Bueno, antes de nada LO SIENTO, se me fue la musa junto a una de mis personas más amadas que siempre estuvo ahí por y para mí, que fue el padre que nunca tuve: mi abuelo. Así que LO SIENTO, LO SIENTO y LO SIENTO, pero no tenía la cabeza para nada. Ahora al tajo ;). Bss dsd STZ y muchas gracias por seguir ahí leyéndome.


-Signore! Signore! -oyó Giuseppe que le llamaban a gritos desde el jardím trasero del palazzo.

-¿Qué ocurre ahora? -preguntó él saliendo de su despacho.

-Signore, es el señorito Damon!

-¿Qué ha hecho ese demonio de niño ahora?

-Se ha caído, signore. Bajó a su hermano de un árbol y se ha caído. Y no se despierta, signore!

Ante eso, Giuseppe palideció creyéndose que Dios le castigaba por haberse portado tan cruelmente con su primogénito. Intentando mantener la calma para no perder la compostura, le siguió preguntando por la caída a la criada.

-¿Por qué estaba Stefan en un árbol? -le pregunta mientras van hacia donde están los dos niños, Damon inconsciente y Stefan llorando intentando despertar a su hermano.

-Vio un gatito y quiso ir a cogerle.

-Y, ¿dónde estabas tú mientras mis hijos estaban arriesgando sus vidas? Se supone que estás con nosotros para cuidarlos.

-Signore, lo siento, no me dio tiempo a pararle.

-¡Por los clavos de Cristo, Maria, tiene 2 años! ¡No es un corzo para que corra de manera que no puedas alcanzarlo!

-Lo siento, signore, no volverá a ocurrir.

-Con promesas no se le devuelve la vida a un niño. Mis hijos son lo único que me queda de mi esposa, lo único que tengo que pueda decir que es mío por completo.

Cuando llegaron a donde estaban los niños, el padre se tiró al suelo para ver si Damon aún vivía. Stefan seguía abrazado a su hermano llorando y llamándole inúltimente para que despertase.

-Stefan -le dijo su padre-, vete con Maria. Yo cuidaré de tu hermano. -Cuando Maria desapareció por la puerta de la entrada, Guisseppe cogió a su hijo en brazos y mirando hacia el azul cielo, le rogó a su difunta esposa, llorando arrepentido, creyendo que perdería a su niño-. Por Dios, Mary Anne, ayuda a nuestro pequeño, por favor.

En ese momento Damon se movió y quejándose un poco abrió los ojos. Encontrándose con que estaba en brazos de su padre y que este lloraba.

-¿Padre? -preguntó el niño extrañado por la escena- ¿qué ha pasado?

-Oh, Damon, estás vivo -se alegró el adulto estrechando más a su hijo entre sus brazos.

-Au -se quejó Damon-, me haces daño.

-Dios, ¿dónde te duele? "Que no sea nada grave, por favor" pensó mientras se levantaba con el niño en brazos hacia su habitación para tumbarle en su cama y así que el médico le mirase bien. -¿Qué te duele, hijo?

-La cara, las costillas, el trasero, pero lo que más, el brazo y la pierna, ¿me voy a morir, padre?

-¡Por los clavos de Cristo, Damon! Por supuesto que no te vas a morir. ¿De dónde sacas esas ideas?

-Madre estaba bien y se murió.

-Tu madre se fue porque perdió mucha sangre. Y estaba dévil.

-Yo también estaba dévil cuando me he caído -contestó el niño inocentemente sin querer en realidad hacer ningún reproche a su padre.

-Lo siento -se disculpó éste último- mucho hijo mío. Ya sabes que no quiero hacerte daño, pero es que a veces te portas muy mal y he de castigarte, si no, el día que tu seas mayor, serás malo. Y, ¿tú no quieres ser malo, no?

-No, padre. Me duele mucho -protestó Damon poniendo pucheros y echándose a llorar-. Lo siento, pero es que no me puedo aguantar.

-¿Por qué me pides perdón, Damon?

-Por portarme mal y por llorar.

-Oh, pequeño, ahora puedes llorar lo que quieras.

Y, dicho esto abrazó a su hijo hasta que tocaron a la puerta pidiendo entrar. Giuseppe dio permiso y se levantó de la cama mientras el médico entraba en la habitación y se acercaba al pequeño.

-Buenas tardes -saludó al niño después de inclinar ligeramente la cabeza a modo de saludo respetuoso hacia el Conde-, me ha dicho un pajarito que te has caído, pequeño, ¿es eso cierto?

-Sí, señor -respondió Damon tímidamente.

-Bien, ¿y dónde te duele?

Damon se quedó mirando a su padre con miedo en los ojos antes de contestar al médico:

-El brazo y la pierna, señor.

-Bien, pequeño, veámos qué te pasa. Tendrás que ser valiente mientras te toco para saber qué tienes.

Damon cerró los ojos apretándolos para aguantar el dolor y demostrar que no era un cobarde. El médico le estuvo andando con el brazo y la pierna y luego pasó a palmarle las costillas por si había alguna otra lesión que no se viese.

-Qué tiene. ¿Se pondrá bien?

-Necesito entablillarle tanto el brazo como la pierna y hasta dentro de mes y medio o dos no se lo podremos quitar.

-Dios, ¿tan grave es? ¿Volverá a andar? Es mi heredero, necesita estar bien.

-Tranquilizaos, signore Salvatore. Vuestro hijo se pondrá bien, sólo se ha roto la pierna y el brazo, con el debido descanso, reposo y cuidados, le tendréis correteando de nuevo por todo vuestro palazzo.

-¿Has oído, Damon? Te pondrás bien, pequeño.


Elena se quedó mirando a Damon con cara de pena.

-No me mires así, Elena -le dijo él.

-¿Así cómo?

-Con pena. Nunca lo he soportado no voy a empezar ahora.

-Oh, Damon -le susurró ella dándole un beso en los labios-. Cómo debiste de sufrir. Tan pequeño y tener que soportar tanto dolor.

-Si lo dices por la rotura de pierna y brazo, sí, creía que me iba a volver loco. En cuanto a las palizas de mi padre, estaba acostumbrado.

-Oh, cariño, no digas eso. Es imposible acostumbrarse a eso. Tu padre se merece estar en el Infierno. Por lo menos tuviste algo de paz mientras estuviste enfermo.

-Poco le duró la paz -contestó Stefan con ojos tristes por los recuerdos que tenía en mente.

-¿No? ¿Ni siquiera esperó a que te curases?

-No sufras, princesa. Lo que quiere decir mi hermano es que se impacientó porque yo no podía coger ni una pluma para poder escribir y aprovechó el momento para obligarme a escribir con la derecha y se enfadaba constantemente porque me era muy difícil, sobre todo al principio.

-¿Con la derecha?

-Sí, Elena -respondió el menor por Damon-. Mi hermano es zurdo y el brazo y pierna que se rompió fueron los izquierdos.

-Pero si escribes con la derecha...

-Digamos que las palizas y golpes de mi padre eran bastante convincentes.

-Por Dios, ese hombre era horrible, no se merecía teneros como hijos. Qué suerte que hayais salido bien y no unos psicópatas -a esto Damon alzó una ceja y le lanzó una sonrisita ladeada-. No, Damon, no eres un psicópata. Sólo matas cuando tu vida o la de alguien a quien amas está en peligro, o a los malvados. Todo lo demás es una armadura que te pones. No como tu padre, que ese sí que era un monstuo.

-Sí, hermano. Elena tiene razón; tu rebeldía y bondad nos salvó a ti y a mí. Aún no sé cómo te atreviste a presentarle a padre a Giorgina...

-¡Cállate, Stefan! -le gritó de repente Damon.

-¿Quién es Giorgina?

-Giorgina fue la prometida de Damon.

-¿Cómo que prometida?

-¿No se lo habías dicho?

-No, Stefan. Para eso estás tú, ¿verdad?

-Damon -le dijo Elena-, ¿estuviste prometido?

-Sí, princesa. Estuve prometido con una chica a la que quise mucho y como todos a los que quiero murió.