La historia pertenece a Merline lovelace , yo solo la adapte al Sasusaku

Los personajes de Naruto le pertenecen a Masashi Kishimoto

Yo sólo adapte está historia sin fines de lucro.

–Ya me has oído –la expresión de sasuke era ahora poco amistosa–. ¿Te

quedaste embarazada, diste a luz a una niña y la dejaste en la puerta de la casa

de mi madre hace dos semanas?

Sakura estaba boquiabierta. Se le quedó mirando sin dar crédito.

–Estás de broma, ¿verdad?

–No.

La contundente respuesta la llevó a cerrar la boca de golpe. Aquel

hombre le había hecho pasar por un torbellino de emociones en los últimos diez

minutos. La sorpresa encabezaba en principio la lista, pero la furia avanzaba

posiciones rápidamente. Y ella que había pensado, que había confiado en cierto

modo en que...

Qué idiota. Solo habían estado juntos una noche, no habían tenido

tiempo para conocerse, pero el hecho de que pensara que ella era una mujer

capaz de abandonar a su propia hija hizo que se acelerara el corazón.

Apartándose del escritorio, se dirigió a la puerta y la abrió de golpe.

–Te puedo asegurar que si tuviera una hija no la dejaría en la puerta de

tu madre ni en la de nadie. Y ahora te sugiero que vuelvas a subirte a tu

reluciente Jaguar y te largues de mi vista.

sasuke no se movió.

–Aceptaste un trabajo en Chile hace ocho meses. No volviste hasta finales

de mayo. El detective privado que contraté no ha podido averiguar tu paradero

durante ese tiempo.

No era de extrañar. Sin consultar sus informes, ella misma tendría

problemas para recordar cada viaje que había hecho durante aquellos meses de

locura. Pero no le gustaba que sasuke hubiera contratado a un sabueso para

seguirla.

–Dónde fui y cuándo volví no es asunto tuyo. No sé quién te crees que

eres, pero...

–Creo que soy el padre del niño –le espetó él–. Las pruebas de ADN

muestran una probabilidad del setenta por ciento.

Aquello la dejó desconcertada durante un instante.

–Creí que esas pruebas tenían una fiabilidad del noventa y nueve por

ciento.

–En el noventa y nueve por ciento de los casos –aseguró sasuke con

tirantez–. Hay un pequeño margen de error cuando el padre tiene un hermano

gemelo.

–¿Tienes un hermano gemelo?

–Sí.

¡Cielos! ¿Había otro como él por ahí suelto? ¿O no estaría suelto? sasuke

no llevaba anillo de boda cuando se conocieron. Y ahora tampoco, comprobó

mirándolo de reojo. Aunque eso no probaba nada.

–Eso es problema tuyo –le dijo Sakura con acidez–, no mío. Ahora tienes

que marcharte. Hay un motor ahí fuera que necesita mi atención –abrió más la

puerta e hizo un gesto para que saliera.

Una vez más, sasuke no se movió.

–Solo hay una manera de determinar la paternidad de la niña sin asomo

de duda.

–¿Y qué manera es esa?

–Combinando el ADN del padre y de la madre.

–Te repito que ese es tu problema. Además –añadió al darse cuenta de

algo más–. No creo que sea la única mujer con la que estuviste el año pasado.

¿Has comprobado toda tu base de datos?

–La verdad es que sí. Tú eres el último contacto de la lista.

La culpa era suya por preguntar. Ahora ya lo sabía. Sasuke había

recorrido toda su agenda hasta que no le quedaron más recursos.

–¿Quieres que te diga lo que puedes hacer con tu lista?

Sasuke se sonrojó por la rabia y echó chispas por los ojos.

–Aunque te cueste trabajo creerlo, no tengo por costumbre acostarme con

todas las mujeres que acabo de conocer.

Y Sakura tampoco dejaba que los desconocidos se acercaran tanto. Furiosa,

abrió del todo la puerta.

–Vete.

–Lo único que te pido es un pelo o una muestra de saliva.

–Vete.

Sasuke se movió entonces, pero solo para acercarse a ella. Sakuta alzó la

barbilla y se mantuvo firme, pero tuvo que reconocer que no recordaba que

fuera tan alto. Ni tan intimidante. Estaba tan cerca que podía distinguir las

sus negras pestañas, la tenue cicatriz blanca de la barbilla, la

determinación de aquellos mortales ojos negros.

Sakura no era ninguna enana. Con su casi metro setenta de altura, había

tenido que meterse con calzador en más de una cabina de avión. Sin embargo,

sasuke le sacaba casi quince centímetros.

–Mira –dijo él haciendo un esfuerzo por contener la furia–, esto no se

trata de ti ni de mí. Necesitamos conocer el parentesco del bebé por razones de

salud. Nada más.

Diablos, claro. No había pensado en eso. Por supuesto querrían saber si

había un historial de enfermedades graves en el árbol genealógico de la niña.

Sakura estuvo a punto de ceder en ese momento. Lo habría hecho si Sasuke no

hubiera añadido la coletilla:

–Te pagaremos.

–¿Perdona?

–Mil dólares en efectivo por una muestra de ADN aquí y ahora.

Sakura tuvo que hacer un esfuerzo por respirar. No solo pensaba que había

abandonado a su propia hija, sino que al parecer también creía que había que

sobornarla para demostrar que estaba diciendo la verdad. Si hubiera tenido una

llave inglesa en la mano en aquel momento, aquel imbécil tendría que peinarse

la raya hacia el otro lado durante mucho tiempo.

–¡Sal de aquí!

Él apretó las mandíbulas y le clavó los ojos negros en los suyos.

–Esto no ha terminado todavía –le advirtió.

–¿Qué vas a hacer? –le espetó Sakura–. ¿Hacer que tu detective me siga por

todas partes y saque una muestra de saliva de mi taza de café?

–Esa es una opción. Hay otras –Sasuke deslizó la mirada por la

desordenada oficina antes de volver a clavarla en ella–. La oferta estará sobre la

mesa durante las próximas veinticuatro horas. Piénsatelo.

Sakura quería darle también a él algo en lo que pensar. Se le ocurrió una

buena patada en los testículos. Pero se conformó con cerrar la puerta tras él con

tanta fuerza que rebotó y casi le azotó la cara.

–¡Mil dólares!

El rostro curtido y lleno de arrugas de jiraiya se iluminó de alegría.

Había regresado menos de media hora después de que sasuke Uchiha se fuera.

Era bajito, de piernas arqueadas y pelo gris. Se estaba golpeando la rodilla con gesto de felicidad.

–¡Sí! ¡Mil dólares por un pelo o un poco de saliva! Con eso casi pagamos

los productos químicos que pedí la semana pasada.

–¿Has encargado un nuevo pedido?

Momentáneamente distraída por el tema de la ultrajante oferta de Sasuke Uchiha, Sakura apoyó con fuerza las patas de la silla en el suelo. El brusco

movimiento provocó que Belinda bufiera, estaba subida en su regazo y mostró

su disconformidad con la interrupción de la siesta clavándole a Sakura las uñas en

el muslo.

–¡Ay! –Sakura se quitó las patas de encima antes de dirigirse a uno de los

dos hombres–. Sarutobi. ¿podrías recordarle a nuestro compañero que todavía no

hemos pagado el último pedido?

–No hemos pagado todavía el último pedido, jiraiya.

Sakura apretó los dientes. Si no quisiera tanto a aquellos dos viejos dejaría

que se hundieran y recuperaría su vida personal. Conteniendo la ira, miró

fijamente a su socio.

–¡Lo prometiste!

–Lo sé, lo sé –jiraiya se pasó una mano rugosa por la nuca–. Pero nos

acercamos a la temporada invernal de siembra de trigo. No podemos ganar

dinero si no prestamos servicio a nuestros clientes. Así que dale un poco de

saliva a ese sasuke y sácanos de este agujero.

–¿Es que no me has oído? –preguntó Sakura exasperada–. Ese hombre cree

que le he dejado un bebé en la puerta.

–Creía que habías dicho que fue en la puerta de su madre.

Sakura agitó la mano con impaciencia.

–La suya, la de su madre, ¿qué más da?

–No preguntarías eso si conocieras a Mikoto Uchiha–¿Tú sí?

–Sí. Debió ser hace treinta y cinco o cuarenta años. Mikoto y su marido

acaban de empezar con el negocio de los suministros petroleros por entonces. Y

ella... –jiraiya sacudió la cabeza con admiración–. Era una mujer guapísima.

Aunque estirada.

–Razón de más para negarme a entregarle a su hijo una muestra de ADN

–murmuró Sakura–. No quiero tener nada que ver con él ni con su madre.

–Pero chica, ¿mil dólares por un poco de saliva?

–No.

Jiraiya suspiró largamente, como si hubiera sido Sakura la que se había

gastado los beneficios del año anterior en las máquinas tragaperras.

–De acuerdo, pero...

–No, jiraiya

Él volvió a suspirar y le quitó a Sakura la gata del regazo.

–Si los Uchiha están tan decididos a encontrar a la madre de la niña como

parece, entonces te aseguro que volverás a tener noticias suyas. O de sus

abogados.

–¿Abogados? –Sakura tragó saliva. Aquello era lo único que le faltaba. Con

un avión de cuarenta y cinco años de antigüedad perdiendo aceite y un socio

que no podía mantenerse lejos del casino, ahora tenía que preocuparse de que

una horda de abogados le clavara los dientes a Agro-Air.

–Mira, mañana me pondré en contacto con Sasuke, cuando me haya

calmado un poco, y le confirmaré que no soy la madre de esa niña. Pero no voy

a aceptar dinero de él, jiraiya.

–Solo digo que estés preparada, señorita –dijo dándole un golpecito en la

cabeza–. Sasuke no parece la clase de hombre que se queda sentado esperando

respuestas.

Bueno hasta acá el segundo capítulo, que les parece? Se pone interesante?

Habrá Sakura dejado a su hija? Dejen sus comentarios, nos leemos!