7: Tsubasa

Tsubasa Pov

-¿Escuchaste el rumor, Tsubasa? –consulto Misaki mientras tomaba su asiento a mi lado en el aula, yo lo mire con aburrimiento, era demasiado temprano como para que mi cerebro conectará las pocas neuronas que poseía- Los alumnos nuevos

-¿Hay alumnos nuevos? –Pregunte, sorprendido- vaya ¿Cuántos?

-Cinco –contesto ella- pensé que lo sabias, entraron hace una semana casi, le llaman "los niños sicarios"

Desperté por completo al oír el nombre, ¿niños sicarios? Eso era… imposible. ¿No? Pensé que todos habían muertos… aunque, esos chicos… me gire de improviso enfrentando totalmente el rostro de mi mejor amiga

-¿Quiénes son? –Consulte- ¿Cuáles son sus nombres?

-¿Sus nombres? –Repitió ella, confusa- Mikan Yukihira, Syoshe Takari, Hikari Kermente Y…

-¿Emma y Timothy Thompson? –consulte, con temor

-¡Si, eso! –Exclamo ella emocionada- ¿los reconoces?

-¿Entraron a… tercero, verdad? –le consulte, sacando rápidamente la edad, ella asintió mientras me paraba, tenía que…

-¿A dónde vas? –Pregunto mi amiga, tomándome del codo- ¿Tsubasa?

-Tengo que hacer algo –susurré mientras me soltaba con delicadeza para saltar por la ventana. Mierda ¿Por qué salte? Con bajar las escaleras era suficiente, ahora debería subir dos pisos corriendo ¿y porque corría?

Entre al aula de 3-B agitado, apoyándome en mis rodillas, los murmullos y gritos se frenaron ante mi abrupta entrada, respire profundo un par de veces y me levante

-¿Mikan? –consulté

-Hey, pequeña ¿Por qué lloras? –susurré mientras veía a la lida castaña, debía tener unos siete años, estaba llorando desconsoladamente en un rincón, se abrazaba como si hubiera perdido una parte de su alma

-Ah estado así desde que volvimos de nuestra misión –susurró una voz a mi costado, me gire, Syo, un compañero un año menor que yo, me había informado

-¿Paso algo? –pregunte, Syo miro hacia abajo, sabía que no me contaría, fruncí el ceño y me senté delante de la pequeña con decisión- ¿quieres ver un truco de magia? –le cuestione, la pequeña entre lágrimas levanto su rostro pequeño, era hermosa, abrí mi mano y le demostré que no tenía nada, luego la cerré y al abrirla le mostré un pequeño cuadradito de azúcar

-¿Qué es eso? –pregunto entre sollozos

-Es un turrón de azúcar –le explique mientras lo apoyaba contra sus labios- cómelo, tiene poderes mágicos, hace que los corazones de las personas se sientan muy muy alegres

-¿Muy alegres? –consulto mientras lo comía, asentí borrando con mi pulgar su rastro de lágrimas

-¡Vaya! Eres muy hermosa, como una princesa –la halague al ver su cabello chocolate que caía en rizos y sus ojos brillosos, quizás debido a las lágrimas- una vez conocí a una princesa, aunque no llegaba a ser tan hermosa como tú. Vivía en un castillo hecho de cristal con un hermoso unicornio y varios animales…

-¿Enserio? –me pregunto, emocionada, olvidando la razón por la cual lloraba y adoptando una resplandeciente sonrisa en sus labios.

Entonces me di cuenta, ella siempre debería estar así. Yo me encargaría de que ella sonriera.

-¡Tsubasa! –grito una castaña saltando sobre mí, cielos, hacía casi cinco años que no la veía, la recibí y cruce mis brazos por su estrecha cintura, seguía siendo más pequeña que yo

-Hola princesa –bromee llamándola por su apodo de siempre, acariciando su cabello, ahora estaba más largo y menos rizado pero seguía siendo hermosa, sus ojos estaban llenos de vida, la sonrisa se mantenía en sus labios de una forma radiante

-¿Tsubasa? –pregunto Syo sacándome de mis pensamientos, me veía como si estuviese viendo un fantasma, su mano estaba enredada con la de Emma, ellos seguían juntos, no pude evitar sonreír al darme cuenta de eso. Tony estaba sentado hablando con Hikari, ambos me veían con una sonrisa.

Habían sobrevivido, estaban allí.

Los murmullos se entremezclaban, comenzaban a subir de tono y finalmente me di cuenta de algo: estábamos en un aula y éramos el centro de atención. Era difícil hablar de esta forma

-Bueno, tenemos que irnos –informe mientras soltaba a la pequeña castaña que aun así no se alejó de mi lado

-¿Irnos? –Consulto Emma, con el ceño fruncido- ¿A dónde?

-Salten por la ventana antes de que llegue un profesor –explique como si fuera obvio abriendo una de las tantas ventanas

-¿Qué hacen? ¡Estamos en un tercer piso! –grito la voz de una chica

-Salte desde el quinto, no es tanto –le refute mientras me paraba sobre la ventana- ¡El que no salta se queda esperando! –informe mientras tomaba impulso y caí, doble levemente mis rodillas para no destruirlas y me pare, haciendo una señal de victoria, observe hacia arriba, Mikan y Tony me miraban con preocupación

-¡Yo voy! –grito Hikari saltando detrás de mí, hizo lo mismo: caída perfecta

-Están desquiciados –se quejó Syo mientras con más delicadeza saltaba, él ni siquiera se sacó las manos del bolsillo. Presumido

-Vamos Mikan, te recibiré –bromee extendiendo mis brazos a ella, la imagine bufando y poniendo los ojos en blanco ante mi comentario

-¿Recibirme? Si claro –comento mientras se sentaba en el borde de la ventana, saltando con delicadeza, cayo sin realizar el menor sonido, sin levantar la menor hoja de césped. Perfecto- ¡Tony, Emma!

-No pienso saltar –informo Emma con seguridad- Hay escaleras

-¿Y dónde está lo divertido de eso? –pregunto Hikari

-Maldición, tu método de diversión está gravemente destruido, Hikari –le refuto Emma con seriedad- Tony, acerca esa rama a mí y haz que me baje, no planeo saltar –le pidió, su hermano asintió y comenzó a extender la rama, ella se sentó, en dos segundos se encontraba abajo, Tony saltó, el viento lo empujo con delicadeza como si fuese una hoja hasta depositarlo en el suelo, maldito, tenía la ventaja.

Varios alumnos nos miraban, claro, estábamos gritando, saltando de pisos altos y escapando, éramos todo un caso. Tome la mano de Mikan y me eche a correr, detrás me siguieron los demás chicos, cuando llegamos a la casa de Mr. Bear, me detuve

-¡Bienvenidos a mi guarida! –Bromee, abriendo la puerta- ¡Mr. Bear, traigo amigos!

El oso de peluche, con sus ojos repletos de furia y un hacha, se acercó, Todos dieron un respingo al verlo, realmente podría asustar hasta al más valiente de los hombres. Nos miró uno a uno, tiro el hacha que se clavó en la pared de la cabaña de madera como si nada y se movió, permitiéndonos sentarnos en la mesa, luego nos comenzó a servir té

-Él es mr. Bear, un buen amigo lo creo –explique mientras lo señalaba- suele ser agresivo pero como vienen conmigo, no pasa nada ¿no señor Bear? Serás bueno con los chicos ¿a qué si?

El oso emitió un ruido mientras nos servía galletas, Mikan comenzó a asaltarlas de una forma casi literal con una radiante sonrisa

-¡Hm, Mr. Bear, cocinas increíble! –exclamo ella, viendo al oso, este se sonrojo por el cumplido. Sonreí, se lo había conseguido.

Pasamos el resto del día comentando y hablando sobre el pasado, me contaron como llegaron ahí, me hubiera encantado poder estar ahí para ayudarlos, sacarlos, rescatarlos. Sin embargo no había podido, Mr. Bear se encargó de sacar a hachazos a los que nos buscaban, a esos profesores que pensaban que podrían encontrarlos, nadie entraba a la cabaña de Mr. Oso, excepto yo, claro y ahora ellos.

Observe a Mikan, el amor que sentía por ella cuando éramos niños se había desaparecido, mi corazón ya no latía tan rápido y mi mente no se perdía en su mirada, aunque seguía considerándola la persona más importante para mí, y hermosa, claro, como si fuera mi hermanita. Había pensado en ella los últimos años, sobre todo el último mes, al parecer si la invoque, reí ante mi propio pensamiento.

También había extrañado las cursilerías no cursis de Syo y Emma, ver a Tony siempre tan tímido y amable, intentando consolar, apoyando a todos, Hikari como siempre estaba más animado que todos los demás, cuidando de más a las chicas sin siquiera darse cuenta, era algo ya natural.

Los había extrañado. Mucho.