24: Sanando
Mikan Pov
Suspire mientras terminaba de escribir el dictado de la clase, mi mano estaba enredada con la de Natsume por debajo del banco, me sentía como una chiquilla enamorada… reitero, era una niña enamorada, completamente enamorada. Y era maravilloso que despues de casi ocho meses me sintiera como la misma estúpida que el primer día que me pidió salir.
-Bien, eso es todo por hoy –sonrió el profesor Misaki girándose- espero que pasen el resto de su día con tranquilidad y sin meterse en problemas
-Mikan –susurró Hikari empujándome con el codo, me giré para fijarme en él- tengo que ir a hacer algo, que Emma no cocine para mi hoy
-No te preocupes- le dijo Syo con una sonrisa- hoy Emma y yo saldremos a la ciudad central –explico mientras cruzaba uno de sus brazos por la cintura de la azabache
-¡Tony! –Exclamo Sumire observando al azabache- ¡Apresúrate!
-Tenemos actividades de club –se excusó con una sonrisa totalmente tonta en los labios mientras se levantaba, Emma lo vio salir y negó con la cabeza levemente divertida
-Dios, no puedo creerlo…
-No le digas nada- sonrió Ruka con diversión- El pobre aún no se ha dado cuenta
-¿Cuenta de qué? –pregunte, con el ceño fruncido, Hotaru rodo los ojos al escuchar mi pregunta
-Oh cielos, eres tan lenta como él –se burló Syo divertido- nosotros nos vamos ¡Compórtense!
Suspire mientras las veía irse ¿a qué se referían con que era lenta? ¿Y porque lo era? Sentí la mano de Natsume enredándose en mi costado, atrayéndome hacia él, desvie todos los pnesamientos extraños que sostenía y me concentré en él, girándome para enfrentarlo. Sus hermosos ojos carmesíes brillaban cuando se encontraron con los míos y mi absurdo corazón comenzó a latir como un caballo desbocado.
-Te quiero –le confesé, juntando nuestros labios con lentitud
-¿Quieres ver una película? –Me pregunto, acariciando mi mejilla con amabilidad- todos nos abandonaron así que supongo que terminamos juntos ¿Qué dices? ¿Película, palomitas y refresco en mi habitación? Puedo hacer hamburguesas
-¡Sí! –Exclame, emocionada- ¿Y cómo que no hay de otra?
-Bueno, si fuera por mí… -comenzó a bromear él, rodé los ojos ante eso y volví a sonreír como estúpida cuando sentí sus labios en mi nariz- es broma, de todas formas me gusta estar contigo a solas, me siento raro cuando los demás nos ven
-Lo sé, me pasa lo mismo –confesé, levantándome del asiento- ¿Puedo elegir yo la película?
-Quiero que sea de terror –me pidió mientras nos encaminábamos hacia la salida, yo lo mire de reojo con el ceño fruncido
-No me gustan –me queje, inflando las mejillas
-Lo sé –contesto con sorna, rodé los ojos y salimos del edificio, al final si elegimos una película de terror, literalmente le clave las uñas en el antebrazo todo este tiempo mientras él me abrazaba y se reía, aparentemente divertido de mi reacción, el bastardo comía palomitas viéndome… yo casi lloraba viendo la película.
-¿Quieres cenar? –me pregunto cuando la tercera película termino y finalmente apago el televisor, aunque para ser sincera despues de la primera habíamos dejado de prestar atención a lo que venía despues- ¿O iras a comer con Emma?
-Estaré sola si voy –conteste mientras apoyaba mi cabeza en su hombro- y no sé cocinar, terminaré prendiendo fuego la cocina
-¿Te gustaría comida italiana? –Cuestiono, acariciando con amabilidad mi espalda, sonreí besándole el cuello- ¡Lunares! Realmente ese novio tuyo es una mala influencia –me riño, divertido
-Me encantaría pasta –admití mientras besaba su mejilla- ¿Pueden ser gnocchi?
-Por supuesto –contesto mientras se levantaba y besaba el dorso de mi mano- quédate viendo la televisión y no te muevas o romperás algo –me advirtió con burla, rodé los ojos, aunque nuestra relación había cambiado nosotros no… y eso me encantaba.
Mi corazón se removió mientras lo veía alejarse. Lo amaba. No podía creer que ahora nos tratáramos tan cursimente aunque fuese en privado, sentía que todo mi mundo volaba cuando estaba con él, que solo éramos nosotros dos, y esa sensación me fascinaba… Llego una hora después con dos platos de pasta, salsa y gaseosas, nos sentamos en el suelo, alrededor de la mesa ratonera y comimos mientras veíamos dibujos animados, me gustaría estar así el resto de mi vida. El fastidiándome, yo picándolo con mi tenedor y robándole fideos, funcionaba.
Sus labios se encontraban sobre los míos, moviéndose a los mismos compas, cálidos y dulces, mis manos estaban enredadas en sus cabellos, atrayéndolo más hacia mí, sus manos se encontraban en mi espalda sin dejarme ir, aunque tampoco quería. Lo amaba, sentí como suspiro entre beso y beso contra mi boca, sus manos bajaron por mi espalda con dulzura, adentrándose por debajo de la blusa, acariciando mi piel desnuda…
-Vaya, que linda niña para ser tan pequeña ¿quieres que te enseñe como juegan los adultos?… -preguntó una voz masculina en mi mente, al instante pegue un respingo alejándome sin querer de Natsume. Mis ojos estaban humedecidos, mi cuerpo tembló sin que pudiera contenerme
-¿Mikan? –Pregunto preocupado- Maldición, Mikan, lo siento –susurró, acariciando mi mejilla, pestañee repentinamente para diluir las lágrimas que se me amontonaban, permití que me atrajera a él, abrazándome con fuerza.
-Está bien –susurré, cruzando mis brazos por su cintura- discúlpame, soy yo, es solo que… estoy rota, y no… -comencé, no sabía cómo explicarme. Natsume levanto mi barbilla, juntando sus labios con los míos en un suave beso.
-No estas rota –me confirmo con seriedad, acariciando mi mejilla- eres la persona más perfecta, hermosa, e increíble que conocí alguna vez. Mikan, cada parte de ti es perfecta, y él fue un bastardo, un mal recuerdo, pero no volverá a pasar yo me encargaré que no vuelva a pasar –me prometió
-Gracias –murmure, apoyando mi frente contra la suya
-Y yo soy un idiota, no me di cuenta de lo que hice –explico con amabilidad, besándome el lóbulo de la oreja, miles de mariposas se instalaron en mi vientre, una calidez se extendió por mi cuerpo- es solo que cuando estoy contigo, me comporto como realmente soy y me olvido de lo demás, no me doy cuenta de cómo actuó, discúlpame
-Te amo y no fue tu culpa, soy yo. ya te dije, hay cosas que… aún no supero del todo. Pero quiero hacerlo –confesé con un sonrojo- quiero amarte, Natsume, y quiero sanar –susurré, acercándome a sus labios, juntándonos en un delicado y lento beso, el no subió el ritmo, me abrazo por la cintura con cuidado, sin apretar, como si fuese una muñeca de porcelana, su muñeca. Paso de mis labios a mis mejillas y beso las lágrimas que no me había dado cuenta que había soltado, apoyo sus manos en mis mejillas, sus pulgares cerca de mis ojos.
-Está bien –susurró con dulzura- No haremos nada que no quieras Mikan, te amo tal cual eres, tal cual estas, con tu carácter infantil, tu ingenuidad, tu alegría. No necesito nada ni nadie, solo quiero estar cerca de ti, poder abrazarte y besarte
-Pero yo quiero hacerlo –murmure, un sonrojo instalado en mis mejillas, mis ojos se fijaron en los suyos, carmesíes- Yo… quiero estar contigo, Natsume, porque si quiero que alguien renueve mis recuerdos y me haga superar mis miedos, o si quiero hacerlo con alguien otra vez, que sea contigo
-Yo también –contesto, juntando sus labios con los míos en un suave beso- pero dime algo ¿quieres que sea hoy? ¿Ahora? ¿O es solo por la situación?
-Quiero –conteste sin duda, una pequeña sonrisa se instaló en sus labios y me volvió a besar, lento, hermoso, como si fuese una canción de amor contada por besos, sus brazos se enredaron en mi espalda, atrayéndome hacia él, yo puse mis manos en su cuello, lo amaba, me hacía sentir que volaba.
Paso sus labios a mi mejilla y bajo hasta mi cuello, un calor me invadió por completo, me sorprendió la reacción de mi cuerpo, pensé que me asustaría. Un suspiro escapo de mis labios cuando sentí que mordía mi hombro, sin darme cuenta metí mis manos por debajo del cuello de su camisa, acariciándolo, algo superior que mis recuerdos o la conciencia me estaba guiando.
¿Así que esto era hacer el amor? Era completamente distinto a lo que imaginaba. ¿Era porque se trataba de él no de un bastardo?
Algo acolchado contra mi espalda, estaba recostada sobre la cama, las manos de Natsume comenzaron a abrirse camino lentamente, como pidiendo permiso, separo sus labios de mi piel para verme a los ojos mientras adentraba sus manos por debajo de mi blusa. Cálido, miles de estrellas cosquilleaban por donde él pasaba sus dedos, solté un suspiro sin poder contenerme y él sonrió.
-Te amo –susurró antes de volverme a besar, me hubiera gustado decirle que yo también lo amaba, que sentía que era lo más importante en mi vida.
Sus manos bajaron hasta el borde de la blusa, me miro, yo asentí lentamente y el comenzó a levantarla hasta finalmente quitarla por encima de mi cabeza, acerco sus labios a mi vientre y me beso. jugueteo en mi costados, dibujando en mi piel con las yemas de sus dedos, se sentía tan bien, tan endemoniadamente bien, era tan lento y cálido.
Era perfecto.
Los pedazos rotos lentamente comenzaron a unirse, los recuerdos tristes fueron suplantados por los nuevos, como si hubiesen borrado el anterior y estuviesen dibujando a todo color encima de mi piel, no me sentía una muñeca sin vida, un títere a manejo de las manos de otras personas, no solo era una persona siendo utilizada por otro para complacer sus deseos, yo quería hacerlo.
Y lo estaba disfrutando.
Sentí que volaba y volvía a caer, me sentí arder en llamas y luego una sensación de paz que me rodeo por completo, me giré en la cama para quedar frente a él, abrazándolo por la cintura
-Te amo –susurre, totalmente enamorada, él me devolvió el abrazo con la misma fuerza, hundiendo su rostro en mi cabello
-Eres mi adoración –confesó, besándome- y estaré en cada instante de tu vida, Mikan, verás como no volverán a herirte
Sonreí, él se removió de nuestro abrazo para taparnos con las colchas y se volvió a acurrucar en su lugar, abrazándome con dulzura
-Gracias –susurre, enterrando mi rostro en su pecho, sus brazos me rodeaban posesivamente, no queriendo dejarme ir, y yo no me quería ir- Por sanarme
-Eso lo hiciste tu sola –contesto el besándome la frente- lo único que hago es apoyarte y amarte
-Hm… suena perfecto –murmure con una sonrisa, alejándome para ver sus ojos carmesíes
-Por cierto ¿hoy eran manzanitas? ¿No te parece infantil? –cuestiono, divertido
-¡Natsume, eres un pervertido! –grite, golpeándolo en el pecho, él estallo en pequeñas carcajadas ante mi reacción, posiblemente infantil.
-Totalmente –acepto, mientras me volvía a apretar contra el- durmamos, cuando despertemos te haré el desayuno e iremos a la ciudad central
-¿A la ciudad central? –pregunte, sorprendida
-Quiero tener una estúpida cita cursi como todas las parejas cliché con la chica más hermosa de la escuela –confeso, sonreí contra su pecho- Ya sabes, con un almuerzo en algún lugar, posiblemente al exterior, con personas que nos ven mientras caminamos de la mano como si fuésemos niños pequeños, compartir un helado, ver la puesta del sol…
-Una cita cliché, me gusta –susurré, cerrando mis ojos lentamente
Realmente me gustaba.
