20: ¿Y ahora qué?
Mikan POV
Era un trabajo fácil.
Íbamos a entrar a la agencia, robar la información, acabar con quienes estuviesen allí antes de que pudiesen abrir la boca y salir ilesos. Era un trabajo demasiado sencillo, casi de principiante. Aún más si teníamos en cuenta que nosotros íbamos y que nadie, nadie, conoce más la agencia por el interior y exterior que nosotros.
-¿Preparados? –pregunto Hikari entrando en la habitación, llevamos los disfraces de siempre, caracterizados por distintas máscaras para ocultar nuestra verdadera identidad (Yo era una tigresa, Emma un búho, Tony tenía una máscara veneciana, Syo sostenía una máscara de rostro completo de un único color e Hikari tenía la máscara con forma de un lobo)
-Asi es –confirmo Emma, terminando de arreglarse
-Muy bien, ahora todos presten atención –hablo Rei mientras ingresaba al salón con un paso relajado, al instante nos giramos para obsérvalo- Tengo un anuncio que hacer y solo tengo un minuto
-¿Por qué? –consulto Syo con curiosidad
-¿Tienes prisa? –pregunto Tony, frunciendo el ceño hacía él
- No, me refería a sus períodos de atención relativamente cortos –informo Rei con seriedad, mientras nos miraba- además de que no tenemos tiempo, Sí. ¿Recuerdan su misión?
-Si señor- dijimos todos al mismo tiempo, observándolo
-Perfecto. Solo una última cosa… regresen con vida… de preferencia. –pidió, encogiéndose de hombros con indiferencia- el hospital va a estar abierto para atender sus heridas, aunque sean superficiales y mañana no tienen la obligación de asistir a clases –nos informo
-Bien –suspiro Hikari- al menos un beneficio después de todo
Suspire mientras terminaba de acomodarme la mascara, no podía negar que sentía una fuerte presión en mi pecho, parecía opacar todos los otros sentidos. Volvería al lugar que durante años había sido mi cárcel, mi condena en vida, si algo salía mal y volvía a quedarme encerrada entre cuatro paredes ¿habría alguien capaz de rescatarme como la última vez? Aunque, conociendo todo lo que ahora sé, antes de volver a estar encerrada, era capaz de matarme…
¿Era capaz de matarme?
Natsume POV
¿Dónde estaba esa idiota? Hacía más de cuatro horas que su misión había empezado, hacia una que debería haber terminado, era el tiempo límite. Entonces… ¿Quizás le había pasado algo?
Bufé mientras me pasa una mano por el cabello, nervioso. Me sentía un idiota sentado sobre el árbol más alto de la escuela para vigilar el portón de entrada y aún más cuando sentía como mi corazón se aceleraba ante cada auto negro que veía pasar por delante aunque ninguno llevaba a esa chiquilla dentro de él, me sentía como el más grande estúpido que piso esta tierra ¿cómo podía ponerme así solo porque no la veía por un poco tiempo? Desde que la conocía ya no tenía control sobre mí, ni sobre mi cuerpo, ni mis sentimientos.
-Nosotros llevaremos a Emma al hospital –escuche una voz masculina, pestañee saliendo de mis pensamientos y me fije en cinco chicos parados en la entrada del colegio. La castaña estaba entre ellos, sacándose la máscara del rostro, parecía estar bien.
-Sí, mejor vayan –susurró la castaña, acomodando sus cabellos- ella tiene que tener una revisión por la herida y ustedes deberían ir por si las dudas
-¿No quieres ir, Mikan? –cuestiono Tony, acercándose a la chica
-No –negó ella con rapidez- me asquean esos lugares. Prefiero ir a dormir
-¿Segura? ¿Quieres que te acompañe? –pregunto Hikari al instante, fruncí el ceño vagamente ante ello ¿cómo se atrevía a proponer eso? ¿no veía que para estaba yo?
No… claro, el no me veía. Esa era la idea cuando me subi al árbol.
-¿Con esa herida en el brazo? Se te puede infectar, Hiki –le dijo Mikan con tranquilidad, negando lentamente- no te preocupes, las habitaciones están solo a unos pocos metros y puedo llegar solita. Ustedes pídanle al auto que los alcance al hospital antes de que sea tarde
-Bien –suspiro Syo, tomando a Emma con suavidad para subirla al auto nuevamente- pero ten cuidado en el camino ¿entendido, Mikan?
-Si papá, no te preocupes- sonrió ella, despidiéndolo tranquilamente con la mano mientras el carro se alejaba. Observe como soltaba un suspiro de los labios, su sonrisa flaqueo y con un respiro tomo asiento en el suelo, soltando un vago quejido que con esfuerzo llegó a mis oídos
-Lunares –susurré, sintiendo la presión ejercer sobre mi pecho, antes de darme cuenta que estaba haciendo baje del árbol y me acerque a ella sin dudarlo, la chica levanto la cabeza con rapidez al ver mis botas negras. ¿Cómo se veía tan hermosa aun después de una misión? Despeinada, desarreglada y con ropa tan negra como la noche…
-Natsume –susurró, pestañeando para concentrar su vista, una pequeña sonrisa escapo de sus labios rojos ¿cómo podía ser tan hermosa?
-¿Qué tienes, lunares? –consulté, escaneandola con la mirada, sin embargo no encontré nada a simple vista. La chica negó vagamente con la cabeza antes de levantarse, un quejido salio de sus labios por el esfuerzo- No me digas que nada, se ve que te duele –murmure, frunciendo el ceño- ¿Qué tienes?
-No es algo de lo que debemos preocuparnos –explico, encogiéndose de hombros. Un suspiro de exasperación salio de mis labios ¿cómo se atrevía a tratar de engañarme? Yo no era idiota y ella no era buena mintiendo.
-¿Entonces puedes caminar sola hasta tu habitación? –la reté, los ojos avellana de la chica brillaron
-Por supuesto –confirmó mientras se encaminaba hacia los departamentos de estrella especial, obviamente le dolía, lo suponía por su forma de caminar y que se mordía el labio por cada paso que daba, me pase una mano por el rostro con exasperación pensando mis posibilidades…
¿La dejaba ir sola o la llevaba?
-Subete –murmure, agachándome delante de ella para ofrecerle mi espalda, la chica se freno justo antes de chocar contra mi
-¿Qué?
-No lo volveré a repetir Lunares. Solo hazlo o te llevaré al hospital, elige –dije con indiferencia, encogiéndome de hombros, la observe dudar por el rabillo de mi ojo durante unos segundos antes de aceptar que la llevase, subiéndose a mi espalda
Era increíblemente delgada, más de lo que una persona saludable de su edad debería serlo ¿estaría comiendo bien? ¿Necesitaría mas vitaminas, proteínas? ¿O era por el hecho de que había pasado tanto tiempo en una celda mal alimentada? Aunque por otro lado, hacía casi un año que estaba en la escuela… ¿no había mejorado, entonces?
Y tenía cicatrices en las piernas, pequeñas, casi no visibles, pero allí estaban ¿a qué se debían? ¿Le dolería cuando las veía? ¿Por eso no le gustaban los hospitales?
-Esta no es mi habitación –susurró cerca de mi oído cuando ingresamos a mi departamento. Había estado demasiado callada y quieta, incluso pensé que se había quedado dormida en todo el camino hasta aquí
-Cuando te mejores irás a tu habitación –le dije con tranquilidad, dejándola sobre el sillón, ella se acomodo, recogiendo su cabello en una larga coleta chocolate
-Estoy bien
-No hace falta que me mientas a mi –le aclare con seguridad, yendo a buscar el botiquín que se encontraba en una esquina- ¿Qué tienes? ¿Dónde es?
Mikan pestañeo, la duda estaba en su mirada ¿aunque… duda sobre que, exactamente?, luego suspiro, quitándose la chamarra negra
-¿Por qué haces esto? –consulto ella dejando la campera de un lado
¿Por qué lo hacía? Ni yo mismo lo sabía, cuando la ví no dude ni un minuto en acercarme a ella, cuando la encontré no pude evitar ayudarla, ni siquiera estaba en mi mente la idea de burlarle o regñaarla hasta que sepa que esta bien, que ya no le duele nada… Incluso fui capaz de quedarme sentado durante horas en una rama con tal de ver como ella salía y verla regresar, regresar viva…
¿Lo hacía por la furia que sentí cuando me entere que ella iba a una misión? ¿por la preocupación al verla tan pequeña, subiéndose al carro? ¿por el miedo al encontrarla sentada a un lado del porton? ¿Por qué lo hacía?
-¿Dónde es? –pregunte, cambiando de tema, la joven suspiro, señalándose la espalda- ¿puedo ver?
-s…Sí –susurró, mientras se quitaba con rapidez la blusa negra, un sonrojo se instalo en sus mejillas y no pude evitar bajar la vista ¿Qué había propuesto? ¿Cómo se me ocurria…?
-¿Cómo te hiciste esto? –murmure con preocupación, dejando de lado mis pensamientos, tenía la piel de la espalda levantada, como si fuese una quemadura, no, reitero, era una quemadura. No muy grande, pero si bastante fea.
-Un chico tenía un alice de fuego –explico ella, encogiéndose de hombros- ataco a Emma y yo me puse delante, mi Alice de la anulación fallo por la preocupación, pero no mucho, por eso solo me queme parcialmente y no me derretí, ella se lastimo la pierna –me informo con calma
¿Había saltado delante de Emma para frenar una llama? ¿Quién se creía? ¿Superman? ¿No se daba cuenta de que ella también podía salir herida?
-Eres una idiota- la regañe, mientras sacaba varias pomadas y cremas junto con algunas vendas- no puedes saltar sobre una llama, aunque tengas el Alice de la anulación, y si lo vas a hacer al menos concéntrate en no herirte ¿comprendes? –consulte con seriedad, comenzando a poner algunos productos sobre la herida, la sentí removerse bajo mi tacto- ¿duele?
-Es frio –susurró ella, contestando a mi duda implícita de porque actuaba así, sonreí vagamente, era igual a una niña.
-Solo quédate quieta, terminaré pronto –le murmure, cambiando de pomada- después te vendaré, te alimento y dormirás hasta que la herida sane, como es nueva tecnología deberían ser solo unas tres o cuatro horas antes de una cicatrización perfecta ¿sí?
-¿Por qué haces esto por mi, Natsume? –pregunto ella, fruncí el ceño mientras comenzaba a poner algunas de las vendas ¿a que se debía de nuevo la misma pregunta?...- me confundes
-¿Qué? –pregunte, sorprendido, mientras ponía cinta sobre las vendas para que no se moviesen
-Me confundes –repitió ella nuevamente- te comportas como un imbécil y a veces ni siquiera me hablas o me ignoras, pero luego tienes gestos como estos y haces que mi corazón lata como un caballo desbocado y no sepa cómo controlarlo ¿Por qué lo haces?
-¿Tu corazón late? –susurré, sorprendido. Eso era una confesión de amor, y si, tenía suficientes como para saber cuándo era una y cuando no… el problema era que esta confesión era la más dulce que alguien me había hecho, quizás el hecho de que ella tuviese su cabello cayendo hacia uno de sus lados para despejar la herida que le estaba cicatrizando y además que estuviese sonrojada ayudaba al hecho.
¿O era porque era Mikan Yukihira?
-No cambies de tema –susurró ella, mirándome de reojo, sus ojos marrones se fijaron en mí y miles de estúpidas mariposas se instalaron en mi estomago. Solte un lento suspiro mientras la tomaba por la cintura, girándome- ¿Por qué lo haces? Solo dime, así podre solucionar lo mío
-Porque me gustas- susurré, confesando lo que ni siquiera yo podía aceptar en mi interior, y sin embargo al decirlo en voz alta sonaba tan bien, tan correcto. Sus mejillas se tornaron rojas y sus ojos brillaron con fuerza
-¿Te gusto? –murmuro, buscando algún apice de mentira en mi mirada, trague en seco antes de atraerla hacía mi por la cintura, juntando nuestros labios en una suave danza.
Me encantaba.
Enredo sus pequeñas manos por mi cabello y un suspiro escapo mientras nos continuábamos besando, me acomode, sentándola sobre mi regazo y acariciando con suavidad la herida que acababa de curar. Esperaba que sanase rápido. Deseaba que ella estuviese bien… yo me encargaría de que estuviese bien.
-¿Entonces? –consultó ella, separándose de mí
-¿Entonces? –continué yo
-¿Qué somos? –susurró, sentándose a un lado de mi, sonreí vagamente, casi de forma no visible antes de levantarme
-Supongo que pareja –conteste, encogiéndome de hombros, la observe ponerse la blusa con rapidez antes de fijarse en mi
-¿No es algo que se pregunta? –consulto
-¿Dirías que no? –le consulte con un tono de orgullo, levantando la ceja, ella sonrio vagamente mientras negaba con la cabeza, yo me encogí de hombros- ¿entonces que importa la pregunta? Te prepararé algo de cenar, quédate quieta y no te muevas –le ordene, antes de levantarme del sofá. La chica asintió, una sonrisa bailoteaba en sus labios, negué divertido con la cabeza antes de salirme de allí
