-Madre-preguntó stefan en cuanto su hermano y Elena se fueron a su habitación-,¿cómo es que Sinichi logró dar con Annabella?

-Creo que ya ha quedado claro que se enteró de su existencia cuando poseyó a tu hermano. Damon sospechaba que el demonio nipón habría conseguido conocer sus más íntimos pensamientos, por lo que me llamó en cuanto Elena le liberó de su posesión para que nos cambiásemos de residencia. Me hizo prometerle que no le diría absolutamente a nadie, incluído él, a dónde nos mudábamos. Sin embargo, eso no sirvió de nada. Por lo que parece, Sinichi nos siguió hasta Burdeos y allí se presentó en el colegio de la niña. Por supuesto ni siquiera me llamó, como buena hija de su padre, se encargó ella misma de quitarsele de encima.

-Pero, ¿cómo lo hizo ella sola sin que saliese perjudicada?

-Muy fácil, tío Stefan -contestó Annabella desde la puerta de la cocina con un envase se helaso de chocolate en la mano-. Le engatusé, le hice creer que no sabía lo que era ni quién era. Le hice creer que inocentemente me había enamorado de él y que yo creía que así era hasta que lo conseguí. Y, cuando Sinichi no podía ver ni pensar nada más que en mí, le asesté el golpe final, le clavé una de sus propias colas en su negro y casi inexistente corazón.

-Lo que no entiendo es por qué demonios te encargaste de él tú sola sin decirme nada a mí.

-Abuela, no te lo tomes a mal, pero tú entorpecerías mis planes, por eso no te lo dije. Pero cuando llegué a casa para contarte lo que había hecho, me encontré con que tú no estabas y que me habías dejado una nota. Sólo dos frases: Annabella: A tu padre le ha pasado algo, tengo que irme, por favor no te metas en líos y no te muevas de aquí hasta que yo venga a buscarte,tu abuela. ¿Tienes idea de lo inoportuno que era eso?

-Y,¿qué pasó con Sinichi?

-Que esa misma tarde fue a buscarme a mi casa. Pero yo ya estaba preparada para enfrentarme a él. Lo que yo no sabía es que me iba a decir una mala noticia en venganza por lo que yo le había hecho.

En ese momento Annabella recordó lo que aquella noche ocurrió.

Aún tenía la nota de su abuela en la mano cuando la puerta principal de la casa se abrió de golpe asustándola en el proceso y así dejando caer la nota al suelo. La dejó encima de la valdosa y acudió al hall para ver quién había entrado, sabía a ciencia cierta que un vampirl no podía ser porque su abuela había creído que, dada la situación era la mejor opción que podía tener, encontrar una casa de alquiler y así ningún vampiro podría entrar ya que en realidad pertenecía a una humana a la que su abuela había obligado a no invitr a nadie nada más que ellas dos. Ya antes de llegar lo notó, ese característico olor, sólol podía significar que Sinichi se había despertado ya y había llegado a la casa, probablemente rasteando su olor. Aún no sabía cómo, pero tenía que hacer algo para lograr que se fuese sin que ella resultase herida, a poder ser.

-Sinichi -dijo ella mientras él se le acercaba lentamente-, qué dudoso placer. ¿No has tenido bastante antes y quieres repetir?

-No te hagas la lista conmigo, Annabella. A tu padre no le ha salvado.

-¿Qué quieres decir con eso?

- Quiero decir que estés tranquila porque ya no me hace falta hacerte daño.

-Explicate antes de que te arranque otra cola más, igual esta vez me despisto y t arranco la verdadera.

-Lo que quiero decir, pequeña, es que tu padre, Damon Salvatore, ha muerto, por lo que ya no merece la pena matarte. Y mi venganza es poder ver cómo sufres al recibir la noticia -añadio Sinichi con una sonrisa en los labios.

-Eso es mentira. Es uno de tus muchos trucos.

-Ya, claro. Llama a Sage, ese amigo tan extraño de tu padre. Él te lo confirmará. ¿Por qué te crees que tu abuela se ha marchado dejándote sola? Es una bruja, aparte de su madre; lo ha sentido. Como lo hemos sentido todos los demás seres sobrenaturales. Damon Salvatore ya es historia, pequeña. Y nadie le recordará, nadie salvo tú. Adiós, que sufras mucho mientras estás asimilando la muerte de tu padre.

Y tras decir eso se marchó como había llegado. Se pasó horas y horas intentando localizar a su abuela, pero no la cogía el teléfono. Después de muchas horas llamando y esperando una respuesta que nunca llegó, se decidió a ir al único sitio que sabía que estaría medianamente a salvo: a Fells Church con su tío Stefan. Él la ayudaría, no podía negarse a hacerlo, por muy mal que se llevase con su padre, no se atrevería a dejarla tirada.

-Annabella-oyó que le decía su tío preocupado-, ¿estás bien?

-Eh... yo... sí, estoy bien. Sólo pensaba. Tío Stefan, abuela. Me voy a acostar que estoy muy cansada, ¿vale?

-Si, cariño. Acuéstate. Mañana hablaremos, ¿sí?

-Si, abuela. Lo que tú digas. Hasta mañana. Dádle un beso a papá de mi parte.

Y, tras dar besos a los dos vampiros, se fue a su nueva habitación subiendo las escaleras que conducían al segundo piso.