Capítulo 3
Oscuridad
Los acordes del arpa se acallaron, cesando las descargas que su sonido producía y aliviando al destinatario de aquellos relámpagos oscuros.
—¿Y bien, Radamanthys?,—la voz de Pandora sonó amenazante desde el sitial donde estaba sentada.—,¿Ya entendiste que no debes cuestionar a nuestro señor?
—Yo no he cuestionado nada.—insistió.—Solo le dije que…
Una enésima descarga lo hizo callar. Una risa socarrona se dejó oír.
—Tú también, Zeros,—lo amenazó, mientras lo veía encogerse al recibir una descarga.—¿Cómo te atreves a sembrar rumores acerca de tu dios? Por tu culpa los espectros están murmurando como si se hubiera enamorado de un apestado. ¡Los santos de Athena son poderosos rivales!. ¡No lo olviden nunca! ¡Y esta vez no estamos hablando de cualquier santo! Estamos hablando de aquel cuyo cuerpo fue recipiente del alma del señor Hades en esta época! ¡No hay nadie más digno para él que Shun de Andrómeda!,—el sonido del arpa se intensificó haciendo las descargas más poderosas.
Ambos espectros aullaron de dolor, sintiendo que la electricidad recorría su cuerpo destrozándolo. Cuando la tortura terminó, ambos quedaron tendidos en el suelo, tratando de recuperar el aliento.
—Ahora vayan a disculparse con el señor Hades. Si no lo han hecho cuando le pregunte yo…—tañó una sola cuerda, y la descarga cayó sobre ellos como un látigo.
En otro sitio, Minos y Aiacos charlaban sobre eso.
—Creí que a ti no te hacía gracia la idea,—le manifestó el nepalí al otro juez.
—Es que no me hace. Pero tampoco soy tan imbécil de ir a decírselo al señor Hades como si nada, como hizo el imbécil de Radamanthys.
—Igual, pero yo oí a Zeros decir otra cosa. Seguro ha sido eso lo que ha levantado tanto alboroto.
—No me digas,—contestó el otro con sarcasmo.—Seguro lo exageró todo.
—Bueno, ya conoces a Zeros. Le encanta andar chismorreando.
—Bueno, eso sí. Le fascina poner a prueba la paciencia de la señorita Pandora. Al parecer le resbala.
—Al señor Hades realmente no le importa. Sabe demasiado bien que él es el que manda aquí y que puede hacer lo que él desee. Y que nosotros debemos acatarlo sin protestar. Me extraña que Rada se haya olvidado de eso tan fácil.
—¿Entonces es cierto?, —la voz de Minos revelaba el disgusto que sentía.—¿Se enamoró de un simple santo de bronce?
Aiacos se sacudió en una risita silenciosa.
—¿De veras crees que el señor Hades tiene tan mal gusto como para enamorarse de un bronceado cualquiera?
—Eso dicen,—se defendió el Grifo.—Yo no sé nada.
—Hablando de un santo que se ha enfrentado hasta a los dioses y cuyo poder puede superar fácilmente el de un santo de oro, me parece más un intento de Zeros de menospreciarlo. Shun podría hacérselo pagar con facilidad de proponérselo.
—¿Shun?,—la voz de Minos cambió levemente.—¿Andrómeda?
—Pues claro. ¿Qué aún no sabes que de lo que se enamoró el señor Hades fue del alma de Shun?
—Bueno, en ese caso, el asunto cambia. Probablemente sea el ser humano más digno de él en todo el mundo.
—¿La señorita Pandora sabía ya?
—Por supuesto. Eso explicaría porqué se enojó cuando le pregunté al respecto.
—¡Ustedes!,—la voz de Pandora los sobresaltó.—¡Si no tienen nada que hacer, vengan para asignarles algo! ¡Y si ya deberían estar haciendo algo muevan el trasero!
Optaron por irse.
—No vaya a ser que nos toque a nosotros una "sesión" de música con el arpa. Pandora da miedo cuando se pone así.
—¿Exactamente qué fue lo que dijo Radamanthys?
Aiacos se rascó la cabeza.
—No lo sé muy bien,—contestó.—Creo que estaba borracho, como de costumbre, y dijo algo así como que el señor Hades no era digno de ningún mortal, que eso no podía ser y un montón de cosas que por lo visto no le agradaron a Pandora.
—¿Está el señor Hades aquí?
—No lo he visto. Supongo que está arriba. Cuando vuelva de seguro que les pedirá explicaciones.
—En fin, solo espero que no se tuerzan demasiado las cosas.
—Descuida, aquí se saben manejar las rebeliones. La verdad, por lo que dijo Zeros creí que se trataba de alguno de los otros, no de los que conocimos.
Minos entrecerró los ojos.
—¿Qué?
—Estaba pensando…¿Acaso Andrómeda vendrá a vivir aquí?
—Lo dudo. No mientras sea un santo bajo las órdenes de Athena.
—Sí, Radamanthys dijo algo así. Creo que eso fue lo que más molestó a Pandora. Como si eso fuera a significar un obstáculo para el señor Hades.
—¿Nadie sabe de esto allá arriba? Si aquí hubo oposiciones, no me extrañaría que en el Santuario también,—se preocupó Garuda.
—Lo ignoro. Pero será mejor que nos enfoquemos en los problemas de aquí o acabaremos de cabeza.
—Zeros se ha burlado bastante. Dice que el señor Hades llama…
—Zeros probablemente piensa en un príncipe como un niño inútil y malcriado. No tiene porqué ser así. Un príncipe no solo es el hijo o consorte de un rey, un príncipe también es entrenado como un guerrero para que proteja a su pueblo. La propia Andrómeda era una princesa que estaba dispuesta a sacrificarse por su pueblo. El señor Hades jamás le daría a su pareja un mote que pudiera significar algo malo. Me da que cuando se entere, a Zeros le irá muy mal.
—Bueno, ahora que tenemos permiso para divulgarlo será mejor que lo hagamos para controlar revueltas.
—Te acompaño.
Ambos se dirigieron hacia sus respectivas bases a poner al corriente a sus respectivas divisiones.
Mientras tanto, Pandora supervisaba que todo estuviera listo para cuando su señor regresara. Aunque estaba preocupada por su tardanza, rehusaba irse a descansar hasta que él regresara. Revisó que los aposentos de Hades estuvieran limpios, ordenados y con la iluminación correcta. También revisó que la pileta estuviera llena de agua y de que hubiera un jarrón de ambrosía a la mano por si éste deseara beber algo.
El diván sobre el que gustaba reposar, y a veces dormir, era también de ébano puro, como el trono del dios en el salón principal.
Se sentó a tocar el arpa, dulcemente esta vez, en espera de que Hades regresara.
—Vete a dormir, Pandora,—oyó una voz seria cerca de ella, que la sobresaltó.—Yo esperaré al señor Hades.
Negó enérgicamente con la cabeza.
—No yo debo informarle de lo que ha pasado. Además, ya amaneció. Ya no debe tardar…
Hypnos arqueó las cejas.
—¡Es una orden, Pandora!
La joven suspiró y se retiró. El esposo de Pasitea, suspiró con algo de hastío. Salió al pasillo a vigilar que Pandora se acostase o al menos que se metiera en su cuarto.
Cogió un libro y se sentó en el diván a leer mientras esperaba.
—Hypnos,—la voz de Hades lo sobresaltó. Se puso inmediatamente de pie. Seguidamente se inclinó hasta casi tocar el suelo con la cabeza.
—Bienvenido, señor Hades.
—¿Dónde está Pandora?,—preguntó, mientras se quitaba la capa con un ademán firme. La rosa negra se desprendió y fue a dar al suelo, a los pies de Hypnos. Éste la levantó con cuidado. Hades se quedó mirándolo, mientras lo hacía.
—Hermosa flor, esta rosa. ¿Se la ha dado Andrómeda?,—la depositó con cuidado sobre la mesita, al lado de la ambrosía.
—Contesta mi pregunta,—ordenó sin levantar la voz.
—La he mandado a acostarse. Se ha quedado toda la noche en vela esperando que regresarais.
Una ligerísima sonrisa curvó los labios de Hades, tan fugazmente que Hypnos creyó que se la había imaginado.
—Esta niña…¿Acaso no sabes que ha hecho en mi ausencia?
—Ha castigado a Radamanthys y a Zeros. El primero empezó con sus características insolencias. Además, tengo entendido que se atrevió a retaros,—el icor hirvió en las venas de Hades al recordarlo,—…y Zeros comenzó a regar supuestos sobre su relación con el santo de bronce. Me temo que por su culpa hay desacuerdos entre los espectros por vuestra relación con Andrómeda. Pandora los ha castigado a ambos y les ha ordenado disculparse con vos.
—¿Qué hay de Minos y Aiacos?
—No parecen estar en excesivo desacuerdo, y si lo están, no lo han demostrado abiertamente.
—Van con más pies de plomo, me agrada oír eso. ¿Y tu gemelo?
—A Tanathos no le importa, mi señor. Le basta saber que lo consideráis digno. Al igual que yo.
—Bien. Vete ya. Dile a Pandora cuando despierte que haga sus labores diarias como siempre. No voy a levantarme hoy, no tengo ganas. Si me molesta, que sea para algo estrictamente indispensable.
—Sí, señor. Como queráis.
—Dile a mi madre que necesito hablar con ella. Que venga, por favor.
El hijo de Nyx sacudió la cabeza, temiendo haber oído mal.
—¿A…su madre, mi señor?
Hades lo miró con expresión cortante.
—¿Acaso no fui claro?,—escupió, con un tono que no admitía réplicas.
—Sí, mi señor. Clarísimo. Como el agua.
—¿Entonces qué esperas?,—ladró.
Hypnos se retiró prestamente.
—Oye, Tanathos,—le susurró a su hermano. —El señor Hades me ha pedido algo extraño.
—¿El qué?,—contestó éste, con indiferencia.
—Me ha pedido que vaya por su madre.
Tanathos frunció el ceño.
—¿Para qué?
—No sé.
—Bueno, en ese caso obedece. Ya luego sabremos porqué en algún momento.
El Sueño asintió y se dispuso a cumplir las órdenes de Hades.
Es de todos sabido que cuando Zeus destronó a Cronos y estalló la guerra entre los titanes y los dioses, ninguna de las titánides quiso tomar parte en el conflicto. Por ello, el Olímpico les retuvo sus privilegios al derrotar a los titanes y ninguna de ellas fue encerrada en el Tártaro como sus hermanos.
A Temis y a Mnemosine las tuvo Zeus entre sus brazos y tuvo de la primera a las Horas y a las Moiras y de la segunda a las nueve Musas, las compañeras de Febo. Tea se acostó con Hyperión y tuvo de él al Sol, a la Luna y a la Aurora. De Febe, tuvo Crío a Leto y a Asteria, ambas pretendidas por el Olímpico, pero solo Leto accedió a los requerimientos y le dio a los gemelos arqueros, a Apolo y a Ártemis. Y Océano tuvo de Thetys a las trescientas océanides, ninfas amables.
Pero de Rea nació Zeus, rey de dioses, y Poseidón, sacudidor de la tierra y Hades, el invisible, Ella, como sus hermanas, retuvo sus privilegios y a menudo ofrece consejo y apoyo a sus hijos, por los que siempre ha velado tanto.
A ella es a la que tiene que buscar Hypnos, en las Islas de los Bienaventurados, donde reina junto a su esposo, el terrible Cronos.
El gemelo de Tanathos no pierde tiempo, pues y se encamina hacia aquella parte del Inframundo, para cumplir con las órdenes dadas. Cuando llegó ante ella, se inclina profundamente con respeto.
La gran diosa se inclina, interesada ante la visita que tiene frente a ella. Su rostro es viejo como el de todas las antiguas deidades, sin mostrar signos de vejez alguna, de piel oscura que contrasta fuertemente con sus cabellos celestes, que fluyen, y sus ojos colorados, como dos rubíes, viejos, sabios. Posee una expresión altiva, como la de su hija Hera, pero no tan agresiva. Tiende la mano en un ademán regio. Hypnos se la besó.
—¿Qué te trae a mí, hijo de Nyx?
—Vuestro hijo ha requerido vuestra presencia en el Inframundo, mi señora. Ruego consideréis presentaros ante él.
—¿Qué es lo que inquieta a mi hijo mayor?,—preguntó, levantándose. El peplo oscuro cayó con soltura y se adhirió a las caderas y el busto, ambos generosos, con fluidez.
—No me lo ha dicho. Tan solo me ha pedido que os llevara ante él.
—Estaré allí apenas pueda. Díselo así a Hades.
—Sí, mi señora. Como gustéis.
Regresó rápidamente al Inframundo y le notificó de aquello a su amo. Hades le reiteró la orden de no ser molestado y lo despidió. Después se acercó a la ventana, mientras jugueteaba con la rosa.
Ni siquiera se volvió cuando percibió la presencia de aquella que le había dado el ser, aunque sintió la inquietud que lo embargaba atenuarse un poco.
—Hypnos me ha dicho que estabas inquieto querido hijo, ¿qué es lo que te preocupa?
Por fin se separó de la ventana. Su expresión se suavizó hasta puntos insospechados, mientras se acercaba a Rea.
—Madre…necesito de tu ayuda.
—Dime, qué es lo que te preocupa. Si está a mi alcance te ayudaré con ello.
Hades le cogió la mano con delicadeza y la puso sobre su propio pecho. Rea se sorprendió al sentir los latidos de su corazón, más dulces que de costumbre.
—¿Te has enamorado de nuevo, hijo mío? ¿Al fin has podido darte otra oportunidad?
—Así es. Pero ha sido porque esta persona…me la recuerda y a la vez es tan diferente a ella…Llena de luz…y esta vez no hay peligro de que salga mal… —la voz se le quebró ligeramente.
—Veo entonces, porqué necesitas mi ayuda. ¿Quieres aquella joya, no es así? La necesitas para dársela al ser amado. Pero no puedes, porque la tiene Perséfone…
— Solo a ti te permite Deméter verla. Y contra ti no podrá protestar, porque eres su madre. Sabes que esa joya es un símbolo de alta jerarquía aquí en el Inframundo. La necesito para sofocar los rumores de mi relación con Shun. No quiero que los haya, y dándoles a conocer esto es la única forma de notificarles que es algo serio.
—Oh…así que es un chico. Por fin te has dejado influenciar por tus hermanos, ¿hm?, —la curiosidad maternal afloró. —¿Quién es este Shun que te tiene así?
— Es el santo de Andrómeda,—explicó.—Aquel cuyo cuerpo estaba destinado a ser el recipiente de mi alma en esta era. Su alma es tan bella…
—Oh, un santo de Athena. Es buena señal, es un guerrero, alguien fuerte…Imagino que la pequeña está al corriente de que estás en una relación con uno de sus guerreros, ¿verdad?
—Por supuesto. Y ha dado su consentimiento. Él también quiere… él quiere intentar amarme.
— No eres fácil de amar, hijo. La oscuridad que te rodea, que siempre te ha rodeado…no cualquiera podría amarla. Es intimidante, y causa temor. Y tu verdadero yo está muy adentro y no asoma fácilmente y ante cualquiera, como ahora conmigo. Ni tus hermanos ven esta cara de ti,—le acarició la mejilla.—No te preocupes, te traeré esa joya, si es lo que necesitas. Pero podría tardar.
—Tárdate lo necesario, madre. No tengo prisa alguna.
Rea le hizo una enésima caricia antes de desaparecer. Se tendió en el diván con la rosa en la mano. Pronto se quedó dormido.
Mientras tanto, en el Santuario, las cadenas de Shun se enredaban con facilidad alrededor del cuerpo de su oponente. Misty suspiró.
—Ya está bien, Shun. Tú ganas…de nuevo. Eres un problema, chico.
—Ya lo sé. Pero necesito entrenar para no oxidarme y estar en forma,—explicó.
—Por supuesto. Necesitas dar la talla, ¿verdad? Más ahora que eres el amante de un dios,—el tono de voz se volvió algo picaresco.
—Hades me ama tal y como soy. No necesito fortalecerme para complacerlo. Pero sí para cumplir con mi deber de santo.
— Sabes a lo que me refiero, Shun.
— Aún no hemos intimado. Y no lo haremos en un buen rato, —contestó con naturalidad, enrollando las cadenas.
—¿Pero piensas hacerlo?
—Por supuesto, pero cuando sea el momento, y no antes. No tengo prisa y él tampoco.
—¿No te intriga?
—¿Qué quieres decir?, —se intrigó.
—Quiero decir, ¿no te intriga conocer más a fondo a Hades?
—Quiero intentarlo. Sé que debe tener un lado más amable en algún sitio. Un lado menos atemorizante. Estoy seguro que es solo una coraza. Quiero descubrirlo.
—Bueno, eso está bien. Pero no te han molestado con eso, ¿verdad?
El santo de Andrómeda arqueó las cejas.
—Algunos. Pero no me importa. No es a ellos a los que ama Hades.
—Ya veo. Pero entonces, ¿te irás al Inframundo?
Negó enérgicamente.
—No podría. Y Hades no quiere eso. Prefiere visitarme él.
—¿Y la señorita Athena? ¿Sabe?
— Por supuesto, tonto. ¿Has de creer que somos tontos?
— Ya me parecía a mí…
—¿El qué?, —sospechó Shun.
—Nada,—se quitó Lacerta.—No tiene importancia…
—Misty…
—Seiya ha estado diciendo cosas…como que se ven a escondidas de la señorita, porque dijo que no o algo así. Es que no sonaba convincente.
Un fuerte bufido dejó el pecho de Shun.
—No hay manera de que entienda…ni siquiera si la señorita Athena le dice. Qué cansado.
— Bueno, en ese caso, cosechará lo que está sembrando. Sabes que el karma nunca falla. En algún momento lo pagará.
—¿Tus compañeros no han dicho nada?
— No he visto u oído a nadie decir algo malo. Salvo a Seiya, pero…es Seiya.
— A nadie le importa, no sé por qué a él sí…
—¿ Y a Hades?
— Se enojó cuando le dije que Seiya estaba inventando, pero se olvidó rápido. Por un lado lo entiendo, ha sido mucha la rivalidad entre Hades y el santo de Pegaso desde la época mitológica, pero…
— Necesita dejar a un lado sus traumas, es todo,—suspiró. —Ay, éste Seiya…
—¿No has visto a Orfeo?
— Por ahí debe de andar, ¿porqué?
— Sé que a Hades le gustaba escuchar lo que tocaba. He pensado en decirle que toque algo para él alguna vez.
—Lo gracioso es que Seiya actúa como si te obligara,—se burló.—Y mientras, tú estás como si nada, en una relación normal, como la de cualquiera…
— Sí…,—contestó de forma distraída.—Es un tonto…
—Te dejo, cariño, —contestó con guasa. —Para que hagas tus cosas.
—Gracias por el entrenamiento,—contestó.
— De nada. Sabes que para eso estamos.
Shun suspiró.
Sabía que las cosas estaban cambiando poco a poco entre ambos bandos y que no volverían a ser las mismas debido a la relación que estaba dispuesto a iniciar con el dios, que estaba descubriendo.
La pasada noche había descubierto la sensación nueva de dormir junto a alguien más, de sentirse protegido y amado por solo el hecho de estar juntos. Todavía no entendía muy bien qué era lo que sentía cuando estaba con Hades, pero al parecer a éste sí le gustaba estar así con él. Sabía que tarde o temprano tendría que ir al Inframundo, aunque fuera por una temporada y, conociendo a algunos espectros, se sentía aprensivo al respecto.
También se sentía muy aliviado de haber podido hablar con Shion acerca de aquello, sobre todo en lo tocante al alojamiento. Aunque sabía que al santo de Virgo no le molestaba nada tenerlo como huésped en su templo ni tampoco que el dios lo visitara, sentía que estaba abusando de su hospitalidad. Tampoco quería regresar a Japón, pensaba que estaba demasiado lejos.
Así que Shion le había asignado la cabaña que había pertenecido al santo de Orión, la cual llevaba años vacía.
—Lo encargué de entrenar a Milo,—le había comentado.—Lo último que supe de él fue cuando me notificó que Milo había logrado conseguir el Gold Cloth, pero no regresó con su pupilo. En palabras de Milo, presentía que algo malo iba a suceder y se negó a regresar.
Se sentó en la cama, que crujió bajo su peso. Se quedó viendo el colchón con ojo crítico. Bien se veía que hacía años que nadie pisaba aquella cabaña. Pero ponerla al día podía ser divertido. Sobre todo si cumplía el objetivo que se suponía, y podía estar a solas con Hades sin preocuparse de molestar a los demás.
Se preguntó como estarían reaccionando los espectros ante la noticia, adivinando sin saberlo, las reacciones de algunos. Sobre todo le intrigaba la reacción de Pandora. Recordaba vagamente los cuidados que la joven le había prodigado mientras estuvo bajo la influencia del alma del dios, y su férrea lealtad hacia Hades. Y estaba seguro de que acataría cualquier decisión que tomara Hades, aún si estaba en desacuerdo con ellas.
Sorprendentemente, en el Santuario nadie había puesto grandes pegas o se había molestado de más por aquello, excepto Seiya. Ya empezaba a resultarle tedioso que cualquier persona con la que hablara le comentara acerca de los rumores que al parecer estaba esparciendo.
Sabía de algunos como Aiolia, a los que no les hacía gracia la idea. Pero se habían callado para ellos mismos ese disgusto, y no le habían dicho nada, sin duda entendiendo que no era asunto de ellos.
Suspiró de nuevo y se recostó sobre la espalda. Una nube de polvo se levantó desde la cama y lo hizo estornudar.
Sacudió la cabeza mientras se pasaba la mano por el rostro para quitarse el polvo. Se levantó y quitó las sábanas y el cobertor para sacudirles el polvo.
—A saber cuando fue la última vez que alguien limpió esto,—suspiró.—Será mejor que llame a alguien para que lo haga antes de mudarme aquí, o cogeré una alergia.
Salió afuera, dispuesto a llamar a algunas doncellas. Por el camino, se topó a Shaina. La mujer se detuvo cuando lo vio, sin duda con ganas de preguntarle algo.
—No me preguntes nada, por favor. Ya Misty me estuvo diciendo cosas hace un rato,—se sonrojó al recordarlo.
—Entiendo. Entonces, ¿Te han preguntado mucho?
—Np dejan de hacerlo. Pronto empezarán a correr rumores raros.
—Creo que ya corren…
—¿Qué?,—se quejó.—Pero no me han dicho nada…
Shaina negó con la cabeza.
—Nunca dicen. Solo dejan que corran los rumores. Al parecer, alguien oyó a Shion cuando te permitió quedarte aquí.
—Ya me estoy hartando….¡No es asunto de ellos!
—¿Porqué no te vas con Hades un tiempo?
—¿Eso no empeoraría los rumores?
—Pues claro. Pero daría pie a que la señorita Athena se hartara y los regañara,—se río.—Ya hablando en serio, sé que puede ser mareante al inicio, pero si los ignoras y no les haces caso se aburrirán y dejarán de hablar.
Un enésimo suspiro dejó los labios del santo de Andrómeda.
—Supongo que tienes razón. Qué extraño resulta esto.
—Tú sigue en lo tuyo como decidiste. No te preocupes,—,le aconsejó.—No es porque sea con Hades. Es porque estás con alguien. Aquí las relaciones siempre son muy comentadas cuando inician. Luego se calman.
Se encogió de hombros, ya más tranquilo.
—Bueno, seguiré tu consejo. Ya dejaré de preocuparme.
Subió hasta el templo de Virgo y se acostó sobre el diván en la entrada. El colgante resbaló por su pecho y quedó colgando de un lado.
Yours Ever
Toda mala acción tiene su castigo. Y lo han pagado esos dos por andar cotilleando xD
Me fascina el personaje de Pandora en el manga clásico. Solo el hecho de que comanda a los 108 espectros resulta un indicativo de que es un personaje fuerte. No necesita levantar la voz al castigar a nadie y lo hace sin titubear cuando alguien la desobedece, como castigó a Radamanthys por enviar más espectros al Santuario.
El arpa no es el mismo instrumento que una lira, pese a que suelen confundirlas. Ambas son instrumentos de cuerda, pero tienen diferente forma. Y la lira siempre va a ser de mano y con forma de lirio (por eso se llama lira) mientras que el arpa puede ser más grande (como la de Pandora) Así pues, el instrumento que tocan ambos Orfeos, Mime y Abel son liras no arpas. La de Pharaoh se supone que es la variante egipcia de la lira griega.
Y apareció mamá Rea xD Con ella ya se elevan a cinco las titánides que han aparecido en mis fics ( Mnemosine, Leto, Hécate, Afrodita (que es considerada como tal por nacer de los genitales de Urano, la única titánide entre los olímpicos, y ahora Rea)
Me parece muy curioso que en el episodio G todos los titanes son de piel oscura, esto contrasta especialmente aquí con la piel de Hades, que más bien es demasiado pálida.
Rea (gr. Ρέα) es la menor de las titánides. Casó con su hermano Cronos, al que le dio seis hijos. El menor, Zeus, se salvó de ser devorado por su padre gracias a que ella le dio una piedra para engañarlo.
El nombre significa "flujo" o "fluir" Como diosa madre, los flujos eran la sangre menstrual, el líquido amniótico y la leche.
Luego se retiró a Creta y ahí dio a luz. Por eso esta diosa era muy adorada en Creta.
Rea está fuertemente identificada con Cibeles, la Gran Madre frigia/anatolia, hasta el punto de que ambas diosas resultan difíciles de diferenciar la una de la otra pues incluso comparten iconografía.
Los antiguos griegos explicarían esto como que Rea huyó de Creta hacia Asia Menor para escapar de las represalias de Cronos.
Una vez que Zeus liberó a los titanes del Tártaro (la obra de Esquilo que narra esto, el "Prometeo liberado" se perdió) le encomendó a Cronos el gobierno de la Isla de los Bienaventurados, la parte del Inframundo donde habitan aquellos amados por los dioses, exentos de la mortalidad. Según otras versiones, la gobernante de aquel lugar era Macaria, la hija de Hades y Perséfone, esposa de Tanathos.
¡Gracias por los comentarios!
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