Aquí está el limón xD
Capítulo 7
Tuyo
El santo de Andrómeda se despertó de repente. Se incorporó en la cama jadeando. Volvió a mirar hacia los lados. Sentía que lo observaban desde algún punto.
Se dejó caer sobre las almohadas con pesadez.
Sentía aquello a menudo, no solo en las noches. Casi que se atrevería a decir que Hades gustaba de vigilarlo a lo lejos, talvez cuidándolo. Agradecía la preocupación, pero de algún modo se sentía incómodo siendo vigilando de esa forma.
Los sueños habían dejado de presentarse desde que le diera el sí al señor del Inframundo. Habían sido reemplazados por recuerdos propios de su tiempo con él. Aquello le producía curiosidad. ¿Acaso Shaka tenía razón y lo había hecho por orden de Hades?
Su relación con Seiya se había complicado hasta un punto que nunca hubiera creído posible. Si Hades tenía que lidiar con Deméter, él lo tenía que hacer con Seiya. Aunque sabía que éste, a diferencia de la diosa, no lo hacía con malas intenciones pero ya estaba harto.
Por fortuna, no había habido más encontronazos con él, al menos no como la primera vez. Simplemente le aplicaba la ley del hielo.
Algunos le habían preguntado cosas, sin duda curiosos acerca de como sería llevar la relación con un dios. Algunas preguntas eran hilarantes por lo obvias. Otras, como la que le había hecho Misty aquel día, parecían movidas por el simple morbo de saber si tenía sexo con Hades.
La actitud de los espectros, por otro lado, lo había sorprendido. Parecían tenerle tanto respeto (o más bien miedo) a Hades, que no había oído nada desagradable. Ni siquiera de Radamanthys, al que no parecía agradar mucho la idea.
Por otro lado, llevaba varios días teniendo otra clase de sueño, uno que casi se le antojaba premonitorio y que él creía revestía importancia.
Se sentó sobre la cama y cogió el colgante con forma de estrella. Se lo llevó a los labios. Apenas había rozado el metal, cuando tuvo dudas y lo retiró. Dudó un segundo antes de tomar una decisión.
Su boca tocó el colgante al menos tres veces. Comprendió que quizás no percibiera que lo estaba llamando si estaba dormido. Sabía que se estaba comportando como un crío. Se había dado la vuelta para volver a dormir cuando sintió las manos de Hades acariciando ansiosamente su rostro.
—¿Qué sucede, Shun? ¿Porqué me has llamado tan tarde? ¿Qué tienes?
Se volvió de frente al dios. De pronto se sintió culpable.
—Lo siento…no quería…es que tuve una duda y…
Hades se echó a su lado en la cama.
—Nada de eso. ¿Qué es lo que te perturba?
—He estado teniendo un sueño…no sé qué significa. Siento como si…—dudó,—…como si no me estuvieras diciendo algo.
Aquello lo hizo ponerse en guardia. Entrecerró los ojos.
—¿De qué se trata el sueño?,—preguntó, con voz demasiado fría.
—Es sobre una dama,—contestó.—Que viene a agradecerme por haber descongelado tu corazón. Por haberte recordado lo que era sentir amor. Como si ella también te hubiera querido alguna vez. Pero la única fue Perséfone, ¿Cierto? Pero ella está dormida, ¿verdad? ¿Acaso puede ser ella?
—¿Cómo era ella?
—Tenía la piel rosada como un durazno tierno. El cabello era castaño y rizado…y sus ojos…
—…como dos perlas castañas,—terminó Hades. Suspiró.—Sí, es ella. Pero Shun…,—se aturdió, al ver que empezaba a temblar.—¿Qué te sucede?
—¿Entonces ella está despierta? ¿Ya no me necesitas?
—¿Necesitarte?—adoptó un tono más paternal.—Te dije que te amaba, y no mentía. El que Perséfone despierte no va a cambiar eso.
—Pero…—dudó.—…ella es tu esposa. —No puedes amarnos a los dos.
Para su sorpresa, el dios se río. Era la primera vez que lo oía reírse. Como la de todos los dioses, tenía los tonos de la música impregnados en ella, pero también tenía un tono algo sombrío, casi de ultratumba.
—No tengo que regirme por convenciones humanas que me prohíban amar a más de una persona. Puedo amarlos a ambos si así lo siento. Por supuesto que nadie reemplazará nunca a Perséfone,—se justificó, interpretando bien el escepticismo en los ojos del santo de bronce.—Ella es, y siempre será mi reina, y el amor de mi existencia. Pero,—le levantó la barbilla,—Tú no quieres ni te mereces que te ame como a Perséfone, sino por ser Shun de Andrómeda. Aún si no eres mi más grande amor, me recordaste algo que yo había olvidado, o que yo mismo me forcé a olvidar, que podía ser capaz de amar. Así que no te sientas celoso,—le apartó el pelo del rostro.—No tienes porqué.
Se quedó en silencio, pensando.
—Entonces, si ella despertara…¿Seguirías frecuentándome?
—Si aún sintiera algo por ti, sí. Tampoco sería capaz de faltarte el respeto de esa manera, fingiendo sentir algo por ti.
—¿Porqué yo?
—Sabrás que los amores entre hombres son comunes entre los dioses. Zeus tiene a Ganímedes y Poseidón a Pélope y a Nerites. Yo nunca me había dado la oportunidad de amar a un varón. Además,— empezó a deslizar sus manos por la espalda de Shun,—Amar a un hombre es tan distinto de amar a una mujer…quiero saber qué se siente. Y solo tú…solo tu alma es digna…,—empezó a empujar las ropas, conteniendo el impulso de romperlas.
El santo de Andrómeda se hundió más en las almohadas, mientras lo jalaba por la nuca, buscando sus labios. Sintió como Hades se quitaba la túnica, para dejar su pecho al descubierto.
Aquel primer beso, caldeó el ambiente de manera vertiginosa. De repente, ambos se sintieron muy acalorados.
Las manos de Shun empezaron a recorrer la espalda de la deidad mientras sentía los labios de Hades besar los suyos con voracidad, casi como si quisiera comérselo a besos.
Extrañamente, ya no sintió miedo alguno, solo parecía beber del ansia que salía de su amante como si fuera el elixir de la vida eterna.
Se sujetó por los hombros de Hades y colocó su cuerpo debajo del suyo. Sintió como bajaba la cadera hasta que chocó con la suya. Levantó la vista y pudo ver el Sol reflejándose en su rostro.
Se quedó embobado mirando los reflejos azulinos sobre los cabellos negros. De repente volvió a la realidad. Sintió una sensual lamida en el cuello que le puso los vellos de punta.
—Ya amaneció,—se quejó.
—No me importa,—murmuró, mientras seguía besándolo y lamiéndolo con lentitud. Shun gimió.
—Si no salgo a entrenar se extrañarán y vendrán a buscarme. Y si te encuentran aquí se armará un polvorín. Por favor... no sigas.
Sintió la frustración en la manera en la que tensaba los músculos y se levantó, sin mirarlo.
—Ven a buscarme esta noche,—trató de tranquilizarlo.—Entonces nadie nos interrumpirá.
No había ni acabado de decir aquello cuando oyó golpes en la puerta.
—¡Shun! ¡Oye Shun! ¿Te quedaste dormido?
La mirada de Hades se oscureció.
—¡Pegaso!,—escupió.
Shun corrió las cortinas.
—Lo siento, Seiya. Ya voy,—contestó.—Espérame allá.
Se volvió hacia el dios. Casi le dio risa cuando vio los labios fruncidos a todo lo que daban.
—No te preocupes por Seiya, lo único que puede hacer es berrear. Si tengo que volver a pegarle le pegaré. Espérame esta noche.
La expresión se suavizó y lo cogió del cuello suavemente para besarlo. Seguidamente inclinó la cabeza con galantería. Le cogió la mano y se la besó en el dorso.
—Contaré los segundos entonces, mi príncipe.
Desapareció tras dedicarle una mirada profunda, como hielo ardiente.
Cuando por fin llegó al Coliseo, la mirada de Seiya, acusadora, lo traspasó.
—Aquí vamos de nuevo,—susurró para sí mismo.
—Lo siento, Shun,—percibió el sarcasmo, y le hirvió la sangre.—No sabía que estabas ocupado con otra cosa.
—Seiya, ya basta,—intervino Shiryu, previendo una pelea.—No insistas.
—Mejor te callaras en lugar de hacerte el virtuoso,—siguió, ignorando al Dragón. Éste bufó y puso los brazos en jarras.
—¿Me estabas espiando?,—escupió.
—No, tú has con Hades lo que quieras. Solo no lo niegues.
—¿De qué hablas?,—sujetó la cadena con fuerza.
—De que le dices a todos que no has intimado con Hades, pero sí lo has hecho.
—¿Qué? Nosotros no hemos…yo no he…¿Y eso porque te importa?
—Me preocupa que solo juegue contigo.
—Ya te he dicho mil veces que no…¡¿Porqué insistes?! Y si dices que puedo hacer lo que quiera, ¿Porqué me chitas? ¿Acaso estás celoso?,—sujetó la cadena con más fuerza, intentando no dejarse dominar por la ira.
—Seiya ya basta,—reiteró Shiryu.—,¿Qué quieres, acabar con un cadenazo en toda la cara? Deja de provocarlo.
—¿Y tú porqué lo apoyas?,—le devolvió.
—Seiya, ya hablamos de esto. No seas necio.
—Deberías agradecerme de estar en una pieza,—le contestó como si nada.—De no ser por mí, Hades ya te habría hecho trizas.
—¿Qué…qué? …¡No necesito que me cuides!
—¿Ya están peleando desde temprano?,—se oyó la voz arrastrada de Hyoga.—Qué fastidio, ya déjenlo así.
—Ya Hyoga, ya los dejamos. Es Seiya el único necio.
—Yo no soy necio, solo me preocupa. ¿Porqué todos me chistan?
—Ya te mordió el conejo, ¿Verdad? Hasta los conejos muerden, te recuerdo. No lo hagas peor,—le aconsejó Shiryu.
—¿Qué podría ser peor?
—¿Quieres que Ikki te mate? Eso es peor. Anda, deja de chillar y vamos a entrenar.
—Shun necesita entrenar para otra cosa.
—¡Seiya!,—lo regañaron al unísono.
—Bueno, ya voy. Nenas,—susurró.
—¡Oí eso!,—lo amenazó el Cisne.
El santo de Pegaso se volvió y le sacó la lengua.
Mientras tanto, Pandora caminaba enérgicamente por el pasillo de las dependencias interiores de Giudecca. Una arruga de preocupación le hundía la frente.
Había ido, como todas las mañanas, a despertar a su señor, pero se había encontrado con la cama vacía, y tampoco había señales de que el dios estuviera en el cuarto de baño.
Siquiera parecía estar en el edificio. Cruzó hasta la Ptolomea. Sus pasos resonaron en el abrumador silencio.
—¡Silencio!,—la voz de Lune restalló, como un látigo, y el eco se quedó colgando de las paredes.
—Lune…—contestó sin alterarse.—¿No has visto a Minos?
—Oh, es usted, señorita Pandora. El señor Minos está en la explanada, dirigiendo una sesión de entrenamiento.
—¿Y porqué tú no lo estás haciendo?,—reclamó, arqueando una ceja.
—Me quedé dormido,—contestó, avergonzado.—El señor Minos dijo que le iba a romper la dinámica y me envió a hacer papeleo.
—Bien, al menos no estás de vago. Sigue así,—taconeó hasta salir a la explanada que había detrás y separaba la Ptolomea de la Antenora. No tardó en ver a ambos jueces de pie frente al grueso de espectros. Ambos volvieron la cabeza al oírla.
—¿Sucede algo, Pandora?,—le preguntó Minos, sabiendo lo inusual que era verla a aquella hora.
—¿No han visto al señor Hades?
—¿Al señor Hades? No… ¿No deberías estar atendiéndolo?
—¡Lo haría si supiera donde está, tonto!
—Déjalo, Pandora. Si no está en Giudecca, significa que puede estar en los Elíseos. O en el Santuario. Ya regresará. Sería mejor si lo hicieras todo como si estuviera allí,—le aconsejó.—Si no, se disgustará.
La joven suspiró.
—Tienes razón. Es solo que no comprendo…
—No saques conclusiones. Solo haz tu trabajo. Podrás preguntarle cuando regrese.
—Sí…,—contestó, distraída.—Sí, tienes razón. Ya voy.
Volvió rápidamente y ordenó que prepararon el baño del dios. Ella misma se encargó de hacer la cama y de airear el cuarto. Las sábanas desordenadas al menos le dieron la pista de que h había pasado parte de la noche en la cama.
Luego, fue al salón y escanció ambrosía dejándola al alcance de la mano de Hades por si éste deseara beber.
Una vez todo en orden, se asomó a la ventana, desde la cual era posible una buena visión de los Campos Asfódelos. Estaba tan absorta contemplando las flores que no se dio cuenta que el dios volvía hasta que oyó el susurro de la tela rozar contra el ébano.
Se volvió inmediatamente y se inclinó al lado del trono con diligencia.
—Perdonadme, mi señor. No he estado atenta a vuestra llegada…
—Déjalo, Pandora,—contestó sin alterarse.—No importa.
—Si no es una indiscreción preguntaros, ¿Dónde estabais tan temprano?
— Con Shun,—contestó solamente.
—Vuestro baño está listo por si deseáis tomarlo, señor Hades.
—Bien,—contestó, levantándose.—Lo tomaré ahora.
La muchacha se inclinó, con acatamiento y lo siguió.
Antes de cerrar la puerta, Hades la retuvo por el brazo. Un escalofrío le recorrió la espalda, sabiendo lo poco dado que era al contacto físico de esa manera. Por tanto, puso el doble de atención a lo que tenía que decirle.
—Esta noche vendrá Shun,—le informó.—Y es posible que Cytherea venga con él. Por tanto, no quiero que nadie nos moleste bajo ningún concepto. Si alguien nos interrumpe, serás castigada, ¿Entendiste?
—Sí, señor. Haré guardia en el pasillo si es necesario. No dejaré que nadie los moleste.
—Bien,—contestó, complacido.—Puedes irte.
Una vez en el baño, volvió a sentir deseo apenas el agua tocó su cuerpo. Pero esta vez simplemente se dejó llevar. Estaba demasiado ansioso por aquella noche y pensó que un poco de estímulo previo podría ayudarlo a soportar la espera.
Tan solo el agua representaba un poderoso afrodisíaco, que ponía en entredicho su cordura. Descendió despacio, hasta que su cadera tocó el suelo de la pileta. El contacto con el mármol le arrancó un gemido.
Como si deseara ayudarlo, Hypnos lo durmió y plantó diversos sueños en su mente que lo ayudaron a aliviar el deseo.
Cuando salió del baño, estaba en apariencia tranquilo, pero el deseo se mantuvo burbujeando constantemente, apenas mantenido a raya por su férrea voluntad, hasta que comenzó a caer la noche.
Apenas notó que ya el Sol había empezado a descender en la Tierra, se levantó del trono como impulsado por un resorte. Por fin dejó de mantener el deseo a raya y éste barrió con todo lo demás apoderándose de él sin darle más tregua.
Sin más razones, se dirigió al Santuario, a buscar a Shun, como éste le había pedido. Cuando lo vio entrar por la puerta de la cabaña, aún con la armadura puesta cogió las cadenas y lo jaló bruscamente. El solo contacto del cuerpo del santo con el suyo le provocó un escalofrío, y un gruñido salió de su garganta.
—Hola,—le contestó.—Vienes temprano…,— un beso salvaje lo calló de manera inmediata.
—Ya no podía esperar más,—comentó, besándolo de nuevo.—Te necesito. Ahora.
El santo de Andrómeda sonrió y le echó los brazos al cuello.
Inmediatamente, Hades los hizo desaparecer a ambos del Santuario hasta la seguridad del Inframundo.
Una vez que la puerta se cerró, se volvió hacia el japonés y lo arrinconó con fuerza contra la pared.
—Ahora estamos solo tú y yo, Shun,—lo agarró del cuello y le pasó los labios por la garganta.
Éste gimió y sintió un escalofrío correrle por la espalda.
Pasados unos minutos, comenzó a verse superado por el ansia del dios, mezclada con sus propias emociones. Le parecía casi imposible que una persona suscitara esas cosas en otra.
Sintió la mano de Hades en su antebrazo.
—Amárrame, Shun,—el aliento de Aidoneo acarició su nuca, provocando que el vello se le erizara.—Si no perderé el control.
—¿Q…q…qué…?,—exhaló, con sorpresa.—¿Quieres que…te amarre? Pero…
—Hazlo,—su voz se revistió de demanda.—Es una orden.
—Está bien. Pero primero…,—le pasó una cadena por la cintura y la usó como rienda para conducirlo hasta el lecho. Una vez allí, se pegó a él.
[CENSURADO]
Hades rodeó con un brazo la espalda de Shun y con la otra le acarició el rostro dormido.
—Gracias, mi príncipe,—susurró, antes de apoyar la cabeza sobre la almohada y dormirse a su vez.
El amanecer los sorprendió todavía juntos, y profundamente dormidos.
Cuando Pandora tocó la puerta para despertar a Hades, le extrañó no recibir respuesta. Abrió con cuidado y volvió a cerrarla con delicadeza al ver el panorama.
Sin una palabra se fue a cumplir con sus deberes diarios.
Solo una palabra. Limón.
Como ya les dije, se queda así unos días y luego lo censuro. Pueden encontrarlo sin censura en Archive of Your Own. Me encuentran allí como "Aries no Shaina"
Y bueno, ese Seiya. Nunca va a aprender.
De nuevo tenemos una metonimia, esta vez con "Cytherea"
Del griego Κυθήρεια "de Citera" Citera es otro de los lugares con mayor culto a Afrodita, el segundo lugar donde tocó tierra después de Chipre. Por eso recibe dicho epíteto.
¡Gracias por los comentarios!
¡Un besote!
