-Mi nombre es Annabella. Annabella Salvatore. Soy tu sobrina, Stefan. Y, a pesar de la prohibición de mi padre, he venido aquí para que me ayudes. Necesito traerle de vuelta. Sé que me la voy a cargar pero no me importa. Tengo que hacerlo, sé que él haría lo mismo por mí. Por favor, ayúdame.

-¿Cómo que mi sobrina? Eso es imposible. Mi hermano ha sido un vampiro desde el Renacimiento. Y tú no eres vampira, estás viva.

-¿Y tú no? Te guste o no, soy hija de Damon Salvatore, así que será mejor que lo asumas de una vez para que me ayudes a traerle de vuelta.

-Pero…

En ese momento le sonó el móvil a la chica, y cogiéndolo sin mirar se lo llevó a la oreja y preguntó:

-¿Sí? –de repente empalideció de tal manera que sus ojos destacaron oscuros como una noche sin luna, exactamente igual que los de Damon, Stefan se acercó a ella para sujetarla en caso de que se cayese al suelo, tal era su palidez que parecía estar muerta- No… no es posible… tú…

-¿Se puede saber qué demonios estás haciendo aquí?

-Yo… tú…

-¿No vas a decir nada más que yo tú?

-¡Damon! –exclamó escandalizado Stefan.

-Tú no te metas, hermanito. Annabella, se suponía que no tenías que venir aquí, bajo ningún concepto. ¿Qué es lo que no entiendes de esa frase?

-¡Y tú se suponía que estabas muerto! ¡¿Qué querías que hiciese? La abuela se fue en tu busca hace tres semanas y aún no ha vuelto. Me dijo dónde podría encontrar al tío Stefan. Me has repetido una y otra vez durante toda mi vida que nunca confiase en nadie que tú no me hubieses presentado, ¿a quién debía acudir? ¿Al Espíritu Santo?

-¡Basta! ¿Qué es eso de que tu abuela te dijo dónde encontrar a Stefan?

-Antes de irse me dio su dirección, ella sabía que tú estabas con él. Me explicó no sé qué rollo de repetirse la misma historia otra vez. Que había una chica que os interesaba a los dos, una tal Helena.

-Elena –le corrigió su padre mirándola directamente a los ojos-. ¿Y, cómo es que tu abuela sabía eso?

-Ya la conoces, los espíritus se lo dicen. Y tú eres muy famoso en el mundo de los muertos. Mmmm, así que Elena, ¿eh? –le preguntó ella con una sonrisa en sus labios que demostraba quién era su padre-. Como Elena de Troya, ¿m?

-No te pases, Annabella. Aún no me has dicho dónde está tu abuela. Te juro que en cuanto la encuentre la despellejo viva.

-Cuidado con lo que prometes, papá.

-No es una promesa, es una forma de hablar.

-Sí, claro. Lo que tú digas. Y, ¿dónde está la zorra que está jugando con los dos?

-Annabella, no te lo vuelvo a repetir. Es el último aviso.

-¿Dónde está la abuela? En la Dimensión Oscura.

-Qué afán tiene esta familia de ir ahí, de verdad –comentó Matt.

-Mmm ¿Te vas a callar?

-Annabella, deja a Memo en paz y céntrate.

-Y otra vez con lo de Memo.

-¡Que te calles! –gritaron padre e hija a la vez.

-¿T e dijo a dónde iba exactamente?

-Nop, me dijo que iba a preguntarle a Sage, que él lo sabría.

-Pues me temo que no le ha visto.

-¿Y dónde está Elena, papá?

-¿Cómo que papá? –preguntó Elena al pie de las escaleras.