Bueno, antes que nada pedirles disculpas por la gran tardanza en actualizar. Me agarró un bloqueo de aquellos y pensé que era mejor no forzarlo. En fin, ya eso es historia antigua.
Lean y disfruten.
Capítulo 10
Elyseum
El santo de Andrómeda se quedó mirando el colgante que colgaba de su cuello con curiosidad. Era sin duda un bello trabajo en joyería, y desprendía un aura regia y delicada como la flor que representaba.
Hace unos días que no veía a Hades y lo extrañaba. Sin embargo, no se había atrevido a llamarlo, pensando que debía estar ocupado con algún asunto. Seguía teniendo aquel sueño en el que se mantenía ocupado.
Tampoco era que pretendiera ser una molestia ni monopolizar el tiempo del dios por completo, como un niño mimado. Sabía que cuando el dios tuviera tiempo lo buscaría, había demostrado quererlo mucho.
Mientras tanto, él no podía disimular el alivio que había resultado que la diosa no pusiera reclamos ante aquello. No tanto porque representaba una unión amorosa, sino porque se trataba de un dios que había sido su rival durante muchísimo tiempo.
Suspiró y se encaminó hacia el bosque con la caja de Pandora al hombro. Planeaba pulir la armadura, hace mucho que no lo hacía.
El ambiente estaba muy tranquilo últimamente en el Santuario, por lo que pensaba darle mantenimiento a su armadura ahora que podía.
—¿No quieres que te la refuerce?,—le había preguntado el santo de Aries.—Luego podrás limpiarla si quieres. De todas formas, deberías de hacerlo de vez en cuando.
Así que ahora que ya estaba reforzada había decidido limpiarla al aire libre aprovechando el buen clima.
Se sentó al pie de un árbol y cogió las hombreras. No había ni terminado de limpiarlas cuando oyó un suave ulular arriba del árbol. Cuando levantó la vista vio una majestuosa lechuza negra mirándolo desde una de las ramas bajas. Había algo en los ojos ambarinos del ave que le resultaba familiar.
—Hola, bonita. ¿Qué haces tú por aquí, no estás perdida?
El ave sacudió las plumas y se posó en su hombro con confianza. Shun levantó el pulgar y lo I bajo el pico. La lechuza ululó suavemente y de manera continua mientras era acariciado. Luego inclinó la cabeza como inquiriendo.
—Estoy limpiando mi armadura, ¿Ves?,—levantó la hombrera.
La lechuza ululó y comenzó a balancearse sobre su hombro, al parecer muy cómoda.
—Oye, Shun…¿Qué haces?
—Shiryu…¿Qué sucede?
—No es nada. Solo quería hablar un momento. ¿Te importa?
—Claro que no. Ven,—le indicó.
El santo de Dragón se apoyó en el tronco del árbol. Desde allí vio el pájaro posado en el hombro de su hermano.
—¿De dónde salió ese pájaro?,—preguntó.
—Estaba en el árbol,—contestó, acariciándolo de nuevo bajo el pico.
—Irá a pasar algo malo,—explicó, mirando de reojo al ave, que se limpiaba el plumaje muy digna.
—¿No te creerás eso de que ciertos animales son de mal agüero, o sí?,—contestó, arqueando una ceja con interrogación.
—Las lechuzas siempre han sido consideradas como aves ctónicas. Especialmente las negras. No digo que sean de mal agüero sino que son mensajeras de los dioses infernales. La muerte no es nada malo. Solo espero que no pase nada.
—¿Dices que va a morir alguien?
El japonés se encogió de hombros.
—Yo solo decía lo que se acostumbraba a creer en la Antigua Grecia. No quiere decir que yo lo crea. Solo bromeaba,—lo tranquilizó.
—¿De qué querías hablar?,—contestó volviendo la atención a la armadura.
—Quería que habláramos acerca de lo tuyo con Hades. No he podido hacerlo sin Seiya ni Ikki alrededor.
Algo en la mirada del ave le provocó un escalofrío que le bajó con saña por el espinazo. Tragó saliva, nervioso de repente. Se concentró en las manos de Shun, que limpiaban ahora el peto.
—De acuerdo. ¿Qué quieres preguntarme?,—contestó éste, completamente ajeno a los nervios de su hermano.
—Nada, nada. Solo quería decirte que hace mucho que no te veía tan contento. Eso es bueno. ¿Ya le dijiste a June?
—Sí,—contestó , incómodo.—No creí que fuera buena idea ocultárselo, es la amiga más cercana que tengo.
—Supongo que no le pareció mal. No me dijo nada malo,—suspiró.
—Bueno,—sonrió conciliador.—Al menos no estuvo molesta. Solo necesita hacerse a la idea.
—¿Y la señorita Athena? ¿Está de acuerdo?
—Me ha ayudado mucho, lo que ha resultado una sorpresa, la verdad tenía miedo de que pusiera pegas. Pero parece que como ha decidido no prohibir que tuviéramos relaciones amorosas, no se ha molestado. Al contrario, ha resultado una gran apoyo. Creo que también estaba preocupada por Hades, cuando me contó acerca de Perséfone.
—Sí, me he dado cuenta. Bueno, es muy alentador que te ayude. ¿Entonces todo te ha ido bien con Hades?
—Sí, incluso estoy sorprendido de su trato hacia a mí. Creo que no creí que pudiera ser posible que fuera tan amable y comprensivo. Es malo dejarse llevar por las primeras impresiones, ¿No crees?
—Bueno, no te culpo. No hay que olvidar que cuando lo conocimos éramos enemigos. Sin embargo, ha demostrado otras facetas de sí mismo que yo no esperaba llegar a ver nunca y que yo creía que iba a guardársela para sí. Me alegra que no fuera así.
—Así es,—una expresión cálida apareció en su rostro.—Creo que superó mis expectativas.
—A juzgar por lo contento que estás, te hace mucho bien. Apuesto a que eso es lo que ha tranquilizado tanto a la señorita Athena y la ha empujado a ayudarte. Admito que yo también tenía mis recelos, pero veo que no tengo nada que temer. Lo tienes muy bien controlado.
—Gracias, Shiryu,—le agradeció.—Sabía que tú me apoyarías sin importar el qué.
—Ya estás grandecito. Y nosotros hemos pasado por mucho, esa experiencia tiene que pesar de algo. La verdad, no entiendo la terquedad de Seiya, pero bueno…
—Ya no me preocupa. En realidad nunca me he preocupado.
—Es una buena estrategia. Solo no te amargues y disfruta de la relación lo que dure. Es lo esencial para que no te estreses.
—Ya lo creo…Aunque…,—su voz se apagó.
—Hace días que no lo ves, ¿Cierto? No seas mimado, debe de estar ocupado.
La lechuza le apretó el hombro cariñosamente, como asintiendo a las palabras de Shiryu.
—Mira, tu amiga me da la razón. No seas mimado, niño.
Una carcajada salió de la garganta del santo de Andrómeda.
—De hecho, por eso no lo he llamado. No quiero parecer mimado.
El santo de Dragón se rió.
—Bueno, déjalo así. Sabes que es un dios ocupado. Ya te buscará cuando tenga tiempo.
—Tengo el presentimiento de que será pronto.
—Pues mira, ya te mandó a una mensajera. De seguro esa lechuza no apareció por coincidencia.
—Así es,—acarició a la lechuza bajo el pico.—No sé porqué me lo recuerda. Es extraño.
—De todas formas no es prudente que aparezca de repente aquí y él lo sabe. Ten paciencia.
Una enésima carcajada dejó los labios de Shun.
—Bueno, bueno. Talvez tengas razón. Iré a entrenar un poco y luego iré a leer un rato. Gracias por la charla.
—Me alegra haber podido hablar contigo sin interferencias. Me hacía falta.
—Te agradezco el interés. Muchas gracias.
—De nada. No seas impaciente recuerda.
—Ya, ya lo sé,—colocó la lechuza en las ramas bajas del árbol.—Debo esperar.
El ave ululó y volvió a posarse en su hombro.
—¿Qué haces? No puedo llevarte conmigo, amiguita. Quédate en tu árbol, anda.
—Creo que quiere quedarse contigo, Shun,—acotó Shiryu.
—Sí, pero, ¿dónde la meto? No puedo enjaularla.
—No es necesario que lo hagas. Tan solo déjala que se quede cerca de ti. Si realmente te aprecia no se irá.
—Supongo…Gracias otra vez.
—De nada,—contestó con tono apaciguador. —Nos vemos al rato.
El santo de Andrómeda juntó las piezas de la armadura y se devolvió a su casa. El ave se posó en su cama ululando con energía.
—¿Oye, qué haces? Esa es mi cama.
—¿Y porqué no debería de estar en tu cama…mi querido príncipe?
—¡Hades! ¿Tú eras...?,—una risa nerviosa lo sacudió.—Debí saberlo. Un momento…¿Oíste…?,—se puso rojo como un tomate.—Ay…
Hades se rió con suavidad.
—No tienes que avergonzarte. Supongo que es mi culpa. Debí de avisarte. Pero es que te extrañaba tanto…quise darte una sorpresa,—lo jaló hasta que lo tuvo pecho con pecho y lo besó con ansias.—Te amo…
El roce de los labios de Hades contra los suyos lo hizo sentir calor. Empezó a pasar las manos por la espalda del dios empujando la ropa.
Hades lo sujetó igualmente e hizo lo mismo.
—Creo…que yo también te extrañaba…Pero ahora no podemos…
—Solo un poco más…,—pasó la lengua por el cuello de Shun.—solo un poco más…
—Bueno…no puedo quejarme,—echó la cabeza hacia atrás para sentir mejor la caricia.—Yo también te extrañé…pero eso ya lo sabías…
—Estaba algo ocupado, pero ahora ya puedo dedicarte más tiempo. Tenía asuntos urgentes que resolver,—lo recostó en la cama y se recostó encima suyo, mientras lo besaba con energía.
—Hmmmm, ya veo…ya…uff,—gimió, sintiendo cada vez más calor.—¿Y si dejamos esto para más tarde?
Hades sonrió y le acarició la cabeza con ternura.
—De acuerdo. Esta noche, entonces. Pero antes, quiero llevarte a un lugar especial.
—¿En serio?, ¿Dónde?
—A los Campos Elíseos. Quiero que conozcas a alguien.
—¿Por eso no estuviste estos días? ,¿Estabas ocupado en los Elíseos?
—Así es. Me he quitado una gran carga de encima y tenía que contártelo.,—Lo besó en la frente.—Volveré por ti más tarde. Y esta noche la pasaremos juntos.
—¿No puedo quedarme contigo? En realidad no tengo mucho que hacer.
—Ten paciencia, Shun,—Ten paciencia. Ya habrá tiempo para que estemos juntos.
—Lo siento. Creo que estoy muy acostumbrado a tenerte cerca. Perdón.
—No tienes que disculparte,—sonrió.—Y la verdad, no te culpo,—contestó ladeando la cabeza con un toque de vanidad.—No cuando se trata de mí.
—¡Hades!
Una risa se escapó de la garganta del dios.
—Ya, ya…era una broma.
—No, conociéndote no. No te creas tanto.
Otra risa, esta vez más fuerte, retumbó en las paredes.
—De acuerdo, de acuerdo. Ten, toma,—le tendió un asfódelo.—Quédatelo.
—¿Ahora tú me das una flor?,—la cogió con cuidado.
—Sí, pero no es tan bello como tu rosa.
—¿Todavía la tienes contigo?
—Por supuesto, jamás la perdería. Tú me la diste, eso es suficiente,—se apartó el cabello, siempre con vanidad. —Solo por eso es un preciado tesoro que guardaré por siempre.
—Es hermoso. Lo cuidaré como el tesoro que es. Aunque quizás se marchite.
—Pídele a Athena que te dé un poco de ambrosía. La ambrosía preservará la flor y evitará que se marchite.
—¡Sí, eso haré!
—Te veré más tarde, entonces.
—Te esperaré,—contestó con convicción.—Si no me encuentras aquí, estaré en el templo de Virgo. Quiero entrenar un poco.
—Como quieras, mi príncipe.—le dio un último beso y salió por la puerta.
—Supongo que quieres cuidar a tu compañero, ¿O no…Shaka de Virgo?
El santo de Virgo levantó la cabeza hacia la dirección de la voz.
—Shun es mi sucesor. Es natural que quiera protegerlo y velar por su bienestar. Son embargo, sé que mientras esté con vos, está seguro.
—Tú fuiste el que le aconsejó que tomara en cuenta mi propuesta, ¿No es así?
—Así es. Me pareció buena idea desde que no tenía nada de malo. Si hubierais tenido malas intenciones hubiera sido mucho más evidente. No hubierais esperado tanto.
— En ese caso debo agradecerte por despejar sus dudas y apoyarlo. No cabe duda que le has ayudado mucho.
—Deberíais agradecerle también a Afrodita. Él también tuvo su cuota ayudando a Shun, sobre todo en lo referente a la forma de veros.
—Me alegra que así sea. Ambos cuentan entonces con mi agradecimiento.
—Sí, señor. Muchas gracias.
—Bien. Ahora me retiro. Espero que mi presencia en tu templo no te moleste.
—Por supuesto que no, señor. Si necesitáis hablar con Shun podéis pasar al templo con confianza. No os preocupéis.
El dios se retiró prestamente hacia los Elíseos. Y aunque sabía que Shun se intimidaría al conocer lo que tenía preparado para él, quería de verdad que se unieran las dos personas que más importantes eran para él. Aunque no se hablaran todavía.
—Hay que darle tiempo al tiempo. Todo a su tiempo.
La noche cayó lentamente sobre el Santuario, cubriéndolo todo con su oscuro manto. Camuflado por las sombras, nadie se dio cuenta de la presencia del Crónida hasta que llegó al Templo de Virgo. No pudo evitar recordar la primera vez que había acudido al encuentro del santo de Andrómeda, hacía ya varios años. Igual que en aquel entonces, solo los Sales fueron testigos del encuentro entre el dios y el mortal.
Pero, a diferencia de aquella vez, no hubo cadenas que se alzaran defensivas, ni desconfianza u horror alguno manchando el rostro de Shun. Al contrario, abrió los ojos con calma y sonrió ampliamente al mirar a los ojos de Hades. Lo tomó por el rostro y lo acercó al suyo hasta que sus narices se rozaron. Los labios no tardaron en unirse también, en una danza apasionada y erótica.
Cuando les faltó el aire se separaron jadeantes. El dios acarició el rostro de Shun con ternura, siguiendo las líneas de su rostro.
—¿Listo para irnos, mi príncipe?,—susurró en la oreja de Shun. Su aliento cálido golpeó la oreja de Shun y le provocó un escalofrío de placer.
—Sí…aunque no tendría problema alguno si nos quedáramos aquí.
Una misteriosa sonrisa apareció en los labios de Hades.
—Ya pronto podremos estar a solas, ten paciencia. Ahora debo llevarte a los Elíseos. Vamos,—le tendió la mano.—Ven conmigo.
El santo de bronce lo siguió sin decir palabra.
El contraste entre la noche del mundo mortal y el día perpetuo de los Campos Elíseos lo aturdió en un inicio. Se quedó aturdido, recordando la primera vez que sus pies habían pisado aquel terreno sagrado.
Al notar que no lo seguía, Hades volteó.
—,¿Qué es lo que sucede, Shun?
El japonés negó con la cabeza.
—No es nada. Solo recordaba la pasada vez que estuve aquí, en circunstancias muy diferentes a estas.
—Ya no pisarás más este lugar como enemigo. No después de esto,—lo atrajo hacia sí para besarlo.
—¿Porqué me trajiste aquí? ¿Qué quieres enseñarme?
—Es parte del porqué estuve ocupado estos días. ¿Te ha contado Athena sobre Perséfone?
—Solo que estaba dormida en algún sitio. No mucho. ¿Porqué?
—Antes de sacrificarse por mí, me dejó una carta en la que explicaba porqué lo había hecho. También me pidió hacerla descansar aquí. Como Athena te dijo, mi hermana contravino sus deseos apartándola del Inframundo. Hasta hace poco permití que Deméter se saliera con la suya, pero mi paciencia se agotó e hice que fuera traída aquí. Ahora descansa donde debió desde un inicio. Y quiero que la conozcas. Las dos personas que más amo en este mundo…,—le besó la mano.
—¿Estás seguro de que es buena idea?,—receló.
—Absolutamente. No te preocupes, aún está dormida, no se dará cuenta. Solo necesito que estén juntos, aunque sea por un instante.
Se le acercó y Shun creyó ver vulnerabilidad en aquellas pupilas ambarinas, como si lo que sentía no cupiera en su cuerpo y se desbordara por los ojos. Casi como una muda súplica de que le hiciera caso.
Sonrió con suavidad, y empezó a caminar hacia el mausoleo, pero Hades lo guió en dirección contraria.
En la entrada del palacio, le fue posible divisar a Hypnos, sin duda vigilando que nadie indebido pasara. El gemelo los dejó entrar sin apenas una palabra.
Una vez adentro, después de cerrar cuidadosamente la cara, el rostro del dios perdió todo rastro de frialdad que pudiera mostrar.
Se acercó despacio hasta el lecho y descorrió el dosel con lentitud. Luego se apartó despacio, para dejar que Shun pudiera mirar a la durmiente.
El santo de Andrómeda se acercó despacio, sabiendo ya lo que iba a encontrar. Aún así, apenas la vio, supo que Morfeo no había podido hacerle justicia alguna a la belleza y delicadeza de la hija de Zeus.
Ciertamente, parecía delicada como una flor, pero a la vez dotada de una extraña fortaleza interior. Y de alguna manera, entendió las palabras de Athena, y las mismas de Hades, había algo en aquella diosa que le recordaba a sí mismo.
Tan concentrado estaba en aquel autoexamen de conciencia que no se dio cuenta de que Hades cogía su mano a la vez que la de Perséfone y se las llevaba a los labios, hasta que sintió el roce.
Volvió la cabeza, a tiempo para sentir el cosmos de la diosa despertar de alguna manera y elevarse suavemente. Pero lo que se dijeron ella y Hades no pudo saberlo, porque la conversación lo excluyó. Apoyó la cabeza en los hombros del dios, mientras veía como los ojos de éste temblaban como si fueran oro líquido, debido a las lágrimas contenidas. Sin saber porqué, le acarició el rostro a Hades. La sorpresa hizo que éste abriera los ojos y una lágrima se deslizó, traviesa, por su mejilla. Pero aquel gesto duró tan solo un instante y recuperó su serenidad habitual.
Por un momento, se olvidó de todo, excepto de las dos personas que estaban con él en la habitación, uno recostado suavemente en su costado y la otra reposando su sueño en el lecho.
Por primera vez en mucho tiempo, sentía que su corazón latía dulcemente contra sus costillas, ligero como hecho de plumas, y no pesado y duro, como se había obligado a sentirlo por muchísimos años.
Cuando se retiró con Shun de aquel lugar, no pudo si no sentirse alegre y agradecer internamente a las Moiras haber dispuesto el Destino de tal manera que todo sucediera de la forma en que había sucedido.
Epílogo
Años después…
El Santuario había cambiado mucho con el correr de las estaciones. De la misma manera, el ejército de la diosa Athena había ido renovándose y cambiando de miembros, de la misma manera que los árboles renovaban sus hojas cada otoño.
La diosa seguía a la cabeza, siempre compasiva y fuerte, como el pilar central que daba sentido y sostén a todo lo que significaba el Santuario.
También el Sumo Sacerdote y los santos dorados seguían velando porque los de más bajo rango se comportaran y aprendieran acerca del correcto funcionamiento de aquel lugar.
La vida seguía su curso en términos generales, como no podía ser de otra forma.
Los aprendices solían jugar en la cordillera de los doce Templos más a menudo, habiendo aprendido a no temerle a los santos de Oro, sino a respetarlos como mentores, maestros y futuros compañeros de batalla.
Pero había un templo que los intimidaba sobremanera, sin importar que el santo dorado que lo habitaba no fuera en especial arisco ni antisocial.
Se trataba de aquel templo que estaba justo a la mitad de los doce, el sexto, el templo de la Virgen hija de Zeus, Astrea, el templo de Virgo.
El anterior portador había decidido que su tiempo como santo de la orden de Athena se había cumplido, por lo que simplemente había decidido adelantar el asunto de su sucesión y luego había dejado el Santuario hacia un lugar solo conocido por el actual portador.
Y éste, lejos de intimidar menos, los anonadaba todavía más, por los rumores que corrían acerca de él.
Se decía que había iniciado siendo el santo de bronce de Andrómeda, y que había ayudado a la diosa durante el conflicto interno provocado por un santo de oro, y las posteriores guerras santas contra Poseidón y contra Hades. También se decía que su cuerpo había sido el escogido como recipiente del alma del señor del Inframundo, y que su espíritu había tenido la fuerza suficiente, para contener aquella posesión y librarse de ella. En esa misma Guerra Santa, había pisado los sagrados Campos Elíseos y había despertado una versión Divina de su armadura de bronce, previamente ungida con la sangre de Athena.
Pero lo más sorprendente era el rumor de que aquel mismo santo había recibido los favores del dios Hades y le había calentado el lecho hasta hace muy poco.
Por tanto, el templo y su portador permanecían en un aura de misterio que nadie parecía interesado en desvanecer. Y tampoco el santo mismo parecía molesto porque fuera así.
Aquel día, como cualquier otro, lo había iniciado con una buena sesión de meditación y ahora estaba sumido en la nada de ese estado hasta que sintió una lejana llamada en su mente.
Privado del oído como estaba, su cosmos le servía para comunicarse con los demás y escuchar lo que le decían.
Por tanto, aquella llamada no podía tratarse de la de ningún mortal, sino de la de un ser con un dominio del cosmos superior, como solo podía ser el de un dios.
"¿Quién me llama?, ¿Qué deseas?"
"Hace mucho tiempo que quería hablar contigo, Shun. Por fin he podido hacerlo"
El santo de Virgo sonrió ampliamente al reconocer a la diosa frente a él.
—Mi señora Perséfone. Me alegra saber que habéis despertado por fin. ¿Qué deseáis de mí?
"Quería agradecerte por haberte decidido a corresponderle a Hades. Gracias a eso su corazón ha vuelto a ser el de antes"
—No hay nada que agradecer, mi señora. No podía haber asegurado que las cosas se dieran como se dieron. También para mí fue beneficioso aquel romance. Me enseñó otros puntos de vista que ignoraba. Yo también estoy agradecido con Hades.
"Tus palabras me alegran. Eso me hace reafirmar el que solo tú eras digno de Hades. Cuando él me habló de ti hace años, me sorprendió el que estuviera tan contento y enamorado, cuando antes se había negado férreamente al poder de Eros."
—Yo también me propuse lograr que bajara completamente la guardia cuando estuviera conmigo. Es la única forma de que muestre su lado amable. Lo que me recuerda…tengo algo que os pertenece. Seguidme, por favor.
La diosa lo siguió con curiosidad a través del templo. El santo dorado se dirigió hacia una pequeña mesa y abrió un pequeño cofre que había sobre ella. Adentro había una sola cosa.
"¡El Diamante de Ébano!", tendió los brazos.
—Ya no soy consorte de Hades, por tanto no merezco llevar esto. Os lo regreso, como corresponde.
"Muchas gracias, pero…Creí que se lo devolverías a Hades"
—Pensé en hacerlo, pero luego pensé que de todas formas era preferible devolvéroslo personalmente. La señorita Athena me informó de que quizás me visitaríais así que preferí esperar.
"Ha sido una decisión prudente, santo de Virgo. No conozco mucho del ejército de Athena, pero al menos de ti puedo decir que eres excelente. Te transmito también los saludos de mi marido. Por favor, saluda a mi hermana de mi parte"
—Lo haré sin dudar. Por favor, sentíos libre de venir a este templo si lo necesitáis. Estoy a vuestra disposición.
"No lo dudo, Shun de Virgo. Tu espíritu es fuerte e inquebrantable como pocos. Ciertamente, no hay mortales así en la actualidad. No quisiera tenerte como enemigo, sin duda serías un poderoso contrincante."
El santo inclinó la cabeza con deferencia.
Hace mucho tiempo había tenido un sueño en el cual la diosa le agradecía por haber descongelado el corazón de Hades. En ese momento había tenido dudas, y había estado tan ocupado en la figura de Perséfone que no había reparado en sí mismo. Ahora se reconocía a sí mismo en el santo de Virgo que se había encarado con ella.
Ahora, mientras la veía irse, se daba cuenta de que solamente debía dejar que el Destino fluyera, como el agua de un río, hacia donde tenía que fluir.
Bueno, investigando e investigando me encontré con algo interesante. Por regla general, los animales negros se le dedican a los dioses infernales en los sacrificios, pero no sabía de algún animal concreto que se le consagrara a Hades. Hasta que eché mano al Theoi Project y me encontré con algo interesante.
La lechuza ha sido por mucho tiempo considerada un ave de mal agüero, compañera de brujas y hechiceras. Erróneamente, se cree que es símbolo de sabiduría, por lo que se cree es el animal consagrado a Athena. Sin embargo, no es ésta sino el mochuelo el compañero de Palas. Error fácil de cometer tomando en cuenta las similitudes presentes en ambas aves.
En fin, como les decía, el ave consagrada a Hades resultó ser la lechuza, que también es considerada la mensajera de las deidades infernales.
Morfeo ( gr. Μορφευs ) es el hijo mayor de Hypnos y Pasitea, por tanto el líder de los Oneiros. Es el daimon que personifica los sueños. Era el encargado de visitar a los hombres durante el sueño tomando forma humana. Las formas animales eran responsabilidad de Ikelos, también llamado Phobetor.
Como Next Dimension ha dejado claro, los santos de Virgo se privan de uno de sus cinco sentidos principales para aumentar su cosmos. Después de la vista de Shaka y el gusto de Shijima, guiándome por Los Tres Monos Sabios, el sentido que faltaba era el oído.
Y bueno, esto es todo.
Espero que hayan disfrutado de mi versión de un ShunxHades tanto como yo al escribirlo.
Pronto volveré con un fic introduciendo a un nuevo OC. ¡Espérenlo!
¡De verdad muchas gracias por sus comentarios!
¡Un mega besote!
