Stefan estaba regresando a la Casa de Huéspedes de la caza diaria cuando oyó los gritos. Eran su hermano y su madre discutiendo por algo. Desde que los niños habían nacido, Damon estaba muy irascible. Más que de costumbre.

-¿Qué ocurre ahora? -preguntó él nada más entrar por la puerta.

-Tu hermano, que no quiere despedida de soltero.

-Y, ¿por esa tontería estáis discutiendo?

-Sí, por esa tontería, hermanito. Porque al parecer soy el único que comprende que los niños son demasiado pequeños para dejarlos solos.

-Ay, Damon, cuando te pones cabezón no te gana nadie, hijo.

-Exacto. Elena sí que quiere, ve a organizarle la suya a mí déjame tranquilo.

-Damon, que los niños no se van a quedar solos, estoy yo.

-Y, ¿quién cuidará a Elena?

-¿Es que acaso toda esta chaladura se debe a que tienes miedo a que Elena te cambie por el stripper?

-No digas gilipolleces.

-Y tú vigila tu lengua, que eres padre. Acuérdate de Anabella, que dijo antes merda que papa.

-Venga, hermano. Que es tu última noche como soltero. Ja, quién iba a decir que Damon Salvatore acabaría casándose.

-Pero es que...

-¿Esto va a seguir así mucho tiempo? -preguntó Elena desde la puerta- Porque al final los vais a despertar y me ha costado mucho dormirlos.

-Están intentando convencerme de que vaya a mi despedida.

-Ya lo sé, Damon. Se os oye desde el cuarto. Deberías ir. Es una escusa de Stefan para pasar más tiempo con su hermano.

-Sí, ya verás como lo pasamos bien.

-Sí, va a ser la mejor fiesta de la historia de las despedidas de soltero. Tu, yo y yo mismo, va a ser genial.

-¿No va Matt?

-La comida no cuenta como invitado, Elena.

-¡Damon!

-¡Elena!

-Matt si va, es un amigo, así que...

-¿Amigo? ¿Mío? Stefan, no vuelvas a comer ardilla, no te sientan bien los frutos secos.

-También -continuó Stefan sin hacer caso al comentario de su hermano- viene Sage. Venga, te vendrá bien desconectar de la familia un poco.

-Además -añadió Elena mientras se acercaba a su prometido- Damie y Nat estarán bien a manos de tu madre. Ya cuidó de Anabella, ¿no?

-Está bien -acabó aceptando Damon acercándose a la chica para darle un beso en los labios-. Pero sólo porque me lo pides tú.

-Mira que eres pelota. Por cierto, cielo. Esta noche duermo en mi casa, ¿vale?

-¿Eres supersticiosa? Vaya, eso es nuevo.

-No seas tonto. Es la tradición. Tú mejor que nadie deberías entenderlo, seguro que ya existía cuando eras mortal.

-Jajaja, muy graciosa, Elena.

-Tengo un buen maestro -replicó ella cogiéndole del cuello y tirando hacia ella.

-¿Sí? Pues hay muchas más cosas que quisiera enseñarte.

-Ya están -comentó Stefan antes de aclararse la garganta para llamar la atención de la pareja.

-¿Por qué no lo dejáis para mañana por la noche, chicos? Os tenéis que preparar para una fiesta.

-Tú sí que sabes cortar el rollo, madre.

-Sí, lo sé. Es cosa de familia. Y ahora a preparase, venga.


-Como se entere tu padre que te he dejado beber me la cargo -le dijo Elena a una bastante contentita Anabella.

-Y por eso no se lo diremos ninguna de las dos.

-Ay, madre mía. Deja ya el alcohol, por favor. Conociendo a Damon se carga la boda sólo para darnos el sermón a las dos.

-Tranquila, mañana me toca hacer de niñera así que ya no bebo otra cosa nada más que café. No quiero que mis hermanitos acaben con un pañal como sombrero.

-Eso está bien. Toma café hasta que se te pase la borrachera.

-Eres genial, tía. Vas a ser una madre postiza genial. Te quierooo.

-Sí, ya, yo también. Tómate café anda, muchos cafés. Y mejor te vienes conmigo a mi casa. No quiero que tu padre te vea así.

-Y, ¿qué le vas a decir para que no sospeche?

-Que mañana me haces falta para prepararme.

-Mi vestido está en mi habitación.

-Que te lo lleve tu abuela cuando lleve a los niños a mi casa.


-¿Te lo estás pasando bien, hermano?

-Sí, de fábula, ¿no lo ves? -respondió sarcásticamente Damon a su hermano señalando a los chicos que estaban bailando en la pista-. Tengo la sensación de que soy el único sobrio de aquí. Lo cual me avergüenza bastante, la verdad.

-Pues deja de preocuparte por los niños y ve a bailar, y por Dios, bebe algo, que mañana te casas, hombre.

-Creo que mejor me piro. Es más, debería ir a buscar a Anabella antes de que acabe con las existencias de alcohol y termine marcándose un bailecito en la barra de algún bar.

-No seas tonto, Elena la cuidará, estate tranquilo.

Damon iba a replicar a su hermano mientras cogía la cazadora de la silla en la que la había puesto cuando notó que el móvil le vibraba. Lo sacó y leyó un mensaje de Elena.

-Pues parece que sí tenía por qué preocuparme -le comentó a Stefan mientras dejaba la chupa de vuelta en la silla-. Elena dice que Anabella se queda con ella a dormir, que la necesita para ayudarla mañana a prepararse.

-Pero eso es bueno, estarán bien tranquilo.

-Conozco a Anabella demasiado bien como para saber que eso significa precisamente que no está bien.

-Anda, Damon, que es un día especial, no seas tan gruñón.

-¿Gruñón? O una de dos, o quieres que te de un puñetazo y me beba todo el bar o estás haciendo el rollo ese de psicología inversa. Pues que sepas que no te va a funcionar conmigo, hermanito.

-Anda, deja de protestar y vayamos a disfrutar de tu última noche como soltero. Hoy terminan tus días de juerga, hermano. Mañana a estas horas serás un hombre casado y de una sola mujer.

-Y Elena será mía por fin tal y como prometí hace dos años. Perdón, eso es lo que pasa cuando me atosigan. Mejor me tomo la última y me piro. Podéis seguir sin mí.

-Claro que sí, hermano. Seguiremos de despedida de soltero sin el que se casa mañana, será alucinante. Venga, tío, dejemos a los mortales solos si tanto te molestan y vayámonos tú y yo solos por ahí. Como en los viejos tiempos cuando me llevabas por las tabernas cuando éramos mortales.

-Vaya, sí que has recuperado la memoria, sí. Y, ¿qué pasa con Sage?

-Sage está demasiado entretenido como para cortarle el rollo. Les aviso que nos vamos y nos largamos a otro sitio.

-Está bien, ese me parece mucho mejor plan que estar aquí rodeados de tanto crío emborrachándose a mi costa. Si ninguno me soporta.


Por la mañana...

Elena se despertó con la luz del sol dándole en los ojos y los ronquidos de Anabella a su lado. Se estiró para mirar dentro de la cuna y ver si los niños se habían despertado. Aún estaban dormidos pero enseguida se despertarían exigiendo su desayuno. Se estaba levantando ya de la cama cuando entró la madre de Damon en su habitación.

-Buenos días, Elena. ¿Te he despertado?

-No, tranquila. Ya estaba despierta, con Anabella al lado es imposible dormir. Entre lo que se mueve y los ronquidos...

-Yo no ronco -protestó demasiado alto la aludida provocando que los bebés comenzasen a llorar-. Oh, mierda, tengo la cabeza como un bombo.

Elena se levantó y cogió a Natalia mientras su suegra hacía lo propio con Damien y Anabella se levantaba e iba al baño a ducharse.

-¿Quieres que vaya a por el sacaleches?

-No, tranquila. Fui precavida ayer y me saqué bastante leche como para que tengan para hoy.

-Pues en cuanto salga Anabella te metes en la ducha, yo voy a darles de comer, ¿vale? Cuando acabe subo a ayudaros a prepararos.

-Sí, tranquila. ¿Está mi tía levantada?

-Sí, está haciendo los desayunos. No sé a qué hora se habrá levantado, pero ya está preparada.

-¿Sabes algo de Damon?

-No debería decirte nada, pero que sepas que según Stefan ayer lo pasó fatal, al menos hasta que él y su hermano se fueron del pub en el que le hicieron la despedida.

-¿Quién iba a decir que Damon se iba a aburrir en una fiesta?

-Sí, y eso te lo debo a ti, joven Elena. Tú le has cambiado. Has sido un regalo del Cielo para mi hijo.

-Oh, por favor, me vas a sacar los colores.

-Voy a alimentar a estos pequeñuelos antes de que se vuelvan a poner a llorar. Me recuerdan a su padre cuando tenía su edad. Igual de tragones que él. Ah, hablando del rey de Roma, si te llama no le cojas, que no debéis hablar antes de la boda, ¿de acuerdo?

-Sí, Mary Anne, no te preocupes que no le llamaré.

-Mejor te confisco el móvil, conociendo a mi hijo como le conozco, te acabará llamando en cuanto le dejen solo.

Y, dicho eso, le cogió el móvil a su futura nuera y se fue con los niños.


Elena no había estado así de nerviosa en toda su vida, en cuanto entrase en esa iglesia, dejaría de ser Elena Gilbert para convertirse en Elena Salvatore. Por fin había llegado ese día, pero esa ilusión y felicidad que sentía no hacía que las mariposas que revoloteaban en su estómago dejasen de hacerlo.

Esperó a que Robert llegase hasta ella y la cogiese del brazo. Respiró profundamente antes de empezar a caminar hacia la puerta de la iglesia. En cuanto cruzaron el umbral empezó a sonar la música. Todo el mundo la observaba y murmuraba a su paso sobre la alfombra roja que reposaba sobre el suelo que iba hacia el altar. Pero eso a Elena le daba igual. Lo único que la importaba estaba delante de ella mirándola como si estuviese viendo la más hermosa visión del mundo. Y tal vez fuese así. Se había mirado al espejo antes de marchar de casa y había podido contemplar el buenísimo trabajo que habían hecho sus amigas, su tía, su suegra y Anabella.

Pero nada de ese trabajo significaba nada en comparación a cómo se veía Damon. Siempre estaba guapo, sí. No importaba lo que se pusiera o lo que hiciera, él siempre estaba guapo. Pero es que hoy estaba indiscutiblemente guapo. No guapo no. No había palabra alguna que le hiciese justicia a cómo estaba ahí delante del altar. Bien podría tratarse de un ángel que hubiese bajado de su podio.

Cuando llegaron junto al vampiro, Robert colocó las manos de Elena sobre las de Damon en un eterno gesto de entrega. Entonces su tío se sentó junto a Judith y Damon se le acercó lo suficiente para susurrarle al oído:

-Dios ha debido de cerrar las puertas del Cielo porque tengo junto a mí a uno de sus ángeles.

Elena rió coqueta ante las palabras de quien sería en menos una hora su marido.

Ninguno de los dos estuvo atento a lo que decía el cura durante toda la ceremonia pues estaban completamente perdidos el uno en el otro. De vez en cuando algún que otro flash les sacaba de su ensimismamiento, pero enseguida volvían a perderse en su mundo. Sólo espabilaron del todo cuando tuvieron que decirse los votos y cuando la pequeña Margaret llevó las arras y se le cayeron al suelo. La pobrecilla pasó un mal rato, pues fue un pequeño accidente ya que el cojín de terciopelo rojo en el que estaban puestas se le volcó ligeramente al evitar pisar la cola del vestido de Elena. Stefan pudo salvar el momento encontrando todas las monedas de plata.

Luego llegó el momento de los anillos, los cuales guardaba Stefan y se los entregó al sacerdote quien los dispuso al alcance de la pareja.

-Lo que Dios ha unido -dijo finalmente el cura-, que no lo separe el Hombre. Yo os declaro marido y mujer. Puedes besar a la novia.

Antes de que al hombre le diese tiempo de pronunciar la última frase, Damon ya había cogido a Elena por la cintura y la estaba besando. Beso que sólo cortó cuando oyó el leve llanto de uno de los bebés.

-Creo que alguien -le susurró el chico a Elena con una sonrisita traviesa en sus labios- tiene ganas de salir de aquí.

Se giraron hacia el público y enseguida todos empezaron a aplaudir y a sacar fotos. Mientras los invitados salían de la iglesia, el fotógrafo que había contratado Damon comenzó a hacerles las fotos del reportaje que luego continuarían en el bosque viejo.


Por la noche...

Damon metió a los niños en las sillitas del asiento de atrás de su Volvo mientras Elena se montaba en el asiento del copiloto. El chico se despidió de su hermano y madre y le advirtió a Anabella que se portase bien antes de sentarse al volante. Arrancó el coche y cuando salía a la carretera tocó el claxon a modo de saludo antes de perderse en la noche.

-¿Me vas a -le pregunto Elena mientras echaba un ojo a los bebés por el retrovisor, quienes dormían plácidamente en sus sillitas- decir ya a dónde vamos?

-Es una sorpresa. Ya que no nos podremos ir de Luna de Miel hasta que los críos sean un poco mayores, quería darte algo especial.

-Damon...

-No, antes de que me digas nada, es mi regalo de bodas.

-Pero yo no tengo nada que darte.

-Ya lo has hecho, princesa. Me has dado dos hijos preciosos y a ti. Para qué quiero más.

-Me refería a que no te he comprado nada. No sabía qué te podía comprar. Quiero decir, ¿qué le compras a alguien que tiene de todo y que se puede comprar de todo en cualquier momento?

-No te preocupes, Elena. Todo lo mío es tuyo, ¿recuerdas? Es más, abre la guantera y saca el sobre que hay dentro -Elena hizo lo que le dijo y se le quedó mirando sin saber qué quería-. Abrelo.

-Pero, Damon es una cuenta bancaria a mi nombre.

-Lo sé. Y otras dos para Natalia y Damien. Para cuando tengan edad de ir a la universidad. Ah, la tuya incluye una tarjeta de crédito, pero esa aún no la tenemos. La enviarán por correo. Ya hemos llegado.

Elena miró por la ventana y se encontró con una preciosa casa de tres pisos con la fachada pintada de un azul cielo precioso que pero que apenas se podía distinguir con las luces del coche.

-Dios, Damon, ¿en serio me estás diciendo que has comprado una casa?

-Claro que la he comprado. No nos íbamos a quedar a vivir en la Casa de Huéspedes, ¿no crees? ¿Qué pasa? ¿Es que no te gusta?

-No es eso, Damon. La cuenta, la tarjeta y ahora la casa. ¿Tú cuánto dinero tienes?

-Jajajaja, perdí la cuenta en la Guerra de Secesión.

-¿Estuviste en la Guerra Civil?

-Sí, bueno. Llevaban tiempo viviendo en Atlanta cuando estalló la guerra. Estar, lo que se dice estar, sólo estuve hasta que quemaron la ciudad. Dos semanas después volvía a estar en Florencia. Voy a meter a lo niños en sus cunas. Tú espérame aquí, enseguida bajo -se acercó a ella y tras darle un besito en los labios fue a la parte de atrás, abrió la puerta y sacó a los niños para luego meterse en la casa.

A Elena no le dio tiempo a aburrirse pues en cuestión de segundos volvía a tener a su marido a su lado, quien abrió la puerta del lado de la chica y, cogiéndola en brazos se dirigió a la casa cruzando el umbral de la puerta con ella alzada.

-Ahora está a mi nombre para que pudiese entrar a preparar todo, el lunes la pondré al tuyo. Espero que me dejéis entrar signora Salvatore.

-No hace falta, cariño.

-Sí, sí que hace falta. Si es tuya será la casa más segura de la zona, para ti, para los gemelos e incluso para Anabella.

-No lo había pensado. Tienes razón. Pero dejémonos de royos. ¿Qué tal si me enseñas la habitación principal?

-Por supuesto bella mia, aunque mejor dejamos el momento inmobiliaria para mañana y pasamos directamente a ver lo resistente que es la cama, ¿no crees?

-Sí, ea buena idea.

Damon se la llevó en brazos hasta su habitación a velocidad vampírica provocando la risa a Elena. Una vez ahí la tumbó suavemente sobre el gran lecho y se dispusieron a estrenarla al igual que su nuevo estado civil.