Bueno chicos soy consciente de que ha pasado bastante tiempo desde que subí el último capítulo y me temo que debo disculparme una vez más por la tardanza. No he podido actualizar antes porque esta semana he tenido un montón de exámenes, y lamento comunicaros que la siguiente pinta igual. Aun así, estoy buscando ratos libres para escribir o para pensar en el desarrollo de la trama, e intentaré hacer todo lo posible por actualizar más a menudo.

Me gustaría añadir que en este capítulo hago alusión a ciertas habilidades de Talon, para evitar confusiones os sugiero que echéis un vistazo a su biografía. Como siempre, si hay alguna falta de ortografía perdonadme. Sin más dilación:

La Grieta del Invocador

El tambor de mi pecho retumbaba sordo e implacable en un bosque compuesto por pilares blancos. En el fondo sabía que debía hacer acopio de valor y enfrentarme a lo que acepté en su momento. Las galerías de la Liga de Leyendas se veían desde otro punto de vista al ser aspirante. ¿Hasta qué punto era ético encerrar a diez personas en una arena para erradicar el tedio de los hombres lánguidos? La violencia había rehusado de su tradicional connotación con la crueldad, y ahora se había convertido en un espectáculo del que disfrutaban individuos aparentemente civilizados. La verdad, no me había planteado nada de eso en un principio, supongo que el ser humano impugna toda nociva repercusión con tal de experimentar algún cambio en su vida. Supongo que yo era el único. Supongo que supongo mal.

Riven me presentó a sus compañeros de uno en uno. Al principio, tan solo pude apreciarlos como sacos de carne y feromonas cuyo único fin era inmolar el tiempo desenfundando una espada. Nunca estuve tan equivocado. Cuando aprecié la iniquidad de mi prejuicio me entristecí ligeramente, pues hubiera preferido que mi mente fuese posada de pensamientos más banales. Aquella gente se portó muy bien conmigo.

- Señoras y señores, este es el famoso Talon- me presentó irónica parodiando una presentación de aire solemne.

- ¿Tanto se habla de mí? – pregunté entre risas forzadas.

- Bastante – aquella palabra resonó por la galería. Noté que estaba cargada de ira. De odio.

Dirigí mi mirada a la procedencia de tan minimalista manifestación. Pude ver a un hombre alto y tonificado. Llevaba el pelo recogido en una coleta y vestía una indumentaria azul de carácter oriental. Portaba una espada curva en la espalda. "Jonia" pensé. Riven le lanzó una mirada de reproche. Después se dio la vuelta sonriéndome, irónica, una vez más.

- En fin, este es Yasuo. Es un poco borde, pero es buena gente.

Me acerqué y le tendí la mano con la esperanza de que la aceptara. Su rostro era la viva imagen del odio. Me miraba desafiante, como si quisiera entablar combate en aquel preciso instante. El hombre vaciló por unos segundos. Recé para que me devolviera el saludo, si no, la situación se volvería de lo más tensa. No era mi plan.

Finalmente el hombre aceptó mi saludo.

-No se le pueden pedir peras al olmo – dije sonriendo con la intención de sacarle la cara a mi nuevo amigo. Él se mostró tan furioso como antes, puede que incluso más.

Me agarró la mano con vasta fuerza, por un instante creía que me iba a partirme los dedos. Cuando transcurrieron los eternos segundos de formalidad social mi mano pudo liberarse de su ahogo.

-Esta es Ashe.

Era una mujer de tez extremadamente blanca, la cual hacía juego con su melena también albina. Sus ojos azules lanzaban una mirada fría pero inteligente. Al igual que yo se escudaba en una capucha. Parecía que fuera la encarnación del propio invierno, pues llevaba a su espalda un insólito arco de hielo.

- Un placer –le dije.

- El placer es todo mío – respondió con una sonrisa de ligera timidez.

Nos quedamos mirándonos a los ojos durante un par de segundos, como si quisiéramos leernos la mente el uno al otro. Riven dio fin la situación.

-Y por último, Leona.

Lo primero que pude observar en ella fue el aura de tranquilidad que desprendía. Era una fémina alta y tonificada. El hecho de que fuera pelirroja y su deslumbrante armadura de oro hacían que pareciese la mismísima portadora del sol. Supuse que era una guerrera de increíble fuerza, ya que cargar con una indumentaria tan pesada requería enorme resistencia. Su mirada alegre y llena de júbilo me desconcertó mucho. Leona era esa de clase de personas que a mi parecer vivían ciegas, ajenas al mundo y a la crueldad que este pregona. Siempre me habían sacado de las personas que exaltaban el carpe diem por encima de todo, pero no porque no coincidiera con mi ideología, sino porque sentía muchísima envidia. En parte quería ser tan ignorante como probablemente lo fuera ella.

-Mucho gusto, Talon – dijo esbozando una sonrisa.

-Mismamente.

Cada vez que cavilaba sobre la posible apariencia de la Grieta del Invocador siempre me venía la imagen de una arena de combate. Mi teoría se vio refutada cuando entre por primera vez a la que sería mi nueva zona de trabajo. La grieta era, a grosso modo, un bosque tétrico separado por tres calzadas en las que transcurrían las batallas. Estas estaban protegidas por inamovibles torres que atacaban a todo infeliz que osara a atravesar su territorio sin tropa alguna. Riven fue explicándome lo que debía hacer en todo momento, ya que una vez fuera de base, los aspirantes podíamos hablar entre nosotros desde cualquier localidad. Una ventaja de lo más pragmática.

Fui enviado a la jungla. Al parecer, para que no muriera demasiado a manos de los campeones. Seguí las indicaciones de mis compañeros, pero esto no pudo abstraerme del nerviosismo que sentía al estar encerrado en un panorama tan grotesco. Se alzaban ante mí arboles decrépitos, los cuales estiraban sus tullidos cuerpos con la esperanza de tocar el grisáceo cielo. Hubiera jurado que, incluso ellos, quería escapar de una morada tan funesta. De vez en cuando, me paraba en distintas ubicaciones para eliminar las criaturas que se hallaban en ellas, pues este era uno de los objetivos principales que debía cumplir al haber sido elegido jungla. Una vez más, suena irónico pero me lamentaba acabar con la vida de esas. Desconocía la razón. Tal vez por su pasividad, ya que no eran como los campeones. Las alimañas que poblaban la jungla no atacaban, tan solo permanecían estáticas hasta que algún campeón pusiera fin a su efímera existencia. Todo ello para volver a aparecer una y otra y otra vez. Sentía lástima, los aspirantes estaban allí por propia voluntad, pero mis pacíficos amigos se hallaban allí por obligación, aunque en ningún momento se pudiesen siquiera plantear el porqué de su estancia. En aquel momento me di cuenta de que los grandes pensadores estaban en lo cierto. La razón trae la libertad y la libertad solo se consigue con la razón, una no tiene sentido sin la otra.

Llevaba un rato deambulando por las estrechas sendas cuando Riven me habló desde la línea más alta de todas, la de Top.

- En cuanto puedas gankeame, Talon.

- Eeehh… ¿qué tengo que hacer?

- Simplemente ven y ayúdame a matar a mi contrincante.

- De acuerdo.

Recorrí el bosque a paso ligero, sorteando troncos caídos y arbustos, pero cuando corría sobre el ancho río que conectaba las calles, alguien me hirió en la pierna. Observé mi extremidad, tenía clavado una especie de aguijón. Sobresaltado me lo arranqué e intenté levantarme lo más rápido que pude. El causante de mi dolor no era otro que Kha'Zix, una cucaracha de forma humanoide siempre sedienta de sangre. Al ver que había recuperado la postura, se hizo invisible soltando una risa malévola. Imité su estrategia y difumine mi figura hasta hacerla indetectable. Me quedé inmóvil, no por miedo, sino porqué quería localizar las pisadas de mi enemigo en el río. Tan solo esperé unos instantes hasta detectar el paso de Kha'zix. Impregné de poder mi hoja y me teletransporté hasta la zona en la que se hallaba. Allí emergí de las sombras haciendo decenas de cuchillas se dirigieran a su posición. La cucaracha lanzó un alarido de dolor y se hizo visible. Después clavé mi potenciado filo, rematando a quién, en un principio, iba a ser mi cazador. En cuanto el cuerpo inerte calló al húmedo terreno se pudo oír la voz de una mujer por toda la grieta "Primera sangre".

- No está mal para un novato, pero sigo esperándote– dijo Riven.

- Lo siento, voy.

No pude correr, la pierna me torturaba. Me costó llegar a los arbustos que se hallaban cerca de la calle de Top. Una vez allí contacté con Riven.

-Ya estoy, avisa.

-Espera que estoy en camino, había ido a base a recuperarme.

-De acuerdo, te espero.

Aproveche esos minutos para examinar la zona. Divise tres montones de matojos al fondo de la calle, la cual estaba poblada por pequeños solados que luchaban para avanzar.

-No veo a nadie – dije.

-Ni yo, espera un poco.

El nivel de tensión al que estaba sometido era enorme, pero intenté mantener la calma. La llaga no ayudaba, desde luego.

De repente noté un movimiento a mi espalda. Me gire velozmente, pero mi posibilidad de reaccionar se vio frustrada por un contundente golpe. El impacto fue tan fuerte que me lazó hasta la callé con brusquedad. De entre las hierbas salió una figura que había visto muchas más veces de las que me hubiera gustado. Darius.

-No sabes las ganas que te tengo, hijo de puta. – gritó, mártir de su cólera.

Me dolían terriblemente las costillas, apenas podía moverme. El hombre, portador de la cólera de los traicioné en un pasado, se dirigió hacia mí. Antes de alcanzarme pegó un enorme salto, blandiendo su hacha con sed de sangre. Levante mi brazo derecho con afán de alargar mi vida aunque fuera solo por unos instantes, aunque, en el fondo, sabía que no iba a salir vivo de ahí, pues la furia de Noxus era siempre implacable. Cerré los ojos y me preparé para el dolor.

El inminente golpe se vio perturbado por un enorme estruendo metálico. Abrí los ojos. Se hallaba ante mi Riven, protegiendo mi damnificado cuerpo con su enorme espada rúnica. Tras el choque la mujer elevó el arma con extrema rapidez y realizó un enorme tajo en la pesada armadura de su oponente. Este respondió arrojando su enorme arma contra ella. El impacto hizo que Riven cayera al suelo arrojando su filo. Darius se quedó observando su cuerpo, parecía muerta. Mientras estaba distraído intente arrastrarme hasta la torre. Lamentablemente, se dio cuenta de mi intención y se dirigió hacia mí, probablemente con la intención de rematarme a golpes.

-Tú no te escapas, cucaracha.

Me detuvo agarrándome del tobillo. Comenzó a golpearme la cara con sus guantes de hierro, y cuando estuvo satisfecho sacó una daga de su cintura. No estaba dispuesto a morir tan rápido. Elevé las manos aplicando toda mi fuerza en la muñeca en la cual portaba su arma. Este la agarro con las dos manos, aplicando aún más presión. El filo estaba cada vez más cerca de mi rostro. En cambio, el suyo estaba decorado con una macabra sonrisa. Ya no aguantaba más, iba a desfallecer en cualquier momento. De repente le gesto de desquiciada felicidad que portada pasó a convertirse en una mueca de dolor. Se desplomó a mi lado, dejando al descubierto un filo que le atravesaba la espalda. Delante de mí estaba Riven, respirando agitadamente. Me ofreció la mano. Me levanté solo.

La Liga de Leyendas era un lugar cruel.