Damon y Stefan se habían marchado juntos para cazar y por eso Elena estaba en su casa. Tía Judith le estaba preparando unos filetes rusos porque sabía que la carne picada era de las pocas cosas que el estómago de su sobrina aguantaba. Margaret estaba en el cole y Robert había ido a buscar una cuna para cuando naciesen los niños. Elena sabía muy bien que eso a Damon no le iba a sentar muy bien, la verdad. Pero tanto su tía como Robert habían insistido tanto que a la chica no le quedó otra que aceptar.
-Elena -le dijo Judith-, ¿hago salsa de tomate para los filetes?
-Sí, bastante, por favor.
-De acuerdo.
Tras esa breve conversación, Judith volvió a la cocina y Elena dejó de mirar por la ventana y se puso a escribir en su diario.
Querido diario.
Ya estoy de 5 meses, hay que ver cómo se me está pasando el tiempo de rápido. Aunque ahora me queda lo peor; los tres últimos meses y EL PARTO. Dios sólo de pensarlo me tiembla todo el cuerpo. Aunque, por otra parte, tengo unas ganas de tener a mis pequeños en brazos...
Damon sigue igual de cariñoso conmigo como ha estado desde que regresó de la muerte. La verdad que es un amor. Es el chico perfecto: atento, cariñoso, padrazo, está bueno ;-) jeje, esto último es broma, aunque es cierto.
El lunes se fue su madre a Italia no sé a qué, pues es un misterio para todos. Sólo sé que la mandó Damon ir a Florencia a por algo, pero el qué no lo sabemos nadie y mi novio no suelta prenda (novio... suena bien, ¿verdad?). Nunca me imaginé que sería estar así con Damon. Es tan atento, tan caballero. (La única pega que tiene es que él va a vivir para siempre y yo no. ) Pero prefiero no pensar en ello.
Nada olvida eso, mejor lo tacho, conociendo a Damon leerá esto así que, borrado. Mejor así.
-¡Elena! -Oyó que Judith la llamaba- ¡La comida está lista!
Elena cerró el diario y lo puso debajo de la manta con la que se había estado tapando mientras estaba en el sofá recostada. Tenía la espalda baldada, aunque su tía se creía que era por los gemelos, era más bien por la nochecita que había pasado, ya que Damon apenas le había dejado dormir.
Para cuando llegó a la mesa ya tenía servida la comida.
-¿No esperamos a Robert?
-No. Que luego viene Damon y no te da tiempo a comer.
Justo en ese momento sonó el móvil de la rubia. Lo miró y vió que era un whatsapp de su novio.
DS- Enseguida llego.
ELENA- OK. Estoy comiendo. Te toca esperar. ;-)
DS- No importa, por ti cualquier cosa.
ELENA- Pelotaaaaa. 3
DS- Y, ¿eso qué se supone que es?
ELENA- ¿Tú qué crees?
DS- Lo siento, pero creo que soy mayor para esto, no hablo el idioma whatsapp.
ELENA- Anda que tienes cada idea...
DS- ?
ELENA- Viejales! Jajajaja
DS- Anoche no decías lo mismo.
A Elena se le cayó el móvil de las manos. Eso la pasaba por tomar el pelo a Damon Salvatore. Lo cogió y vio que le había vuelto a escribir. Ya se imaginaba que tendría su sonrisa de 250kw en la cara.
DS- ¿Te ha comido la lengua el gato?
ELENA- Mi tía me está mirando con mala cara.
DS-Y, ¿eso?
ELENA- Se me ha caído el móvil al suelo. Te dejo que al final no como. Te quiero!
DS- Idem, princesa.
-¿Cuánto tiempo -preguntó Stefan a su hermano mientras se dirigían a la casa de Elena- hacía que no hacíamos algo los dos juntos?
-Mucho, tanto que diría que han pasado siglos.
-Tú y las ironías. Te recuerdo que nos hemos estado llevando mal durante estos quinientos años porque tú me borraste los buenos recuerdos que tenía de ti.
-Bueno, sí, mea culpa. Pero si un brazo te va a hacer peligrar la vida lo cortas.
Stefan se quedó mirando a Damon intentando descifrar lo que acababa de decir. A veces no conseguía entender a Damon. Cuando comenzaba a creer que ya lo conocía a fondo, soltaba algo que lo sorprendía de tal forma que se convertía en un completo extraño a sus ojos.
-No estoy muy seguro de si lo que has dicho es bueno o no.
-Depende de qué concepto de bueno y malo tengas. Ni, en serio, hermanito, lo hice porque creía que así te protegería de mí. Fui capaz de matarte, así que decidí que eso era lo mejor para ti. ¿Fue una equivocación? Tal vez. Pero sigues vivo, así que igual no lo fue tanto, ¿no crees?
-Sé que lo hiciste con la mejor de las intenciones, aunque yo no crea que sea acertado. De todas formas gracias por estar ahí por y para mí.
-Sí, ya bueno, me está subiendo el azúcar y no quiero que me dé un coma diabético así que dejemos este momento pastelón, por favor. No he venido a cazar contigo para compartir contigo a la madre de Bambi. Tengo algo que decirte y que conste que me está costando mucho soltártelo. Quería que fuese sorpresa para todos, pero dada la historia que tuviste con Elena no creo que eso sea lo más acertado.
-Sabes que puedes decirme cualquier cosa, hermano. Confía en mí, por favor. Tal vez nuestra madre esté viva y con nosotros, pero para mí es una desconocida, así que, sólo te tengo a ti. Yo confío plenamente en ti, sé que no me harás nada que me perjudique, al menos a drede, así que, confía tú en mí, por favor.
-¡Por Dios, que alguien me traiga insulina!
-¡Damon!
-¿Qué?
-Nada, ¿qué me querías decir? -Le preguntó Stefan mientras le observaba atentamente. Damon agachó la cabeza y metió las manos en los bolsillos delanteros del vaquero. Estaba nervioso, muy nervioso. Sólo le había visto así una vez; cuando les dijo que se iba a casar con Bianca, que le había pedido su mano a su padre y luego a ella y que ambos habían consentido. Y entonces se dio cuenta. Su madre había ido a Italia a por algo que Damon tenía en su casa de Florencia. Y se había puesto nervioso al ir a decirle algo relacionado con Elena.- ¿Vas a pedirle que se case contigo?
-Vaya -replicó su hermano levantando la cabeza y mirándole fijamente a los ojos-, si resulta que sí que vas a tener algo debajo de ese pelazo.
-Me criaste tú, así que -contestó Stefan sabiendo que esa era la manera que tenía Damon de auto defenderse cuando se sentía acorralado.
-Mm, ya. Sí, voy a pedirla que se case conmigo. Quiero hacerlo bien. Quiero que esos niños tengan un hogar, que sepan lo que es tener una familia.
-Quieres que tengan lo que nosotros no tuvimos, es lógico.
-Sí, sé que aún la amas, Stef, pero supongo que entiendes que he de hacerlo.
-Por supuesto, hermano. Te mereces ser feliz por una vez en tu vida.
-Gracias - y Damon hizo algo que Stefan jamás se hubiese imaginado que haría. Sin previo aviso le abrazó de la misma forma que le abrazaba cuando eran niños y el menor tenía miedo o estaba asustado.
Elena se estaba cepillando los dientes cuando llamaron al timbre. Era Damon, estaba segura. Se aclaró y aprovechó para maquillarse un poquito y bajó a la sala donde el vampiro la esperaba sentado en el sofá junto a Judith, quienes callaron en cuanto ella llegó a la puerta.
-Buenas tardes -le saludó él-, princesa.
-Hola, Damon -contestó ella acercándose a él para darle un besito en los labios-. ¿Qué tal la mañana de hermanos?
-Bien, sin más. Ya sabes cómo son estas cosas. ¿Te apetece una tarde de cine?
-¿A ver cuál?
-Eso da igual, para lo que vamos a ver...
-¡Damon!
-¿Qué? Tu tía hace ya un rato que se ha ido. Y ya sabes que es cierto.
-Anda que...
-¿Qué?
-¿Vas a pagar las entradas para pegarte el lote conmigo?
-Créeme cuando te digo que he hecho cosas peores en un cine.
-Eh, vale. Prefiero no saberlo.
-¿Entonces una de cine?
-Venga va. Con tal de estar contigo...
-Ti amo, bella mia.
-Yo también te quiero, Dame.
-¿Dame? -Preguntó el chico alzando una ceja incrédulamente.
-¿No te gusta? Es una forma cariñosa de decir tu nombre.
-Por ser tú te perdono.
-Eres de lo que no hay.
-Ya lo sé -replicó él con su sonrisa de 250 kilovatios mirándola fijamente a los ojos-. No hay nadie tan guapo como yo.
-Ah, vale -le contestó ella poniéndole morritos-. Pues gracias por lo que me toca.
Sin previo aviso, Damon la cogió en brazos y se la puso encima de manera que ella quedó a horcajadas sobre él.
-¿Crees que si no me parecieses hermosa estaría contigo? ¿Es que no notas lo mucho que me atraes?
-Damon aquí no. Mi tía...
-Al cuerno tu tía. ¿Crees que soy como Narciso?
-¿Quién? -Preguntó ella sin saber de qué hablaba el chico pero viendo que algo le había sentado muy mal a juzgar por cómo se estaba poniendo el cielo.
-¿No sabes quién era Narciso?
-No, lo siento.
-No lo sientas, tú no tienes la culpa de que la educación de hoy en día deje mucho que desear. Según la mitología griega, Narciso era un muchacho muy hermoso del que todas las féminas se enamoraban. Un día que salió a cazar ciervos al bosque, la ninfa Eco, a quien Hera había castigado a repetir las últimas palabras de todo lo que se dijese, quedó prendada de él y le siguió durante un buen trecho hasta que Narciso oyó sus pasos.
"¿Hay alguien aquí?" preguntó él. A lo que la pobre Eco sólo pudo decir "Aquí, aquí". Narciso entonces le dijo que se acercase y, tras ella repetirlo salió ante él. Pero Narciso la rechazó y ella huyó a esconderse en una cueva para siempre. Mientras tanto, Némesis, la diosa de la venganza, quiso darle un escarmiento: cuando encontrase el amor, moriría.
Así que cuando Narciso tuvo sed y se acercó a un río a beber de sus aguas, vio su reflejo y se enamoró de la imagen que veía. Cuando se agachó a darle a ese rostro un beso, se cayó al agua y al no saber nadar, se ahogó. En ese mismo lugar nació una hermosa flor la cual recibió su nombre.
-Madre mía -dijo Elena cuando él hubo acabado con la historia-, vaya historia más triste e irrealista.
-Pues con historias así nos acostaba de pequeños mi padre las pocas veces que estaba lo bastante sereno como para recordarlas.
-Pues que quede claro que no se las contarás a los gemelos.
-No -replicó Damon con una sonrisa cínica en los labios-, mejor les enseñamos los peligros que puede tener una chica si se fía de los demás, o que estar soñando con un mundo de fantasía siempre es bueno. O mejor, les enseñaremos que las chicas tienen que esperar a que llegue un príncipe azul a lomos de un corcel.
-Bueno, yo sí que encontré al mío... -Respondió ella con una sonrisa coqueta en los labios.
-Porque está tu tía, que si no no te librabas.
-Pues en el cine.
-Creía que si ibas al cine era para ver la película.
-A este paso no llegamos, señor Salvatore.
-Pues en marcha, señorita Gilbert.
Eran las ocho de la tarde cuando llegaron a la casa de huéspedes. A Elena le extrañó mucho no ver luces en las ventanas ni oír ruidos. Y más con Anabella andando por la casa.
-¿Por qué está todo tan callado?
-No lo sé -respondió él cogiéndola del brazo y arrastrándola hacia la puerta.
A Elena le pareció raro porque si pasase algo, Damon no la habría hecho entrar en la casa. Estaba perdida en esos pensamientos cuando oyó que le llegaba un mensaje a Damon, quien sacó el móvil para leerlo.
-No pasa nada, princesa. Tranquila, es sólo que no hay nadie en la casa.
-¿Ni siquiera Anabella o la señora Flowers?
-La señora Flowers está con tus amigos tomándose un café y Anabella está con su abuela en el teatro.
-¿Ya ha vuelto tu madre de Italia?
-Sip. Vamos dentro, no siempre tenemos toda la casa para nosotros solos.
Elena ante la idea de poder estar con él sin ninguna interrupción entró lo más rápido que pudo a la casa. Cual fue su sorpresa al ver en el salón una mesa preparada para dos. Se acercó y pudo ver que en uno de los platos descansaba una caja de joyería. No podía creerselo. Por eso había hecho la pantomima de llevarla al cine a ver aquel horror de película. Cogió la caja y se quedó mirándola antes de abrirla y quedarse boquiabierta justo cuando Damon se puso a su lado y se la quitó de las manos. Acto seguido se puso de rodillas y le dijo mirándola fijamente a los ojos y con la voz algo ronca por los nervios y la emoción del momento.
-No me voy a extender con palabras que no harían justicia alguna a lo que siento por ti, así que iré directo al grano, como decís en estos tiempos de locos; Elena Gilbert, ¿quieres casarte conmigo?
Elena se puso de rodillas enfrente de él y dándole un apasionado y amoroso beso le dijo que sí.
