-¿Cómo que papá, Damon?
-Princesa, ¿qué haces levantada? Tenías que estar descansando.
-¿Tú eres la famosa Elena? –le preguntó la morena a la rubia mientras se acercaba a ella despacio como si se tratase de una pantera y su presa.
-Y, ¿tú quién eres?
-Annabella Salvatore. Y no, no soy vampira, al menos no del todo.
-Pero…
-Elena, deja que te lo explique, por favor –le dijo Damon mientras la empujaba suavemente hasta las escaleras-. Ya hablaremos más tarde, Annabella.
-Ajá. ¿Y la abuela?
-Luego –le respondió él subiendo las escaleras junto a Elena.
La muchacha asintió yendo a la cocina.
-Espera, Annabella –la llamó Stefan-. ¿A dónde vas?
-A comer algo, a qué si no.
-Esto… no creo que en esa cocina haya algo que te guste –advirtió Matt poniendo cara de asco.
-Ah, ¿no? ¿Y qué debo comer? ¿Tú lo sabes?
-Bueno, me imagino que lo mismo que tu padre.
-Ya, claro. Demostrando tu inteligencia por lo que veo. ¿Tú escuchas alguna vez a la gente cuando te hablan? ¿No he dicho hace apenas cinco minutos que no soy una vampira?
-¿Qué –le preguntó educadamente Stefan- quieres entonces?
-Chocolate, lo necesito. Tengo un bajonazo… después del disgusto, supongo que será normal.
-Por supuesto –la tranquilizó el vampiro mientras entraban juntos en la cocina-. Pero ya has visto que tu padre está bien, y estás con nosotros, no te pasará nada. Aquí estarás bien, tranquila.
Annabella se le quedó mirando fijamente a los ojos. Dios, era idéntica a su hermano. Los mismos ojos, el mismo pelo, los mismos gestos y andares…
-Gracias, supongo. Pero con papá me basta. Bueno, y con la abuela, cuando la encontremos.
-Hay algo que no entiendo.
-¿El qué?
-¿Cómo es que está tu abuela metida en esto? ¿Es que Damon la convirtió o qué?
La muchacha se rio con todas las ganas del mundo.
-Claro, es que papá era capaz de convertir a la gente en vampiro ya de niño, es un don único, sólo él lo posee.
-¿Cómo que de niño? No lo entiendo.
-Por qué será que no me extraña –murmuró ella mientras pegaba un bocado al bocadillo de chocolate con almendras y arándanos que se había preparado a la vez que reviraba los ojos.
-Si es la madre de la tuya, ¿cómo es posible?
-Y, ¿quién ha dicho que sea mi abuela materna?
