Elena se sentó en la cama. Había vuelto a soñar con él. Hacía un mes y medio que habían vuelto de la Dimensión Oscura sin él y aún no se acostumbraba a no verle incordiando por ahí. Ella sabía que tenía que ser fuerte, por Bonnie y por Stefan, sobre todo por Stefan. El pobrecillo se había dado cuenta cuánto quería a su hermano cuando este se había ido para siempre.

De repente unas ganas increíbles de vomitar la inundaron. Apartó las mantas y se fue s todo correr al baño. Genial, llevaba así dos días ya, algo debía de haberla sentado mal. No era normal en ella. Y, entonces se acordó, de repente, sin venir a cuento, que cuando su madre estaba embarazada de Margaret, vomitaba mucho, sobre todo por las mañanas.

-Oh, Dios mío –murmuró Elena. Se aclaró la boca, tiró de la cadena y fue a todo correr al cajón en el que guardaba su diario, sacó el pequeño calendario donde apuntaba sus reglas y vio que tenía un retraso de tres semanas-. Oh, Dios mío.

En ese momento, entró la tía Judith, preocupada.

-¿Qué pasa, Elena?

-Yo… nada. Algo me debió de sentar mal anoche.

-Te dije que no comieras tantas albondiguillas, te lo avisé. ¿Qué notas?

-Ahora nada. Pero porque he vomitado hasta la primera papilla.

-Bueno, quizás deberías quedarte en la cama…

-¡No! Estoy bien, de verdad, tía Judith.

-Como quieras. Por cierto, ha llamado Meredith, a dicho que quedabais en la casa de huéspedes.

-Vale, gracias tía Judith.

-Primero desayuna.

-No tengo hambre. Además, aún tengo el estómago raro.

-Te preparo una manzanilla entonces, ¿vale?

-Sí, gracias.

En cuanto la tía Judith se fue, Elena volvió a coger el diario y lo abrió por la página en la que había escrito el… encuentro que había tenido con Damon. El momento en el que habían hecho un bebé, si es que estaba en lo cierto, claro