Y de yerno
-Me va a matar…
-Adrien…
-¡Te prometo que me va a matar Marinette!
-¡Para ya!
-No me hagas esto, te lo suplico…
-¡Adrien Agreste! Vas a entrar conmigo a mi casa por tus propios pies o pienso arrastrarte hasta allí tirando de tu cola.
-My lady…
-¡Mis padres te adoran desde la primera vez que visitaste mi casa por dios! ¿Cuál es el problema?
-Que antes éramos solo compañeros de clase o amigos cuando iba… y ahora somos más que eso…-Respondió entrecortado.
Esa actitud tan cobarde en Chat me provocaba una mezcla entre enfado y carcajada divertida por su actitud infantil. Cuando empezamos a salir sabía que no tendría ningún problema con mi familia.
Vamos a ver, ¡hasta mis padres me ponían en situaciones comprometidas frente a él! Daban descaradamente a entender mis sentimientos por él mucho antes de que supiéramos quienes éramos bajo la máscara o de confesarnos. ¡Normal que cuando coincidía con trabajos escolares con él me negara rotundamente a hacerlos en mi casa! Las veces en las que se había dado el caso habíamos ido a su casa, por la gran variedad de libros que tiene en su habitación, o a la biblioteca de la escuela. Aunque inevitablemente alguna vez se había dado la ocasión de hacer las tareas en mi casa, a modo de probar después alguna de las suculencias que mis padres hacían en la panadería durante la merienda.
En esas situaciones en las que a Adrien le daba vergüenza tener un contacto más formal con mis padres por nuestra relación, no sabía verdaderamente si él era el que debía sentirse más avergonzado…o yo.
Ese recuerdo de verlo tartamudear frente a mis padres cuando entramos a la panadería, cogidos de la mano, se me hacía demasiado conmovedor. No todos los días podía disfrutar de ver al intrépido y seguro de sí mismo Adrien Agreste, alias Chat Noir, temblando de pánico y nerviosismo.
¿Sabéis que era lo más gracioso de todo?
Sí… que al final todo acababa entre sonrisas cómplices y abrazos entre el "cobarde" gatito y mi padre.
Cualquiera que no los conociera y nos viera conviviendo a mi familia con él en casa diría que ellos son padre e hijo. Cuando Adrien iba a visitarme algunas veces para hacer tareas, juntos, durante nuestros ratos de descanso los días de semana y mientras yo hacía un postre casero con mi madre, ellos dos se picaban a jugar con la consola…
-¡Y Tom Dupain gana por quinta vez consecutiva!-Expresó mi padre haciendo su típica postura de victoria tirándose al suelo. Adrien por otro lado se ponía las manos en la cabeza, frustrado.
-Noooooooo…
-¡Oh yeah!
-¡Esa jugada no es válida! No fue justo que…
-Marinette y yo decimos que en los videojuegos todo se vale.-Admitió guasón mi padre.
Yo había dejado a mi madre colocando las últimas magdalenas en el horno mientras me quedaba junto al poyete de la cocina y los observaba divertida sonriendo.
-¡Quiero la revancha! ¡Esta vez sí voy a ganar!
-¿Seguro muchacho?
-Tengo que derrotarte como sea Tom, ¿Ultimate Mega Strike ahora?-dijo con una sonrisa felina que ya me conocía muy bien.
-Bien, tú lo has querido.
Al cabo de los minutos...mi padre volvió a hacerse con la victoria y Adrien quería cabar su propia tumba en mitad del salón.
-¿Por qué insistes tanto si sabes que nos tienes oportunidad, Adrien?- Le dije y al momento se volteó para mirar hacia mí en su lugar sentado en el sofá del salón.
-Tú me has dicho muchas veces que él te enseñó todo lo que sabes. Si logro vencer una vez a tu padre en al menos un videojuego eso quiere decir que puedo tener alguna posibilidad de ganarte.-Respondió astuto guiñándome.
-El chico aprende rápido-Apoyó divertido mi padre ante su contestación.
-¿Se te olvidó el detalle de que ya hasta ni mi padre puede ganarme?- Respondí de vuelta.
-La práctica hace el maestro hija. Si tu pudiste ganarme, ¿por qué no va a poder ganarte el muchacho?-Contestó mi padre.
No sé si me sentí suplantada o divertida en ese momento cuando los vi por primera vez chocar puños como tantas veces lo habíamos hecho en nuestras peleas contra akumas mi novio y yo.
-Porque antes Adrien tiene que ganarte, querido. Y eres demasiado orgulloso como para dejarte ganar a posta por el chico -Dijo mi madre interviniendo y apareciendo en la sala con algunos aperitivos-. Todavía recuerdo los berrinches que me hacías algunas noches cuando Marinette, siendo aún pequeña, te ganaba de manera justa a la consola.
-¡Sabine!- Replicó mi padre en alto mientras dejaba su galleta a medias ante el último comentario de mi madre.
Adrien y yo nos carcajeamos inevitablemente. Los momentos que he pasado siempre en compañía de mis padres siempre serán inolvidables para mí. Vivir escenas como aquellas, en familia, con Adrien, creo que solo las hacía más especiales aún. Sus ojos brillaban como un niño lleno de ilusión. Siempre me hacía saber lo mucho que admiraba el calor familiar que se respiraba en mi hogar.
Con el paso del tiempo entendí mejor que todo aquello, ese sentimiento de cariño familiar, de hogar, era lo que siempre anheló en el suyo desde la falta de su madre. Él quería a mis padres como si fueran suyos, y yo también, después de años, también empecé a ver a Gabriel Agreste, no solo con admiración por sus diseños, sino también con cariño por influencia de Adrien.
Un recuerdo muy entrañable que guardo es de la tarde antes de salir con Adrien el día en que iba a pedirme matrimonio. Mis padres ya sabían de los planes de él, pero yo no lo hubiera sospechado jamás. Había tenido días antes una discusión con él debido a una modelo particular de la compañía de su padre. Iba a quedar con él ese día después de haberle hecho por días la ley del hielo. Por muy orgullosa y enfadada que estuviera, sabía que él no tenía culpa de nada y ya le extrañaba. Pero la sonrisa y el comentario de mi padre antes de salir de casa me resultaron demasiado… extraños.
-¿Vas a salir hoy Marinette?
-Sí, he quedado con Adrien en el Trocadero. En un principio no me esperéis despiertos papá.-Advertí tomando mis últimas cosas antes de salir.
-Cuídate cariño. Mándale saludos a Adrien de nuestra parte.
-Sí mamá- Respondí con una sonrisa y besándole la mejilla. Mi humor mejoraba solo con la expectativa de poder volver a verle.
-Marinette…
-¿Sí papá?
-Adrien es un buen chico…-Dijo dejándolo caer suavemente y sonriéndome con complicidad con sus anchas manos en mis hombros.
-Sí…sí que lo es…-Dije sincera mientras me besaba con cariño la frente y me tomaba el rostro. Me miró con una mirada que expresaba sumamente cariño.
-Dile a mi yerno que espero mucho de él…
Me sonrojé ante su comentario. Mi madre nerviosa, y para disimular, me arrastró hasta la salida de casa terminando de despedirse de mí. No fue hasta horas después y tras una proposición que entendí el verdadero mensaje de las palabras de mi padre.
"Sin duda lo será" pensé en mi mente ilusionada aquella noche escondida entre mis sábanas y durante varias noches después hasta el día en que mi padre me entregó a él frente al altar.
Si ya se llevaban bien en aquella época, cuando vinieron cada una de las grandes noticias de cada uno de nuestros hijos, los lazos de familia parecieron unirse aún más. Los momentos en la familia Agreste-Dupain eran para no olvidar. Enma siempre acababa ganando en videojuegos tanto a su abuelo como a su padre con las bocas abiertas. Louis se la pasaba comiendo todo lo que pasaba por sus manos en la cocina mientras mi madre y yo cocinábamos, ya fueran croissants o masa de fondant de chocolate. El pobre de Hugo se veía negro para entretener a su hermano menor para que no acabáramos con la despensa vacía. Al final todo acababa en batallas de comida en la cocina a las que se unía Enma con los otros dos adultos. Esa pequeña tenía una puntería que atemorizaba a todos.
Lo que nunca cambió sin duda fue el miedo de mi marido siempre a dar la noticia de la llegada de un nuevo miembro a la familia a mis padres. Era como verle llegar a mi casa de nuevo para decirles a mis padres por primera vez que estábamos saliendo como novios. No entendía su miedo; porque al final siempre Tom Dupain lo recibía con un abrazo de oso enorme y mi madre con una sonrisa de oreja a oreja.
Sin duda…no podría haber escogido mejor yerno para mi padre…mejor esposo para mí…ni mejor padre para mis hijos…
De haber sabido mi padre que éramos además Ladybug y Chat Noir, y que siempre el rubio terminaba por arriesgar en ocasiones su vida por mí… creo que nunca hubiera tenido palabras suficientes para agradecerle…igual que yo…
Mi padre no tenía que temer por mí; porque su hija estuviera en malas manos. Era, soy y siempre seré feliz a su lado. Era mi alma gemela, mi compañero de vida, mi superhéroe gatuno… y el mejor chico al que podría haberme entregado mi padre para ser la chica más feliz del mundo…
