Capítulo 6

Kore

Athena abrió la puerta con cuidado.

Aquella parte de la cámara solía usarse para el descanso por las noches por lo que contaba con todos los muebles que conformaban un dormitorio.

La cama era grande y majestuosa, con un dosel de pesado brocado color marfil que era descorrido durante el día y la luz entraba sobre una única ventana circular y caía suavemente sobre la cama. El respaldar había salido de sus propias manos, a juego con el resto de la de la cama.

Fiel a la esencia de todo aquel refugio, representaba a una joven virgen entretenida con la lanzadera y el telar.

Sobre el colchón, relleno con las más suaves plumas siempre se encontraba una hermosa colcha, de gruesa seda, con hermosos bordados de diversos tipos de flores. Aquella colcha había sido lo primero que, bajo la guía amorosa de Thetys, había tejido la joven Hera. En un principio, había adornado la cámara nupcial cuando ésta se casara con Zeus, pero luego había tejido otra, y ésta se la había cedido a su hermana Hestia.

Las almohadas también eran de un blanco deslumbrante, suave y mullido.

Sobre este lecho impoluto, rodeada por algunas flores, descansaba la que todavía era la emperatriz del Inframundo.

Se asemejaba a una muñeca de porcelana, con tan solo una mancha de color en todo su rostro, los labios que asemejaban una sola gota de sangre en medio de la nieve blanca. Sus cabellos, de un tono casi negro, también resaltaban contra la blancura de aquel lecho.

Entre las manos tenía una sola flor, un narciso, su flor preferida. El contraste resultante entre los blancos y oscuros era impresionante.

Athena la cubrió con el velo de la cintura para abajo y depositó la corona a su lado en la cama. Seguidamente, le cogió la mano con ternura y encendió su cosmos, rodeando a la diosa dormida con él. Pudo percibir como su conciencia acudía presurosa, así que asumió que el sello se había debilitado lo suficiente, como para estar consciente de lo que pasaba a su alrededor, aún si no podía despertar.

"Hermana Athena", pudo percibir alegría en el cosmos de Perséfone, como si hace mucho que la esperara.

"Querida hermana. Veo que tu conciencia ya es libre"

"Así es. Ya puedo escuchar o percibir lo que pasa a mi alrededor, aún si no puedo despertar del todo"

"Está pronto tu despertar, ¿No es así?"

"Puedo sentirlo", su voz se tiñó de ansiedad. "Ya no falta mucho" "Pero te esperaba, como cada doscientos años. ¿Acaso has venido a pedir perdón por haber vuelto a sellar a mi marido?"

Una risita reverberó dentro del pecho de Athena. Se sentó al borde de la cama y le acarició la cara. Pudo sentir la expectación vibrar en el cosmos de su hermana.

"¿No lo sabes aún? Hades y yo hemos hecho las paces. Ya no habrá más Guerras Santas, no entre nosotros al menos. Tampoco con Poseidón"

Sintió la incredulidad primero y luego el alivio. Pero luego sintió la duda, y la curiosidad, natas en ella.

"¿Pero entonces a qué vienes, hermana?"

"La noticia que vengo a darte es buena…", hizo una pausa, algo teatral. "¿Recuerdas la carta que le dejaste a tu amado esposo, donde le pedías que por favor no se cerrara al amor?"

Sintió el asentimiento expectante crecer.

"Tu madre se la entregó mucho después de que fueras sellada, provocando su ira. Tampoco quiso saber nada de amar a nadie más…" sintió el temblor en el cosmos de Perséfone. "…debió de sentir que te estaba traicionando. Por eso su carácter se agrió y se llenó de odio. Traté de convencerlo de que no se cerrase, pero no pude. Hasta hoy."

"Mi madre dice que ya no me quiere, y por eso no viene"

"No viene porque no puede. Mi tía debió de percibir que estás más despierta y se guarda de pronunciarlo. En lugar de hacerte reposar en los Elíseos, te trajo al palacio de Hestia…"

"…a la Cámara de las Vírgenes.", el temblor se incrementó, pero ya no era de temor, sino de ira. Su cosmos también se alborotó. "¿¡PORQUÉ!?"

"Siempre quiso alejarte de Hades. Supongo que fue por eso"

"Tampoco mi padre…"

"Podría entrar de quererlo. Pero no quiso desairar a Hera ni a Hestia…", su cosmos se llenó de amargura.

"Mi madre siempre ha sido egoísta y cruel"

"Pero no es eso lo que he venido a decirte, sino buenas nuevas"

"Dime, hermana querida. ¿Qué nuevas me traes?"

"Mi tío, tu amado esposo, por fin ha dejado que Eros acertara en su pecho de nuevo"

Sintió la alegría envolver su energía. Cuando volvió la mirada hacia el rostro de su hermana, se sorprendió al ver el rastro de una solitaria lágrima.

"¿Quién ha sido?", la voz cósmica de Kore resonó en su mente. "¿Qué mortal o dios ha hechizado el corazón de Aidoneo?"

"Es uno de mis santos", explicó sucintamente. "Su nombre es Shun"

"¿Es un santo dorado?", la pregunta se hizo con dudosa curiosidad.

"No. Solo es un santo de bronce"

"¿De bronce?" se sorprendió la hija de Deméter.

"Es el alma más pura de esta era" explicó solamente.

Con eso lo entendió todo.

"¿Hades te ha pedido que me dijeras esto?"

"No", negó con la cabeza sin darse cuenta. "Pero creo que querría hacértelo saber. Después de todo, tú le pediste que no se cerrara"

"¿Mi madre lo sabe?"

"Por supuesto. Ya ha ido a gritarle a Hades. Me gritó también a mí"

El bufido se hizo sentir.

"Solo pasé a decirte eso. Sé que descansarás más tranquila ahora"

"Te lo agradezco hermana querida. En efecto, me siento mejor"

"Encontré entre mis cosas un velo y una corona que llevabas cuando Hades te raptó. Las he dejado contigo"

Esta vez fue el pecho de Kore el que retumbó en una risa.

"Debiste dejarlas donde estaban. Ahora mi madre las verá y se pondrá como loca"

"Descansa, hermana. Luego volveré."

"Por favor…dile a tu Shun que agradezco que haya sido capaz de enamorar a Hades. ¿Le corresponde?"

"Tenía un poco de miedo al principio. Pero creo que ya le ha pasado. Le he dicho que se parece mucho a ti. Ese puede ser el motivo por el que le atrajo en un inicio"

"Por favor, dile a la abuela que quiero hablar con mi padre. Sé que no puede entrar aquí, pero…lo extraño"

"Se lo diré", aseguró. "Descansa"

Cuando salió del cuarto, sintió la mirada de las cuatro diosas sobre sí.

—Ella no sabía, ¿Verdad?

Febe negó con la cabeza.

—Hasta hace poco notamos que ya era capaz de percibir lo que sucede a su alrededor, aún si todavía no puede despertar. Pero no nos habíamos atrevido a decírselo, hasta que oímos a Deméter decir que Hades no la visita porque ya no la ama, lo cual no es cierto.

—Me ha dicho que extraña a mi padre y que quiere hablar con él. Aún si sabe que es imposible. —esto lo dijo en dirección a Rea.

—No puedo remediar eso y lo sabes, joven Athena. Por eso pensé en llevarla a los Elíseos, donde si podrá verla mi hijo.

— ¿Aún no sabes cómo sacarla de aquí sin que su madre se de cuenta?

—Había pensado en pedirle su colaboración a Hades. Pero ya no estoy tan segura.

El gesto de sorpresa que cruzó el semblante de la ojilúcida Parthenos fue realmente genuino.

— ¿Cómo? ¿Por qué?

—Porque no estoy segura de si afectará su actual relación sentimental con tu santo. Los humanos no ven las cosas del mismo modo, y podría desencadenarse alguna desgracia.

—Shun es muy comprensivo. Seguro que entenderá.

—Puede que no lo haga. No me malentiendas, no lo conozco lo suficiente como para saber a ciencia cierta como reaccione. A lo mejor tienes razón y comprende. ¿Pero que sucede si no lo hace? Los celos no son buenos consejeros.

—Entiendo tu preocupación. Yo tampoco diré nada, —prometió.

—Siempre has sido una niña juiciosa. Sin embargo, sí puedes hablar con tu padre. De seguro esto lo alegrará. —contestó Thea.

—Entonces lo haré ahora. Gracias por recibirme.

—Descuida. Ahora vete. —le recomendó Temis. —Vete antes de que regrese Deméter.

— ¿Dónde está, por cierto? Me sorprende no verla aquí.

—Debe de haber ido a hablar con Hera, como siempre que está molesta por estos asuntos. Pero ya no debe tardar en regresar, y si te sorprende aquí nos matará a todas.

La diosa se inclinó, en señal de respeto y salió. Cruzó los salones de aquella morada con la rapidez y sigilo de una sombra. Cuando entró en el palacio de la reina de los dioses, vio a Deméter bajar las escaleras con paso mesurado.

Se escondió detrás de una estatua, hasta que la diosa se perdió de vista. Estaba segura que después de la pelea que habían tenido, verla en aquel lugar, y más tan tarde, dispararía las alarmas de Deméter y la haría sospechar. Tampoco quería protagonizar otra pelea sin sentido.

Una vez que estuvo segura que no había peligro, subió hasta la habitación de Hera. Cuando llegaba al final de las escaleras, vio a la esposa de Zeus salir de una habitación. Ésta arqueó las al verla.

—Vaya, parece que estoy muy solicitada esta noche. ¿Qué deseas de mí, Athena?

—En realidad, estaba buscando a mi padre. ¿Está él aún despierto?

—Tu padre lleva varios días durmiendo, le he dicho a Hypnos que lo duerma, para que pueda descansar. Éste asunto con Perséfone lo está alterando demasiado y ya se había olvidado del lecho hacia varias noches. Me tenía preocupada. ¿Y tú porqué lo buscas?

—Pensaba que ya que a Hades podría resultarle complicado, él podría ayudarme a trasladar a mi hermana a los Elíseos. Así tanto él como Hades podrán visitarla a menudo y dejar ese estado de ansiedad.

—Sabes que Deméter es la única lo suficientemente descarada como para desobedecerlo. Por otro lado, él podría entrar a esa cámara de quererlo, pero es demasiado respetuoso de las normas y del orden como para quebrantarlas. Sí, —se justificó, viendo el tic en la frente de Athena. —Hestia y yo nos opusimos en un principio, y fue para no desairarnos que contuvo su cólera. Pero eso ya no importa. No cuando los tiene a los dos sufriendo de esta manera.

—Perséfone ya se da cuenta de lo que sucede a su alrededor. También puede comunicarse por medio del cosmos.

—El sello ha ido debilitándose poco a poco con el pasar de los siglos. Es algo lógico que poco a poco vaya liberándose. Llegará el momento en el que tenga la fuerza suficiente para despertar por sí sola.

—Se ha enojado con Deméter.

—No me extraña, —suspiró. —Esta hermana mía ocasiona más problemas que soluciones.

—Entonces me retiro. ¿Le dirás a mi padre que vaya a verme cuando despierte?

—Por supuesto, querida. De mí no dudes.

—Te lo agradezco.

— ¿Así que mi hermano se ha encaprichado con uno de tus santos?

—Así es, —contestó.

— ¿Cómo se lo ha tomado el pequeño? Se ha asustado, me imagino.

Athena asintió en silencio.

—SÍ. Pero solo al principio. Creo que ahora que sabe que es cosa seria está menos asustado.

—Me recuerda al Troyano cuando Zeus lo trajo aquí. El muchacho estaba tan asustado como un pajarillo que se ha caído del nido. Le costó un poco acostumbrarse.

—Tampoco es fácil acostumbrarse cuando la reina de los dioses no te tiene aprecio.

La de los ojos de vaca chasqueó la lengua.

—Tu padre lo había traído para satisfacerse con él. Comprende que no me parecía que en vez de las manos de mi hija, me sirvieran la ambrosía unas manos que habían tocado a mi marido de manera íntima, y además, mortales.

—Pero cedió a tus requerimientos, ¿No es verdad? Mantuvo a Ganímedes como su copero personal.

Hera se encogió de hombros.

—Por demás, todavía lo ve a veces. Pero yo soy la única mujer a la que sube a su lecho y eso me es suficiente.

—Hades parece querer ese tipo de relación con Shun, y es lo que Deméter no aprueba.

—Ella nunca aprueba nada querida, —le contestó la diosa más vieja. —Ni siquiera encerrándola se siente feliz.

Aquello llamó la atención de Athena.

— ¿Se siente culpable acaso?

—Seguramente. Pero se queja demasiado y actúa ignorando a las demás personas. Es obvio que el peso de sus acciones se le devuelva en forma de culpa. Ella sabrá.

—Me pregunto que hubiera pasado si Kore hubiera sido varón.

—La sobreprotegería menos. Pero entonces se pasaría ahuyentando a Cipris. Sabes que le gustan los retos, hubiera sido un reto para ella lograr llegar hasta él por encima de Deméter.

—De todas formas habría problemas. Supongo que hubiera sido mejor si Poseidón no la hubiese violentado.

Hera se rió discretamente.

—Mi hermana es una hipócrita, querida. No hay más. Te recuerdo como no quiso ser poseída por su propia sangre, pero le abrió las piernas a un semidiós muy a gusto, en terreno sagrado y luego se enojó con Zeus, cuando carbonizó al impío.

Athena suspiró.

—Supongo que es así.

— ¿Te vas ahora, joven Athena? Una líder no puede estar ausente mucho tiempo sin decir adonde ha ido. Tu Sumo Sacerdote se preocupará.

—Sí, sí, me voy ahora. Gracias por tus consejos, —inclinó la cabeza a modo de respeto y salió apresuradamente.

La Crónide dejó el trono y se encaminó hacia la habitación de su marido. Se encontró con el mortal divinizado escanciando la ambrosía en un ánfora. Ganímedes levantó la cabeza al oírla entrar.

—Fuera, —le ordenó sin miramientos.

Cuando se quedó a solas, se quitó las ropas y los aderezos que cubrían su cuerpo y se metió en el lecho, al lado de Zeus.

Éste se movió levemente al sentir sus labios sobre su espalda. Se volvió hasta quedar cara a cara con ella. Había algo de reproche en su mirada.

—Me has dormido…, —se quejó.

Ella le pasó la mano por la espalda.

—Me tenías preocupada, —contestó. —Todos esos días sin dormir…

—Sabes que a los dioses eso no nos afecta como a los mortales.

—Me preocupé igualmente. —se arrecostó junto a su pecho. —Pero esa hija tuya no hay duda de que es muy lista.

Él la miró con curiosidad.

— ¿Athena? ¿Acaso ha estado aquí?

—Así es. Al parecer, quería hablarte acerca de Perséfone.

— ¿Perséfone?

Hera asintió.

—Me ha dicho que te avisara apenas despertaras.

—Debo ir, entonces, —hizo ademán de levantarse. Su esposa lo retuvo.

—Ahora no, —susurró, melosa, aplastando su pecho contra el de Zeus. —Es muy tarde, ya es de noche, la vas a importunar.

— ¿Ya ha caído la noche?, —la abrazó automáticamente. —No tengo sueño, ¿sabes?

—Yo tampoco, —contestó ella, siempre melosa. —Y se me ocurre algo que podemos hacer para pasar el rato.

—Como tú digas, mi reina. Tus deseos son órdenes para mí.

La noche transcurrió con normalidad, pero ninguno de los dos sintió al Sueño cerrar sus párpados una sola vez. Al contrario, se entregaron a Cipris hasta que la Aurora asomó sus rosados dedos sobre el horizonte, dándole paso al Sol.

Mientras tanto, Optileptis había regresado a su Santuario y había mandado a llamar al inflexible Plutón.

Hades se sintió aliviado cuando le dio a conocer lo que pensaba Perséfone.

—Había pensado pedírtelo, pero tampoco quería perjudicarte. Me preocupaba mi hermana y lo que pudiera intentar.

—Deméter vino a gritarme hoy. Supongo que pensó que me enojaría y les prohibiría estar juntos, —se encogió de hombros. —No tengo porqué. Mientras no se lastime ninguno de los dos…

—Por lo que me dices, supongo que su despertar está más próximo de lo que pensábamos.

—Así parece ser. Sería interesante que despierte mientras aún estás con Shun. No parece molesta, al contrario, creo que se siente muy agradecida con él.

—Mi madre me ha dicho que quiere sacarla de ahí y llevarla a los Elíseos.

—Fue su última voluntad. Y así mi padre podrá verla. Mi tía solo piensa con egoísmo como siempre y quiere forzarlo todo a su gusto, aún si tiene que recurrir a mentiras y embustes.

— ¿Cómo está mi hermano? Sé que no parecía estar llevando muy bien esto.

—Fui a verlo hoy. Quería pedirle su ayuda con el asunto de Perséfone, pero Hera me dijo que llevaba días dormido. Al parecer se preocupó porque llevaba tiempo sin dormir y le pidió a Hypnos que lo durmiera.

—No pensabas decirme nada a mí, ¿cierto?, —contestó arqueando una ceja.

—Quería decirte. Pero a tu madre le preocupaba que Shun se enterara y se pusiera celoso. Además, si Deméter piensa que estás distraído quizás no se opusiera tan arduamente.

Hades se rió.

—Bueno, eso está bien. Pero manténganme informado al respecto.

—Por supuesto, tío. Te informaré de cualquier cambio que se dé.

—Te lo agradezco. Ahora me retiro. Te estoy importunando.

Athena se rió.

—Descuida. Que duermas bien, —le deseó.

—Tú igualmente, querida sobrina.

Ambos inclinaron la cabeza ante el otro con cortesía y cada uno se fue por su lado.

Antes de regresar al Inframundo, no pudo resistir la tentación de pasar a ver a Shun aunque fuera solo un momento.

Lo encontró profundamente dormido. Se acercó despacio a la cama y le dio un beso en la frente. Pudo percibir ambos collares alrededor del cuello de Shun y una agradable sensación de calidez le llenó el pecho. Le acarició el rostro.

—Que tengas dulces sueños, mi querido príncipe, —murmuró.

Se irguió despacio y miró hacia atrás de reojo.

— ¿Qué es lo que quieres, Fénix?

Ikki se desplazó hasta que la luz de la luna lo iluminó parcialmente.

—Quería comprobar que lo dicho por mi hermano era verdad.

—Tenías tus reservas, ¿Verdad?

—Algo, —reconoció. —Aunque mi hermano puede hacer lo que le venga en gana, ya es bastante grandecito para eso. No tengo que estarlo cuidando, aunque eso no impide que me preocupe por él.

— ¿Pegaso no ha dicho nada, verdad?

—Seiya tiene sus ideas, es terco como una cabra. Yo no me preocuparía por lo que haga o diga.

—Entiendo. Ha querido intervenir.

—Shun no lo dejado, —informó con algo de leve satisfacción en la voz. —Le ha pegado incluso.

Hades volvió a ver a Shun con una sonrisa en los labios.

—Mi príncipe…—el habitual "querido" quedó implícito en la .adoración que dejó manifestar su voz.

—Solo vine a eso, ahora me voy, —inclinó la cabeza con respeto y se fue por donde había venido.

El dios sonrió y depositó un beso más en la frente de Shun antes de desaparecer.

Una vez en sus aposentos, se metió en la cama y se acomodó sobre un costado para dormir.

Sintió el deseo hormiguear levemente en su cuerpo y jadeó.

—Afrodita basta, —ordenó con voz seca.

El deseo desapareció tan rápidamente como había aparecido. En otro lugar en el Olimpo, la diosa se rió.

—Cómo quieras, querido sobrino, —contestó. —Te dejaré dormir. Pero tú sabes que lo deseas.

¿Huelen eso? Huele a limón…

Sí, en el próximo capítulo hay lemon xD Por las políticas de FF, que ya no permite contenido explícito lo dejaré unos días y luego lo censuro. El capítulo sin censura lo pueden leer en Archive of Your Own.

Para las que son nuevas, yo suelo usar muchos epítetos en mis fics junto con otros recursos literarios ^^

Parthenos (gr. Παρθένος) La Virgen. Epíteto de Athena. Uno de sus más conocidos junto con "Palas" Bajo este epíteto es adorada en su templo más famoso, el Partenón.

Optileptis (gr. Όπτιλέτις) 'de vista aguda' Al ser la característica física más resaltable de Athena sus ojos recibe un número de epítetos alusivos a esta parte del cuerpo y al sentido de la vista. Por ello su ave consagrada por excelencia es el mochuelo, que tiene grandes ojos (no el búho ni la lechuza, como comúnmente se cree)

Plutón (gr. Πλούτων) 'el rico' Hades recibe este epíteto como dador de todas las riquezas de la tierra. Recordar que muchas cosas que el ser humano necesita vienen de debajo de la tierra: Las plantas, los árboles, los vegetales, hortalizas, tubérculos, a veces el agua, los cereales, los metales y minerales, etc. Por ello, recibe este epíteto que luego asimiló su equivalente romano.

Aidoneo (gr. Αιδωνευς) Epíteto de significado desconocido, que se le aplica en el himno homérico a Deméter. Al tener la misma raíz que el nombre del dios (-Αιδ…) existe la teoría de que es una forma más alargada de su nombre, (gr. Ἁιδης 'Hades') y que también significa "el invisible"

Kore (gr. Κόρη) El epíteto más conocido de Perséfone. Significa "la doncella" Se la llamó así hasta que fue raptada por Hades, momento en el cual recibe el nombre de Perséfone 'la que lleva la muerte'

Boôpis (gr. Βοωπις) 'de los ojos de vaca' Epíteto de Hera. A esta diosa se le consagraban los terneros y las vacas.

Cipris (gr. Κύπρις) 'de Chipre' Epíteto de Afrodita bajo el cual era venerada en Chipre, el primer lugar en el que pisó la tierra tras su nacimiento en el océano.

A menudo se usa la metonimia para sustituir el nombre del dios por lo que éste representa. Así es común sustituir 'guerra' por 'Ares' o 'vino' por 'Dionisos' En este caso, yo sustituí 'deseo' por 'Cipris'

Y bueno, esto cada vez se desarrolla más.

Ya les contesto sus reviews.

¡Gracias por los comentarios!

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