14: Estudios
Natsume Pov
Observe la ventana de la biblioteca, se estaba haciendo tarde y Mikan no llegaba para las clases ¿habría pasado algo? ¿Y si quizás después de lo de anoche…? Negué con la cabeza, no quería recordar lo sucedido anoche, solo de rememorar que un tipo asqueroso había podido violar a un ser tan delicado y pequeño como era Mikan… ¡Y no solo eso! Una pequeña y hermosa Mikan de siete años. Sentía repulsión, la bilis se me subía por la garganta, deseaba asesinar con mis propias manos a esa persona. Pero ella lo había hecho antes.
-Perdón –susurró Mikan mientras entraba a la biblioteca- llego tarde
-Está bien –le conteste con una sonrisa tranquilizadora- ¿Comenzamos con francés?
-Sí –contesto en francés tomando asiento enfrente mío- Quería pedirte algo
-¿Qué? –pregunte
-Sobre lo de anoche… -comenzó ella, bajando la cabeza- me gustaría si no se lo dijeras a nadie, y si lo olvidas, por favor
-No –susurré con seguridad- No diré nada a nadie, pero tampoco lo voy a olvidar.
-¿Eh? ¡Pero Natsume…!
-Te quiero ayudar –le interrumpí- ¿Cómo se dice que quiero que nos llevemos bien en Francés?
-Quiero que nos llevemos bien –me contesto ella, un leve sonrojo en sus mejillas- ¿a qué te refieres con eso?
-Bien, no tengo ni idea de cómo explicarlo en Francés, así que volvamos al japonés –sonreí apenado, ella rio mientras asentía, me encantaba verla sonreír- me refiero a que desde hace tiempo me caes bien, Lunares…
-Mikan –me corrigió
-Lunares –le refute- eres una persona bastante agradable, y me llevo mejor contigo desde que estamos con estas cuatro horas libres, hace casi un mes, siento que podemos llegar a ser amigos. No, quiero serlo –le explique con sinceridad- quizás no los mejores del mundo
-Entiendo –sonrió ella amablemente- ¿No tiene nada que ver con que ayer me encontraste llorando en medio de un bosque?
-Para nada –conteste con seriedad- por cierto ¿Qué comes? Eres increíblemente delgada ¡Deberías alimentarte mejor! –le regañe, ella rio ante eso, sus ojos volvieron a brillar
-Gracias –susurró en francés
-De nada –conteste en el mismo idioma
-¿Quieres que… hablemos de lo de anoche? –cuestiono, sonrojada
-Solo si es en francés y tú me dejas, prometo no preguntarte si no quieres –le propuse
-Solo por esta vez, puedes preguntarme –respondió
-Es… ¿Es por eso que ya no tocas el piano? –Le cuestione
-El piano y el rojo me traen malos recuerdos –confirmo ella con un asentimiento- desde esa época solo he tocado el piano unas contables veces. Desearía no volver a hacerlo
-¿Y te gusta? ¿El piano? –le pregunte, ella me miro sorprendida por la pregunta, una sonrisa triste en sus labios. Odiaba esa sonrisa
-Me encantaba –confesó
-¿Tocarías el piano algún día para mí? –le pedí sin fijarme que era japonés, al instante me sentí como un estúpido, la chica respiro profundo, ¿Cómo le había preguntado semejante estupidez? Ahora mismo quería golpearme fuertemente, genial Natsume, eres un imbécil
-Sí –el susurro casi no llega a mis oídos. Había dicho que sí. Ella dijo que…
-¿Enserio? –pregunte, sorprendido
-Sí –contesto con más firmeza- solo si apruebas con diez cada materia –propuso
-Acepto –dije al instante, una sonrisa saliendo de mis labios, con ella era todo tan natural…
Y ahora tenía un motivo por el cual hacer los exámenes, por el cual esforzarme haciéndolos y aún más: tenía un motivo por el cual sacarme diez en cada materia. Sería el mejor sin duda.
Continuamos hablando durante un largo rato, sobre cosas triviales, estaba seguro de que en toda mi vida jamás hable tanto como con ella, ni siquiera con Ruka, incluso soltaba risas que no esperaba que me salieran, la calidez parecía instalarse en mí, como si el sol me golpeara constantemente, cuando estaba cerca de ella. Era ridículo
Luego sacamos los libros de historia y matemáticas, me encantaba verla morder la punta del lápiz, fruncir la nariz, levantar la ceja mientras leía algo que no comprendía, morderse la mejilla por el interior buscando la respuesta…
Era hermosa.
-Bien, tiempo –sonrió mientras me veía- se cumplieron las cuatro horas
¿Tan rápido? Me queje en mi mente, pero solo asentí con indiferencia, ella comenzó a guardar sus útiles en la mochila
-Gracias, Natsume –susurró mientras se colgaba la mochila al hombro- por lo de anoche y… lo de hoy. Por ayudarme a estudiar y todo eso –confeso, bajando la vista, quise abrazarla, protegerla, no dejarla ir, quisiera…
-De nada, ya te dije que no era necesario –le susurré, regalándole una leve sonrisa que no sabía dónde salió- ¿Vas a ir a cenar? –le cuestione
-La comida de la confitería no me gusta –confeso, frunciendo la nariz- así que supongo que no… Emma generalmente cocina, pero ahora está ocupada, Syo la invito a no sé qué –explico, encogiéndose de hombros con una sonrisa
-¿Y no sabes cocinar? Los departamentos tienen cocina –le dije como si fuera obvio
-Sí, pero créeme, no quieren que cocine –se rio sin poder evitarlo- lo intente una vez y queme la cocina
-¿Enserio? –Pregunte, sorprendido y con diversión- ¿Quieres que te invite a cenar? Podemos hacer hamburguesas
No supe porque la invite. No era algo que hubiera planeado, me salió antes de razonar.
-¡Claro que sí! –Exclamo ella, emocionada, una sonrisa pintada en su rostro- ¿Podemos ver una película mientras cenamos? –consulto
-Que no sea cursi –pedí, ella asintió exaltada y me levante, tomando mis libros
-¿Quieres ver algo animado? –pregunto ella
-Demasiado infantil –le refute mientras nos encaminábamos a mi habitación
-¿Alguna de comedia?
-Que no sea ridícula –le advertí, ella asintió con emoción.
Llegamos a mi habitación, la deje entrar y le mostré la sala, aunque ella sabía dónde quedaba, era la misma habitación que la suya después de todo o la de Emma, le dije que fuera poniendo la peli mientras ponía a hacerse las Hamburguesas, ella comenzó a revisar los CD que tenía, preguntándome sobre algunos, se decidió por una animada de Disney, se lo permití porque me sorprendió que jamás la hubiera visto, realmente no había tenido infancia.
Me acerque con las hamburguesas, la deje sobre la mesita ratonera y nos sentamos en el suelo, puse en el centro unas palomitas fritas y una jarra con jugo junto con dos vasos, además de unas cuantas servilletas.
Jamás me reí tanto, la película ridícula de Disney que siempre me había parecido aburrida y sin sentido ahora me resultaba increíblemente brillante, con una nueva luz, comimos, me resulto divertido ver como masticaba la hamburguesa como si fuera la última comida de su vida pero con delicadeza de una reina, después de ver esa pusimos otra, y otra…
Hasta que se quedó dormida sobre mi sillón, abrazando una de las almohadas negras que había, pensé en despertarla, en llevarla a la habitación de Emma o en la suya. Luego me pareció mejor dejarla donde estaba, la levante en brazos y la lleve hasta mi cama, le quite los zapatos y la tape con la colcha para luego apagar las luces, me saque una de las mantas y me fui al sillón.
Mi corazón latía cada vez que pensaba que la castaña dormía a unos metros, a una habitación de diferencia de la mía, me encantaría poder ir y verla dormir, pero si llegaba a despertar y me veía, no sabría cómo explicarle que estaba haciendo
Me removí en el sillón y me tape, acomodando mi cabeza en la almohada y cerrando los ojos, solo esperaba caer pronto en el sueño de Morfeo.
