19: El festival cultural

Natsume Pov

¿Cómo se atrevía maldito hijo de…? Un gruñido salió desde lo más profundo de mi pecho. No entendía nada de lo que había sucedido aquel día, ni aquella semana, comenzando conque a Mikan y sus amigos se les había ocurrido la maravillosa idea de ayudar a habilidades especiales en un juego para el festival cultural, y aunque yo había dicho que no apoyaría en lo más mínimo el proyecto me la pase ahí para ayudar y vigilar a cierta castaña que se lastimaba solo para respirar.

El juego constaba en un RPG de Aladino, bastante bien creado, para ser sincero. Lo que me molestaba y odiaba de todo esto es que ella era un premio que podía ser ganado, y peor aún: que un imbécil lo consiguió. Así que ahora me encontraba siguiendo al chico, a ese tan "Kaito" a unos cuantos metros de distancia, siendo vigilado por Ruka, quien evitaba que prendiera fuego el lugar

¡ESE CHICO LA TENIA POR UNA CADENA DESDE LAS MANOS, COMO SI FUESE REALMENTE SU MASCOTA!

Ash. Lo odiaba.

-Tengo hambre –se quejó Mikan inflando sus mejillas, el chico rubio la vio de reojo y sonrió vagamente

-Quería ir a la casa del terror antes ¿Qué dices? –cuestiono con frialdad, claro, no es como si realmente fuera a tomar en cuenta la opinión de la castaña, y lo que era peor ¡él quería entrar para…! Maldición

-Tranquilo Natsume –susurró Ruka tomándome del codo- contrólate.

-No me gustan mucho esas cosas –comentó Mikan con timidez- preferiría hacer… otras cosas, realmente me asusta eso

-¿Te asusta? Mejor así, vamos –le pidió tironeando de la cadena

¿Cómo mierda se atrevía?

-Sh, contrólate –me pidió Ruka nuevamente, aunque el mismo se veía bastante molesto y con los puños cerrados

-Hm –murmure con la más cantidad de frialdad que poseía. Odiaba esta situación

Observe como se acercaban hacia la casa del terror, compraban las entradas y hacían la fila. No pude evitar gruñir mientras veía como intentaba coquetearle, aunque ella se veía más preocupada por entrar a esa horrible casa

-¿Natsume, Ruka? –Me pregunto Syo viéndome- Que sorpresa ¿Quieres entrar a la casa del terror?

-¿Eh? ¿Estas ayudando aquí? –pregunto Ruka sorprendido

-Pues sí –confeso encogiéndose de hombros- Emma quería estar en la casa del terror y no quería dejarla sola, por cierto ¿Quién es el imbécil que lleva a Mikan por una cadena? Si Emma ve eso lo matará –explico mientras se cruzaba de brazos- yo mismo estuve tentado de asesinarlo.

-No te preocupes, es justo lo que intento evitar- susurró Ruka mientras ponía los ojos en blanco

-¿A qué te refieres? –cuestiono Syo con el ceño fruncido

-nada serio –comente, interrumpiéndolo- ¿Podemos entrar en el mismo grupo sin que ellos sepan?

-Más vale –comento encogiéndose de hombros- solo entren por la puerta de empleados y sigan derecho

-Gracias –murmure mientras tironeaba de Ruka, él puso los ojos en blanco antes de seguirme hacía el interior, cruzamos por varios pasillos y nos detuvimos justo cuando comenzamos a oír las voces.

-Vamos, apresúrate pequeña- le ordeno el tal Kaito tirando de las esposas- ¿O quieres que te deje aquí?

-¿Eh? ¡No! –exclamo ella mientras corría detrás de él

Lo odiaba. Juro que lo mataría.

Nos integramos al grupo, y comenzamos a caminar detrás de ellos, cada tanto Mikan se giraba hacia los costados, pero no podía mirar hacia atrás, escalofríos recorrían su espalda ¿realmente el tipo no se daba cuenta de que ella estaba aterrorizada? Era un completo imbécil.

-¡Conejito! –grito de repente Ruka cuando su conejo blanco salto de los brazos, porque si, por supuesto, él siempre tenía un conejo blanco en brazos

-¿Qué? –pregunto Mikan sorprendida girándose para vernos- ¿Ruka, Natsume?

-¡Conejito! ¡Perdón Natsume! –se disculpó Ruka antes de salir corriendo, no me preocupe, el sabría cómo irse de allí.

-¿Natsume Hyuuga? –Cuestiono Kaito con el ceño fruncido- ¿Qué haces?

-Lo siento, pero no puedo permitir que trates a Mikan así –comente con frialdad, al carajo lo de mantener la compostura, no tenía por qué hacerlo si Ruka no estaba por ahí. La castaña me vio sorprendida, con ojos abiertos de par en par, moví mi mano y en dos segundos las esposas (de cuerda) se encontraban renunciadas a cenizas mientras que el chico se prendía en llamas.

-¡¿Qué haces?! –Grito, mientras realizaba un ridículo baile tratando de apagar el fuego- ¡¿Qué crees que haces?! ¡Apaga esto!

Bueno, debo decir que quizás en ese momento me excedí. El fuego se transmitió a las cortinas de la casa y, de repente, todo estaba entre llamas.

-Natsume –susurró Mikan con miedo, viéndome

-Ven –le pedí tomándola de la mano y caminando con ella, pocos minutos demoré para entrar a una habitación y me senté contra la pared estaba completamente perdido y no sabia como salir de allí sin terminar prendiendo fuego todo de la rabia que aun sostenía.

-Perdidos ¿verdad? –pregunto ella sentándose a mi lado

-Totalmente –bufé mientras fruncía el ceño con molestia

-¿Está todo bien, Natsume?

-Hm –susurre poniendo los ojos en blanco- ¿Estás bien?

-Sí, sí, yo estoy bien –comento encogiéndome de hombros- solo soy asustadiza

-¿Cómo se te ocurre ofrecerte como premio? –Le cuestione con seriedad- ¿Acaso no tienes dignidad o que te pasa? ¿¡Ofrecerte como esclava?!

-Bueno, esa era la idea del juego –susurró ella inflando sus mejillas- además, no pasó nada tan grave

-¡Estabas atada! –Exclame como si fuera obvio- ¡Y te andaba tratando mal! Además, es repugnante ¿no viste como te trata? ¡Intentaba conquistarte!

-¿Conquistarme? –Cuestiono, con un total rostro de sorpresa en su rostro ¿realmente no se había dado cuenta?- ¿Quién trataba de conquistarme? ¿Qué es conquistar?

-Significa que… él… -comencé, con el ceño fruncido- Dios, olvídalo, solo no dejes que ningún chico te vuelva a tratar así ¿entiendes? –pregunte con seriedad viéndola a los ojos

-Entiendo… ¿pero porque? –pregunto ella inflando las mejillas

-Porque eres mía –le conteste con total sequedad, la pequeña se sonrojo a más no poder, totalmente avergonzada e incluso bajo la mirada para clavarla en sus manos

-¿Q…que? –pregunto, sorprendida y con la voz temblorosa

-Cállate y siéntate –le ordene mientras me cruzaba de brazos, no pensaba repetir algo que salió por error- apresúrate y duérmete o haz algo hasta que vengan a buscarnos

-Hasta que vengan a buscarnos –susurró ella sentándose a mi lado- s…sí

Y la muy idiota de cabello castaño, se durmió realmente sobre mi hombro. Me demore solo unos minutos en calmar mi corazón que había rebalsado en drama, odio y celos, ahora estaba cargado de tambores y mariposas, malditas emociones.

¿Cómo, realmente, se había atrevido a tratarla así?

-¡Al fin los encuentro! –Exclamo Emma entrando en la habitación- Mikan ¿estás bien? ¡Mikan!

-estoy bien –se quejó mientras se removía a mi lado- No grites Emma

-Gracias por… cuidarla –susurró Emma sin siquiera verme a los ojos, bueno, el simple hecho de que no me quisiera matar era un avance para nosotros. Ahora hasta me agradecía por cuidar a la castaña, aunque yo había iniciado el fuego- vamos niña, tenemos que ir a comer algo, llevas cuatro horas aquí

¿Cuatro horas?

-¡Natsume, lo siento! –Grito Ruka pareciendo detrás de Emma- no esperaba que nada pasara, es que el conejo y…

-Está bien, tranquilo –lo calme levantándome del suelo, sentía mis piernas dormidas y mi hombro cosquilloso- Vamos a comer algo ¿Y Youi?

-está afuera, esperando, no deje que entrara- susurró Ruka mientras salíamos de la casa, Mikan me observo por un momento, una sonrisa escapo de sus labios totalmente tierna y luego se fue con sus amigos. Maldita niña, me volvía loco

-¿prendiste fuego un lugar, Kuro Neko? –Cuestiono persona apareciendo frente a mí, a pesar de que Ruka estaba a mi lado- ¿Quieres ser castigado severamente, acaso?

-Déjame en paz, luego hablaremos –susurre con el ceño fruncido mientras salía del lugar seguido del rubio, no estaba de humor para soportar las estupideces de ese hombre. Ni de nadie, en realidad

-Así que… ¿el primer ataque de celos? –cuestiono mi amigo

-Realmente esto te divierte ¿no? –le pregunte con sarcasmo, el rubio se encogió de hombros, divertido: le encantaba, no le divertía- Maldito bastardo –susurré con una vaga sonrisa

Y es que hasta para mí era ridículo.