Bueno chicos la verdad es que coincido con vosotros con lo de la encuesta y (Además he de admitir que me siento muy incómodo al escribir lemmon xD) es por eso que he decido seguir con la historia original que tenía pensada. ¡AVISO! Drama incoming, pero tranquilos que la historia va a seguir siendo Talon x Riven :3

La verdad, no sé si este capítulo me ha quedado algo forzado, pero si no os gusta estoy dispuesto a editarlo o a empezarlo de cero. Gracias por vuestra paciencia y participación. Como siempre perdonad faltas de ortografía xD

Cicatrices y nuevas heridas

Cuando padeces insomnio nunca tienes suficiente sueño como para desconectar el cerebro de tu cuerpo y nunca estás suficientemente despierto como para ser consecuente de lo que ocurre a tu alrededor. Las cosas pasan a ser malas réplicas de otras cosas y sientes una terrible impotencia al ver que se distancian de ti. Nada parece de verdad. Las paredes de la realidad se derrumban dejándote expuesto en un mundo hostil y turbulento. Conocía bien esa sensación. Me había acompañado durante mucho tiempo y seguía haciéndolo.

-¡Talon! –gritó.

-¿Eh? ¿Qué? – una vez más, estaba sumido en mis pensamientos. El tazón de cereales estaba muy borroso, se podría decir que casi estaba dormido, casi. Riven había interrumpido mi introspección matutina.

-¿Me estas escuchado?

-No.

Suspiró.

-Te lo explico por el camino.

Las calles de la ciudad estaban decoradas por todo tipo de motivos navideños. Habían colocado cuerdas entre los edificios, y de estas colgaban pequeños farolillos, que, con su luz dorada, empapaban las calles en un ambiente de placidez. Era tan por la mañana que parecía de noche. Ojeábamos los escaparates sin prestar atención en producto alguno, tan solo hacíamos tiempo hasta que abriesen la liga. Guardamos silencio la mayor parte del camino, de hecho, desde aquella noche apenas hablábamos. Ya habían pasado unas semanas desde que había llegado allí y Riven se mostraba cada vez más fría, eso ya era costumbre en mí, por lo que, por primera vez, supe lo que se sentía. Me di cuenta de que había sido un capullo integral.

-Sobre lo de antes… –dijo.

-¿Si?

-Ashe me ha invitado a pasar las Navidades a Freljord.

-¿Así? ¿De gratis?

-Para tu información, somos amigas.

-Buen viaje entonces.

-Ha dicho que puedes venirte conmigo si quieres.

Me sorprendió un poco, la verdad.

-Pero si apenas la conozco… y menos a su familia.

-Yo tampoco, hasta que fui el año pasado. Son gente encantadora, deberías aprender un poco de ellos –irónica.

-¡Ay! – dije llevándome las manos al corazón y fingiendo falso dolor.

-Que melodramático – sarcástica.

-Gracias –con el mismo tono.

-¿Te vienes o no?

-¿Dejar de pasar frío aquí para pasar aún más frío en Freljord? Pues claro que voy contigo.

-Muy ocurrente, estás que te sales.

-Gracias de nuevo.

Suspiró. Su mirada reflejaba un claro hastío.

-Salimos este viernes.

Parecía que todas las conversaciones que tenía con ella eran continuos duelos en los que afilábamos, recelosos, las puntas de nuestras lenguas. No sé porque, pero siempre que concluíamos un diálogo me invadía un sentimiento de derrota.


El paisaje de Freljord era, en cierto modo, muy parecido a la taiga helada que visité en Jonia, solo que la vista que contemplaba en aquel momento era un millón de veces más bella. Podía divisar valles rodeados por todos lados de enromes montañas que, en afán de acariciar la nubes, se elevaban en el cielo hasta ocultar sus cumbres. Proliferaban árboles de todo tipo, la mayoría de ellos eran pinos altísimos, perennes, preparados para soportar el duro invierno, aunque, también se podía encontrar flora caduca, la cual estaba condenada a perder sus hojas en un entorno tan crudo. A menudo divisaba animales, pues ciervos, osos y lobos conformaban la fauna de aquel desalentador paisaje. Era cierto lo que decían, Freljord te quita el aliento por su frío extremo y por su espectacular panorama. Si me preguntaran, diría que aquella región es como la Ninfa de las Nieves que sale en los mitos, bella y cruel por igual.

Mis acompañantes eran de lo más pintorescos, un enorme pájaro de hielo, un hombre que usaba una puerta como escudo, un tipo montado en yeti… lo típico. Aunque debo de admitir que Riven tenía razón, aquella gente fue muy amable conmigo, incluso se interesaron por mi historia. Las risas era frecuentes en nuestra travesía, y el aire de camaradería que se respiraba me alegró bastante. Aun así, yo caminaba siempre detrás del grupo, a mi ritmo, observando en entorno atentamente. Había viajado a Freljord antes, pero siempre eran misiones de encubierto que requerían la máxima eficacia posible, y por tano no podía disfrutar de la salvaje naturaleza que conformaba aquella tierra. Aun así, mis ojos no estaban demasiado concentrado en el paisaje, más bien miraban al frete continuamente. Podía ver a Riven charlar alegremente con Tryndamere, el novio de Ashe. De vez en cuando soltaban una carcajada, seguramente rememorando situaciones pasadas. Lo cierto es que no tenía a nadie con el que hacer eso. En cierto modo tenía envidia.

De repente, Ashe comenzó a disminuir el ritmo hasta llegar a mi posición.

-Falta poco – dijo sonriente.

Asentí.

-¿Has estado en Freljord antes?

-Cuando servía a Noxus vine alguna vez. Este lugar es… maravilloso…

-¿Ya sabes lo que se dice, no? Freljord te quita por su frío extemo y por su esp…

-Espectacular panorama – le interrumpí.

Sonrió.

Mientras caminábamos me explicaba alegre las tradiciones y rituales de su pueblo. Algunas de ellas estaban cargadas de un enorme simbolismo y otras, en cambio, eran propias de una sociedad bárbara. Me gustaba aquel contraste.

-Por lo que me ha dicho Riven…

-¿Riven te habla de mí?

-Bastante – dijo sonriendo vergonzosa, como si me hubiera contado más de lo debido.

-Y… ¿Qué te dice?

-Que eres su paradoja personal.

-Explícate.

-Me ha contado más de una vez que eres una persona muy inteligente, pero que a veces te comportas como un crío.

-Eso me lo ha dicho personalmente, no te extrañes…

Sonrió nuevamente.

Guardamos silencio un rato.

-¿Qué me ibas a preguntar?

-Ah, es verdad… Riven me contado que mientras estabais en Jonia mataste tu solo a un halcón de pluma negra.

-Yo diría que más bien casi me mata él a mí – entre risas.

-¿Es verdad?

-Sí ¿Por?

-Son bastante frecuentes en esta zona ¿Era grande?

-¿Ves a Anivia?

Abrió los ojos como platos.

-¿Tanto?

-Sí.

-¿Cómo sé que no me mientes?

-Me dejó cicatrices.

-¿Puedo verlas? –preguntó curiosa.

Aquella pregunta me chocó considerablemente. Podía o bien sentir simple admiración bélica hacia mi persona o bien… bueno… ya sabéis.

-No sé – respondí- hace frío y…

-Por favor – lo dijo con una mirada de corderito degollado.

-Está bien – suspiré.

Levanté mis ropajes y le mostré la espalda. No pude evitar sentir un escalofrío al notar que acariciaba aquellas marcas con su helada mano. Las recorría como si quisiera dibujarlas.

-No exagerabas…

-Nunca lo hago.

-¿Tienes más?

-Sí.

-¿Dónde?

Me quité por completo la parte de arriba y mostré mi torso desnudo. Sus ojos se dirigieron inmediatamente a la cicatriz de mi pecho.

-Joder…

Hizo lo mismo, recorrió el enorme tramo de arriba abajo unas cuantas veces. Miré hacia delante. Nuestros compañeros se habían convertido un unos diminutos puntos en el horizonte. Me sentía un poco incómodo.

-Esto… ¿Ashe? -Parecía casi hipnotizada.

-Ah, perdona debes estar muriéndote de frío – dijo con una tímida sonrisa.

Aquello había sido muy extraño.

-Riven me contó que prácticamente estabas muerto cuando te encontró.

-Así es – dije poniéndome de nuevo la ropa.

-¿Cómo pudiste aferrarte a la vida?

-No lo sé-mentí- Ni siquiera sabía si estuve vivo o muerto durante ese rato.

-¿Se podría decir que… renaciste?

-Se podría decir que sí.

Aceleramos el ritmo y guardamos silencio.

-¿Sabes?

-¿Qué? – respondí con otra pregunta.

-En nuestro pueblo…

-¿Si?

-La belleza de un hombre se mide por sus cicatrices…

Me quedé en shock. Aquello acababa de cruzar los límites de la admiración bélica, con creces además. El corazón me latía muy deprisa, no sabía que responder…

-¿Qué me quieres decir con eso? – pregunte con voz ronca, en aquel momento agradecí la protección de mi capucha.

-Que aquí no tendrás problemas para flirtear…- dijo entre risas y llevándome la mano al hombro.

No sabía si aquello había sido una insinuación o no. Opté por seguirle el juego.


La gente del pueblo de Avarosa era encantadora. En cuanto llegamos los niños de la aldea nos recibieron llenos de dicha. Muchos de ellos iban a donde Riven y la abrazaban, se notaba que las gentes de aquel pueblo la querían. Otros, en cambio, se dirigían hacia Tryndamere para mostrar las técnicas de combate que habían adquirido con sus espadas de madera. Los más gamberros preferían subirse en el yeti de Nunu y jugar con él. Ashe, por su parte, charlaba con una anciana de pelo muy largo, supuse que debía ser la jefa espiritual del pueblo. Cuando hubo acabado se dirigió a mí. Contemplamos aquella imagen de fraternidad.

-Es bonito ¿Verdad?

-Sí…-respondí.

-Esto es por lo que lucho.

-Te entiendo perfectamente.

Sonrió.

Pude ver cuchichear sobre mí a un trio de señoras.

-No,no,no está muy escuálido no lo va a aguantar –afirmó una.

-Verás que si, según tengo entendido mató a un Pluma Negra el solo- exclamó la del medio.

-Pues claro, esa mirada refleja el sufrimiento de una vida dura, ¡lo sabré yo! – dijo imponente la que parecía mayor de las tres.

Ashe me miró a los ojos un poco melancólica.

-Algunas cosas nunca cambian ¿eh?

-Supongo que no – entre risas – por cierto, ¿a qué se refieren?

-Ah, eso… un ritual de iniciación para aceptarte como parte de nuestra familia. No te preocupes, pan comido para ti.

-Pero, ¿De qué trata? ¿Qué tengo qué hacer?

-Luego te lo explico.

Me mostró el pueblo casa a casa, hasta acabar en la suya.

-Y esta de aquí es mi morada – era una cabaña de madera de dos pisos, pegaba a la perfección con el estilo nórdico del lugar – Riven y los demás ya estarán dentro, ¡vamos!

Una cálida sensación de calor hogareño atravesó mi cuerpo nada más entrar en aquella casa. El suelo estaba lleno de alfombras tejidas a mano y las paredes estaban decoradas por todos lados de trofeos de cacería o decorativos artesanía tradicional. Para ponerle la guinda a un ambiente tan acogedor se podía observar una enorme chimenea pegada a la pared derecha.

-Siéntate donde quieras y come algo – me dijo- estás en tu casa.

Para ser aceptado por la familia que conformaba el pueblo de Avarosa debía pasar las tres pruebas de la realización. Evidentemente, me podía negar, pero no estaba dispuesto a rechazar la oportunidad de ser parte de un pueblo con el que me identificaba tanto. Lo cierto es que Freljord siempre había sido una sociedad matriarcal, y yo no era muy fan de las autoridades, pero merecía la pena con tal de rodearme con aquella gente.

El ritual constaba de tres fases: El cuerpo, el espíritu y la mente.

Ya era de noche y debía dirigirme a las afueras de la ciudad donde todo el mundo estaría esperándome para llevar a cabo la primera prueba, la del cuerpo. En este ritual debía bucear hasta lo más profundo de un lago helado y recoger una espada, demostrando así que pese a pasar por mil penurias seguiría fiel, luchando por el pueblo de Freljord. Trydamere sería el que me daría el visto bueno.

-Suerte- me dijo.

Me arrojé a las heladas aguas. La temperatura era tan baja que al principio se me cortó la respiración. Pero conseguí controlarme y distinguir la espada entre las piedras de aquel lago. Cuando la cogí note que me estaba quedando sin aire y emergí de las aguas lo más rápido que pude. En cuanto salí fui recibido con aplausos y vitoreos, pero el frío que sentía me impedía disfrutar de mi momento de gloria. Además debía llegar al siguiente ritual.

Pude divisar un anillo de fuego enorme dibujado en el suelo. Dentro de este se hallaban la anciana que había visto antes y Ashe. Mis sospechas eran ciertas, aquella señora era la guía espiritual del pueblo.

-Siéntate hijo mío.

Me senté en silencio. Las llamas me devolvieron el calor que tanto anhelaba. En aquella prueba la anciana observaría mi alma con el fin de determinar si era suficiente mente pura como para pertenecer a su familia.

-Quítate los ropajes de arriba – me ordenó.

Aquella mujer también dirigió su mirada a mis marcas, pero no lo sorprendieron en absoluto.

-Bebe esto – me ofreció una infusión amarillenta.

Una vez más, obedecí.

-Ahora, hijo mío, déjame ver tu alma.

-Puso sus manos encima de mi corazón.

Empecé a notar un espasmo, empecé a marearme. Supuse que era la bebida que me había dado. Me derrumbé en el suelo. Todo estaba muy borroso. Comenzó a hablar en una lengua que no entendía. Ashe repetía sus palabras. De repente, apartó sus manos de mí. Sus ojos estaban muy abiertos, ahora parecía que sí que le había sorprendido. Las llamas me empezaban a quemar.

-Veo en ti un alma torturada, mártir de un pasado hostil, que solo encontrará paz bajo el cariño de alguien similar.

Dicho esto cogió un bote de los que Ashe le ofrecía. Dentro de estos había pigmentos de distintos colores, pero ella eligió el negro. Me hizo una marca en la frente y me dijo:

-Tu alma será acogida aquí, pasaremos al siguiente ritual.

Apenas podía andar debido a los efectos de aquel brebaje, Ashe y la anciana me tuvieron que ayudar. Andamos un buen rato hasta llegar a un pequeño estanque. La prueba de la mente. Ashe me metió dentro de las cálidas aguas y me dejó flotar.

-Dicen las leyendas joven Talon – empezó su discurso- que Avarosa, siendo tan solo un bebé, fue encontrada por una buena samaritana. Esta al ver que estaba helada decidió calentarla en las mismas aguas sobre las que flotas ahora mismo. Fue así como, gracias a una alma caritativa, Avarosa pudo soportar el frío invierno.

Hizo una breve pausa.

-Hoy hacemos lo mismo contigo joven Talon, por eso te pregunto ¿estás dispuesto a proteger a Freljor y a su gente a cambio de refugio durante el duro invierno?

-Sí – dije con voz ronca.

-Ahora limpiaré tu frente, para que te muestres a los tuyos tal y como eres, como Talon el Renacido.

Y comenzó a echarme agua lentamente. De vez en cuando me acariciaba el rostro con sus manos, ya no tan frías.

Cuando salí del estanque y baje al pueblo, este me recibió con los brazos abiertos.


Pese a sentir una terrible fatiga no podía dormir, además la ventisca del exterior perturbaba mi sueño. Mientras yacía inerte en la cama pude oír un débil llanto proveniente de otra habitación. Salí al pasillo intentando ser lo más sigiloso posible. Los llanos provenían del cuarto de Ashe y Tryndamere.

Asomé la cabeza. Vi a Ashe sola, llorando al borde de la cama.

-Ashe, ¿estás bien? – le susurré.

Me miró sobresaltada. Las lágrimas en sus ojos indicaban que había estado llorando un buen rato. Pero lo que de verdad me preocupo fue que tenía la mejilla morada. Había recibido un golpe.

-Ah, sí, no te preocupes, vuelve a la cama.

Me senté a su lado.

- ¿Quién te ha hecho eso? Si te pasa algo tan solo dímelo, puedo ayudarte. ¿Por cierto donde esta Tryndamere?

-Ese es el problema.

-¿El qué?

-Él- dijo entre sollozos.

-Pero si sois pareja y…

-No – me interrumpió- nos ennoviamos para unir nuestros pueblos, fue tan solo por beneficio político…

Hizo una breve pausa para contener sus lágrimas. Solo se podía oír el crujir de la madera en la pequeña estufa del cuarto.

-Él me ha hecho esto –me abrazo, buscando mi hombro para llorar.

Estuvimos así un buen rato hasta que se separó un poco.

-Se va todas las noches de furcias con sus amigos y nunca me hace caso cuando estamos a solas. Hoy me he quejado y mira – dijo refiriéndose al golpe.

-Tranquila –intenté calmarla. Fue entonces cuando me di cuenta de que hasta las personas más fuertes de todas pueden derrumbarse por una aflicción sentimental.

Estuve un rato largo a su lado hasta que su angustia pareció calmarse. Se secó las lágrimas sus manos.

-Cuando era más joven soñaba con conocer a alguien que me comprendiera, alguien que manifestara algo de intelectualidad y empatía conmigo en una sociedad llena de bárbaros sedientos de sexo y alcohol.

Volvió a hacer una breve pausa.

-Alguien…como tú, Talon – dijo bajándome la capucha y mirándome directamente a los ojos. Ya no tenía protección alguna.

No sabía que decir. Nos sabía que replicar. No sabía cómo actuar.

Ashe empezó a acercarse más. ¿Qué debía hacer?

Acercó sus labios hasta los míos y, al ver que no opuse resistencia, me besó. Fue un beso largo. Duró hasta que nos quedamos sin respiración. Me miraba ligeramente jadeante. Fue entonces cuando me lo pregunté ¿Qué acababa de hacer? Antes de que pudiera sacar una conclusión me volvió a besar, esta vez llevando su mano a mi cuello. Poco a poco fuimos cayendo en la cama.

-Ashe… tienes novio… todavía podemos parar.

-Él ya no lo es, no pienso tolerarlo más.

Estaba encima de mí. Apoyaba sus piernas y sus antebrazos en la cama. Me miraba serena a unos centímetros de mi cara.

Me besó por tercera vez. No podía seguir con esto, no sé por qué, pero no podía. Me sentía un poco impotente.

Una voz indiscreta interrumpió aquella situación.

-No sé qué decir – exclamo Riven desde el umbral de la puerta. Sus ojos estaban lacrimosos y su voz cargada de un tono ligeramente ronco.

-¡Riven! Riven, escucha puedo explicarlo yo…

-¡Cállate! – me interrumpió furiosa, pude ver la primera lágrima de rabia- tranquila Ashe no le diré nada. Me voy, a tomar el aire.

Dicho esto pegó un portazo y se fue.

-Lo siento no sabía que vosotros dos… -dijo Ashe entre llantos.

-No, no, no tranquila, intenta dormir, voy a buscarla.

Al salir me encaré con una fuerte ventisca. Pude observar su figura andar colina arriba. La gruesa capa de nieve dificultaba mi carrera.

-¡Riven! – grité, aunque me mi voz apenas podía distinguirse debido al estruendo de aquella tormenta de nieve.

-¡No me hables!

-¡Riven espérame! ¡Déjame explicártelo!

-¡No tienes que explicarme nada!

Le había perseguido hasta lo alto de la colina, una vez allí se detuvo. ¿Cómo podía haberse derrumbado todo tan rápido?

-¡No lo entiendes! – le dije - ¡Déjame que te cue…!

-¡No! –se giró, estaba llorando- ¡Aquí el único que no entiendes nada eres tú!

Hizo una pausa. La angustia que sentía en el pecho apenas me dejaba respirar. Intenté decir algo, pero, antes de que pudiera pronunciar palabra, habló ella primero.

-¿No te das cuenta verdad? –dijo entre sollozos – Te he dado cobijo, Talon… Te he dado un fuego al que arrimarte y un plato del que comer… Te he dado un hombro en el que llorar cuando lo necesitabas… Compartí lecho contigo cuando sufrías por tus remordimientos…

Sus palabras no estaban cargadas de ira, sino de decepción.

-Talon… perdí la oportunidad de engendrar a un hijo por ti - dijo refiriéndose al corte que le hizo Du Couteau cuando estábamos en Jonia.

Volvió a hacer otra pausa. Ahora yo comenzaba a llorar, y estaba vez mi capucha no me protegería, ya que el viento me la había tirado para atrás.

-Te salvé la vida ¿recuerdas? Cuando nadie esperaba que fueras a salir vivo yo hice todo lo que estaba en mi mano para salvarte… Y esas cicatrices de las que tanto fardas con la gente… te recuerdo que las cosí yo. ¡Yo! ¡Con mis propias manos! ¿Sabes lo que es ver así a un ser querido?

Una vez más no me dejó hablar.

-¿Para qué pregunto? Pues claro que no lo sabes… solo eres cerdo egoísta que solo se preocupa de sí mismo.

No sabía que decir. Estuvimos callados unos segundos.

-¿Sabes por qué lo hice? ¿Eh? ¿Sabes por qué hice todo eso?

Negué con la cabeza. Mis lágrimas sabían saladas.

-Porque todavía veía un atisbo de esperanza en ti. Pensé, necia de mí, que tras todo lo que habíamos sufrido en Jonia podríamos apoyarnos el uno al otro ahora que estábamos juntos… Pero se ve que me equivocaba… No te importo una mierda…

Por fin reuní suficiente voz como para replicar.

-Tienes razón, he sido un capullo desde que te conocí…-admití.

-No.. tú antes eras diferente… antes de que te pusieras a vivir en la calle eras el hombre más dulce que había conocido jamás. Has cambiado Talon…

- Lo sé. Pero… joder… quiero que sepas que has sido lo mejor que me ha pasado en la vida, Riven.

-No has movido un dedo por mí en tu vida.

-Cuando estuve a punto de morir, me aferré a la vida por ti, quería despedirme de ti como merecías antes de que muriera…

-Entonces tal vez hubiera preferido esas últimas palabras.

Silencio.

-Además, desde aquella noche te has mantenido fría y ya apenas me hablas.

-Si al principio no te hablé fue porque quería saber si mostrabas iniciativa para mantener una relación, pero al ver que no querías estar conmigo simplemente opté por comportarme igual tú. ¡Joder, dormimos una noche entera en la misma cama y no dijiste nada! ¿Qué necesitabas? ¿Otra señal? ¿Necesitabas que me abriera de piernas frente a ti para demostrarte que te quería?

Una vez más, me quedé mudo.

-No me dirijas la palabra.

Y se marchó. Me quedé solo bajo aquella tempestad.

Cuando padeces insomnio sientes una terrible impotencia al ver que las cosas se distancian de ti. Nada parece de verdad. Las paredes de la realidad se derrumban dejándote expuesto en un mundo hostil y turbulento. Conocía bien esa sensación.