Reencuentro

Chicos, antes de comenzar con el segundo capítulo me veo en la obligación de daros las gracias por la acogida que tuve con el primero. Debo admitir que estaba un poco nervioso ya que no sabía si mi forma de escribir iba a estar a la altura. He leído todos los reviews y los aprecio muchísimo, de hecho, me motivan a seguir escribiendo. Tengo que mencionar que en este capítulo sale Riven, y la he caracterizado con la skin de Redeemed Riven, que a mi parecer es la más imponente. Muchas gracias por vuestro apoyo y disfrutad ^_^

PD: Feliz año nuevo (atrasado xD)

La apática sobriedad con la que me recibieron en la Liga de Leyendas no encajaba en absoluto con lo que me había imaginado. No me malinterpretéis, alfombras suntuosas y estatuas de carácter épico proliferaban en las galerías de acogida del palacio, pero la frialdad que se podía respirar en el ambiente no se diferenciaba mucho de la que había experimentado en mi cloaca predilecta. Como es lógico no podía entrar directamente en el recinto reservado para campeones. Antes de dar paso a mi nueva vida debía rellenar un papeleo enorme. Burocracia, nunca la llegué a entender. Me sentía como un inmigrante, y en cierto modo me agradaba.

Me acerqué a la recepción esperando que, al menos, hallara alguna manifestación de bondad entre las frías paredes de mármol de aquel edificio. Evidentemente, mis anhelos no se vieron realizados. Detrás de la mesa se hallaba un hombre obeso. Movía sus papeles sin ningún patrón en particular, como si no supiera lo que hacía. Su mirada vaga iba acorde con su actitud, pues parecía que le costara reaccionar ante los sucesos de su alrededor. Vestía un uniforme azul y dorado, que a mi parecer, tan sólo le daba un carácter aún más pintoresco. Tras esperar la clásica cola de la hora punta, pude por fin entablar conversación con tan estrambótico hombre. Le saludé intentando parecer lo más agradable posible, y su respuesta fue dejar bruscamente unos papeles sobre la mesa. Era un contrato de admisión para la liga, parecía que ya me estaban esperando. Leí el contenido. Aquel informe transmitía sutilmente como la Liga de Leyendas no era responsable de daños y perjuicios tanto físicos como psicológicos. Esto me hico gracia, a mi parecer resultaba un poco hipócrita por su parte, pero lo dejé estar. Me extrañó que la liga con cubriera el servició de vivienda, por lo que me hice a la idea de que mi costumbre al deambulo no desaparecería tan fácilmente. También pude leer que todos los servicios de centros estaban a completa disposición y que disponía de un sueldo el cual iría escalando acorde a mi rango. Al fin y al cabo, todo eran problemas en el paraíso. Todo este papeleo tenía fama de ser importante, pero, de todos modos, no presté demasiada atención a aquel escrito. Garabateé mi firma lo más rápido que pude, pues las ansias que sentía me impedían ser racional ante aquella situación.

Cuando traspase la puerta metálica que conducía a mi nuevo modus vivendi, mis ojos se deleitaron con un majestuoso paisaje. Era un valle verde y virgen, de estética bastante primigenia. Bandadas de pájaros surcaban el azul cielo sin rumbo fijo, dándole a todo aquel coctel de elementos un toque armonioso. Divisé a lo lejos un edificio imponente. Supuse que sería la famosa Grieta del Invocador, pero no me interesaba ir allí en aquel momento. Consulté un mapa de madera el cual indicaba la localización de los edificios del centro. En el relieve pude localizar la ya mencionada grieta, una biblioteca, una zona de entrenamiento, una piscina pública, una taberna, unos apartamentos de alquiler para campeones, e incluso, una sala de entretenimiento y espectáculos. La verdad, no sabía a donde ir ni que hacer. En aquel preciso instante me di cuenta de algo que con lo que no había contado hasta ahora, no conocía a nadie. Bueno, lo cierto es que sí tenía amigos en la liga como mi hermanastra Katarina o algún colega que servía a Noxus, pero desconocía sus paraderos. Bastante contrariado, decidí que mataría el tiempo hasta el atardecer en la taberna local, necesitaba un trago.

El clima cálido y acogedor de aquel local no se podía comparar al tugurio noxiano al que estaba acostumbrado. Las paredes de madera estaban adornadas con objetos y motivos rústicos, pudiéndose respirar un aire de sosiego en cada esquina del establecimiento. Pude divisar a varios campeones de reojo. El primero al que reconocí fue a Gragas que bebía de su barril de vino mientras contaba a sus compañeros con tono solemne épicas batallas de las que fue protagonista. No pude evitar esbozar una sonrisa. Cuando la puerta se cerró emitiendo un indiscreto estruendo todas las miradas del bar se dirigieron a mi persona, instaurándose un silencio casi sepulcral. Me ruboricé ligeramente y avancé hacia la barra intentando parecer los más pequeño posible. Al ver la barra vacía, me tomé la libertad de sentarme en el taburete del extremo izquierdo. Me acomodé apoyando los antebrazos en la barra.

-Una cerveza, por favor - le dije al tabernero.

En cuanto aquellas palabras salieron de mi boca se rompió aquel tenso ambiente. Las risas y el bullicio volvieron a expandirse exponencialmente sumiendo aquel bar en el aire apacible al que parecía estar acostumbrado. Estuve un rato mirando mi reflejo en la bebida. Reflexionando, creo. Pero la muchedumbre volvió a callar cuando una figura traspasó el umbral de la puerta. Era una mujer encapuchada en una indumentaria de color esmeralda. Portaba piezas de armadura plateadas que cubrían las zonas vitales de su cuerpo. Al llevar la cara medianamente oculta no pude examinar su rostro, y la escasa iluminación no ayudaba. Se dirigió recta a la barra, sentándose en el taburete a mi derecha. Dirigí la mirada a mi bebida. El silencio se rompió nuevamente cuando pidió de beber aguamiel de Freljord.

-Hay más taburetes libres- le dije en un tono ligeramente ladino.

-Lo sé, pero sólo uno al lado de ti.

Aquella respuesta me sorprendió bastante, pero decidí seguir la conversación ya que la voz de aquella mujer me sonaba vagamente familiar.

-¿Te conozco?

-Juzga tú mismo.

Tras pronunciar estas palabras se quitó la capucha, dirigiendo una enigmática mirada hacia mí. Pude observar a una mujer de cabello blanco y ojos marrones. Su tez ligeramente bronceada manifestaba su costumbre al campo de batalla. Permanecí inmóvil unos segundos hasta que por fin me di cuenta de con quién estaba hablando.

-¡Riven! -Exclamé en un tono jubiloso.

-Te ha costado ¿eh?, creía que me tenías más aprecio – dijo burlona.

-Lo siento…ha pasado tiempo desde lo de Jonia y últimamente he andado bastante desorientado…

-Tranquilo, si no fuera ese traje no te hubiera reconocido. ¿Desde cuándo estás en la liga?

-Hoy mismo me he unido, he venido aquí porque no tenía ni idea de que hacer, la verdad.

Esbozó una sonrisa y se bebió de un trago el contenido de su vaso. Cuando finalizó me preguntó:

-Pues, ¿Qué hacemos aquí? Vamos a dar un paseo. Nos tenemos que poner al día.

Salimos de la taberna y empezamos a andar por un sendero cercano. El sol se estaba poniendo, haciendo que el paisaje se tiñera de un ambiente crepuscular. Durante el trayecto hablamos de nuestras vivencias desde que nos separamos debido al problema de Jonia. Lo cierto es que Riven había sido mi mejor amiga desde que empecé a servir al ejercito Noxiano. Es cierto que empleábamos nuestro tiempo en disciplinas diferentes, pero ella era la única persona que me ayudo a lidiar con el desastre de Jonia, pues a ella le afectó tanto como a mí.

-¿Qué te trae a la liga, Talon?

- Bueno… me llegó una petición para participar y pensé que sería buena idea acceder. Además mi situación económica no es muy buena y…ya sabes…

Asintió.

Estuvimos andando un buen rato hasta que llegamos a las puertas del recinto.

-Creo que va siendo hora de que me vaya a casa, mañana debo madrugar.

-Oh, claro ¿damos la vuelta y vamos a los apartamentos?

-No, yo no vivo dentro del centro, el alquiler de esas viviendas es excesivamente caro, solo los campeones de familias adineradas pueden permitírselo. ¿Tú vives ahí?

-¿Eh? No,no,no… Renuncié a mi apellido ¿recuerdas?

-Ah es cierto, me lo has dicho antes, ¡perdón!- dijo llevándose la mano a la cabeza y esbozando una sonrisa de incomodidad.

-Tranquila.

-¿Me acompañas a casa?

-Sí, de todos modos, no tengo nada mejor que hacer.

Recorrimos las calles de la ciudad que rodeaba la Liga de Leyenas. Eran abarrotados barrios de casa pegadas, repletas de comercios y de edificios culturales. Las farolas reflejaban luces doradas que inundaban el entorno en un aire de melancolía. Ya era de noche y se podía ver la luna.

Llegamos hasta una pequeña plaza que rodeaba un majestuoso roble. Me condujo hasta unos apartamentos compuestos por ladrillos que tenían pinta de ser bastante baratos. Allí me hizo subir por unas escaleras hasta llegar a una puerta cuyo número era el diecisiete. Nos quedamos inmóviles delante de esta. El silencio hizo que la situación se sumiera en un ambiente de tensión. Cada uno miraba para un lado diferente. Finalmente, Riven rompió el silencio y me preguntó incómoda:

-¿Quieres entrar a tomar un café…o algo?

-¿Uh? Ah, no. No me gusta el café- respondí esbozando una sonrisa un poco forzada.

-¿Té?

Aquella insistencia me extraño bastante, así que me vi en la obligación de aceptar.

-Está bien. Té.

Entramos en silencio.

Bueno chicos para finalizar me gustaría añadir que a mi parecer esta capítulo no tiene la misma calidad literaria que el anterior, pero espero que os agrade igualmente. Como podéis observar no tengo mucha prisa en cuanto a la trama, pero el siguiente capítulo tratará tan sólo de la relación entre Riven y Talon. Espero que os haya gustado! :D