La historia pertenece a Merline lovelace , yo solo la adapte al Sasusaku

Los personajes de Naruto le pertenecen a Masashi Kishimoto

Yo sólo adapte está historia sin fines de lucro.

Sasuke mantuvo las mandíbulas apretadas durante casi las dos horas de

regreso a la Ciudad de Oklahoma. Sakura Haruno no tenía ni idea de con

quién estaba tratando.

Cielos, casi había olvidado ese cabello de exótico color rosa que fue lo primero

que le llamó la atención cuando entró en la cabaña de operaciones de Nuevo

Laredo. Y aquellos ojos de extraño color. Por no mencionar los labios carnosos,

los senos firmes y las estrechas caderas.

Pero lo cierto era que no había recordado ninguno de aquellos sensuales

atributos hasta hacía dos semanas. Fue entonces cuando su madre le llamó para

exigirle que se presentara de inmediato en la mansión de Oklahoma. Él y su

hermano. Los recibió a los dos en la puerta con un bebé en brazos. Sasuke todavía

podía sentir el impacto que había experimentado cuando les anunció que

alguien había dejado un bebé en su puerta. Luego les arrojó una nota en la que

se leía que aquel bebé de seis meses era la nieta de Mikoto Uchiha.

Cuando se recobraron lo suficiente para hablar, tanto sasuke como Itachi se

cuestionaron la autenticidad de la nota: en los últimos cinco años su madre

había pasado de la sutileza a mostrarse directamente insultante en su afán por

empujar a alguno de los dos al altar. A Mikoto no le importaba cuál de sus dos

hijos se casara con cualquiera de las candidatas que les presentaba. Solo quería

que sentaran la cabeza y fueran felices. Ah, y que le dieran nietos. Muchos

nietos. Como les recordaba con acidez, no era cada vez más joven. Ni ellos

tampoco. Sus hijos habían pensado que lo del bebé era otro de los maquiavélicos planes de Mikoto hasta que anunció que haría una prueba de

ADN.

sasuke mantuvo la vista clavada en la carretera, pero su cabeza revivía la

escena surrealista que había tenido lugar en el salón de su madre. El hecho era

que o él o su hermano eran los padres de aquella niña.

El impacto de la noticia seguía resonando en sus oídos cuando sasuke

tomó al bebé en brazos. Con sus ojos negros y las mejillas sonrojadas, sarada le

conquistó el corazón con su primera sonrisa. La hubiera aceptado como hija

suya en aquel mismo instante, pero Itachi le recordó que los análisis de ADN

podían tener un fallo del treinta por ciento en el caso de gemelos y Mikoto

apuntó la necesidad de encontrar a la madre.

Como resultado, Sasuke y su hermano se habían pasado las dos últimas

semanas poniéndose en contacto con las mujeres con las que habían tenido

relación a principios del año anterior. Sus listas no eran en absoluto parecidas.

Como vicepresidente internacional de operaciones, sasuke se movía mucho más

que el vicepresidente de estrategia financiera. En cualquier caso, la lista de Sasuke

tampoco había sido tan larga. Incluía a la abogada con la que había salido de

vez en cuando durante casi seis meses, la divorciada con la que le había liado su

madre cuando se dio cuenta de que no iba en serio con la abogada, la guapísima

hija del senador con la que Mikoto le había emparejado en el baile anual del

Club de Campo... y Sakura Haruno.

Las tres primeras habían respondido a su pericón con miradas que iban

desde el asombro hasta la burla. La última... tenía que ser Haruno. Había estado

fuera del país la mayor parte del año anterior, cambiando de trabajo y de

compañía aérea. El detective privado que había contratado para que investigara

sus actividades y su condición física durante aquellos meses perdidos se había

topado con un par de callejones sin salida, pero pronto obtendría resultados.

Aunque Sasuke no necesitaba más confirmación. Sakura Haruno no se negaría

a darle una muestra de ADN a menos que hubiera tenido una hija y después la

hubiera abandonado. Su hermano estaba de acuerdo con su afirmación. Hasta

cierto punto.

Sasuke acorraló a Itachi su despacho del rascacielos de vidrio y acero

que albergaba la sede de Dalton Internacional en Oklahoma.

–El hecho de que no haya querido darte una muestra de ADN es

bastante revelador –reconoció itachi–. Pero no es la prueba de que ella sea la

madre.

–Entonces, ¿dónde nos deja eso? –Sasuke rató de liberarse de la frustración

recorriendo arriba y abajo el despacho–. ¿Podemos llevarla ante un tribunal y

obligarla a entregar una muestra?

–Necesitaríamos más pruebas. Informes médicos, declaraciones de

testigos que la hubieran visto embarazada, algo que apoye la petición de una

orden judicial.

Sasuke esperaba aquella respuesta. Itachi era preciso y minucioso por naturaleza, y el diploma de abogado que colgaba en la pared tras su escritorio

había exacerbado su tendencia a examinar todas las partes de un asunto antes

de llegar a alguna conclusión. Había sido así desde niño. Sasuke se lanzaba de

cabeza a cualquier desafío, ya fuera un juguete nuevo, un gatito atrapado en un

árbol o un abusón en el colegio. Su hermano gemelo se quedaba atrás

analizando la situación, aunque siempre intervenía cuando era necesario.

Normalmente cuando a sasuke le sangraba la nariz o no podía bajarse del árbol.

–Tendría que haberla invitado a comer –se lamentó–. Podría haberme

llevado el vaso o el tenedor que utilizara.

–Podrías –reconoció Itachi–, pero eso no nos habría ayudado. Para una

demanda de paternidad, o en este caso de maternidad, la muestra tiene que

tomarse en condiciones controladas.

–Pero al menos ya lo sabríamos.

–Tal vez. He hecho algunas averiguaciones sobre las pruebas de ADN.

Hubo un caso en Virginia hace unos años en el que las partes lucharon en los

tribunales durante dos años a pesar de que la prueba de ADN demostraba que

las posibilidades de que el demandado fuera el padre eran de casi del cien por

cien. El juez finalmente dictó sentencia en contra de la parte demandante

porque salió a la luz que el laboratorio había empleado a solo cinco personas

para procesar más de cien mil muestras al año con un único supervisor que

certificaba los resultados cada cuatro minutos. El margen de error era

demasiado considerable como para tener una certeza absoluta.

Sasuke dejó su inquieto caminar y miró a su hermano. Un desconocido

seguramente no habría sabido distinguirlos. Los dos medían un metro ochenta

y siete, tenían los ojos negros y la misma complexión. Pero Itachi tenía el cabello

de un negro azabache atado a una coleta. Sasuke tenía una cicatriz en

la barbilla. Sin embargo, contaban con la habilidad de leerle el pensamiento al

otro, y a sasuke no le gustó lo que estaba percibiendo en aquel momento.

–Entonces, ¿estás diciendo que puede que sarada no sea nuestra?

La posibilidad le provocó una inesperada punzada en el corazón. Había

tenido dos semanas para hacerse a la idea de ser padre. O tío. En cualquier caso,

la posibilidad de que ni itachi ni él fueran nada de la niña le provocó un vacío

interior.

–Lo que digo es que no estaría mal hacerse otra vez las pruebas –dijo

Itachi–. Sobre todo teniendo en cuanta de dónde salieron las primeras.

–Tienes razón –Sasuke dejó escapar un suspiro exasperado–. No me

extrañaría que nuestra querida madre hubiera enviado un pelo nuestro en lugar

de uno de sarada.

–A mí tampoco –el rostro sombrío de Itachi se iluminó con una sonrisa–.

¿Cuántas posibles novias te ha presentado en los últimos seis meses?

–Ocho, ¿y a ti?

–Cinco.

–De acuerdo, esto es lo que haremos. Primero nos haremos otra vez las pruebas para confirmar que sarada es nuestra. Luego convenceremos a la

señorita Haruno de que nos entregue una prueba. Si resulta no ser la madre de

sarada, volveremos y...

El sonido del intercomunicador le interrumpió. Irritado, sasuke torció el

gesto cuando su hermano fue a levantar el teléfono.

–Solo dile que... oh, maldición –no pudo contener un gemido cuando la

puerta del despacho se abrió y su madre entró. Con su electrizante

personalidad, su cabello negro por la cintura con solo un atisbo de gris y con los

dedos llenos de diamantes, Mikoto Uchiha solía poner fin de manera

instantánea a cualquier conversación en cuando entraba en los sitios.

Hoy no llevaba los diamantes. Se los había quitado para no arañar la

tierna piel de la niña que ahora llevaba apoyada en el pecho. Su alta y esbelta

figura estaba cubierta por unas mallas negras y una túnica de chillones flores

rosas. El canguro en el que llevaba a la niña era de la misma tela.

–¿Y bien? –inquirió nada más entrar–. ¿cómo han ido las cosas con esa tal

Haruno?

Itachi y sasuke se miraron de reojo. Conocían a su madre. Cuando se

empeñaba en algo no daba el brazo a torcer. Si ya había decidido que sarada era

su nieta... qué diablos, ¿a quién querían engañar? Itachi y sasuke se habían

aferrado a esa misma posibilidad dos semanas atrás. Aunque las pruebas

demostraran otra cosa, la niña ya estaba en sus corazones.

–Bueno, dime –insistió su madre–. ¿Qué ha dicho esa tal Haruno? ¿Ha

admitido ser la madre de sarada?

–No.

–Bueno, pronto lo averiguaremos. ¿Cuándo va a entregarnos una

muestra de AND?

–No va a hacerlo.

–¿Qué?

El gritito de Mikoto asustó a la niña. sarada parpadeó y miró a derecha e

izquierda. sasuke se acercó.

–Deja que la tome en brazos.

Mikoto quitó el cierre del canguro y le dejó sacar a la niña. Cuando vio la

sonrisa de Sasuke al tomarla en brazos tuvo que morderse la lengua para no soltar

otro grito, esta vez de alegría.

Acarició la mejilla de sarada con los nudillos.

–Cuando le pedí una muestra de ADN se puso como una fiera.

–¡Ajá! Ahí lo tienes. Si se niega a esa simple petición es porque tiene algo

que esconder. ¿Le has dicho que nuestra prioridad es conocer la ascendencia de

sarada para estar al tanto de su historial médico?

–Sí, se lo dije. Y también me ofrecí a pagarle por la muestra –aseguró–.

Eso fue lo que la puso furiosa.

–Entonces no le ofreciste lo suficiente. Todo el mundo tiene un precio. Lo

que pasa es que todavía no has encontrado el suyo.

Fin de capítulo, me quedo un poco largo. Dejen sus review nos leemos en el siguiente.