Una carta inesperada

#2 (Final)

"Listen to your heart

When he's calling for you

Listen to your heart

There's nothing else you can do

I don't know where you're going

And I don't know why

But listen to your heart

Before you tell him goodbye"

Roxette – Listen to your heart

-.-.-.-

Era otra mañana solitaria y fría, en la que una vez más, despertaba sobre su escritorio y una pila de borradores de poemas. Unas botellas de la tradicional sidra de la zona lo velaban en una esquina de la mesa o bajo ésta, así como el tradicional vaso vacío a la izquierda de su casco. Su melena revuelta por echarla hacia atrás, una y otra vez, tratando de ayudar a que fluyeran la ideas. Los anteojos presionando sobre su nariz, torcidos. El dolor en su columna por la mala postura le confirmaba que seguía vivo, o por lo menos eso creía. La manga húmeda de su saco, perfumada con el aliento etílico del durmiente. Los flancos entumecidos y rígidos. Todos los músculos que al despertar reclamaban relajarse adecuadamente. Las mejillas humectadas por alguna que otra lágrima, o la propia humedad del ambiente. Entre los muchos otros objetos que poblaban el frondoso escritorio de roble pulido, además de un tintero siempre cargado y la pluma depositada allí como un vigía, un cenicero vacío era el memento del antiguo vicio tabacal, abandonado por las exigencias médicas del cuidado al corazón.

Un coro de pájaros loaba, desde los muchos árboles del patio, al sol del nuevo día. Su canto endulzaba el aire, pero el cristal de la ventana triste y la cortina como lúgubre velo impedían que el dulzor se contagiara al cuarto, y aliviara la pena del poeta mal dormido. Éste dio un gran respiro, y con lentos y cuidadosos movimientos asimiló su regreso a la realidad. A la insulsa y desamorada realidad. A esa dimensión donde lo sufrido latía con cada compulsión de los ventrículos, y aguijoneaba la mente con los mismos grises y despiadados recuerdos. A ese plano donde podría fingir cortesía a cualquiera de las damas que elogiaban sus versos, pero ninguna alcanzaba a merecer realmente su aprecio. Eran como fantasmas de carne y hueso que pasaban y se desvanecían, esos mismos fantasmas que venían de romances incompletos que alimentaban una culpa infructuosa, una culpa que no debía ser. No rendía culto a un fantasma, porque la misma Aurora no era más que un reflejo distorsionado de la verdadera musa que inspiraba los deseos del poeta, pero éste había necesitado inventar a esa dama decorativa e inexistente para justificar la escritura de un tomo lleno de palabras que pretendían ser poesía.

Con tantos dolores juntos, Hendrix Frobisher dejó el asiento. Nada más que una ducha caliente y un buen desayuno necesitaba para reponerse de algunos de ellos. Luego se sentó a desayunar, con las ventanas abiertas de par en par para recibir el masaje solar de la mañana, que en cada jornada le ofrecía un buen alivio. El unicornio levantó la taza y contempló la obscura superficie del café doble sin azúcar, donde apenas podía distinguir la silueta de su rostro. Acompañaba su desayuno con unas tostadas y mermelada de durazno.

Pensaba en el sueño que había tenido la noche anterior. Un sueño como muchos otros, pero muy diferente a la vez, ya que allí aparecía Twilight, y por alguna extraña razón, la sintió más cercana que en cualquiera de las veces en que la había soñado. Aquellas percepciones de su mundo onírico le eran dulces y amargas al mismo tiempo, pero no le quedaba opción más que aceptarlas. "Como si tuviera el poder para hacer que desaparecieran" se decía a sí mismo, dado que no había encontrado forma de darles fin, de olvidarse de aquella poni amada que seguramente estaría tan lejana a él en más de un sentido.

Frobisher se concentró en la belleza del día nacido. Hacía varias semanas que intentaba componer nuevos versos sin que lograra acabar con uno que estuviera a la altura de los anteriores. Temía que su espíritu poético fuera perdiendo el toque, o que bien necesitaba un nuevo aire, una nueva inspiración… un cambio. Debía ser el hartazgo de estar viviendo en aquellas tristes islas lo que le impedía que su pluma diera vida a los versos que nacían en su mente.

Había estado evaluando la posibilidad de ir a Ponyville y saludar a Twilight, dándole sus felicitaciones por los logros obtenidos. Pero el miedo a que no fuera bien recibido frenaba todo plan de dejar su residencia. Además, había atravesado otro círculo depresivo no por escribir la carta que había escrito, sino por haberla enviado. Tuvo que contenerse cuanto pudo mientras veía al halcón alejarse en el horizonte, pues una parte suya anhelaba que Twilight recibiera esa carta y pudiera leer su versión de los hechos, a pesar del paso de tantos años. Hacer eso fue un relámpago de alivio y de esperanza, dado que había podido quitarse del pecho todo lo guardado, y quizá con eso consiguiera que ella le perdonase o le tuviese compasión. Aún cuando había altas probabilidades de que no respondiera.

Aquel estado de alegría no duró mucho. Pensó demasiado en lo que había hecho, y volvió a desmoronarse. La visita de su madre por aquellos días pudo recomponerlo un poco. La envejecida yegua ahora era capaz de mostrar un poco de afecto, pues ver a su hijo en ese estado conseguía rasgarle una fibra sensible.

Mas había estado tan concentrado que no notó los golpes en la puerta principal. El segundo golpeteo lo despertó de su trance. Era el cartero. A Frobisher no le sorprendió mucho su presencia, pues recibía correspondencia muy frecuentemente y por diversos motivos.

-Buenos días, Micer Frobisher. – saludó formalmente el cartero, un poni maduro y de sereno hablar. "Micer" era la forma de cortesía que se estilaba en las Islas Uránidas para saludar a los caballeros, era un equivalente a "Señor" – La correspondencia del día.

Fue una gran sorpresa para el destinatario que, en vez de un manojo de sobres que comúnmente eran cartas de admiradoras, de su editor, de su familia y de terceros no relevantes, sólo había un sobre. Una única carta. Sin permitir que su confusión se trasluciera en su rostro, Frobisher la tomó, agradeciendo gentilmente al poni del correo.

-No tiene nada que agradecer. Para eso estoy.

Sólo hasta que hubo cerrado la puerta y se hubo sentado a mirar aquella carta con detenimiento, casi le dio un paro al corazón al leer el nombre del remitente.

-0-0-0-0-

Por la ventanilla de un tren, una potranca color lavanda observaba el discurrir del paisaje sin mucha ceremonia. Sus ojos no se concentraban en nada concreto, sólo permanecían fijos en un punto indeterminado de la nada. Mientras, su mente parecía detenida, como una pantalla blanca y dormida. No iba preocupada todo el tiempo de que Spike quedara a cargo de la biblioteca con ayuda de sus amigas. No pensaba, por ahora, en lo preocupadas que se veían ellas al notar que su expresión no era del todo feliz. Era como si ella fuera tan transparente que cualquier pudiera darse cuenta de sus bajos ánimos. Pero en este momento necesitaba consultar a una poni en específico, alguien que pudiera aconsejarla adecuadamente en aquello que la angustiaba.

No había querido comentarle a nadie más de lo que le sucedía. Quería guardarse lo más posible aquello, hasta que fuera capaz de hablarlo adecuadamente. Sin embargo, no era capaz de mentirles a sus amigas, de modo que fue sincera, no del todo, y les contó una verdad a medias, algo que las tranquilizara por el momento. Se sentía mal, pero sentía que era lo correcto.

Pronto el tren transitaba el camino hacia el cristalino imperio, atravesando las frías y blanquecinas nieves del norte helado. Twilight se preparó una bufada y un chaleco para no pasar frío. Cuando el tren se hubo detenido en la estación, bajó despacio y mirando sutilmente hacia afuera, tratando de divisar a su cuñada en el andén. La alicornio de pelaje rosado se encontraba allí, esperándola, y sonrió al verla venir. Las dos cuñadas se saludaron con cariño, aunque no efectuaron su graciosa danza de saludo por hallarse en un sitio bastante público, y porque Twilight no tenía ánimos.

A Cadence le había sorprendido lo que le ocurría a Twilight. No se esperaba recibir tales noticias de la hermana de su marido, a pesar de que sí conocía la raíz del asunto al que se refería. Le impactaba que la joven potranca se sintiera así, pero no era la primera vez que veía un caso como el suyo. No era de sorprenderse que le pidiera ayuda, ya que Twilight sabía lo que su cuñada podía hacer para construir o restaurar las relaciones amorosas entre ponis.

Twilight y la princesa Cadence caminaron a palacio hablando de trivialidades sobre el viaje, la salud de los amigos de Ponyville y algunas andanzas de Spike. Luego, cuando se instalasen con mayor privacidad en una de las lujosas salas, se encargarían del verdadero problema.

La luz de la tarde hacía resplandecerlo todo con el brillo de los cristales. El Imperio de Cristal se había convertido rápidamente en un foco turístico, tras su reaparición milenaria. Por eso, había muchos visitantes en el palacio, maravillados por su exótica arquitectura. Cadence eligió uno de los salones más reservados, y envió traer té y masitas mientras charlaba con la unicornio de pelaje morado. La alicornio sólo quería asegurarse de que su hermana por ley se sintiera a gusto y pudiera relajarse.

Cuando Twilight terminó de relatarle a su cuñada todo lo sucedido, sintió un gran alivio, ya que pudo sacar de su sistema todo lo que tenía guardado y no se había animado a decir a sus amigas. La princesa del Imperio de Cristal se tomó unos minutos para pensar antes de responder.

-Bueno… he visto muchos casos como éste, Twilight. Los ponis vienen a mí con la esperanza de que yo vaya y lance un hechizo de amor a quien aman, y me duele decepcionarlos al decirles que no se puede forzar a nadie a enamorarse. Entiendo lo que te pasa, te sientes… culpable por lo que está sufriendo Frobisher por ti. No puedo más que aconsejarte…

-Lo sé, Cadence, es que… de casualidad he leído su libro de poemas, el que publicó bajo otro nombre, y estoy más que segura de que casi todos los poemas van dirigidos a mí, a pesar de que se los dirija a otra poni. En su carta me dice que cree que sólo es una obsesión, pero no es fácil de creer.

-¿Una obsesión duraría tantos años y tendría esa fuerza? Je, es la típica forma de no querer aceptar el amor que se siente.

-Hmm… - suspiró Twilight - ¿Crees que en realidad sea eso, una simple obsesión?

-Sinceramente, no. Lo he visto algunas veces, antes de que se marchara de Canterlot. Y de mi parte, te aseguro que es amor de verdad.

-Entiendo – la poni lavanda tocó sus alforjas, donde había traído la carta de Frobisher. Pensaba mostrársela a su cuñada, pero a último prefirió no hacerlo, pues sería como dejar expuesto a su antiguo amigo.

-Twilight, escucha – dijo la alicornio rosada, poniendo un casco en el hombro de su compañera, para llamar su atención – El punto aquí no es lo que siente él, sino lo que sientes tú. ¿Qué es lo que sientes tú realmente? ¿Qué quieres hacer con eso? Cuando respondas ambas preguntas, sabrás lo que tienes que hacer a continuación.

Estas palabras calaron hondo en la mente de la potranca. Cadence tenía razón. Allí estaba su primer consejo: descubrir qué sentía ella misma, y qué quería hacer para resolver esos sentimientos. Pronto su mente divagó en recuerdos y sensaciones, tratando de dilucidar el quid de la cuestión. Transcurrió un largo rato mientras ella hacía esto, y su cuñada esperaba pacientemente sorbiendo su té.

Cada hora, cada minuto, cada día a su lado. ¿Sería que siempre estaba tan inmersa en el estudio que ignoraba completamente lo que ocurría en su interior? ¿Sería que su amor estuvo siempre allí, esperando el momento para rebelarse? ¿Sería que la lástima la confundía y ahora le hacía creer que "amaba" a Hendrix? ¿Por qué buscarle lógica a algo que es pura pasión? ¿O quizá tuvo que pasar todo esto para que ella por fin se diera cuenta de lo que le pasaba?

Entonces, sí le pasaba algo, fue su conclusión. Pero aun así, no era un cariño suficientemente fuerte como para ir y decirle "Te amo", ni tampoco daba para hacer todo un viaje a las Islas Uránidas para decirle que lo quería como un amigo. Para eso ni siquiera tomarse la molestia. ¿Y cómo debía proceder, sino?

Twilight levantó la mirada y se encontró con los ojos de Cadence, expectantes y preocupados. La última no quiso preguntar nada, para no presionar a la primera, pero ésta sola se echó a hablar.

-Bien, pensé en lo que me dijiste y… me di cuenta de que en realidad lo aprecio mucho. El problema es que no es un aprecio al mismo nivel. Obviamente no puedo tomar esto como un problema de amistad, no es algo que me haya sucedido antes. A pesar de todo, lo que me gustaría hacer es… ir a visitarlo. Pero no quiero ir sin nada concreto para declararle.

-Ya hemos dado un paso – afirmó Cadence, con una pequeña sonrisa. - Y si fueras a su casa, ¿qué le dirías?

-Lo primero que haría es disculparme. Fui muy tonta en ese momento, y me dejé llevar por lo que mi familia me dijo. Debí haber escuchado su parte de la historia, debí haber sido por lo menos una mejor amiga. Pero sé que no es lo mismo el antes que el ahora. Hoy soy mucho más consciente de lo que pueden llegar a sentir los otros ponis, todo lo que he aprendido sobre la amistad me ha hecho reflexionar sobre las acciones del pasado, y encontré que cometí muchos errores. – contestó Twilight, mirando su reflejo en el té de la taza que levitaba frente a su rostro.

-¿Irías allá sólo para pedir disculpas?

-Por supuesto que no, pero… hay muchas cosas que podría contarle… - Sus palabras quedaron como tendidas en el aire, ya que otra idea cruzó por su mente en un flash. Se volvió a su interlocutora para preguntar – Dime, Cadence… aquellos ponis que conociste, que se enamoraron de ponis que no los amaban igual… ¿alguno tuvo éxito?

-Oh, bueno… unos se rindieron, otros siguieron insistiendo. Pocos fueron de los que vinieron a contarme cómo lo habían logrado. ¿Por qué lo preguntas?

-¿Y qué has sabido de los o las ponis a quienes conquistaron?

-Um… - la princesa tuvo que pararse a recordar, no esperaba que su cuñada le preguntara sobre ello – Recuerdo que una pegaso me dijo que simplemente decidió darle una oportunidad al poni que la amaba, y que cuando pasaron algunos meses, al final se había enamorado de él.

-Y, perdona si soy descortés, pero ¿algo parecido ocurrió entre tú y Shining, verdad? – inquirió la unicornio, un poco avergonzada de incomodar a su cuñada con algo tan personal.

-Bueno, no tan exactamente, pero sí. A veces funciona, a veces no. ¿A qué vienen todas estas preguntas?

-Lo siento, yo…

-No necesitas disculparte, Twi, está bien – le dijo Cadence, con un tono reconfortante.

-Sólo quería saber porque, pensaba en… en intentarlo. En por lo menos darle un "Sí" a medias. Intentar salir y establecer un vínculo, ya sabes… ¿Crees que sea lo correcto?

-A mi parecer, sí, si es lo que realmente quieres. – entonces Cadence se levantó para hablarle a la joven con seriedad - Pero déjame aconsejarte una única cosa: no estés con Frobisher para resarcir ningún daño, no lo hagas porque sientes culpa de lo que ha sufrido, ni tampoco le digas nada de esto. Si sales con él que no sea por lástima, sino con sinceridad. ¿Me entiendes? Que sea como si visitaras a cualquier amigo: disfruta el momento, diviértete, y no pienses en el pasado.

-Es decir que… ¿podemos empezar como amigos?

-No tanto así, pero lo importante es que entiendas esto. No hay magia para el amor, sólo la convivencia, la experiencia, el pasar el tiempo juntos, sin realizar ninguna actividad por compromiso, sino por la simple razón de estar allí. ¿Lo entiendes, Twilight?

-Sí, sí lo entiendo – una luz nació en aquellos ojos púrpuras, alegres por la resolución a la que habían llegado. Sin embargo, todavía quedaba un detalle, que al ser recordado, ensombreció su mirada.

-¿Qué pasa? ¿No estás contenta de…?

-No es eso, digo, sí… Es que, ¿qué va a pensar mi familia? Probablemente no tomen muy a bien que vuelva a juntarme con Hendrix, no desde lo que pasó. ¿Qué dirá Shining?

Cadence suspiró.

-Vayamos de a una cosa por vez, ¿sí? Además, ustedes han crecido, y tal vez todo pueda aclararse después.

-¿Pero y si mi hermano aún le tiene bronca a Frobisher? No quiero que se produzca de nuevo otro conflicto.

-Lo veremos con el tiempo. Shining ha madurado, Twilight. La otra noche estuvimos hablando sobre la boda, y mencionó la posibilidad de que hubiera sido muy duro respecto a lo que pasó aquella tarde. Yo creo que si lo conversamos adecuadamente, entenderá. Y si ve que eres feliz, habrá menos probabilidades de que se oponga.

-De acuerdo… y supongo que a mí me tocará hablar con Hendrix sobre lo mismo.

-Sí, pero de momento, las prioridades son otras.

La unicornio púrpura, ahora del todo convencida, sonrió alegremente a su cuñada. Era la mejor conversación que había tenido en esos días, y de verdad le había levantado el ánimo. Por eso, abrazó a la alicornio de melena tricolor.

-Muchas gracias, Cadence, sabía que eras la única que podía ayudarme con esto.

-No hay de qué, Twilight. Me alegra mucho de que hayas podido encontrar un poni especial.

Habiéndose separado del abrazo, Twilight se sonrojó visiblemente.

-Oye, todavía no ha pasado nada…

-0-0-0-0-

-¡Hola Spike! Te has portado bien, ¿verdad?

-¡Twilight! – el bebé dragón corrió emocionado a recibir a su amiga, cuando ésta arribó en la estación de tren de Ponyville. La abrazó con mucha fuerza, como si hubiesen pasado años de su ida.

-Parece que me extrañaste un poco.

-Sí, jeje – dijo Spike, un poco avergonzado.

-¿Todo está en orden?

-Por supuesto. ¿Pudiste charlar con Cadence?

-Sí, me siento mucho mejor ahora. ¿Cómo han estado las cosas por aquí?

-Es bueno saberlo, y aquí, bueno, todos seguimos igual. Sólo te fuiste por un día, después de todo.

-¿Has mantenido en orden la biblioteca?

-Sí, ¿qué clase de ayudante N°1 sería si no fuera así?

-Bien, eso me gusta. Porque te quedarás solo otro tiempo más.

Spike se detuvo para mirar fijamente a Twilight. Sin dudas, había vuelto a ser ella, como si toda la tristeza que tenía encima la hubiera dejado en el Imperio de Cristal, o como si nunca hubiera existido dicha tristeza.

-¿Qué quieres decir con eso? No acabas de llegar, ¿y ya piensas irte otra vez? – cuestionó, cruzado de brazos.

La unicornio lavanda sólo suspiró.

-Haré un viaje especial el próximo fin de semana, por eso necesito que cuides la biblioteca. No te preocupes, hablaré con alguien para que se encargue de cuidarte por las noches.

-¿Y por qué es tan especial ese viaje que yo no puedo ir? – volvió a cuestionar Spike.

-Escucha, lo hablaremos en casa, ¿sí? Te prometo que te lo explicaré todo.

-Bien. ¿Y vas a explicárselo a las demás, también?

-Ellas sabrán lo que necesiten saber.

-Twilight, cuando hablas así de seria, me asustas un poco.

El dragón estuvo preguntándose en todo el camino a casa el porqué del actuar de su amiga. Le resultaba curioso su cambio, y el tono tan misterioso de sus palabras. Estaba ansioso por preguntar qué había decidido hacer respecto a lo de Frobisher, y se mordía la lengua para no hacerlo, no hasta que pasaran el umbral de su casa.

Un resoplido de satisfacción dio cuenta de que Twilight estaba conforme con el estado de la biblioteca en general. Esperaba una bienvenida sorpresa con sus amigas, pero al parecer todo estaba tranquilo.

-Sé lo que piensas – dijo Spike, notando la expresión de la poni – Pinkie quería hacerte una fiesta sorpresa de regreso, pero las demás estuvieron de acuerdo conmigo en que sería mejor esperar a que llegaras y ver cómo estabas de ánimo.

-Bueno, estoy de buen humor, y me parece conveniente la idea de la fiesta…

-Ok, entonces…

Spike se dirigió a la ventana e hizo unas señas. Por la puerta se fueron presentando una a una las queridas ponis, cargando los elementos necesarios para una mini celebración. Twilight rió.

-Vaya, a eso le digo organización… Hola chicas.

-¡Hola Twilight! – saludaron todas con alegría, envolviéndola en un efusivo abrazo grupal.

-Sí que volviste rápido, Twilight – dijo Applejack – Y parece que ya estás mejor.

-¡Sí, sí, parece que nunca te hubieras ido! – agregó Pinkie, saltando alegremente mientras disponía los elementos para la fiesta.

-Y cuéntanos, querida, ¿cómo te fue? – preguntó cortésmente Rarity.

-Bastante bien, gracias – respondió Twilight – Qué bueno que están todas aquí, porque necesito hablar con ustedes.

-¿Es sobre ese amigo de Canterlot, verdad? ¿Quieres que vayamos a ayudarte a arreglar las cosas con él? - preguntó Applejack.

-Y de paso podríamos conocer las Islas Uránidas, ¡dicen que sus playas son un sueño! – secundó Rarity, con ojos brillantes.

-Um, allí hay muchas caracolas exóticas para recoger… - comentó Fluttershy, casi inaudible.

-¡Y podríamos probar los sandwichs de algas, muffins de algas, tarta de algas que hacen allí! – exclamó Pinkie, doblemente emocionada.

-Deagh… algas… - se asqueó Rainbow, haciendo una mueca de desagrado.

-Ay, Rainbow, no es para tanto. No puedes decir que no te gustan las algas, si no las probaste. Además, no es cualquier tipo de algas las que usan allí…

Twilight hizo un gesto para detener a sus amigas antes de que se fueran por las ramas. Ése no era el punto al que ella quería llegar. Sabía que sería difícil convencerlas de lo que en realidad quería que hicieran, y que tendría que dar explicaciones que prefería callar. Pero así y todo eran sus amigas, y ellas le habían confiado cosas personales en otras ocasiones, ¿cómo ella no iba a hacerlo? Sin embargo, prefería ir despacio y con calma.

-Escúchenme todas. No sé cómo decirles esto, pero… el fin de semana me voy de viaje. A las Islas Uránidas. Por eso, quisiera pedirles, si no es mucha molestia, que cuiden en lo posible de Spike.

-¿Qué? ¿Pero cómo no vas a llevar a Spike? – preguntó Rarity, extrañada, mirando al aludido - ¿No te molesta eso, Spikey-wikey?

-Eh, no tanto. – respondió vagamente el pequeño.

-¿Y a nosotras? – preguntó Pinkie, saltando frente a Twilight. - ¿Y A NOSOTRAS TAMPOCO?

-Oye, Twi, ¿qué no somos un equipo? - preguntó Rainbow – Se supone que hacemos todo juntas.

-Dejémosla hablar, terroncito. Ella nos explicará el por qué – dijo Applejack para calmar las aguas.

-Por esta vez, – retomó Twilight – sólo por esta vez, tengo que ir sola. Luego podremos ir juntas. Pero en verdad necesito que me apoyen desde aquí, ¿sí? Esto es algo que me corresponde arreglar a mí, y perdón que no las incluya. Les prometo que saldrá todo bien. Sólo ténganme paciencia.

-¿Es eso o te irás a buscar un tesoro en la isla y lo harás sola para que nadie más lo reclame y así quedarte con todo y no compartirlo y…? – Pinkie Pie iba a comenzar otro de sus largos discursos pero fue interrumpida por su amiga.

-Pinkie, no se trata de nada de eso.

-No sé, esto a mí me parece sospechoso – comentó Rainbow.

-¿Estás segura de que no hay nada que nosotras podamos hacer, Twilight?

-Sí, Rarity, estoy muy segura.

-No van a sacarla de sus trece, mejor déjenla hacer – acotó Spike, que conocía muy bien a Twilight como para saber que no cedería.

-Está bien, terroncito, si lo decides así, respetamos tu decisión. Yo no tengo problema en cuidar a Spike por un tiempo. Podrá ayudarme con algunas cosas en la granja – apoyó Applejack.

-¡Oh, y a mí podrá ayudarme a preparar una nueva línea de pasteles que tengo pensada!

-Yo también tendré algunas tareas en la Boutique, e incluso estaba pensando en buscar gemas el fin de semana.

-Y… y en mi casa se llevará bien con mis animalitos. Le prepararé la sopa que le gusta.

Pero la pegaso de pelaje color cian no se convencía del todo.

-¿Qué tiene de importante ese poni para que no quieras que nadie te acompañe? ¿Acaso te gusta? Es eso, ¿verdad? ¡Seguro que lo es! No quieres que estemos estorbándote mientras le haces arrumacos, ¿no?

Por mucho que tratara de disimular, Twilight se sonrojó y desvió la mirada. Las otras reprendieron a Rainbow por su atrevimiento, mientras Spike daba un golpecito en el hombro de la poni lavanda, con una mirada que lo decía todo. Ahora las cinco ponis estaban expectantes ante lo que respondería su amiga. No era nada cómodo tener diez ojos encima, esperando una respuesta que ella no estaba segura de dar, y sin embargo, a la vez le transmitían confianza, la sensación de que no debía avergonzarse por aquello que sentía su corazón.

-Lamentamos incomodarte, querida. Sabes que Rainbow no mide sus palabras. No tienes que decirnos todo, si no quieres…

-No, está bien, Rarity. Seré sincera con ustedes…

-¡Lo sabía!

-Ya cálmate tú – instó Applejack a Rainbow para que no interrumpiera.

-No voy a mentirles, pero es una situación complicada. La razón por la que fui a hablar con Cadence es, que no sabía cómo afrontar mi situación.

-Siempre es una situación complicada, Twilight. A mí me pasa muy seguido.

-Rarity tiene razón. ¿Entonces no sabes si te gusta ese poni?

-Más o menos, Applejack, es que… yo le gusto, y mucho.

-Oh, qué bonito – dijo Fluttershy, enternecida.

-¿Pero cómo es que tuviste un admirador secretespecial en todos estos años y nunca nos lo has dicho? – preguntó Pinkie con inocencia - ¿Por qué no están juntos ahora? ¿Por qué nunca lo invitaste a Ponyville? ¡Le habría hecho la fiesta más super mega doble genial de su vida!

-Hubo un malentendido hace seis años. – explicó Twilight seriamente – Las cosas no salieron bien…

-¿Y por qué no salieron bien? ¿Pasó algo muy malo?

-Digamos que a Shining no le cayó en gracia el candidato– respondió Spike, y al darse cuenta de su metida de garra, se cubrió la boca, mirando a Twilight de reojo. Ésta sólo asintió.

-Wow, no conocía ese lado de tu hermano. ¿Y le dio una paliza a ese tipo porque no aceptaba que fuera tu novio? Ya veo por qué actuaste de esa forma en su boda…

-Oye, Rainbow, que los hermanos tengan celos de las parejas de sus hermanas es algo normal – explicó Applejack – Yo sentiría lo mismo si Mac o Applebloom me presentaran a su poni especial.

-Meh, como sea…

-Eso dices porque no tienes hermanos, Rainbow – dijo Fluttershy.

-Concuerdo con Fluttershy. Si mi pequeña Sweetie pasara por lo mismo, yo estaría detrás de ella todo el tiempo. No dejaría que nadie la lastime.

-¡Es cierto! Yo me aseguraría de que ni Maud ni Marble ni Lemonstone sufrieran por ningún poni, ¡antes yo los haría sufrir a ellos! Pero mis hermanas saben elegir bien, y de seguro me llevaría muy bien con todos mis cuñados, ¡les haría muchas fiestas y sería la madrina en sus bodas y sería la madrina de sus hijos y los cuidaría con todo mi corazón!

El ambiente se había alegrado mucho, y Twilight no pudo menos que sonreír por aquella escena. Sus amigas la apoyaban, y podía estar tranquila de que no les ocultaba nada. Sin dudas tenía las mejores amigas del mundo.

-0-0-0-0-

¿Cómo relajarse con semejante noticia? Nada de lo bueno que le había pasado en esos años se comparaba con esto. Aquella misiva significaba que, al fin y al cabo, y contra todo lo negativo que había pensado, su carta llena de confesiones había dado un buen resultado. Era la sorpresa más grande que había recibido en semanas, todavía no podía creerlo, pero era verdad. Después de seis años… volvería a ver a Twilight, volvería a ver esos ojos púrpuras siempre ávidos de conocer, volvería a sentir ese perfume indescriptible al que ninguno se comparaba, volvería a oír su voz tan suave; todo aquello que se había transformado en recuerdo, cobraría forma otra vez para deleitar sus sentidos.

¿Habría cambiado mucho en todo este tiempo? Probablemente, de eso no cabía duda. Ya no debía de ser la misma potranca que conoció, ¿qué tan distinta estaría? Su letra apenas presentaba cambios. ¿Y qué sería de sus sentimientos? ¿Habrían cambiado, quizá, a su favor? Eso parecía, porque según la carta que ella le había enviado en respuesta por su epístola, se disculpaba por todo el dolor que le había hecho pasar y anunciaba que vendría el próximo fin de semana a visitarlo, y esto fue lo más extraordinario, porque Frobisher no se había esperado, ni siquiera se le había pasado por la cabeza que Twilight fuera a venir hasta allí. De tal forma había asumido que ella había hecho su vida, que nunca hubiera imaginado recibir tan grata respuesta.

Reposando en el sillón del living y con un casco sobre su pecho aguardando que disminuyera la aceleración cardíaca, y que hiciera efecto la medicación, Frobisher pensaba en muchas cosas. Le asaltaban algunos temores, respecto a la visita de su poni largamente adorada. Si ella realmente venía, iba a asegurarse de que tuviera la mejor estadía en la isla. Trabajaría toda la semana para que todo saliera impecable, para darle la mejor impresión. Había muchos lugares para visitar, paisajes que merecían la pena de llegarse hasta allí.

Sin saberlo, una lágrima brotó de su ojo, y recorrió su mejilla para ir a parar a su cuello. No recordaba la última vez en que había estado tan contento. Dio un suspiro, y se quedó allí otro rato, mientras se restablecía el ritmo de su corazón. Entonces se sintió inspirado, y fue por pluma, papel y tinta, para escribir un soneto en el que expresó a la perfección todo lo que sentía.

Aquellos siete días fueron los más agitados de su vida. Hizo limpiar la casa a fondo, ordenó sus libros y papeles, apuntó una lista de los sitios más recomendables para visitar, de los mercados más confiables por los que podrían pasar, incluso de las posadas más accesibles, si fuera la voluntad de Twilight quedarse en una, aunque esperaba que todas las comodidades de su casa le fueran agradables. Por ello hizo reacondicionar los cuartos de huéspedes, y contrató al mejor jardinero para que hiciese al jardín más bello de lo que ya era. Es decir, Frobisher se tomó muchas preocupaciones, a riesgo de que no fueran valoradas, pero con la firme idea de brindar a su amiga la mayor hospitalidad posible.

Pasó largos insomnios hasta que finalmente llegó el día tan esperado. Twilight especificaba en su carta que arribaría el viernes por la tarde al archipiélago, en un barco que vendría desde Baltimare, a eso de las cuatro. Frobisher ya estaba en el muelle a las tres y media. Traía puesta una gabardina abrigada, ya que el clima cerca del mar solía ser bastante frío, y le afectaba mucho a su salud.

No podía quedarse demasiado quieto, y a la vez tampoco quería moverse de su sitio. Daba algunos cortos pasos para que sus cascos no se enfriaran, y consultaba cada cinco minutos su reloj de bolsillo, como si temiera que el barco se retrasara. No podía disimular su excitación, y esperaba que no se largara una llovizna al ver el cielo nublado. Sus ojos escrutaban el horizonte, atentos a cualquier objeto que se perfilara. Casi no había nadie en el muelle, los habitantes de la isla eran ponis de costumbres serenas, y no andaban mucho por las calles salvo en ocasiones específicas.

Unos barcos pequeños desamarraron en el muelle. El inquieto unicornio no les prestó atención, pero algunos de los marineros lo miraron con curiosidad. No era común ver a nadie tan persistentemente parado allí, aún así continuaron en lo suyo. Por fin el navío donde venía embarcada Twilight se presentó por aquellas solitarias aguas, animando el semblante de Frobisher, quien empezó a dudar si la poni a quien aguardaba viajaba allí o no.

Millones de dudas acosaban su mente, y comenzó a ponerse nervioso. Eso no era nada recomendable si quería mantener su estabilidad cardíaca. Tuvo que obligarse a hiperventilar, diciéndose una y otra vez que podía confiar en la palabra de Twilight. Sin embargo, hasta que no la vio bajando del barco una vez que la nave echó amarras, no consiguió calmarse completamente.

Twilight estaba igual que siempre, sólo un poco más crecida. Entre los escasos pasajeros que descendieron, era muy fácil reconocerla. Traía un abrigo azul que le sentaba muy bien y unas alforjas con su cutie mark bordada en ellas. Y por sobre todo lo demás, estaba hermosa. Observaba todo a su alrededor, buscando a un poni en específico, hasta que éste se acercó tímidamente a saludarla, con una naturalidad tal como si no hubieran pasado los años.

-Buenas tardes, Twilight.

La aludida miró en esa dirección y apenas pudo reconocer a su viejo amigo, gracias a sus anteojos. Al principio se quedó perpleja y luego tartamudeó unas palabras, hasta que tomó aire y organizó sus ideas.

-Hola Hendrix…– saludó, sus mejillas ruborizadas por la vergüenza y un poco frías por la brisa que corría por la orilla. – Es un gusto volver a verte. – y le dio un abrazo a Frobisher, desconcertándolo por un momento.

-Para mí también es un gusto – dijo él, deseando que aquel abrazo durara para siempre.

Tras este encantador reencuentro, ambos unicornios se pusieron en marcha. Twilight seguía a Frobisher, a quien de repente se le habían escapado todas las palabras. No había planificado ningún discurso, y se lamentaba por eso. De modo que tendría que improvisar.

-¿Y cómo estuvo el viaje? En estas épocas casi nadie visita las islas, y vienen menos barcos que en la temporada estival.

-Estuvo muy bien, quizá algo mareado, pero en general, bien. He leído un poco sobre las Islas Uránidas antes de venir, y son mucho más visitadas en verano.

-Ciertamente, yo prefiero las épocas frías. No podríamos caminar tan tranquilamente por estas calles si fuera verano, los turistas invaden todo. Además, los paisajes de aquí cobran más atractivo durante el otoño.

-Oh, sí, eso está en uno de los artículos. Hay algunos parajes que poseen una belleza única durante estos meses.

-Puedo… llevarte a conocerlos si quieres.

-Me encantaría. – Twilight le dedicó una sonrisa.

Para no haber tenido contacto durante un tiempo prolongado, se trataban sin ningún problema. No dejaba de sorprender al unicornio de anteojos lo diferente que se comportaba su amiga, ahora era como más cálida, más desestructurada, más… amistosa. Una gran emoción latía en su pecho, y era lo que no le dejaba hablar. Había soñado con este momento y no podía ser más perfecto de lo que ya estaba siendo.

-¿Tu casa queda lejos de aquí? – preguntó Twilight, para romper el silencio que se había instalado entre los dos. Estaba nerviosa y emocionada a la vez, algo así como nerviosionada. Sonaba algo que típicamente diría Pinkie, pero así se sentía.

-Oh, no… no tanto. Sólo hay que seguir por este camino.

-Dicen que de todo el archipiélago, ésta es la parte donde están las casas más bellas, y una de las que me mencionaron es la tuya.

-Probablemente no sea la más bella, pero es bastante espaciosa. Lo mejor de todo son los balcones con vista al mar. Es una residencia con mucha historia, por eso vienen muchos ponis a verla. A veces solicitan ver su interior, pero… entenderás que no me hallo con eso de dejar que cualquiera entre a la casa. A pesar de que se los explico amablemente, algunos visitantes se molestan de todas formas.

-Algunos a veces olvidan lo que es la propiedad privada. Les ha pasado a mi hermano y su esposa cuando se mudaron al palacio del Imperio de Cristal…

Frobisher notó la turbación de Twilight cuando ella dijo eso, y sabía por qué. Hubiera querido calmarla diciendo que había dejado atrás las desavenencias con Shining Armor, pero prefirió no tocar el tema y continuar la conversación sin problemas.

-Ya casi llegamos, es esa que se ve sobre aquella colina. Si nos apuramos, no nos tomará desprevenidos la lluvia.

-También he leído sobre eso, suele llover mucho en esta zona de Equestria.

Twilight siempre tan aplicada. Frobisher sonrió, tal vez no tenga tantas maravillas para mostrarle si ella ya las conocía, aunque fuera por intermedio de las páginas de un libro.

El portón de entrada ya daba una muestra de la majestuosidad de la casa. Era un fino trabajo de herrería, flanqueado por dos muros de piedra que rodeaban la propiedad en toda su extensión. Al pasar del umbral, había un camino de adoquines que llevaba hacia la puerta principal, y a los lados crecían hermosos árboles de hojas perennes, por lo que estaba siempre verde. La arquitectura de la mansión databa de por lo menos un siglo atrás, y tenía un diseño que así y todo no había perdido la elegancia. Las flores, las estatuas y el mantenimiento del exterior eran un deleite para los ojos, lo que hacía comprensible que Hendrix, por su dedicación poética, se hubiera trasladado allí.

En el vestíbulo había un amplio ventanal que daba a los jardines, los cuales eran otra maravilla de ver, y no desentonaban con el cuidado diseño del interior, pulcramente presentado.

-Es una casa hermosa, Frobisher. – halagó Twilight.

-El único inconveniente es que es muy grande para un poni solo, pero eso puede cambiar…

La unicornio de ojos púrpura no respondió. Alcanzó su abrigo al otro unicornio para que lo colgase en un perchero, y éste a su vez se quitó suyo. Tenía una chaqueta simple como las que usaba en su pasantía en la Biblioteca de Canterlot, sólo que no usaba corbata. Twilight notó la pequeña marca en el pecho del poni, pero se abstuvo de preguntar.

-¿Quieres pasar a la sala? – invitó el corcel de pelaje pardo, su amiga asintió.

La chimenea los esperaba encendida, calentando el ambiente con sus llamas. Un mayordomo los saludó cortésmente, dejando al instante la tarea de atizar el fuego. Se ofreció a traerles algo, y cuando el dueño de casa y su invitada se hubieron puesto de acuerdo, se retiró sin más.

Tomando asiento en el sofá, ambos ponis callaron, sin saber muy bien qué decir. Cada tanto se miraban el uno al otro, sin animarse a pronunciar palabra. Era como si se hubieran extinguido todos los temas de conversación posibles, como si ya no quedara más para hablar. Twilight lidiaba con una sensación en su estómago que no sabía si atribuir a los nervios o a algo más. No había venido para quedarse callada, pero tampoco era tan fácil que de su boca saliera lo que tenía pensado decir.

-Twilight… gracias por venir – se adelantó Hendrix, sin atreverse a mirarla a los ojos – Sinceramente, pensé que nunca responderías a mi carta, pero al contrario, aquí estás… Fue una gran alegría recibir tu carta, pues no estaba pasando un buen momento. Muchas gracias por acordarte de mí… y creo que por lo menos podemos ser amigos, ¿verdad?

-Bueno… - la poni tragó saliva. Éste era el momento – Pues… hay muchas cosas que aprendí en estos años. Desde el día en que la princesa Celestia me envió a Ponyville, todo fue distinto. Aprendí acerca de los valores de la amistad, pero lo que aprendí fundamentalmente es… a abrir mi corazón a otros ponis. Y eso me hizo darme cuenta de muchas otras cosas…

-¿Como qué, por ejemplo? – preguntó Frobisher, dada la prolongada pausa de Twilight.

-Por ejemplo… de que merecías que te diera una oportunidad, luego de leer tu carta. – una vez soltada esta frase, Twilight levantó la cabeza y se enfrentó a unos ojos color borgoña que por detrás de los anteojos la observaban con dulzura. Unos ojos brillantes que parecían los de un potrillo mirando a su madre o a su juguete más preciado. Ella comprendió que debía continuar – Después de la primera aventura con mis amigas, nos tocó intervenir en muchos problemas de amistad, conflictos que debíamos resolver entre uno o más ponis. Y cuando se solucionaban, enviaba a mi mentora una carta relatando el caso. Incluso enloquecí una vez, cuando no tuve nada para notificarle – Twilight dijo estas palabras con algo de pena, recordando los incidentes de aquel día – Pero… esto… no es un problema de amistad…

Hendrix frunció un poco el ceño, confundido - ¿Por qué no lo es? – inquirió, con un tono de voz que de pronto se oía como indignado.

-No me malinterpretes, es que… en realidad, es una deuda… Una deuda personal, porque… porque en ese momento no entendí lo que te pasaba, y como no entendía lo que ocurría dejé que te acusaran, y en realidad no habías hecho nada malo, pero yo no lo sabía… era una tonta, una tonta insensible. No eres tú quien debe pedir perdón, sino yo, porque todo lo que pasó fue mi culpa, y te fuiste de Canterlot por mi culpa, y no debería ser así. Lo siento, lo siento mucho. Perdóname, Frobisher, perdóname por no haberme dado cuenta antes.

Llorar era lo que Twilight menos quería, pues siempre le disgustaba. Pero liberar todo eso de un solo tirón… era inevitable que sucediera. Aquello la había golpeado más duro de lo que creía. No obstante, esa no era la escena que quería montar delante del unicornio. No pretendía victimizarse, sino asumir la parte de la culpa que le correspondía, hacerle saber a Frobisher que ella había cometido un error y que se había arrepentido de ello.

En el corazón del poeta se movió la más fuerte de las compasiones, sonriendo con ternura por la sinceridad de Twilight. No había enunciado que pudiera describir con exactitud la calidez que invadía su alma. Suavemente con su casco acarició la mejilla de la poni, secando sus lágrimas. Ante el contacto, ésta trató de recomponerse rápidamente, y lo logró, aunque su garganta seguía bloqueada por un gran nudo.

-Hey, Twilight, no es culpa tuya, ni mía ni de nadie. Eso sólo pasó, y ya está. Ahora es mucho más fácil dejar el pasado atrás, puesto que has venido aquí a hablar conmigo. No importa el tiempo que haya transcurrido. De saber que vendrías… habría esperado años, en serio. Sobre mi carta… no es necesario explicar nada de por qué la escribí. Era algo que necesitaba decir, y quería hacerlo por si… por si…

Esta vez las palabras le fallaron a Frobisher, y desvió su mirada. Mientras hablaba, se había perdido en una profundidad violeta, pero al recordar el leit motiv de aquella epístola que había enviado a Ponyville con un halcón, sin esperanza de respuesta… simplemente se bloqueó.

Confundida, Twilight quiso descifrar en sus ojos lo que su boca no le decía, hasta que de nueva cuenta se fijó en la cicatriz de su pecho. Sin pensar lo que hacía, extendió su casco para tocar el pecho del poni. Detrás de la piel podía sentirse el retumbar del músculo cardíaco, el cual se aceleró por su contacto. La marca era reciente, y ella se dio cuenta enseguida de que le habían hecho una cirugía de corazón. "Ya veo… una cardiopatía. Creyó que si no sobrevivía…" pensó Twilight, retirando su casco y mirando al unicornio con pena.

-Eres un poni fuerte, Hendrix – dijo Twilight, poniendo un casco sobre el hombro de su amigo.

-¿Tú crees?

Ella asintió. Luego se acomodó para darle un abrazo, quedando corazón a corazón. Frobisher la rodeó con sus cascos, amorosamente. No le bastarían cien sonetos ni odas ni sonetillos ni redondillas para detallar todo aquello.

-Y tú eres muy valiente, Twilight – le susurró al oído. – Por eso te admiro tanto.

El sol ya comenzaba a sumergirse en el horizonte, llenando la sala con una luz anaranjada, puesto que gran parte de las nubes se había retirado, como si alguien se lo hubiese mandado.

El mayordomo se anunció con unos golpecitos en la puerta. La pareja de unicornios rompió su abrazo y el semental le otorgó el permiso de entrar.

-Disculpen, señor, señorita, aquí traigo el café y los pastelillos, como habéis pedido. – el sirviente dejó la bandeja en la mesa ratona y agregó - ¿Necesitáis que haga algo más?

-Por ahora, no, Maggiore, puedes retirarte a descansar – concedió Frobisher con un tono afable.

-Con su permiso, señor, muchas gracias – Maggiore hizo una reverencia y salió, con su característico trote silencioso.

La merienda transcurrió animadamente. Los semblantes de ambos ponis se veían muy animados, ya lo más duro de la tarde había pasado. Cada uno reflexionó sobre aquello, entretanto saciaban su hambre, y Twilight hizo algunos comentarios de los pastelillos que hacía Pinkie o los modales de etiqueta que le había enseñado Rarity para la hora del té, y otras cosas relacionadas con sus amigas.

-Soy muy afortunada de tenerlas, la verdad es que me han cambiado la vida.

-Y ellas son afortunadas de tenerte a ti… yo también – dijo Hendrix, acariciando la melena de su compañera, quien se sonrojó, pero sin volver la mirada.

"Se ve tan bonita cuando se sonroja" pensó el unicornio, cuyas mejillas también habían adquirido una coloración roja.

El crepúsculo ya casi finalizaba, y pronto caería la noche sobre las Islas Uránidas y toda Equestria. Para este momento, el poeta ya sabía que había encontrado una nueva inspiración. Sólo le faltaba saber algo más para que ese día fuera más perfecto. Puso su casco sobre el de Twilight, quien se encontraba tan cerca suyo que podía sentir su respiración. No sabía cómo comenzar, y volvía a sentirse como aquella tarde, seis años atrás.

-…Twilight… - su voz sonaba muy baja, pero no tanto como para que la potranca no lo escuchara.

-¿Hmm?

-Ya casi termina el atardecer… la última vez que vimos un atardecer juntos, en el mirador de Canterlot… - la respiración del poeta se agitaba, ahora debía reunir mucho más coraje para declararse – Pues, yo… ni siquiera ahora puedo decirlo, pero si entendí bien lo que dijiste sobre darme una oportunidad, ¿eso significa que… - cerró los ojos con fuerza y tragó saliva, no se creía tan valiente como para poder ver a Twilight a los ojos, pero en el último minuto, como un guerrero que sin pesar se enfrenta a las fauces de la bestia para sacrificarse por aquellos a quienes tiene la obligación de proteger, completó la pregunta cara a cara con la poni que había amado en silencio desde muy joven - … me amas?

Allí fue cuando todas las dudas de Twilight se resolvieron. Fue en ese instante, sin explicaciones ni magia ni nada de por medio, sin lógica ni pensamiento, sólo pura pasión. Y los labios de Twilight dieron la confirmación con el beso más apasionado que poni alguno hubiese recibido.

-.-.-.-.-

Finalmente, se termina esta historia, este two shot, y espero que al leerla se hayan enamorado tanto como yo al escribirla. Y nada, ya está, creo que no tengo nada más para decir, salvo para dejárselas picando de que quizá en un futuro haga una secuela, un one-shot donde las amigas y la familia de Twilight tengan la oportunidad de conocer a su poni especial. O no sé, mejor lo dejo a la imaginación de ustedes.

Chaucito!