13: Recuerdos
Mikan Pov
Estaba pérdida, asustada, rodeada de oscuridad, de silencio y del más profundo miedo. Los recuerdos se reproducían en mi mente una y otra vez, como película barata.
Caí al suelo, las lágrimas rodaban por mis mejillas, una detrás de otra, sentía mi cuerpo temblar y encogerse, tenía miedo, quería huir, quería hacerme pequeña y desaparecer de aquí, pero no podía. Estaba harta, solo deseaba que me dejarán tranquila, olvidar todo.
-¿Lunares? –pregunto Natsume, ¿Por qué estaba en medio del bosque a esta hora? Me gustaría poder cuestionarle, pero el llanto no me permitía gesticular- ¿Qué paso? ¿Te golpeaste? ¿Dónde te duele?
-N…no –sollocé, lo sentí acomodarse a un lado de mí, me removió, sentándome contra un árbol para darme una mirada, buscaba sangre o heridas de algún tipo
-¿Qué te pasa? –cuestiono, preocupado
-Tuve… pesadillas –sollocé mientras aspiraba profundamente, tratando de volver a tener mi compostura de siempre- Y… salí… a caminar, pero me perdí
-¿Lloras porque te perdiste o por tus pesadillas? –Cuestiono con amabilidad, mientras secaba mis mejillas con delicadeza, un suspiro roto escapo de mis labios- ¿Quieres que hablemos? Te escucharé, lo prometo, y no volveré a hablar sobre lo que digamos hoy, si quieres haré como si nada hubiera pasado, pero desahógate, Lunares, no solo te guardes todo.
-Odio el rojo –solloce mientras escondía mi cabeza en su pecho, sus brazos me cubrieron con dulzura, consolándome- tuve mi primera misión a los cinco años –sollozó- tenia… que matar a unas personas, pero deje viva a una mujer embarazada…
-Eso es porque eres buena –susurró Natsume con amabilidad, solloce ante lo que dijo
-Entonces… me obligaron a ir después a su casa- lloré desconsolada- para asesinarla… por no haber hecho bien mi trabajo… deje a… a su hijo huérfano… fue mi culpa
-Hola pequeña –susurró la mujer con una cálida sonrisa, extendiendo su mano hacia mí- ¿Qué haces tan sola mi niña? ¿Te gustaría tomar un helado? ¿Dónde están tus padres?
-Me perdí –mentí, mi rostro se veía atemorizado, pero no por estar perdida, ella sonrió mientras me tomaba la mano con amabilidad, tirándome hacia dentro de la casa
-No te preocupes, tengo unos hijos de tu edad, pueden tomar un helado y calmarse –propuso con una radiante sonrisa- luego iremos a buscar a tus papas ¿Cómo te llamas?
-Mikan –conteste sin dudar, la mujer me sentó en una mesa, un bebé dormitaba en una cuna cercana al lugar. "Mátalo" susurró una voz desde el auricular invisible que tenía puesto "Mátala ahora o tu morirás. Decide"
La mujer no me había hecho nada, solo me ofreció helado y consuelo a una niña solitaria, tenía un bebé pequeño, un hijo correteaba en el piso de arriba. Pero era ella o yo, esta era mi misión, Ella día vivir, tenía una familia, pero yo…
Yo realmente no deseaba morir.
La mate, la sangre roja tiño el suelo como si fuera agua carmesí, el bebé comenzó a llorar desconsoladamente, lloraría solo el resto de su vida. Yo Salí corriendo de la casa, mis pies manchados de sangre, me sentía asqueada. Y lloré
-E…era ella… o yo –solloce ante el recuerdo
-Era una misión –me consoló nuevamente, parecía Hikari, tratando de buscar un motivo mayor por el cual yo había hecho lo que hice. La realidad era que había sido tan cobarde que había asesinado con tal de vivir.
-Y… -comencé, no sé porque quería comentarle sobre esto, mi peor sueño, mi más grande pesadilla, mi más temido recuerdo- cuando tenía siete… me violaron
-¿Qué? –la pregunta salió con asco y odio de su voz, más lagrimas cayeron por mis mejillas, me sentía sucia, manchada, rota, destruida. Como una muñeca, vacía en el interior, rota por fuera.
Estaba tocando el piano, aquella misión sería fácil, solo debía entretener al público, los demás se encargarían de sacar información a los invitados. Sonreí mientras deslizaba mis dedos por las teclas, la melodía salía hermosa, como si fuese mágica.
-Pequeña –me llamo un hombre de mirada oscura y ojos rojizos, una sonrisa malvada salió de sus labios- gracias por tocar en mi fiesta, lo haces muy bien ¿te gustaría descansar un momento y tomar algo?
-¡Si! –grite, emocionada mientras dejaba el piano de lado, moría por comer algo de los que esos invitados llevaban de un lado para otro, el hombre extendió su mano hacia mí, yo la tome con la más pura ingenuidad.
Me llevo por un pasillo, no pregunte nada a pesar de que veía como menos y menos personas se hacían aparecer, quizás me llevaba a las cocinas. Me hizo entrar en una habitación, dijo que ahí estaba mi comida, yo tenía hambre, en la AAO no comía. El entro detrás de mí, cerró la puerta con pestillo, y el infierno comenzó. El dolor invadió mi cuerpo, el pánico y la angustia, el asco; me sentía sucia, como si fuera mi culpa ¿Cómo pude ser tan estúpida? ¿Cómo?
Él se levantó, parecía divertido mientras me miraba, abrochándose la camisa, yo estaba llena de odio y dolor. Ese hombre se estaba divirtiendo, no pude contenerme, saque el cuchillo que siempre llevaba conmigo y lo asesine. La sangre de ese ser repulsivo cayó sobre mi vestido desgarrado, sobre mi cuerpo, sobre mi rostro, un charco carmesí me tiño con su sangre. Con su repulsiva sangre.
-¡Mikan! –grito Emma entrando a la habitación, el cuerpo del hombre descansaba muerto, yo lloraba hecha un ovillo, se acercó y me abrazo- perdóname pequeña, no me di cuenta cuando desapareciste, si hubiera llegado antes…
-Quiero morir- rogué, el abrazo de Natsume se acentuó a mi alrededor, apoyándome- quiero morir.
-No, no vas a morir –susurró con seguridad, sentándome sobre su regazo- no morirás, no permitiré que pase, superaras todo esto, pequeña
-No, no lo haré, no puedo, cada vez que pienso que estoy mejor… vuelvo al inicio
-Te necesitamos, Lunares, muchas personas te necesitan –me informo mientras me acariciaba el cabello una y otra vez- así que ya no llores
-Mate a tant… tantos –susurré, el dolor mientras recordaba cada rostro, los niños pequeños, los ancianos, los hombres y las mujeres. Ellos también tenían personas a las que les importaban y yo las había asesinado sin más
-No fue tu culpa –repitió él una y otra vez, abrazándome con fuerza, queriendo unir las partes destruidas de mí ya roto yo- Y… lo siento
Me sorprendí por sus palabras, aunque las lagrimas no se detuvieron y sabia que no lo harían con facilidad
-¿De qu…que te disculpas? –solloce, aún intentando controlar mi respiración o mis temblores, el me acaricio la mejilla con una sonrisa vaga
-No sé cómo consolarte –me confesó con la mirada baja- me encantaría saber que puedo decir para que dejarás de llorar, Mikan, pero no sé cómo calmar a las personas, no sirvo para esto. Así que lamento que te hayas tenido que encontrar con alguien como yo y no con una persona que pueda entenderte mejor
-Eres un idiota –sonreí vagamente, volviendo a resguardar mi cabeza en su pecho, sus manos me acariciaron la espalda con suavidad, solo eso era suficiente para que mi corazón comenzara a relajarse, parecía ahuyentar todos los malos recuerdos.
Natsume Pov
Lo odiaba, aunque no sabía a quién ¿a quién odiaba? ¿A la organización, por convertir a una persona maravillosa como ella en una asesina y ladrona, en un sicario? ¿O a los hombres que, siendo ella una niña, le robaron la poca inocencia que aún le quedaba? ¿Odiaba las órdenes que había recibido? ¿Me odiaba a mí por no estar ahí y ayudarla? ¿U odiaba todo eso?
La abrace, en algún punto, mientras lloraba y rogaba por morir, se había quedado dormida. No podía creer que la hubiera encontrado llorando mientras daba mi paseo por el bosque, tampoco podía creer que ella se hubiera roto de esa forma frente a mí, su sonrisa había desaparecido por completo. Y lo odie, deteste no ver su alegría.
Me levante con cuidado, sosteniendo su cuerpo, la cabeza de ella cayó en mi cuello, su respiración lenta y tibia me erizaba la piel, era sorpresivamente delgada, casi no pesaba nada entre mis brazos, recién ahora me di cuenta de que tenía un pijama de lunares, no pude evitar reír ante eso
-Te voy a cuidar- susurre mientras besaba delicadamente su hombro, la parte más cercana a mí, su piel era sorpresivamente suave y cálida. Era hermosa.
Mi corazón latió rápidamente al sentir su proximidad ¿Qué estaba pasando conmigo? Últimamente me comportaba como un estúpido cuando estaba cerca de ella. Cerré los ojos, disfrutando su dulce aroma de mandarinas, y me encamine hacia su departamento, bueno, el departamento de Emma, tenían la costumbre de dormir todos ahí
-Natsume –susurró la voz de la chica, su aliento golpeo mi cuello, agache mi cabeza para verla, seguía durmiendo. ¿Estaba soñando conmigo?
Sentí que la sangre se me calentaba y mi corazón comenzaba volar de solo pensar que la chica castaña pudiera estar soñado conmigo. Sería increíble.
-¿Mikan? –Susurró Hikari, rascándose el ojo cuando abrió la puerta- ¿Cómo es que salió sin que nos diéramos cuenta? Ya es muy tarde ¿Dónde estaba?
-Estaba en el bosque –susurré, mientras el chico de cabello rosa me dejaba entrar, vi que Emma, Syo y Tony dormían a pierna suelta en una enorme cama, la chica abrazaba un peluche, se veía tierna cuando dormía. Hikari se tiro sobre un colchón improvisado
-Esa es su cama –murmuro adormilado, señalando otro colchón improvisado de un costado- ¿ella estaba bien? ¿Por qué fue al bosque?
-Solo tuvo pesadillas –conteste mientras la recostaba en la cama, quitándole los zapatos y las medias con cuidado, él bostezo
-¿Te contó algo? Suele ser boca suelta cuando está deprimida –explico, removiéndose y abrazando su almohada, yo asentí- ¿No te importa?
-¿Cómo? –pregunte, sorprendido
-¿Aún la sigues amando? –cuestiono
-¿Amando? –pregunte sorprendido, mientras tapa a la chica que se removió, acomodando su cabello para que no le molestará
-Olvídalo, me lo acabas de confirmar –susurró- me alegro de que Mikan encuentre alguien que la ame a pesar de todo. Cierra la puerta cuando te vayas –me pidió, más dormido que despierto
Fruncí el ceño mientras la dejaba y me paraba, no entendía que era lo que hablaba ¿Yo amando a Mikan? Por favor… solo… solo ¿la apreciaba? No, era más, suspire, el sueño debería estarme afectando, lo mejor era ir a descansar y olvidar todo por hoy.
"Me alegro de que Mikan encuentre alguien que la ame a pesar de todo", cerré mis ojos, a mí no me importaba el pasado de Lunares, eran cosas que pasaron porque ella no pudo evitarlo, sabía que se sentía hacer cosas por obligación. La comprendía, y no me importaba en lo más mínimo, todo lo contrario, solo estaba aún más seguro de que la protegería de todo mal
