Damon dejó a Elena en la cama antes de tumbarse él y subir las mantas.

-¿Tú –le acusó Elena después de haber puesto la cabeza encima del pecho de él- no tienes nada que explicarme?

-¿Tiene que ser ahora, Elena?

-Sí. Ya sabes que soy una cabezota, si no me lo cuentas ahora no dormiré y luego estaré cansada y será por tu culpa. ¿Podrás luego andar con la cabeza alta sabiendo que he sido infeliz por tu causa?

-Eres de lo que no hay –protestó Damon riéndose.

-Venga, en serio. ¿Qué es lo que pasa? ¿Cómo es que tienes una hija? Se supone que los vampiros no podéis procrear.

-Eso era lo que yo creía, durante 500 años. Hasta que la madre de Annabella vino diciéndome que estaba embarazada, siete meses después nació la niña, matando a su madre al salir. Yo me hice cargo de ella y con la ayuda de… su abuela la he criado y sacado adelante. Aunque haya veces que parezca que no tiene educación.

-¿Cuántos años tiene?

-Este junio hace los 15.

-¿15 años?

-Sí, es increíble lo rápido que ha crecido.

-Pero, ¿es vampira?

-No, no es ni vampira ni humana. Es una híbrida. Mitad humana, mitad vampira. La mejor combinación de las dos especies.

-Es idéntica a ti.

-Por supuesto, eso la hace tan poderosa.

-Me refería físicamente.

Damon le lanzó su sonrisa de 200kw la cual enseguida hizo desaparecer.

-Bella mia, es obvio que es hermosa gracias a mi. Sí, su madre era guapa, pero Annabella es… ¿cómo decís ahora? Ah, sí. Despampanante. Pero dejemos ya el tema y centrémonos en nosotros.

-Pero, ¿no se suponía que tenía que descansar?

-Mmmm, ya lo harás en cuanto acabe contigo –le contestó Damon antes de abalanzarse sobre ella y comenzar a besarla mientras le quitaba la camiseta.

-¿Cómo que no es tu abuela materna?

-A ver, tío Stefan, piensa. Aunque sea sólo un ratito. Si no es mi abuela materna y fue convertida en vampira cuando papá y tú eráis niños, ¿quién será?

-Pero no es posible.

-Ding ding ding. ¿Quién será?

-¿Mi madre?

-¡Premio! Muy bien, Stefan. Sabes cuánto son dos más dos. Muy bien.

-Pero ella murió cuando éramos niños. Damon no me ha dicho nada nunca. Ni siquiera antes, cuando hemos hablado de ella.

-¿Y eso te extraña? Mi padre oculta muchas cosas, a estas alturas deberías de saberlo. A pesar de que le conozco de menos tiempo que tú sé mejor que tú cómo piensa y actúa. Increíble.

-Pero…

En ese momento entró Bonnie con los ojos en blanco y, sin mirar a nadie en realidad, dijo:

-Todo lo que conocéis está a punto de cambiar. Todo vuestro pasado no es el que vosotros creéis y vuestro presente y futuro no os pertenece.

-¿Cómo? –preguntó Annabella justo en el mismo momento en el que Bonnie se despertaba del trance e, inocentemente, como siempre, preguntaba:

-¿Qué ha pasado?