El grito resonó en toda la casa mientras Sage cogía la manilla de la puerta.
-¿Qué ha sido eso? -preguntó el francés.
-Creo que ha sido Bonnie.
-¿Qué pasa? -quiso saber Mederith mientras entraban ella y Matt por la puerta trasera.
-¿A qué vienen esos gritos, queridos?
-Tranquila, señora Flowers, ha sido Bonnie.
Justo en ese momento bajaba Bonnie las escaleras corriendo, completamente asustada.
-Bonnie -decía Elena detrás de ella-, te lo puedo explicar. Por favor, espera.
-No, está muerto. Los muertos no pueden volver.
Entonces Mederith espaviló y se hizo cargo de la situación. Fue hasta donde estaba la pequeña pelirroja y, cogiéndola de las manos, le dijo:
-Bonnie, ¿qué pasa?
-¡¿Qué pasa? Está muerto, ¡yo vi cómo moría! ¡Pero ahora está aquí! ¡Arriba! ¡Con Elena! ¡Estaba con Elena!
-¿Quién, Sinichi?
-No -respondió por ella una voz muy conocida desde las escaleras-, mejor: yo. Aunque supongo que a ti y a Memo no os hará mucha gracia, ¿verdad?
-Pero,¿esto qué es? -preguntó Matt visiblemente enfadado.
-Por cierto -preguntó Sage a Damon- ¿cómo es que estábais arriba si is hemos el jardín?
-¿Necesitas preguntar?
-Ya claro, volando.
-Por favor -pidió Stefan-, amigos. Venid a la sala para hablar sobre esto. Usted también, señora Flowers. Damon, creo que tú también deberías venir, por favor.
-Espera -contestó su hermano-, quiero hablar contigo antes, si no te importa.
Eso le pilló desprevenido a Stefan, por lo que había visto, Damon seguía siendo igual que siempre.
-Está bien, vamos arriba -dijo indicando las escaleras con la cabeza antes de girarse al grupo que les esperaba en el salón-. Enseguida venimos.
Para cuando se giró para subir las escaleras, Damon ya nk estaba. Seguía siendo igual de ràpido. Una vez arriba entró en su cuarto y ahí estaba Damon, sentado en la silla del escritorio, no, sentado no, más bien repantigado, como siempre. Otra cosa más que no había cambiado, aun así, había algo en su hermano que no era lo mismo de siempre. Este pensamiento le hizo acordarse de cuando estubo poseído por Sinichi. No, no era eso. Era como si tuviese más Poder que nunca.
-Quiero -empezó Damon interrumpiendo los pensamientos de su hermano- decirte que siento mucho todo lo que te he hecho durante todos estos años, de verdad. Pero no voy a renunciar a Elena, supongo que lo entiendes, ¿no?
-Ya me había hecho a la idea. Renunciaré a Elena, no quiero seguir peleando contigo. Eres mi hermano, te quiero y desde que tú... bueno, ya sabes. He estado recordando cosas. Cosas que, por el motivo que fuese, había olvidado por completo.
-¿Qué cosas? -preguntó su hermano alzando una ceja.
-Cosas como las palizas que te daba padre al defenderme y protegerme.
Damon cambió la cara. Por un minúsculo momento, Stefan pudo ver al Damon niño del que se había despedido cuando este se estaba muriendo. Pero enseguida lo escondió tras una máscara de indiferencia.
-Lo hacía porque era lo que tenía que hacer. Era mi deber. Eres mi hermano pequeño. Sólo eras un niño.
-Sí, y por eso te debo tanto.
-¿No me has oído? He dicho que era mi deber.
-Damon, tú también eras un niño. No tenías por qué hacerlo. Todos estos años he creído que me odiabas porque madre enfermó tras nacer yo, pero no era así,¿verdas? Y cuando nos matamos el uno al otro, tú no quisiste coger tu espada. Yo te obligué a defenderte, yo clavé mu espada en tu corazón antes que tú lo hicieses en el mío. Soy yo el que se merecía pasar todos estos años solo, no tú.
-¿Quién ha dicho que haya estado solo?
-Damon, sabes a lo que me refiero. No has podido conocer el amor por mi culpa.
-No te creas el protagonista de la historia, Stefan. Yo tampoco soy inocente.
-No, no eres inocente, porque perdiste la inocencia siendo sólo un niño para que yo pudiera seguir conservándola.
-¿Sabes? Esto está resultando muy pastelón.
-Damon, por favor.
-Por favor, ¿qué?
-Quiero pedirte algo. Quiero que me perdones, que me perdones de verdad. Que podamos convivir como lo que somos: hermanos. Por favor.
-Vaya, y este cambio, ¿a qué se debe?
-Hay veces que no nos damos cuenta de lo que tenemos hasta que lo perdemos. Sé que me quieres, a pesar de todo lo que te he hecho. Y a pesar de que por mi culpa murió la única persona que te comprendía nuestra madre.
-¡Deja de decir eso! -exclamó Damon, de repente, muy enfadado- Tú no tienes la culpa de su muerte, ¿vale?
-Pero padre dijo que tras mi nacimiento ella enfermó y murió. Y tú siempre me has echado la culpa.
-Madre "enfermó" porque padre le pegó una paliza. Por eso se le adelantó el parto. Y por eso se murió desangrada.
-¡¿Qué?
-Todavía estaba embarazada cuando la pegó. Y no volví a verla nunca más. Ni siquiera me dejaron despedirme de ella.
-Pero, ¿por qué la pegó?
-Padre había estado bebiendo toda la noche, no sé por qué, y, por la mañana yo estaba jugando por todo el palazzo. Solía jugar con ella, siempre me decía que era muy veloz, que nunca lograba alcanzarme y yo me lo creía, sólo tenía 7 años. Justo cuando pasábamos por el despacho de padre, este salió de él y me riñó por hacer ruido. Aunque no te lo creas por aquel entonces yo me quedaba callado cuando me reñía. Madre se metió en medio y, en vez de pegarme a mí la paliza, la recibió ella. Sólo estaba de cinco meses, así que fue un milagro que tu no murieses con ella.
Yo recé y le pedí a Dios que por favor no se la llevase, pero como bien sabes, no me hizo caso. Y, cuando intenté entrar en la habitación para poder verla, padre me cogió en brazos y me llevó a mi cuarto. Entonces me explicó que madre había muerto, y, cuando yo le dije que quería verla, el me contestó que no podía, que había demasiada sangre, pero que tú estabas vivo.
Más tarde supe que madre había hecho un hechizo tan antiguo como la vida humana. Ofreció a quien fuese su vida a cambio de la tuya. Supongo que toda madre haría lo mismo.
-Oh, Damon -susurró Stefan en una pausa de su hermano-. No sé qué decir si no cuánto lo siento.
-Sí, claro. Yo también. Como ya te he dicho yo no soy tan inocente como te empeñas en ponerme. Para mí era más fácil odiarte y conseguir que tú me odiases. Porque eras lo único que me quedaba, si te odiaba y te ocurría algo no me dolería. Pero lo único que conseguí fue engañarme a mí mismo. Y creo que lo demostré cuando Katherine nos capturó. No me importaba morir si con eso os salvaba a ti y a Elena. Y, después vino Sinichi y la lió, me hizo hacer cosas horribles de las que, afortunadamente, no me acuerdo. Por eso hice todo lo posible para salvarte.
Pero vasta ya de sentimentalismos. Sólo quería aclarar las cosas contigo, si nos podemos llevar bien, mejor. Sobretodo por el bebé. Al fin y al cabo es tu sobrino.
-Sí. Claro que quiero hacer las paces contigo. Además Sage me ha dicho una cosa. Sobre una profecía. Me ha dicho que tú acabarías con el vampirismo. Me ha pedido que te avisase, ambos sabemos que odias ser humano, y que no durarías vivo nada como tal.
-¿Qué es eso de una profecía?
-No lo sé. Sólo sé lo que te he dicho. Sage tenía prisa, así que no sé más. Ah, una cosita más antes de reunirnos con los demás. No sigas llamando a Matt Memo. Ya sabemos que te acuerdas del nombre.
-No me acuerdo de su nombre porque la mayor parte del tiempo no me interesa.
-Vale, como quieras. Pero si va a haber un niño por aquí, será mejor que ni oiga insultos ni tenga que presenciar peleas entre su padre y el mejor amigo de su madre.
-Está bien, hermanito -Damon se levantó de la silla y le puso las manos en los hombros a su hermano-. Te voy a dar un consejo. Así de hermano mayor a hermano pequeño. Nunca más vuelvas a decirme lo que debo o no debo hacer. ¿De acuerdo? Si nos vamos a llevar bien, que sepas que consejos me puedes dar todos los que quieras, pero no órdenes. Nunca lo he soportado, no voy a empezar ahora. Y te lo digo con el alma. De hermano a hermano.
-Vale, lo he pillado. Trato hecho. Ahora bamos a bajar, por favor.
-Bien, abajo se ha dicho.
