2: Niños.
Rei Pov
-Bien, ya los rescatamos –bufó el director mientras revisaba los papeles- al fin tenemos el poder que ellos tenían ¿sabes lo que eso significa, Rei? Son personas que han sido entrenados desde niños para esto. Son armas letales, me imagino su poder… debe ser impresionante
Trague en seco, estaba molesto aunque intentará evitarlo ¿Cómo se atrevía a hablar de ellos solo como armas? ¿No se daban cuenta de que eran… adolescentes? Quizás reaccionaba así porque de cierta manera me sentía identificado con lo que pasaba, con la realidad de ellos. Yo también había sido encarcelado gran parte de mi vida, once años para ser específico, pero ellos habían estado peor que yo: al menos a mí no me permitían salir, a ellos lo usaban como títeres desde el inicio.
-Quiero que los arregles ¿entendidos? Y véndalos o algo así, no soporto verlos, se ven horribles. Luego mándalos a la sección especial, mañana comenzarán sus clases y estarán en habilidades peligrosas
Pobres niños, habían salido de un infierno para llegar a otro, su destino era ser armas, estén donde estén.
-Si señor –conteste mientras salía del despacho con una leve reverencia, tome mi celular y le mande un mensaje a Narumi y Jinno, supuse que necesitaría apoyo para hacer esto ¿Quién mejor que ellos? Jinno sabia curar, Narumi cocinar. Bufe mientras entraba en la habitación principal de la sala de profesores ahora desocupada, en los sofás estaban los niños
¿Se les podía llamar niños, aún?
Una joven de cabellos negros estaba ensangrentada. Me pregunto hacia cuanto no cambiaba su ropa, la sangre seca de esta se notaba a lejos, aunque se mezclaba con la sangre nueva que emanaba de las heridas abiertas.
¿Se les podía llamar niños a ellos?
-¿Para qué nos llamas…? ¡Oh cielos! –Exclamo Narumi al ver la escena del crimen- ¡Rei, te pasaste con el castigo, mira como están!
-No seas imbécil –le gruñí
-¿Ellos son los sicarios? –pregunto Jinno sorprendido, viéndolos
-Están desmayados –respondí con el ceño fruncido, no me gustaba que lo llamaran Sicarios, pero eso era lo que ellos habían sido- Necesito bañarlos y curarlos
-¿Para eso nos llamaste? –Pregunto Jinno con un bufido- estoy preparando un examen para mañana…
-Tus alumnos no se enojarán si no lo hacen –conteste con sarcasmo, él rodo los ojos y Narumi rio divertido por la situación, el siempre reía.
-Iré a poner el jacuzzi –canturreo mientras danzaba hacia el baño, fruncí el ceño, era ridículo. Pero no tuve tiempo de quejarme, tome al niño de cabellos rosas entre mis brazos, era impresionablemente delgado ¿siquiera comían? Jinno sostuvo al chico rubio y supuse que pensó lo mismo debido a que se quedó viendo sorprendido al chico, claro, con el tamaño que tenían no podían pesar tan poco.
No dijimos nada mientras lo introducíamos al baño, al instante el agua se tiño de un rojo carmesí y un negro oscurecido, mi pecho se cerró mientras comenzábamos a bañarlos, me sentía culpable de verlos así aun sin saber porque.
Una vez ya bañados y arreglados, los recostamos en los sofás para que descansaran, Narumi se fue a la cocina para preparar varias tazas de chocolate y té que comenzó a depositar en la mesa junto con platos de galletas y tartas. La chica castaña comenzó a removerse, desperezándose, sus ojos eran increíblemente marrones.
Era la viva imagen de Yuka. La niña desaparecida
-Oh, ya despertaste –le saludo Narumi con una radiante sonrisa mientras la niña nos revisaba con la mirada fijamente
-¿Estoy muerta? –cuestiono, no pude evitar sonreír vagamente ante su pregunta, era divertido y triste a la vez pensar que para ella esto era el… ¿paraíso?
-No pequeña, esta tan viva como yo –contesto con amabilidad Narumi
-¿Por qué estamos aquí? –La desconfianza se sentía en el tono de la chica, estaba dudosa y la comprendía, era difícil.
-Los rescatamos de ese lugar- explico con calma mientras le entregaba una taza de chocolate con una sonrisa amable, él era el mejor para estos casos.
-¿Qué es? -Consultó
-¿No… sabes qué es? –Pregunte sin poder guardar mi tono de sorpresa, ella se sonrojo ante eso y negó con la cabeza, claro, me recordé, ella no era una niña normal- Es chocolate
-Es delicioso –le confeso Narumi con amabilidad, acariciando su cabeza, ella dio un leve respingo y pareció quererse alejar, sin embargo se contuvo- te puedo asegurar que te gustará. Yo no te daría algo que te haga daño ¿sí?
La pequeña sonrió vagamente y se acercó la taza a los labios, sorbiendo con duda, al instante sonrió más ampliamente. Mi corazón se encogió, era la sonrisa de Izumi, la misma sonrisa de idiota. ¿Cómo podía ser tan igual a él?
-Eres igual que todos –se burló Jinno con diversión- te encanto el chocolate ¿verdad?
-Pues claro –contesto el rubio por ella- a todos los niños les gusta él chocolate
-Eres un imbécil, Narumi –le confesé con el ceño fruncido al ver el rostro de la niña perdiendo su sonrisa, su tono serio mientras sus ojos se cargaban de tristeza, era como recordarle que para todos era ella algo que nunca tuvo el derecho de disfrutar. Era un delito.
Guarde silencio mientras bebía mi té, observe como la castaña miraba a sus amigos, el niño de cabello rosa comenzó a desperezarse a un medio somnoliento, como si no quisiera hacerlo. Supuse que había tenido un buen sueño para no desear despertar, aunque, sinceramente, después de una vida como esa hasta las pesadillas eran mejores que volver a abrir los ojos
-Pequeña –la voz de Narumi hablándole a Mikan me saco de mis pensamientos, me gire para volver a ver la escena que se estaba llevando a cabo enfrente mío, él se llevaba bien con los niños, tenía un don especial- ¿Cómo te llamas?
-Trece –contesto sin pensarlo, trague en seco, su nombre, por el que todos la habían llamado, solo era un número.
-No tu número o sobrenombre –le volvió a hablar Narumi con amabilidad- tu nombre, el original ¿O es que acaso no tienes uno?
La niña se quedó en silencio, su mente parecía trabajar a mil por hora, pensando en un nombre. En su nombre. Era ridículo la idea de que una persona no pudiera decir su propio nombre, era lo primero que aprecias luego de saber hablar.
-Mikan Yukihira –contesto después de unos minutos- mi nombre es Mikan.
Estaba segura de eso. Su nombre era Mikan, un hermoso nombre si debía ser sincero
-Mikan –la llamo el chico de cabello rosa somnoliento, moviéndose hasta su lado, apoyo su barbilla sobre el hombro de la castaña- Tengo hambre –se quejó inflando sus mejillas
-Toma –le ofreció la castaña entregándole lo que le quedaba de la bebida, supongo que estaban acostumbrados a comer poco y compartir mucho. Hikari parecía ser quien más comía del grupo, al menos a él no se le notaban tanto las costillas
-¿Qué es? –pregunto mientras lo bebía, claro, si se lo había ofrecido la castaña no tenía por qué dudar
-Chocolate –contesto Narumi haciéndose notar, al instante el joven frunció el ceño
-¿Quiénes son? –pregunto
-Soy Narumi, profesor de lenguas extranjeras, él es Jinno profesor de matemáticas y Rei entrenador de habilidades peligrosas –expreso el rubio, el joven paso una mirada por nosotros, registrando nuestros nombres y ubicaciones
-Estamos en la academia Gakuen Alice- no era una pregunta, era una afirmación.
-¿Eh, como lo supiste? –exclamo Mikan sorprendida, el chico puso los ojos en blanco antes de beber más chocolate
-¿Qué otra institución saca a usuarios Alice para llevarlos a un colegio, Mikki? –pregunto como si fuera obvio, la chica quedo en silencio unos segundos
-¡Oh, tienes razón! –grito después, dando un aplauso, sonreí, era igual de lenta que su padre, igual de alegre. Admire que mantuviera ese carácter
-Eres realmente lenta –bufó mientras le daba la taza- tomate lo que queda, quizás y lo dulce te despierta la mente
-Hmp –se quejó inflando sus mejillas, dándole un sorbido a la taza- eres crueles, Hikari
-¿Estamos aquí para entrar a la academia, no es así? –Cuestiono el chico mientras se giraba con frialdad hacia nosotros- ¿Quieren que nos convirtamos en sus sicarios?
-Esta institución no usa sicarios –los detuve al instante, no permitiría que vuelvan a matar, eso jamás- Pero sí, entraran en la academia como alumnos, estrella especial, al mismo curso, habilidades peligrosas… ya saben, esas cosas –exprese con el ceño fruncido- eso si quieren, claro
-Quedarnos aquí o irnos allá, es lo mismo –murmuro Mikan mientras se encogía de hombros, indiferente. ¿Qué clase de persona pensaba que era lo mismo quedarse en un colegio o en una organización que te usaba para asesinar? No podía juzgarlos, la inocencia se veía en sus ojos cuando se hablaban, parecían niños felices compartiendo el chocolate y bromeando entre sí, pero cuando nosotros le hablábamos nos miraban con desconfianza, con miedo, incluso con terror, como si quisieran salir huyendo de ahí.
Quisiera poder sacarlos de aquí. Como el padre de Mikan hizo conmigo.
Poco a poco todos comenzaron a despertarse, la otra chica, Emma, era opuesta a Mikan, era seria e indiferente, se negó a quedarse en la institución y a confiar en nosotros, bebió chocolate solo porque Mikan se lo ofreció, al parecer ella tenía una buena relación con todos los presentes, sin embargo no comió nada a pesar de que el estómago se le retorcía de rugidos. Era fría, complicada, sería un duro hueso.
Syoshe era el novio de Emma, se notó al instante de que despertó porque la busco con la mirada preocupado y solo se calmó cuando la vio del otro lado de la habitación, hablando con Mikan e Hikari, era una persona bastante agradable, seria, confiada, intelectual, incluso podrías llamarlo el líder, sin darse cuenta todos terminaban obedeciéndolo.
El último en despertar fue Timothy, el hermano de Emma, era un niño encantador, amable, generoso y considerado, no hablaba mucho y se sonrojaba con rapidez, era realmente un niño pequeño, parecía que aun necesitara cuidados, sin embargo en su mirada se veía una firmeza que no era usual para nadie de su edad.
Hikari, por otro lado, era un niño pequeño, alegre, divertido, caprichoso, risueño, hambriento y egoísta. Eso sí, era celoso y protector con los otros, ni siquiera permitía que Narumi se acercará demasiado a nadie, mucho menos a la chica, se veía capaz de cortarle un brazo si lo intentaba, era como el hijo único que estaba celoso de que alguien se acercará.
Y Mikan, ella era igual a su padre. Cálida, radiante, amable, confianzuda, alegre, simpática, risueña, nos hizo sonreír incluso a nosotros, mantuvo la paz en el lugar en todo momento, ella se encargó de que Emma no se agarrara a la piñas con nosotros y que Timothy no muriese de la vergüenza.
Y ahora, ellos eran mi responsabilidad.
