-¿Qué pasa?

-¿Qué demonios ha sido eso? –preguntó Annabella mirando con cara rara a Bonnie.

-Bonnie tiene… Poderes –le aclaró su tío-. A veces tiene premoniciones que nos alertan de algo malo que va a ocurrir.

-Antes he sabido que Damon no estaba muerto y eso no es malo.

-Lo sé, Bonnie. Pero normalmente es para advertirnos de que algún tipo de Poder malvado se acerca.

-Y, ¿qué he dicho ahora? ¿Algo malo?

-Espera, mejor cuando estemos todos juntos, ¿vale?

-De acuerdo.

-¿Dónde vamos ahora? –quiso saber su sobrina mientras entraban en el salón.

-Tenemos que contarles lo que ha predicho Bonnie.

-¿Y papá?

-Sí, no creo que le haga mucha gracia si no le mantenemos al corriente. A pesar de que me deba una explicación sobre el tema de tu abuela. No sé cómo lo vamos a hacer, Damon tiene que luchar contra lo que se le viene encima, tenemos que ir a por tu abuela a la Dimensión Oscura y ni siquiera sé el aspecto que tiene y encima, por si teníamos poco, Bonnie tiene una premonición indicando sabe Dios qué.

Justo en ese momento le sonó el móvil a Annabella. Quien lo descolgó sin preguntar. "Una mala costumbre", pensó Stefan.

-¿Sí? ¡Oh, abuela! ¿Dónde estás? Sí, con Stefan. No, tranquila, estoy bien. Sí. Espera, tengo algo que decirte. Sí, ya me lo imaginaba. Es sobre eso, sí. Es que me da no sé qué contártelo por teléfono. Bueno, vale. Agárrate, no es agradable, tranquila. Es más, vas a saltar de alegría. Sí, tranquila. ¡No, no he bebido nada! Pues sigo siendo yo, no lo he hecho. N o sin su permiso ni ayuda. No, no es imposible. Si me dejases hablar y dejases de acosarme a preguntas te podría decir que papá está vivo. Ala, ya lo he dicho. ¿Ves? Papá tiene razón. Tiras y tiras hasta que la cuerda se rompe. Pues si quieres hablar con él, tú misma, pero no sé si estará visible. Ha subido a su habitación con Elena, y conociéndole no será a dormir, precisamente. –esto último lo dijo con una sonrisita en los labios que hizo desaparecer enseguida, otra vez la sonrisa de su padre, mientras subía por las escaleras.

-Espera –la interrumpió Stefan-, no vayas tú. Ya le aviso yo.

-Sí era él. Ajá, ya se lo digo, tranquila –y tras esto guardó el móvil en el bolsillo-. Que dice que no te molestes, que viene para aquí.

-Que va a…

-Sí. ¿Nervioso?

-Pues sí la verdad.

-Y –preguntó Damon desde la puerta del cuarto-, ¿Por qué estás nervioso, si se puede saber?

-Hermano, ¿por qué no me dijiste que nuestra madre estaba viva?

-Porque no me lo preguntaste.

-Y cómo te lo iba a preguntar si se suponía que estaba muerta. Tú mismo me lo has dicho antes.

-Si algo he aprendido en estos siglos vividos es que en la vida nada es lo que parece, si no lo que tú quieres que parezca.

-¿De qué diablos estás hablando ahora?

-De nada. Es igual. No te dije nada porque se lo prometí, Stefan. Y siempre cumplo mis promesas, al menos las que hago siendo yo.

-Bueno, es igual, porque vine para aquí.

-¿Cómo que viene?

-Tu hija la ha dicho que venga.

-¡Eh! Que yo no la he dicho nada. Ha sido ella solita la que se ha invitado, la que se quiere unir a la reunión familiar. Yo no tengo nada que ver.

-Bueno, Stefan, por fin vas a ver tu sueño hecho realidad.

-¿Qué sueño?

-Hablar con Dios. ¿Qué va a ser? Conocer a madre, idiota.

-Yo…

-Pero, ¿vuestra madre no estaba muerta? –preguntó Mederith quien había entrado en la sala sin que los hermanos ni Annabella se diesen cuenta.