Aeropuerto Amerigo Vespucci, Florencia, Italia.
Elena estaba dormida cuando llegaron a tierras italianas. Damon le dedicó una tierna sonrisita antes de despertarla suavemente.
-Suscita -le susurró en el oído mientras la zarandeaba un poco-, mia sposa (despierta, esposa mía).
Elena abrió los ojos y se encontró con que su marido tenía la cara metida en su cuello y que le estaba dando suaves besos en él. Como aún tenía la mente en el sueño que había tenido hasta que Damon la despertó, dejó escapar un pequeño gemido antes de que sus mejillas se sonrojasen ligeramente debido al placer que sentía por las caricias del chico, hasta que se dio cuenta de dónde estaban, entonces le apartó avergonzada y miró por la ventanilla a la par que le preguntaba si habían llegado ya.
-Si, principessa -le contestó él con una sonrisa en sus labios y las pupilas dilatadas por el deseo-. Vi siamo già arrivati (sí, princesa. Ya hemos llegado).
-Me encanta que me hables en italiano, pero no tengo ni idea de lo que me has dicho.
-Que hemos llegado. Vamos -le dijo mientras la ayudaba a levantarse del asiento-, tenemos que ir a por un taxi para llegar al hotel.
-Uf, cómo me duelen las piernas -se quejó ella mientras bajaban del avión-, madre mía.
-No te quejes que te has pasado las últimas ocho horas del vuelo dormida.
-Ya, pero eso no quita para que me duelan las piernas.
-Eso será porque no parabas quieta. A saber qué estabas soñando... -añadió él con su sonrisa de 250 kw.
-¡Ah, Damon Salvatore -exclamó ella dándole un ligero golpe en el brazo-, te has vuelto a meter en mis sueños!
-¿Qué? Me aburría. Además, ¿me vas a decir que no te ha gustado? -le contestó él medio riéndose.
Elena iba a responderle cuando vio que se les había acercado un hombre de unos cincuenta años y le habló en italiano a Damon a lo que este asintió ligeramente con la cabeza antes de indicarle a la chica que entrase en el taxi. Estaba tan entretenida con la conversación que estaban teniendo que ni siquiera se había dado cuenta que ya habían llegado a la zona de los taxis.
-¿Está muy lejos el hotel? -quiso saber ella cuando Damon se sentó a su lado.
-No, como a media hora, más o menos. Depende el tráfico que haya y de las vueltas que nos haga dar el taxista.
-Dove sono alloggiati, signore? (¿A dónde les llevo, señor?) -le preguntó el hombre a Damon mirándole por el retrovisor cuando ya se había sentado en el asiento del conductor.
-Portarci direttamente all'hotel Monna Lisa, per favore (Llévenos directamente al hotel Monna Lisa, por favor).
-D'accordo (de acuerdo) -añadió el taxista antes de poner en marcha el coche y tomar la dirección que el vampiro le había dado.
-Esto es mucho más -murmuró Elena mientras miraba por la ventanilla del taxi- bonito de lo que yo me había llegado a imaginar.
-Y eso que ahora no lo puedes ver bien. Espérate a verlo a la luz del día y sin el cristal de un coche de por medio.
-¿Cuándo empezará la guía turística?
-Mañana, hoy descansaremos. Tú te habrás dormido durante la mitad del viaje, pero yo no. Igual salgo a comer algo -dijo él más para sí mismo que para su mujer.
-Ah, yo pensé que...
-Por supuesto que haremos el amor, mio caro (cariño mío).
Elena se puso colorada y se medio tumbó en el regazo del chico escuchando el rápido latir de su corazón.
-Te quiero, Damon.
-Anch'io ti amo, tesoro. ¿Te vas a dormir otra vez? (Yo también te quiero, cielo)
-No, tranquilo -le contestó ella sonriendo-. Quiero disfrutar de la compañía.
-Eso siempre, bella mia -le respondió él dándole un tierno beso en los labios.
Tras recorrer muchas calles, por fin llegaron al hotel. Hotel que era precioso. Elena se quedó admirando el hermoso edificio que tenía ante ella mientras se les acercaba el botones para recibirles y llevarles a su habitación las maletas.
-¿Te gusta, princesa?
-Si por dentro es tan bonito como por fuera...
-Estuve mirando a ver de cual de todos los hoteles era el mejor. Al final me ayudó Stefan. Siempre que he venido a Florencia he alquilado una casa, ya sabes, por la intimidad y esas cosas. Si estás en un hotel tienes quién te limpie la habitación y eso supone cierto peligro si tienes apetitos no humanos como es mi caso. Él es al que le gustan los hoteles.
-Pues has hecho bien haciéndole caso. Es precioso.
-Me alegro. Luego me acordé que ya había estado aquí. Así que, más o menos sé dónde pueden estar las cosas. Sólo lo han modernizado un poco, lo suficiente para que el hotel tenga calidad de cuatro estrellas sin perder la esencia florentina renacentista.
-Ah, ¿sí, estuviste aquí?
-Sí, de humano. Aquí vivía un amigo mío de la infancia, Lorenzo Bernini. Los Bernini eran amigos y socios de mi padre y Paola se quedó embarazada de Lorenzo a la par que mi madre de mí, con lo que crecimos juntos. Él era unos meses mayor que yo, éramos como hermanos. Y, cuando sus padres daban alguna fiesta, que era bastante a menudo, yo me quedaba a dormir aquí con el permiso de mi madre. Hasta que nació Stefan y ella murió. Luego mi padre no me lo permitió más, aunque seguí haciéndolo de vez en cuando, no soportaba estar en la misma casa que mi padre y aprovechaba cuando estaba tan borracho que caía inconsciente, para ir allí.
-¿Sí? Se me hace raro imaginarte como debías ser en tu época de adolescente rebelde.
-Ya, entonces te digo que siempre iba vestido con terciopelo azul o rojo como buen florentino que era. Sólo utilizabamos el negro cuando estábamos en Inglaterra, en la corte de Enrique VIII estaban muy anticuados en cuanto a moda se refería. Bueno y a todo lo demás.
-Te tenía que quedar bien el rojo y el azul. Con tu color de pelo y tu pálida piel...
-A mí todo me queda bien siempre, amore.
-Eso me pasa por querer hacerte un cumplido -respondió ella haciendo pucheros.
-No te preocupes, bella mia, hacemos muy buena pareja. Andiamo (vamos) -dijo él del brazo antes de acercarse a la recepción del motel.
-Buonna noite -le saludó claramente a Damon la recepcionista, quien no se cortaba ni un pelo a la hora de sonreír descaradamente al vampiro intentando hacerse notar y que él se fijaste en ella, gesto que molestó bastante a Elena-, signore (Buenas noches, señor).
-Ciao (hola) -respondió él educadamente sin hacer caso de las miradas insinuantes que le lanzaba la descarada italiana-. Somos los señores Salvatore. Teníamos una reserva aquí a nombre de Damon Salvatore.
La recepcionista miró a Elena de arriba a abajo en cuanto él dijo lo de "señores Salvatore". A lo que Elena respondió jugando descaradamente con su alianza para que la mujer lo viese. Después agachó la cabeza y comenzó a teclear en su ordenador.
-Sí, aquí está su reserva, signore. Es la suite nupcial. Marco les acompañará.
-Grazie (gracias) -contestó Damon siguiendo al botones que al parecer era el tal Marco.
-¿De qué narices iba esa tía? -protestó Elena mientras subían por las escaleras de mármol- Si tiene edad suficiente como para ser tu madre, por Dios.
-No lo creo, princesa. Yo soy mucho más mayor que ella.
-Sí, pero eso ella no lo sabe.
-No te preocupes, amore, ya sabes que sólo tengo ojos para ti.
-¿Siempre te pasa esto, allá donde vas?
-Me temo que sí. Aunque no soy el único. Tendrías que ver lo que está pensando el imbécil del botones. Me parece que hoy ceno aquí.
-¡Damon!
-Ni Damon ni ostias. Me lleva tocando los huevos desde que te ha visto en la entrada.
-¿Ves? ¿A qué molesta? -le dijo ella mientras le miraba a los ojos con una sonrisita de autosuficiencia- Déjalo estar, Dame. Si tanta hambre tienes puedes tomar la mía.
Ante esas palabras, los ojos del vampiro se iluminaron con la esperanza de poder volver a beber de Elena.
-Siamo arrivati -dijo el botones abriendo la puerta y dejando las maletas dentro de la habitación-, signori. Vogliono possono andare giù alla sala da pranzo per la cena. E'aperto fino alle undici disera e si apre alle sette. Se non si vuole perdere, è possibile richiedere il servizio in camera. (Hemos llegado, señores. Si quieren pueden bajar al comedor para cenar. Está abierto hasta las once de la noche y se abre a las siete de la mañana. Si no desean bajar, pueden solicitar el servicio de habitaciones.)
-Conformemente -dijo de mal humor Damon acercándose al chico y mirándole fijamente a los ojos-. Da questo momento tu non vedere mia moglie, è stato chiarito? (De acuerdo. A partir de ahora no mirarás a mi mujer, ¿ha quedado claro?)
-Si, signore -contestó el botones como en trance.
En cuanto este cerró la puerta, Elena le lanzó una mirada de reprimenda a Damon.
-¿Qué quieres -preguntó él sin darse por enterado- hacer? ¿Cenamos aquí o bajamos al restaurante?
-Mejor aquí. Sólo me apetece provar esa cama gigante que hay ahí. Es precioso, Damon. Me encanta.
-Me alegro. ¿Qué vas a querer para cenar?
-Me da igual. Escoge tú.
-¿Qué te parecen unas berengenas a la parmesana? No hay mejor sitio para comerlas que Florencia.
-Pues habrá que probarlas.
Damon se acercó a ella para darla un casto beso en los labios antes de ir a por el teléfono para pedir la cena. Mientras, ella fue a ducharse y a cambiarse para ponerse la lencería que le había regalado Meredith por su boda antes de irse para Italia.
Anabella estaba viendo su serie favorita cuando llamaron a la puerta.
-Joder, no me lo puedo creer.
-Anabella -le reprendió su abuela-, esa lengua.
-Dean está a punto de hacer boom delante de Amara y justo llaman a la puerta. ¿Cómo quieres que no me enfade?
-Anda sigue viendo eso, ya voy yo a abrir.
-Eso está claro -murmuró la chica antes de subir el volumen del televisor mientras su abuela abría la puerta encontrándose con Sage.
-Madame -le saludó el francés-, ¿se encuentra mon petit tyran en casa?
-No. Está en Italia con Elena de Luna de Miel. ¿Por qué, qué ocurre?
-De momento nada. Pero tengo noticias sobre la profecía esa.
-Pues dímelas a mí.
-¿Cuánto tiempo estarán fuera del país?
-No sé exactamente cuánto tiempo será. Pero no creo que menos de un mes. Quiere llevarla por toda Italia.
-No te precupes, mon cherî. Puedo esperar a que vuelva. Yo seguiré investigando por la Dimensión Oscura a ver si logro averiguar algo más.
-Dime al menos qué es lo que sabes hasta ahora.
-Ah, oui, madame. He averiguado que la profecía debe llevarse a cabo durante el solsticio de Invierno. Pero aún no sé qué es lo que debe hacer ni dónde.
-Está bien. Cuando averigües más, nos lo cuentas, por favor. De momento no le diré bada a Damon. No quiero estropearles el viaje.
-D'acorde, madame.
-Pedazo jacuzzi tenemos en el baño, Damon -le dijo Elena al vampiro desde el baño.
-Pues si quieres podemos tomarnos un momento de relax y probar a ver qué tal está el agua.
Elena sonrió al oírle decir eso mientras se miraba en el espejo y comprovaba que Meredith tenía muy buen gusto a la hora de escoger lencería sexy. Respiró profundamente antes de salir del baño.
-¿Cuánto crees que tardarán en subirnos la cena?
-No creo que... ¡Dios!
Elena sonrió coquetamente al ver el efecto que tenía vestida así delante de él. Al pobre hasta se le había caído el móvil al suelo.
-¿Te gusta?
-¿Que si me gusta? Ahora mismo sólo puedo pensar en echarte en esa cama y no dejarte levantar hasta mañana.
-Pero -contestó ella con inocencia fingida a la vez que jugaba con una de los tirantes del minúsculo camisón, obsequio de Bonnie, que se había puesto sobre la lencería-, ¿qué pasa con la cena?
-Al Diablo con la cena -dijo con la voz completamente ronca antes de acercarse a ella a velocidad vampírica para tumbarla en la cama echándose él encima.
-No me lo rompas, cielo.
-Te puedes comprar otro. Qué coño. Te llenaré el armario de estas prendas. Viendo cómo te quedan...
-Eres de lo que no hay -susurró ella antes de dejarse llevar por la impetuosidad de su marido.
Estaban tan perdidos el ubi en el otro que no se dieron cuenta de que llamaban a la puerta hasta que no oyeron la voz de una chica dentro de la habitación.
-Servizio in camera (servicio de habitaciones)
-Merda -susurró Damon levantándose rápidamente-. Ahora vuelvo, princesa.
Salió de la habitación en la que se encontraba el lecho hacia la pequeña sala en la que se encontraba la joven con la bandeja en las manos esperando. Al ver a Damon vistiendo sólo unos calzoncillos abrió los ojos como platos y se puso tan roja como la sangre que corría por sus venas y automáticanente comenzó a disculparse.
-Oh, Dio mio. Mi scusi, mi dispiace. (Oh, Dios mío. Discúlpeme, lo siento)
-Cosa vuoi? -preguntó Damon de malas maneras. (¿Qué quieres?)
-Io porto la cena hanno chiesto, ni dispiace, signore. (Les traigo la cena que pidieron, lo siento, señor)
-Lasciarto lì e andare. (Déjala ahí y vete).
-Si, signore.
La chica se fue toda avergonzada de la habitación antes de que Damon cerrase de un portazo declarando así que estaba de muy mal humor. Daba igual dónde estuviesen, siempre tenía que haber alguien que los interrumpiesen. Cogió la tapa de la bandeja y olió la comida antes de posar los ojos en el bote de nata que había pedido. Bueno, por lo menos Stefan tenía razón y eran eficientes en ese hotel. Pensó con una sonrisa picarona en sus labios lo mucho que iban a disfrutar los dos con el postre que iban a tener. Dio un ligero bote al notar cómo los brazos de Elena le abrazaban por detrás y, dándose él la vuelta hacia ella, ésta le susurró.
-La próxima vez acuérdate de poner el cartel de no molestar, y así no se nos fastidiará la excursión mañanera por la capital de la Toscana.
-¿Está lloviendo? -preguntó él mirando por encima de la cabeza de la chica hacia la ventana.
-No, tranquilo. Sólo se ha encapotado un poco -susurró ella pasándole las manos por detrás del cuello y acercando la cabeza del vampiro hacia ella-. Y, ahora, ¿qué tal si cenamos y después seguimos con lo que estábamos haciendo antes de que nos interrumpieran?
-Mmm -respondió él relamiéndose-. Buen plan.
-Y, ¿esa nata?
-Para postre -respondió él colocando los platos en la pequeña mesa.
-¿Qué postre? No lo veo, Damon. Se lo han debido de olvidar.
-Caro (Cariño) -le respondió él riéndose y mirándola fijamente a los roscón esa mirada suya que la desnudaba y la hacía derretirse cual bola de nieve al sol-, el postre eres tú.
Ante esa frase y la mirada que su marido tenía, a Elena se le cayó el tenedor de la mano haciendo algo de ruido al golpear en la porcelana de plato. Notó cómo se sonrojó al imaginarse lo que él había dicho implícitamente.
-Creo que se me han quitado las ganas de berenjena -susurró ella apartando el plato mientras le miraba fijamente a los ojos.
-Come al menos la mitad, Elena. Llevas muchas horas sin comer nada. La espera merecerá la pena, créeme.
Ante eso, a la chica no le quedó otra que hacer caso a su marido y comer. La verdad era que estaba hambrienta. Comieron entre risas y copas de vino, el cual a Elena le encantó y comentó que nunca había probado un vino tan delicioso para la diversión del chico, quien, con una sonrisita irónica en sus labios, le contestó que estaban en la cuna del vino.
Cuando finalizaron la cena, Damon cogió en brazos a su mujer y se la llevó así a la cama donde la dejó suavemente antes de comenzar a desnudarla de nuevo. Y, tras coger el spray de nata se dispuso a utilizarlo y así a comenzar la larga y placentera noche que tenía pensada. Ahora que estaban completamente solos y que no tendrían ningún tipo de interrupción.
Damon corría riendo mientras su madre iba detrás de él siguiéndole con la falda ligeramente levantada para no tropezar con ella. El niño recorrió todo el pasillo y bajó las escaleras sin mostrar ni una pizca de temor a pesar de que le costaba bastante bajar por ellas debido a su corta edad. Cuando terminó de bajarlas, provocando que su madre aguantarse brevemente la respiración ante el peligro que podía correr el pequeño ya que él mármol de las escaleras era muy resbaladizo y más para la suela de los zapatitos del niño, llegó a la puerta que daba al jardín trasero del palazzo y corrió hasta llegar a donde se encontraba su padre quien acababa de llegar del palazzo de los Bernini.
-Papa -gritó el niño saltando a los brazos de su padre, a quien a penas sí le dio tiempo a coger al pequeño al vuelo.
-Damon, por Dios -le reprendió él visiblemente enfadado-. No vuelvas a hacer eso.
-Tu hijo -dijo secamente Mary Anne a su esposo cuando se acercó a ellos- te recibe calurosamente y ¿tú lo reprendes?
-Cuando le reprendo por algo lo hago con un buen motivo. Y tú deberías ser más severa con él. Correteando por la casa los dos como si fueseis dos campesinos corriendo por el campo. Damon es el futuro señor de esto, debe aprender a comportarse como tal y tú deberías darle ejemplo.
-Sabes que tiene tres años, ¿no?
-Ti, papa -dijo contento el niño que aún estaba en los brazos de su padre mirándole fijamente con una jovial e inocente sonrisa de oreja a oreja mientras alzaba su manita izquierda con tres deditos indicando así los años que tenía -Dame tene tes.
-Es verdad -se excusó Giussepe al recordar de dónde venía y lo que tenía planeado para esa tarde-. Lo siento mucho, Damon, me has asustado al verte venir así.
-Dame sente abe atutao a papa. No queia.
-No pasa nada, pero que no se repita. Ahora ve a jugar mientras hablo con tu madre.
-Ti -contestó el niño antes de salir corriendo hacia la fuente de Venus y Cupido que había justo en medio del jardín donde se encontraba su niñera.
-Ese niño -dijo molesto Giussepe- es igual de incorregible que su madre.
-Gracias a Dios que es idéntico a mí -respondí ella dolida por el comentario de su esposo.
-No pretendía ofenderte, querida.
-Ya, nunca pretendes nada de lo que haces. ¿Has encargado lo que te dije?
-Sí, vengo de la casa de los Bernini. He hablado con Francesco y me ha asegurado que su cocinera vendrá aquí para hacer el pastel que has dicho. Aunque sigo sin entender por qué no vale la nuestra.
-Ya te he dicho que Bartola no sabe hacer ese tipo de pastel. Y Damon lo notaría, sabes de sobra el paladar tan especial que tiene.
-Estás malcriando a ese niño y luego, cuando sea más mayor va a ser imposible de enderezarle.
-Giussepe, deja de decir tonterías, por favor. Se trata sólo de un pastel de cumpleaños. Estás diciendo siempre que quieres que el niño tenga lo mejor, que es un Salvatore. Pues bien, esa cocinera hace el mejor pastel de toda Florencia.
-Si eso es cierto, tal vez deberíamos cambiar de cocinera, ¿no?
Mary Anne iba a replicarse cuando ambos oyeron los llantos del pequeño y cómo Benigna intentaba calmarle sin conseguirlo.
-¿Qué -preguntó la madre agachándose junto a su hijo- ha pasado, Dame?
Pero el niño no contestaba, seguía llorando desconsoladamente.
-Benigna -cuestionó esta vez Giussepe con voz autoritaria y mirando preocupado a su hijo-, ¿qué es lo que ha ocurrido? ¿Se ha caído?
-No, signore -contestó temerosa la sirvienta-. Simplemente le he contado lo que le pasó a Vittorio
-¿Quién es Vittorio?
-Increíble -murmuró su esposa abrazando a su hijo mientras le susurraba palabras de consuelo en inglés-. Luego dices que te preocupas por tu hijo. Es el gatito que le trajo mi padre de Inglaterra la última vez que vino de visita.
-Oh -recordó el hombre-, el que se cayó a la fuente.
Ante eso el niño lloró más fuerte aún, lo que hizo que Mary Anne mirarse de malas manera a su marido antes de coger al niño en brazos y meterse dentro del palazzo.
Giussepe los siguió y cuando llegó junto a su mujer, le arrancó a su hijo de su regazo sin cuidado alguno y, tras dejarlo en el suelo, cogió a Mary Anne del brazo y, arrastrándola, la llevó hasta sus aposentos donde la propinó una pequeña paliza que el pequeño Damon no vio pero sí pudo oír haciéndole olvidar el motivo por el que lloraba y sustituyéndolo por el sentimiento de culpa al oír los gemidos de dolor que quédamente dejaba escapar su madre.
-Damon -le llamó suavemente Elena mientras le zarandeaba un poco para despertarle-, cariño, despierta.
Damon abrió los ojos y miró asustado a su alrededor como buscando un peligro. Al darse cuenta dónde y con quién estaba se calmó y abrazó a la chica quién le susurró palabras de consuelo.
A la de un rato se levantó y en un abrumador silencio se fue al baño. Elena se levantó, se puso un camisón y fue tras él.
-¿Quieres probar el jacuzzi? -le pregunto Damon cuando ella llegó junto él.
-¿Estás bien?
-Sí, tranquila. Sólo ha sido una pesadilla, nada sin importancia.
-Estabas llamando a tu madre y diciendo que lo sentías.
-Siento haberte despertado, principessa.
-Tranquilo, lo importante es que estés bien.
-Con una muestra de amor y cariño se me pasará -le respondió él sonriéndola pícaramente mientras acercaba sus labios a los de ella para besarla-. Prefería el otro camisón.
-Y yo, te dije que no lo rompieras.
-Cierto -afirmó él-. Y ahora, ¿qué te parece si probamos el jacuzzi?
Como respuesta, Elena saltó a los brazos de su marido y le besó profundamente a la par que él la metía en el caliente y burbujeante agua antes de hacer él lo mismo y comenzar a descender sus labios por el cuello de la chica.
-Está vez no lo rompas -murmuró ella echando la cabeza para atrás y así darle mejor acceso a su cuello.
-Shhh, deja la mente en blanco y disfruta.
-Puedes hacerlo si quieres -le dio permiso ella cuando el vampiro posó sus labios sobre el caliente pulso de su yugular.
-¿Estas segura?
-Al final antes no has bebido y estás hambriento, lo sé. Hazlo, cielo. Sé que no me harás daño.
Ante eso Damon ya no pudo resistirse más y la mordió lo más suavemente que pudo y comenzó a beber el elixir que era su sangre. Aunque ya no tuviese poder alguno seguía siendo especial para él, porque la amaba e inexplicablemente ella le amaba a él de la misma forma. Y cuando el amor estado por medio la sangre fluye de distinta forma haciéndola un manjar exquisito para cualquier vampiro que se precie.
Poco después dejó de beber de ella para volver a cubrirla de besos por todas partes, bajando por su clavícula hasta llegar a sus pecho, saboreando uno mientras jugaba con el otro con una mano y con la otra bajaba hasta su intimidad y comprobaba con sus largos y expertos dedos lo preparada para él que estaba por lo que Elena le clavó las uñas sin ningún cuidado en la espalda.
-Mmm -ronroneó él al comprobarlo y sentir sus uñas atravesando sin miramientos la piel de su espalda-, Dios, eres tan apasionada, princesa.
-Oh -protestó ella deseosa de que la tomase ya-, Damon, por favor.
-Por favor, ¿qué? -la picó él mientras seguía jugando con su cuerpo.
-No te hagas el tonto. Sabes de sobra a lo que me refiero.
-Pídemelo y lo haré encantado.
-Hazme tuya, Damon.
-Vuestros deseos son órdenes para mí, signora Salvatore.
Y, segundos después entró suavemente en ella haciéndoles a ambos soltar un ligero gemido. Elena le clavó más aún las uñas en la espalda.
-Joder, Elena -se quejó él-. Menos mal que me curo con rapidez, nena.
Elena como toda respuesta le besó apasionadamente mientras movía la cadera provocando que Damon aumentase la velocidad de sus acometidas hasta que ninguno de los dos pudo aguantar ya más alcanzando los dos a la vez al clímax. Ella explotó arañándole la espalda desde el homoplato hasta la altura de la cintura. Él derramó su semilla en el interior de ella mordiéndole el labio inferior haciéndola dos pequeñas incisiones antes de dejarse caer sobre ella aprovechando la poca gravedad que tenían en la burbujeante piscina.
-¿Estás bien? -le preguntó minutos después Damon a Elena separándose de ella para dejarla recuperarse.
-Sí, me molesta algo el labio, pero estoy bien.
-Eso tiene fácil solución -aseguró él inclinándose sobre ella para besarla invadiendo la boca de Elena con su lengua vertiendo un poco de su sangre en ella curando así las dos heriditas y los moratones que le había provocado en un momento de loca pasión. Cuando finalizó el beso la cogió en brazos y salió con ella del jacuzzi. La dejó con suavidad de pie sobre la alfombra que había en el suelo y la secó con una de las blancas y esponjosas toallas que había en una balada junto a la ducha. Luego se secó él, volvió a cogerla en brazos, salió del baño apagando la luz con su mente y la metió en la cama haciendo él lo mismo después. Elena se abrazó a él y así se quedaron dormidos.
NOTA: el capítulo me ha quedado sumamente largo y aún queda bastante. Así que no me queda otra que dividirlo en partes, espero que no os fastidie mucho pero es que quería contar mucho sobre su Luna de Miel y las palabras comenzaron a surgir y era un sin parar. Espero que os haya gustado la primera parte y ya sabéis, comentad, dadle a la estrellita... Gracias por leer y vuestra paciencia. Besos desde STZ!
