-Stefan –dijo Sage mientras se metían en la casa y dejaban a la pareja fuera-. ¿Puedo hablar contigo?
-Por supuesto que sí, Sage.
-Siento mucho por lo que estás pasando. Sé que quieres a Elena con toda tu alma, pero esto era inevitable.
-Sí, ya sé cómo es mi hermano. No me malinterpretes. Estoy muy contento de que haya vuelto. Es sólo que… bueno, creo que siempre le he tenido un poco de envidia.
-Ya, creo que a mí me pasaría lo mismo. Pero no es que él haya ganado, Stefan. No, bueno, sí, es él quien está ahora con la chica, pero no me refiero a eso. No me había dado cuenta antes, y la verdad que no sé cómo no lo vi.
-¿El qué?
-¿Has oído alguna vez el término "Almas Gemelas"?
-Sí, pero nunca he creído en su existencia.
-Pues créeme. Existe. Y tu hermano y la bella Elena son Almas Gemelas.
-Pero cómo es eso posible. Se llevan 500 años.
-Ha venido bien que sea un vampiro, ¿eh? En serio, Stefan. Sé que es duro para ti Lo sé, de verdad. Sé lo duro que es estar tan cerca de la persona amada y no poder hacer nada.
-Pero tú eres como Damon. Quiero decir, que eres de muy buen ver, como él: puedes tener a cualquier chica, pues siempre caerán rendidas a tus pies.
-Las damas no son lo mío.
-Oh, h, vale. Lo siento.
-No pasa nada tranquilo. Pero, por favor, no le digas nada a Damon. Si lo supiese no me dirigiría la palabra, y no creo que…-Sage calló de repente, sorprendido de haber desvelado tanto.
-Es Damon, ¿verdad?-preguntó Stefan dándose cuenta de repente –Es él de quien estás enamorado.
-Sí, pero, por favor, no le digas nada.
-Tu secreto está a salvo conmigo. Tienes suerte de que no se haya dado cuenta. A veces resulta ser demasiado inteligente. Cuando estábamos en Florencia, de niños, él ya sabía hablar perfectamente español y latín. Además del italiano y del inglés, claro.
-¿Latín? ¿Con cuantos años?
-Pues yo tendría unos tres o cuatro años, así que él… unos diez u once. Más o menos.
-Dios mío. Vuestro padre debía de estar muy orgulloso de él.
-Si dices eso es que Damon jamás te ha hablado de él.
-No, la verdad es que nunca me habló de su vida en Italia, siempre ha sido muy reservado con su vida mortal.
-Quería olvidarlo, como hice yo. Sólo que yo olvidé también todo lo bueno que hizo mi hermano por mí. Me he pasado medio milenio llamándole monstruo cuando en realidad lo era yo.
-Yo no diría tanto, Stefan. Bueno, tengo que irme. Pero antes tienes que hacerme un favor. Tienes que avisar a tu hermano. Me han prohibido decírselo a él, pero no a nadie más.
-Sí, dime. Yo se lo haré saber.
-Damon ha vuelto porque la bola estrella, al romperse, su Poder se fue cayendo gotita a gotita encima de él. Mi padre me ha dicho que es el elegido para romper la maldición vampírica. Y no hay nada más, a parte de Elena, que Damon quiera, que ser vampiro. Además que mi padre lo hace sólo para ganarse todas las almas de los vampiros. No puedo permitir eso. Así que, avísale, por favor.
-Descuida, lo haré
-Muchas gracias y au revoir. Saldré por aquí, que no quiero interrumpirles.
-¡Aaaaaah!
