Damon se despertó en mitad de la noche de repente. Hacía mucho tiempo que no tenía pesadillas como esas. Se giró hacia la derecha y contempló a Elena dormir. Le faltaba poco ya para que se pusiese de parto y probablemente por eso tuviese esas estúpidas pero bastante inquietantes pesadillas. Sabía que en parte era por los recuerdos que tenía del desastroso parto de su madre cuando esta tuvo a su hermano. Pero, aun así no pudo evitar tener ese sube y baja en el estómago.
Estaba perdido en esos escalofriantes pensamientos cuando oyó que Elena le llamaba en sueños mientras giraba la cara hacia él. Damon sonrió al verla con toda la boca abierta babeando por completo sobre la almohada. La verdad que estaba muy graciosa así, graciosa e increíblemente sexy. Aunque si ella se viese así no pensaría lo mismo. Sin hacer ruido, cogió el móvil de la mesita de noche y le sacó una foto, lo que provocó que ella se despertase a cuenta del flash.
-¿Qué haces? -le preguntó ella somnolienta.
-Nada -respondió él rápidamente escondiendo el móvil.
-¿Cómo que nada? Dime que no me has sacado una foto dormida.
-Vale, no te he sacado una foto dormida.
-Qué gracioso, Damon.
-No te enfades, princesa. Estabas preciosa.
-Sí, preciosísima. Borra eso inmediatamente.
-Mmm... Me encanta cuando te pones en plan mandona.
-Déjate de tonterías y bórrala ahora mismo, Damon.
-Obligame -susurró él mientras le besaba el cuello y le pasaba la mano por encima de las braguitas.
Elena enseguida se olvidó de la conversación y de la foto robada tal y como esperaba el vampiro al besarla. Los besos cada vez se estaban volviendo más fogosos cuando Elena sintió un dolor punzante que le quitó la respiración durante los segundos que este duró.
-Elena, ¿qué te pasa?
-No sé, me ha dado un dolor -entonces Damon se levantó y con rapidez vampírica encendió la luz y se volvió a acercar a la chica. Le tocó el abultado vientre a la par que miraba a la nada, escuchando atentamente-. ¿Qué haces?
-Creo que estás de parto -susurró mientras iba al armario a por el bolso que estaba ya preparado para cuando tuviesen que ir al hospital.
-Pero aún no es el momento.
-A mí no me extraña nada en absoluto que se adelanten. Debe ser algo común en mi familia. Tú espera ahí tumbada, voy a avisar a mi hermano y a preparar el coche.
-No pretenderás que vayamos en el Ferrari, ¿no?
Damon se la quedó mirando a los ojos con esa pícara sonrisita suya que hacía que a Elena le temblase todo el cuerpo. Se acercó a ella de nuevo con el bolso en la mano y, después de darle un besito en los labios le contestó:
-No te preocupes, principessa. Lo tenía ya todo pensado y preparado para este momento.
Elena le iba a preguntar lo que quería decir con eso, pero no le dio tiempo ya que en cuanto el vampiro se levantó de la cama desapareció a velocidad vampírica por la puerta del cuarto. Se apoyó en el respaldo de la cama a esperar a que Damon volviese para ayudarla a llegar hasta el coche.
Stefan estaba dormido cuando oyó la voz de su hermano tras la puerta de su habitación. Se levantó de la cama, se acercó a esta y la abrió encontrándose a su hermano completamente vestido y con el bolso de los bebés en la mano.
-Damon -susurró él-, ¿qué pasa?
-Elena se ha puesto de parto. ¿Vienes con nosotros o te quedas en la retaguardia cuidando a Anabella?
-No, espera un momento. Me visto y voy con vosotros.
Tras esto cerró de nuevo la puerta y se dirigió al armario para vestirse poniéndose lo primero que pudo encontrar. Para cuando salió de la habitación, Damon ya estaba en el coche preparándolo todo para poder acomodar bien a Elena.
-¿Quieres que baje yo a Elena? -ante esa pregunta, Damon salió del coche y se giró hacia él con una extraña expresión en su rostro-. O, si quieres, voy poniendo en marcha el coche.
-Sí, mejor. -le contestó fríamente su hermano. Tenía la mandíbula ligeramente prieta, síntoma de que estaba muy nervioso. Así que eso era lo que le ocurría, estaba nervioso por el inminente parto de Elena.
-No te preocupes, hermano, la medicina ha avanzado muchísimo en estos siglos, Elena estará bien. Igual que los niños.
Damon se adentró en la casa sin decirle nada, ni siquiera le miró cuando Stefan intentó tranquilizarle. Sabía de sobra que lo mejor que podía hacer era dejar el tema y poner en marcha el coche para cuando su hermano volviese con la chica, quien, a juzgar por sus quejas, debía de tener las contracciones cada poco tiempo ya. Se sentó en el asiento del conductor y se dispuso a esperar a su hermano y su futura cuñada. A la de poco apareció la pareja seguido de su madre y Anabella.
-Que te he dicho que te quedes aquí -decía el chico-. Cuando nazcan os llamo para que vayáis.
-Y yo te he dicho que soy tu madre y voy con vosotros. Por Dios, Damon, se trata de mis nietos.
-Mira, haz lo que te dé la gana, como siempre.
-A mí no me hables así, jovencito.
-Es entretenida la conversación que estáis teniendo, pero yo tengo una cabeza luchando por salir de mí y ya no aguanto las ganas de empujar. Si no queréis que nazcan aquí mismo dejadlo ya -Damon acomodó a Elena en el asiento de atrás y se metió junto a ella mientras la chica decía su parrafada-. Bonito coche, Damie.
-Te he dicho que no me llames así.
-Pues lo siento, pero a mí me gus... ahhh -Elena cortó la frase que estaba diciendo al sentir otra contracción.
-Dios, Stefan, ¿quieres hacer el favor de arrancar de una maldita vez?
Y dicho y hecho, Stefan arrancó el coche y salió a todo correr en dirección al hospital.
Seis horas después.
Damon seguía dando vueltas por la sala de espera. Había estado con Elena durante todo el parto ya que no se fiaba de los médicos y quería asegurarse que tanto ella como los bebés estaban bien durante el alumbramiento. Una vez que ya habían nacido, le habían mandado esperar fuera, mientras subían a Elena a una habitación y preparaban a los niños.
-Damon, cielo -le dijo su madre sentada junto a Stefan y Anabella-, siéntate que me estás poniendo de los nervios.
-Pues te tomas una tila.
-Hermano, siéntate, por favor.
Damon ya iba a contestarle de malas maneras a su hermano cuando salió una enfermera y se acercó a él.
-¿Familiares de Elena Gilbert?
-Soy el padre -contestó Damon acercándose a ella-. ¿Dónde están?
-Hemos acomodado a la nueva mamá en la habitación 206, los bebés están con ella. Son preciosos, enhorabuena.
-Por supuesto que lo son -murmuró Damon mientras se dirigía al ascensor para subir a la habitación de Elena.
-Podrías se un poquito más agradable, papá.
-Lo sé, pero no quiero.
Para cuando llegaron a la habitación de Elena, esta estaba tumbada y medio dormida con los bebés en una cunita a su lado. Damon se dirigió hacia ella nada más pasar por la puerta y, tras darle un besito en los labios, se acercó a sus hijos, acariciando sus caritas con una espléndida sonrisa en sus labios, reflejo de la felicidad que inundaba su corazón.
-Son preciosos, papá. Hola, enanos, soy vuestra hermana.
-¿Enanos? ¿En serio, Anabella?
-¿Qué? ¿Tienen nombre acaso?
-El niño Damien, a la niña te toca a ti nombrarla, Damie -contestó Elena por él.
-¿Damien, segura?
-Sí, se parece a ti, así que...
-Natalia, ¿qué te parace?
-Sí, me encanta.
Stefan hizo una señal a su madre y sobrina para que saliesen con él de la habitación y así dejar a la pareja sola.
