.
Narcissa solo sonrió e hizo una pequeña reverencia con su cabeza. Ella desaprobaba la actitud de Pansy y Astoria, sin mencionar que las túnicas que vestían ambas dejaban muy poco a la imaginación. Con solo pensar que esas chicas aun aspiraban a ser la señora Malfoy, la horrorizaban de sobremanera. Ella conocía a las tres chicas desde niñas, en aquel momento y años atrás esperaba que alguna de las tres se casara con Draco, pero después comprendía que ninguna tenía la clase para ser una Malfoy a pesar de su estatus de sangre. Por eso no había insistido en que Draco buscara prometida, a pesar de que era el deseo de Lucius. Claro, ella secretamente se había obsesionado con Hermione y anhelaba que la joven ministra fuera la futura señora Malfoy, pero para eso debía hacer muy bien sus jugados porque no podía confiar en que Draco hiciera bien el trabajo de conquistar a la chica.
–Pasen al salón, hay varias fuentes de comidas, un poco de música y podemos charlar amenamente –dijo Narcissa como buena anfitriona.
–Señora –dijo una elfina al costado de Narcissa–, el señor Nott mando un mensaje pidiendo permiso para usar la red flu para llegar a casa.
–Dile que tiene autorización, ¿cuál chimenea vas a habilitar? –preguntó Narcissa, mientras los chicos se encaminaban al salón.
–La de la cocina, señora.
–Perfecto, dile a Hermione que puede venir con Raven. Y también a los elfos.
–Inmediatamente señora.
···
–¿Qué hace ella aquí? –dijo Astoria levantándose de su asiento y mirando hacia la puerta del salón, entornando los ojos.
Los presentes voltearon a ver de quien hablaba Astoria. Por la puerta del salón venía entrando Theo del brazo con Hermione, la castaña traía cargando a Raven en sus brazos. Theo vestía un traje formal azul oscuro debido a su trabajo, Raven vestía unos pantalones cortes color crema y una camisa blanca de vestir. Pero la mirada de todos se posiciono en Hermione para la satisfacción de Narcissa, había logrado su cometido. Hermione parecía la hija de un importante aristócrata, su postura era elegante, Narcissa le había aplicado maquillaje resaltando sus finas facciones pero nada excesivo, por el contrario se veía muy natural. Además, Narcissa había recogido el cabello de Hermione con un elegante moño bajo de medio lado y le había puesto una peineta con detalles florales a juego con el vestido.
Pansy y Astoria entrecerraron los ojos observando de arriba abajo a la castaña, comiéndosela con los ojos y bufando ante la presencia de la chica. Daphne solo sonrió ante la aparición de los chicos, Draco se quedó estupefacto Hermione se veía como una diosa ante sus ojos. Blaise se levantó de su asiento y se acercó a los recién llegados.
–Theo –ambos chicos estrecharon sus manos –. Ministra, déjeme decirle que se ve…
Hermione levantó una ceja en desaprobación al notar la mirada desvergonzada de Blaise. Theo se aclaró la garganta y Blaise terminó la frase.
–…realmente hermosa esta noche –dijo Blaise sonriendo ampliamente–, más que de costumbre.
–Gracias por el cumplido, Zabinni.
–Dime Blaise, estamos entre… amigos.
–¿Por qué esta ella aquí? –volvió a preguntar Astoria, señalando a Hermione.
–Porque yo la invité, ¿tienes algún problema con eso? –dijo fríamente Narcissa.
–No, Cissy…
–Theo –Draco se acercó y también estrechó la mano de su amigo.
–Draco, ¡Feliz cumpleaños, hermano! –dijo Theo alegremente, dándole unas palmadas en la espalda a Draco.
–Hermione…
–Feliz cumpleaños, Draco –le sonrió dulcemente Hermione. Se acercó y le dijo un suave beso en la mejilla.
–Tío Draco, feliz… cumpleaños –dijo Raven abrazando al rubio.
–Gracias, campeón.
–¿Quién es el pequeño? –preguntó Daphne que se había acercado junto con su hermana y Pansy para ver mejor la escena.
–Yo soy Raven –dijo el niño viendo a la rubia frente a él.
–Hola Raven, yo soy Daphne –dijo la chica sonriéndole dulcemente–. ¿Quiénes son tus papis?
–Mi papi es papi –dijo Raven señalando a Theo, el castaño le sonrió a su hijo–, y mi mami es Hermi…
Se produjo un silencio incómodo. Los chicos no sabían cómo explicar la relación entre Hermione y Theo. Daphne abrió sus ojos desmesuradamente, posaba su mirada en Theo y luego en Hermione, no entendía lo que estaba pasando. Astoria y Pansy suspiraron de alivio al pensar que no debían preocuparse de Hermione. Narcissa se apresuró a acercarse al grupo para intentar aclarar el malentendido.
–Raven es el hijo de Theo, y se ha encariñado tanto con Hermione que el niño la llama mami.
Astoria y Pansy se tensaron, darse cuenta de la verdad no les hizo gracia.
–¿Por qué no sabíamos que tenías un hijo? –preguntó Daphne reclamándole a Theo.
–Han pasado muchas cosas, pero no es el momento para hablar de eso. Hoy es la noche de Draco…
Después de aquel incómodo momento, la fiesta transcurrió con tranquilidad. De vez en cuando Pansy o Astoria se querían sobrepasar con Draco, el cual huía o inventaba excusas para alejarse de las chicas. Narcissa también hacía todo lo posible para mantener alejadas a las chicas de su hijo y que Hermione y Draco tuvieran tiempo a solas, pero era muy difícil pues Blaise y Theo también se empeñaban a estar con la castaña; sin mencionar, que Raven no se despegaba de Hermione.
–¿Hermione? –preguntó Draco.
–¿Si?
–¿Me concederías esta pieza? –preguntó galantemente.
Hermione sonrió e hizo una breve inclinación de su cabeza. Ante la mirada de fastidio de Pansy y Astoria, la de esperanza de Narcissa y la de decepción de Theo y Blaise, Draco y Hermione avanzaron al centro del salón, Draco rodeó la cintura de Hermione con su brazo y la atrajo lo más que pudo hacia él. Hermione puso delicadamente una de sus manos sobre el hombro de Draco y su otra mano sobre la del chico, el cual la apretó suavemente pero en un agarre firme. Lentamente comenzaron a bailar al ritmo de la música.
–¡Diablos! Draco se me adelantó –murmuró por lo bajo Blaise.
–Déjalo, hoy es su cumpleaños –susurró Theo.
–¿No te preocupa que él nos gane la apuesta? –preguntó Blaise.
–¿De qué apuesta están hablando? –preguntó Pansy que estaba escuchando la conversación.
–Ninguna de la que debas saber, Pansy –dijo tajantemente Theo y fulminando con la mirada a Blaise por su descuido.
Pansy no quedó conforme con la respuesta que Theo le dio. En ese momento decidió que averiguaría a toda costa de que apuesta estaban hablando los chicos.
–Hermione, te ves… espectacular esta noche –murmuró Draco.
–Es gracias a tu madre, ella se encargó del maquillaje, el peinado y el vestuario –sonrió dulcemente.
–Mi madre tiene muy buen gusto, pero tú también ayudas a que sus creaciones sean perfectas…
Hermione miró directamente a Draco con cara de confusión. No había entendido que había querido decir el Slytherin.
–No te entiendo…
–No hace falta que me entiendas –dijo mientras sonreía de lado. Hermione se sonrojó levemente.
Narcissa sonreía ampliamente, hasta el momento todo estaba saliendo bien, nada de lo que hacían o decían Pansy y Astoria lograban apagar a Hermione. Pero ella aún tenía otra carta para jugar y esperaba que todo saliera de acuerdo a su plan.
–Papi, tengo sueño… –dijo Raven mientras jalaba del saco de Theo y se restregaba los ojos.
–¡Por Merlín! Es muy tarde. Lo siento campeón, ¿nos vamos ya a casa? –preguntó Theo mientras se acuclillaba al lado de su hijo y lo levantaba en sus brazos. Raven asintió sin poder reprimir un bostezo.
–Bueno, Raven y yo ya nos vamos, es muy tarde y debemos descansar –se despidió Theo–. Gracias por todo, feliz cumpleaños Draco.
Luego de despedirse Theo salió de la casa para poder aparecerse en el vestíbulo del hotel.
–Creo que yo también debería irme –dijo Blaise–, mañana debo partir a Ámsterdam a una sesión de fotos.
–¿Puedo irme contigo, Blaise? –preguntó Daphne.
–Claro, Daph –le sonrió Blaise.
–Draco, gracias por invitarnos a tu fiesta. Fue lindo volver a verte –dijo sinceramente Daphne despidiéndose del rubio–. Cissy, todo estuvo perfecto, gracias.
–Cuando quieras volver –dijo cortésmente Narcissa. Daphne era tan diferente a su hermana, la chica se hacía querer muy fácilmente.
–Buenas noches, mi hermosa ministra –dijo Blaise acercándose a Hermione mientras apartaba a Draco y le daba un suave beso en las mejillas– No olvides nuestra cita el próximo diez.
Hermione solo asintió. Ambos chicos salieron en dirección al patio para poder desaparecerse. Narcissa notó que Astoria y Pansy no se irían tan fácilmente, así que decidió improvisar un poco.
–Bueno creo que es todo por hoy, me siento muy cansada y me está empezando a doler la herida –mintió Narcissa–. Creo que es momento de que todos nos vayamos a descansar.
–¿Cissy, te sientes bien? –preguntó Pansy.
–¿Quieres que me quede a cuidarte o ayudarte a recoger? –preguntó Astoria.
–Solo estoy cansada, necesito dormir y tomar unas cuantas pociones –dijo Narcissa fingiendo cansancio–. Y no se preocupen chicas, Hermione me va a ayudar a recoger todo, ¿verdad Hermione?
–Ah… sí… por supuesto… –tartamudeó Hermione.
Las chicas fulminaron a Hermione con la mirada. Narcissa sonrió para sus adentros.
–Bueno… creo que… ya nos debemos marchar… –comentó Pansy esperando que Draco impidiera que se fueran.
–Las acompañó a la salida –dijo cortésmente Draco.
Las chicas asintieron, fulminaron por última vez a Hermione, se despidieron de Narcissa y salieron del salón tomadas de los brazos de Draco.
–Bueno, creo que ya me voy a dormir… –mencionó inocentemente Narcissa.
–¿Te acompaño a tu habitación? –preguntó Hermione.
–No querida, no es necesario.
–Esta bien, ¿dónde debo poner toda la decoración? –preguntó Hermione mirando a su alrededor y preguntándose a qué hora terminaría de recoger todo.
–No te preocupes por eso cariño, mañana temprano recogeremos todo, pero me gustaría que te quedaras a dormir por sí en la noche necesito algo –comentó Narcissa intentando sonar inocente–. Le pedido a un elfo que te prepare una habitación, aunque no sé si te gustará, aún estamos remodelando las habitaciones.
–Entiendo, si no hay ningún problema me quedaré a dormir –dio amablemente Hermione.
–Gracias, si necesitas algo pregúntale a Draco. Un elfo te mostrará tu habitación. Buenas noches –Narcissa se despidió y salió del salón.
–Señorita, ¿le muestro su habitación? –preguntó un elfo detrás de Hermione, la chica pegó un brinco del susto.
–Bue… no… –tartamudeó.
Al salir del salón se toparon a Draco que venía apresuradamente. El rubio se detuvo al ver como la castaña venía acompañada de un elfo.
–¿Te vas, tan pronto…? –preguntó Draco.
–No exactamente, tu madre me pidió que me quedara a dormir y en este momento me dirijo a la habitación que me prepararon, claro si no te importa… –comentó Hermione.
–En absoluto, te acompaño también iré a mi habitación, me siento un poco cansado.
Los chicos subieron la escalita hasta llegar al segundo piso, allí el elfo condujo a Hermione a través de un pasillo poco iluminado. A mitad del pasillo, el elfo se detuvo y le explicó a Hermione cuál era su habitación y luego desapareció. Hermione tomó el pomo de la puerta cuando la mano pálida de Draco también tomó el pomo.
–¿Qué haces? –preguntó Hermione observando a Draco, sin quitar la mano del pomo.
–No, ¿Qué haces tú? –devolvió Draco, sin apartar la mano tampoco.
–Trato de entrar a la habitación que me prepararon –dijo Hermione como si aquello fuera lo más lógico del mundo.
–Imposible, no puedes dormir ahí –dijo Draco mirando directamente a los ojos miel de la chica.
–Se puede saber, ¿Por qué no? –preguntó molesta Hermione ante el impedimento de Draco.
–Porque esa es mi habitación…
