3: Inicio

Mikan Pov

Estaba tocando el piano en la fiesta, mi vestido blanco caía hasta el suelo, el cabello estaba recogido en un extraño peinado que me habían hecho para la ocasión, Emma y Tony trabajaban en un costado del baile, me concentré en la melodía que salía de mis dedos, aún estaba aprendiendo a tocar, temía equivocarme y ser regañada por mis "jefes", después de todo solo era una niña, era mi primera misión en encubierto, tenía que fingir ser pianista, entretener al público mientras los chicos se encargaban de buscar información sobre los seguimientos de un Alice, si algo se salía de control era yo quien debería pelear, no ellos.

Unas manos me sostuvieron de la cintura de repente, tiraron de mí hacía atrás, algo me tapo la boca antes de que pudiera pedir auxilio, la música se agotó, todo se volvió silencio y oscuridad, pero no había quien pudiera rescatarme

Sentía miedo y asco, quería irme… quería huir. Las lágrimas cubrieron mis ojos, no podía gritar, no podía hablar, solo pataleaba y lloraba, me sentía estúpida.

El piso se tiño de rojo, mi ropa se tiño de carmesí, mis manos chorreaban sangre ajena ¿o era la mía? No podía distinguirla, no veía la diferencia. Lo único que sentía era el asco que me encogía el estómago. Odiaba el rojo, era el color de la muerte y de los malos recuerdos.

Del piano…

Desperté con el corazón agitado, el sudor frio corría por mi espalda, mi cuerpo comenzó a tener temblores que no pude evitar, odiaba estos sueños, no podía controlar mi cuerpo después de recordarlo, sentí los nudos que se formaban en mi garganta, el peso en el corazón que me impedía respirar. Desearía poder olvidarme de todo, que alguien me borrara la memoria ¿podrían compadecerse de mí y hacerlo, por favor?

-¿Mikan? –susurro Hikari, entreabriendo sus ojos, a pesar de que cada quien tenía su propia habitación terminamos todos en la de Emma, después de quince años durmiendo en un lugar pequeño, oscuro y mugroso todos amontonados tener tanto espacio se sentía… extraño- ¿Mikan?

-No… nada –susurré, tragando el nudo que se me había hecho y tratando de evitar que los sollozos salieran, el chico de cabellos rosa frunció el ceño fijándose por completo en mí, sentándose en su lado de la cama improvisada y me elevo en el aire, sentándome en su regazo

-¿Y lloras por nada? –Me pregunto, sentí como sus manos me acariciaban con amabilidad la espalda, consolándome- ¿Malos recuerdos de nuevo?

Un suspiro roto escapo de mis labios, él solo me apretó más contra su costado y el sollozo comenzó a salir cada vez más fuerte hasta convertirse en un llanto devastador, sabía que tarde o temprano terminaría despertando a los chicos que nos rodearán, aunque ellos no dirían nada para no hacerme sentir mal, supe que Syo se había despertado, porque se removió en la cama y me miro de reojo, regalándome una sonrisa comprensiva que apenas vi entre mis lágrimas.

Syo, Emma y Tony habían dormido en la enorme cama del departamento de la segunda, como estrellas especiales teníamos esas ventajas. Hikari y yo dormimos en el suelo, hicimos una cama con las colchas y los almohadones sobrantes, era más amplio que la celda, mil veces más cómodo. Y más seguro.

En algún momento, mientras lloraba, los ojos me pesaron tanto que sentí que no podía mantenerlos abiertos, los sollozos se convirtieron en respiraciones entrecortadas y un dolor de cabeza se clavó en mi cuerpo, caí dormida. Después de llorar tanto y con tantas fuerzas, sueles dormir ¿a ustedes no les ha pasado? A mí me solía pasar seguido, sobre todo en las noches.

Dormí, para mi ventaja, sin sueños está vez.

-Pásame el chocolate, por favor- escuche la voz de Tony que le hablaba a alguien

-Deja de comer chocolate, te hará mal –le riño su hermana

-¿Eh? ¡No lo hemos comido por años! –Exclamo melodramáticamente Hikari- yo quiero desayunar chocolate caliente, como en las películas que veíamos cuando pasábamos por las casas ¿recuerdas Syo?

-Solo hagan el chocolate, chicos –pidió el susodicho con un suspiro- ahora tenemos tanto que terminaremos siendo diabéticos

Sonreí ante su comentario y rodé en la cama, sentía mis ojos pesados y húmedos, aunque definitivamente estaba más descansada de lo que esperaba, no pude abrir los parpados cuando sentí que alguien me levantaba pasando una mano bajo mis rodillas

-¡Buenos días, bella durmiente! –Se burló Syo con una sonrisa amable, sentándome en la silla del comedor- Te hicimos chocolate y… ¿Cómo se llaman, Emma?

-Panqueques –respondió mientras ponía un planto enfrente mío, acariciando mi cabello de paso, sonreí vagamente mientras lo pinchaba con el tenedor- Tenemos clases, tienes el uniforme colgado en la puerta así que después vas y te arreglas ¿entiendo?

-¿Iremos al colegio? –susurré, sorprendida

-Por supuesto que sí, boba –contesto Hikari dándome un golpecito en la frente- ¿Cómo te sientes? ¿Quieres ir? Podemos quedarte contigo si lo deseas, comenzamos el colegio en otro momento…

-Sí, lo siento por lo de anoche –susurré sonrojada, odiaba preocuparlos de esta forma, sabía que ellos habían pasado por lo mismo o cosas peores, sobre todo Hikari y Syo, ellos siempre se sacrificaban para cuidar de nosotros.

-No te preocupes –susurró Tony cruzando sus brazos por mi cuello y apoyando su barbilla en mi coronilla- todos estamos alguna vez así. Solo debes recordar que no estamos ahí ahora, y que nosotros te cuidaremos, porque te amamos Mikan, así como tú nos amas a nosotros ¿O no?

-¡Definitivamente! –conteste sin siquiera dudarlo, los chicos rieron al mismo tiempo ante mi actitud infantil

-Ve, cámbiate –me pidió Hikari rellenando una bonita mochila de dulces, Syo rodo los ojos al ver eso, aunque sabía que también había rellenado su mochila con algo raro. Porque nosotros éramos raros, nunca fuimos a un colegio, así que no sabíamos con que rellenarla; Supuse que con libros, cuadernos, lapiceras. Eran lo que los niños humanos llevaban a los institutos, sin embargo ¿Qué hacías con el espacio que sobraba? ¿Era normal que haya tanto espacio? ¿Habíamos acomodado mal los cuadernos?

-¡Hola! –Canturreo Narumi entrando en el departamento luego de insistir un buen rato y que Tony le abriese, nos observó y sonrió ampliamente- ¡Se ven increíbles, ya sabía yo que había decidido sus talles perfectos! Vengo a llevarlos a su aula ¡Yo seré el tutor de su aula!

Caminamos detrás del animado profesor que nos impulsaba a ir, Syo y Emma caminaban de la mano, el precioso cabello largo de la chica estaba recogido en una coleta de costado que caía por su hombro delicadamente, se veía hermosa, ella era hermosa, la persona más linda que había conocido, a pesar de que su carácter no fuese el mejor, Syo también era muy genial, pero él era más como un hermano mayor

-¿Todo bien? –pregunto Hikari con amabilidad mientras jugueteaba con un chocolate, mordiéndolo, sonreí al verlo, él era la mezcla de un niño y un adulto

-Todo bien –confirme, Tony acaricio mi brazo con amabilidad y tomo mi mano, él era tan tierno, era como un pequeño niño…- Gracias

-Siempre que quieras, podemos huir –bromeo Hikari mientras me regalaba la mitad de su chocolate- queremos que estés bien

-No deberían decir que van a escapar enfrente de un profesor –nos informó Narumi divertido- pero tienen razón, todo estará bien así que no tienen para que se preocuparse

Se paró enfrente del aula, respiro profundo y abrió la puerta, dejándonos pasar, luego entro por detrás y cerró, aplaudió algunas veces con una enorme sonrisa para atraer la atención de los alumnos, estos se callaron, aparentemente sorprendidos, mientras nos veían. Debía ser raro tener un par de nuevos alumnos

-¡Buenos días! –Saludo Narumi más animado de lo que debería- Vengo a traerles a sus nuevos compañeros ¿Por qué no se presentan, chicos? –cuestiono con amabilidad

-¡Hola! –exclamo Hikari con amabilidad, sacudiendo su mano- ¡Soy Hikari Kermente! Tengo dieciséis años y mi Alice es la manipulación de energía, estrella especial ¡Espero que podamos llevarnos bien!

Su cabello rosa se removió cuando hizo una pequeña reverencia y los ojos azules borbotearon, las niñas del lugar comenzaron a revolotearse y sonreí, divertida, si solo supieran que Hikari realmente no las mirabas… él no miraba a nadie hasta que no se ganara su confianza, ni siquiera recordaría su nombre, decía que era una pérdida de tiempo

-Yo soy Syoshe Takari –exclamo el chico de cabello dorados y ojos esmeraldas mientras saludaba con una sonrisa cálida, más suspiros por parte de las chicas, Emma frunció el ceño, esto no terminaría mal si seguía así- tengo la capacidad de manipular la fuerza vital, estrella especial, un placer, espero que cuiden de nosotros

-Yo soy Emma Thompson, y soy su novia –se presentó Emma con un tono que decía "si se atreven a tocarlo les romperé las piernas", Syo rio sin poder evitarlo, tapando sus labios con la muñeca para tratar de ocultarlo- estrella especial, tengo el Alice de Animación. Puedo crear lo que sea y brindarle vida. –explico con el ceño fruncido

-Y yo soy Mikan Yukihira –me presente, sabiendo que Tony no lo haría-soy un usuario multi Alice, poseo SEC, Invasión, anulación y tele transportación, estrella especial

-Yo… soy Timothy Thompson –se presentó Tony con un leve sonrojo, a todas las chicas se le encendió su lado maternal y lo miraron con adoración- poseo el Alice de la naturaleza, o geokinesis –explico con tranquilidad

-¡Muy bien! –Grito Narumi con una gran sonrisa- ¡Ahora, elijamos sus asientos y compañeros! Hikari, Mikan, se sentarán en el fondo al lado de la ventana ¿entendido? Tony, Syo y Emma se sentarán delante, con la chica que nos ignora y crea cosas –explico con una radiante sonrisa- el compañero de Tony será… Ruka, creo que se llevarán bien, Emma con Hotaru, encajarán sus personalidades, Syo podría estar con Linchou, el jefe de clase, Hikari, él es Koko, se parecen, estarán bien y tu Mikan…

Me observo frunciendo el ceño, luego algo se ilumino en sus ojos como si hubiese encontrado la respuesta al mundo entero.

-Mikan, tu compañero será Natsume Hyuuga, el chico de allá ¿Lo ves?

Levante mi mirada y me fije en quien señalaba, era un chico alto, atlético, de cabello azabache muy desordenado, hermoso a ser sinceros, sonreí vagamente y fije mi mirada sobre sus ojos.

Sus ojos de rubí.

Rojos... Como la sangre

Carmesí como los vestidos desgarrados y los pianos destruidos

Escarlata, como las muertes que pesaban lentamente sobre mi cuerpo, que me ahogaban.

Sus ojos eran rojos.