-¿Pero de qué va eso de la profecía? –Matt.

-Lo siento –se disculpó Stefan-, eso es todo lo que me ha contado Sage.

-Podía haberte contado algo más. Con tan poca información no podemos hacer mucho.

-En todo caso soy yo quien debe hacer algo –dijo de pronto Damon.

-Sage –continuó Stefan- no me ha podido decir más porque le han prohibido decírselo a Damon.

En ese momento el móvil de Damon sonó rompiendo el hilo de la conversación.

-¿No lo vas a coger? –le preguntó a su hermano.

-No es importante.

-Ni siquiera has mirado la pantalla.

-Quien sea volverá a llamar –le respondió Damon mirándole fijamente a los ojos con una mirada de advertencia en los suyos.

-Retornando a la conversación –reinició el tema Meredith - ¿por qué le impedirían a Sage comunicar algo así? ¿No debería saber Damon de qué va todo este asunto para poder llevarlo a cabo?

-Sólo hay una persona capaz de prohibirle decirme algo así.

-¿Vas a decírnoslo o tendremos que adivinarlo nosotros?

-Stefan –le reprendió Elena.

-¿Así entierras tú el hacha de guerra, hermanito?

-Damon…

-Que no me toque las narices, entonces.

-No te tocaré las narices si dejas de decir medio verdades.

-¡Basta los dos! No sé para qué le provocas, Stefan. Y tú, Damon, ya eres mayorcito para seguirle el juego.

-Hoy me he enterado de que me he muerto, que después he resucitado, me siento más poderoso que nunca pero no sé cómo controlarlo, tú estás embarazada, mi hermano firma la paz conmigo para luego tocarme las pelotas y encima, resulta que estoy vivo sólo porque el padre de Sage así lo ha querido para que pueda erradicar el vampirismo de todas las dimensiones. Así que no me vengas con sermones, Elena.

-Vaya –comentó Matt-, no te guardes nada, no vaya a ser que explotes.

Damon se le quedó mirando.

"Si las miradas matasen" pensó Elena "Matt sería hombre muerto ahora mismo". Elena se levantó de la silla en la que estaba sentada y se acercó a Damon.

-No te preocupes, cariño –le dio poniéndole una mano en la mejilla-. Aquí nadie es tu enemigo. Bien, admito que ni te comprenden ni te conocen tan bien como yo, pero mientras estabas muerto, esta casa estaba sumida por completo en la tristeza. Así que, si de verdad sabes quién le ha dicho a Sage lo de la profecía, te suplico que nos lo digas.

-No me supliques, princesa. No hace falta que lo hagas. Sólo pídelo y yo te daré todo lo que tú quieras.

-¿Quién eres y qué has hecho con Damon?

-Mira, Memo. No te diré lo que pienso de ti y de tus "ingeniosas" ocurrencias porque hay damas presentes. Pero sí que puedo obligarte a cerrar ese maldito agujero que tienes en la cara que llamas boca.

-Me gustaría verte intentándolo. Vamos fuera.

-No tengo nada que demostrar. Es evidente que te supero en todo cien mil veces.

-No quieres ir fuera porque eres un cobarde. Al fin y al cabo ya te tumbé una vez.

-Me pillaste desprevenido, paleto de pueblucho.

-¡¿Qué me has llamado? –exclamó Matt levantándose del sofá y acercándose al italiano quien seguía repantigado contra la pared.

-¿Encima de tonto eres sordo?

-Damon, por favor, déjalo, ¿sí? –le pidió Elena mientras le cogía la barbilla y le obligaba a mirarla.

-Está bien, siéntate, Mark.

-¡Matt! ¡Mi nombre es Matt! No es tan difícil.

-Como sea, siéntate y quédate calladito. Eso es, buen chico –le dio Damon sin romper el contacto visual con Matt.

-¡Damon! –le reprochó Elena.

-¿Qué? –se excusó Damon con aire inocente- Era la única manera de acabar con esto pacíficamente.

-Me lo prometiste, Damon. Nada de compulsión.

-Técnicamente –le corrigió el italiano- te prometí que no utilizaría la compulsión con ninguna de vosotras tres. Jamás quedó incluido Memo.

-¡Ay! Deja de llamarle así.

-¿Y cómo quieres que le llame si no me acuerdo de su nombre?

-Matt, Damon. Es Matt. No es tan difícil. Matt de… -Elena no pudo terminar la frase. Se llevó la mano a la boca y fue a la cocina corriendo y vomitó. En una milésima de segundo Damon estaba ya con Elena sujetándole el cabello.

-Lo siento, princesa.

-Tú no tienes la culpa, Damon –respondió Stefan desde la puerta- Es normal que vomite, es por el bebé. Todas las mujeres que están en estado vomitan.

-No todas, Stefan. Y para que lo sepas, los vómitos se producen por que el metabolismo de la mujer está luchando contra el cuerpo extraño, que es el feto.

-¿Cómo sabes tanto de embarazos? Ni que hubieras sido ya padre.

-¿En serio? ¿Me estás preguntando eso a mí? ¿No te acuerdas de todos los padres enfurecidos que fueron al palazzo de padre alegando que sus hijas habían sido madres gracias a mí?

-Pero eso era falso. Eras noble; el futuro conde de Florencia y duque de Sheffield. Todos querían un buen partido para su hija.

-Puede que no todos fuesen míos, pero no todas eran promiscuas, también las había que eran doncellas.

-Es igual, lo que fuere. En el siglo XV no se sabía eso que has dicho tú.

-Qué le voy a hacer –comentó Damon alzando los hombros-, soy cotilla por naturaleza.

-Ya, claro…

-Eh, chicos. Es fascinante la conversación que estáis manteniendo, pero yo sigo aquí.

-Lo siento, ragazza mia –respondió Damon secándole la boca con un trapo para después darle un casto beso en los labios.

-¿Es verdad eso? –preguntó ella jugueteando con el cuello de la camisa del vampiro.

-Si es verdad, ¿el qué?

-¿Qué eras el futuro conde de Florencia y el duque de Shefield?

-Sí, nuestro padre era el conte di Firenze y nuestro abuelo materno el duque de Sheffield.

-Pero erais dos hermanos. ¿Stefan no iba a heredar nada?

-Stefan es el pequeño. Era otra época, bella mia. Sólo heredaba el primer hijo varón. A eso lo llamaban el mayorazgo, eso se terminó con las revoluciones de los siglos XVIII y XIX.

-Pues no es justo.

-Nada en esa época lo era, princesa.

-Bueno –les interrumpió Stefan mientras se dirigía al salón de nuevo-, os dejaré sólos.

-Stefan… -le llamó Elena apenada.

-Déjale, Elena. Es mejor para él. ¿Dónde estábamos? Ah, sí. Aquí.

Y tras esto le cogió la cara y la besó larga y profundamente.

-Te quiero, cariño –murmuró Elena cuando Damon hubo finalizado el beso, le pilló desprevenido, pero enseguida se recuperó.

-Molto bene, bella mia. Anche io vi amo.

-¿Vamos arriba?

Damon no necesitó que le dijese más, la cogió en brazos y a velocidad vampírica se la llevó al cuarto que estaba junto al de Stefan, y allí le demostró lo feliz que era y lo contento que estaba de ser padre.