Carnaval 1507. Palazzo Bernini, Florencia.

Damon y Stefan acabalban de entrar por la puerta cuando su padre salió de la nada y cogió al mayor del brazo y, acercándose a su oído, le dijo algo que el más joven no pudo oír, pero que, por la cara que tenía su hermano, se podía imaginar qué le habría dicho. Tras decirle a Stefan que no se separase de su hermano, se marchó a donde le esperaba Francesco Bernini dejándolos solos por primera vez en una fiesta. Aunque bien pensado, era la primera vez que Giussepe dejaba ir a sus hijos a una fiesta, sin contar las que habían organizado en su propio palazzo, claro.

La fiesta la habían organizado los Bernini en su palazzo y era una fiesta de disfraces. A Damon le había parecido una idea espléndida, y Stefan estaba seguro que era así sólo porque estaban en cuaresma y de alguna forma con la fiesta llevaba la contraria a su padre. Pero al joven Stefan eso le traía sin cuidado. Sólo le importaba pasar más tiempo con su hermano ya que, en breve, éste se iría a la Universidad de Padua y no le vería en mucho tiempo. Estaba tan sumergido en sus pensamientos que no se dio cuenta de que Lorenzo Bernini se había acercado a ellos hasta que no le oyó hablarles.

-Vaya -comentó Lorenzo a modo de saludo-, ¿qué tenemos aquí? Un emperador del Antiguo Imperio Romano y a su joven hermano.

-No -contestó Stefan antes de que su hermano tuviese alguna oportunidad de hacerlo-, somos Marte y Mercurio.

-La idea fue suya -aclaró Damon ante la mirada sorprendida de su amigo.

-Bueno -respondió Lorenzo-, pues que sean bienvenidas estas deidades a mi humilde hogar y calmen su sed y hambre con nuestro vino y nuestra comida.

-Déjate -replicó Damon de malas formas antes de irse al salón donde había mucha gente bebiendo y comiendo todo lo que estaba servido en las mesas- de tonterías, Lorenzo.

-¿Qué le pasa a tu hermano?

-Se ha enfadado porque quería molestar a padre al venir a la fiesta y éste ha venido también. Y le ha dicho algo al oído en cuanto nos ha visto entrar por la puerta.

-Entonces será mejor que vayamos con él antes de que arme alguna y abochorne a nuestros padres.

Se adentraron a la sala en la que Damon se había metido pero no le encontraron por ningún lado ni nadie le había visto.


Damon estaba intentando escuchar la conversación que tenía su padre con Francesco cuando notó que alguien le daba unos golpecitos en la espalda. Se giró para ver quién le había pillado cuando se encontró con una muchacha rubia y con los ojos azules, que cubría su rostro con una máscara con plumas negras como la noche, a juego del negro y sumamente escotado vestido.

-¿No os han dicho que es de muy mala educación escuchar tras las puertas?

-Claro que lo sé. Pero el tema me interesa bastante cuando es de mí de quien se habla -contestó él de malas maneras antes de fijarse bien en la muchacha que tenía ante él y comprobar lo hermosa que era-. Disculpadme si con mis malos modales os he ofendido, señorita.

-Hay algunas cosas que me pueden llegar a ofender, la sinceridad no es una de ellas. ¿De qué deidad antigua vais disfrazado, señor?

-Marte, dios de la guerra. Y, ¿vos?

-De Erix.

-Que apropiado, ¿no?

La muchacha se acercó más a él antes de susurrarle al oído:

-Tal vez haya sido cosa del Destino, a lo mejor estamos predestinados.

El chico iba a contestarle cuando la puerta se abrió de repente apareciendo Francesco y Giussepe, ambos se quedaron mirando fijamente a los muchachos quienes seguían demasiado cerca para estar solos. Damon se echó un poco para atrás haciendo que la mano de la muchacha, la cual estaba sobre su hombro, cayese sobre su pecho. Giussepe fue el primero en hablar.

-Damon -le dijo secamente sin apartar sus ojos de los de su hijo-, ¿yo no te había dicho que no te separases de tu hermano? Y, ¿se puede saber qué estabas haciendo?

-Sólo estábamos hablando, padre -respondió él sabiendo de sobra lo que se avecinaba.

-¿Damon Salvatore? -le pregunto la muchacha sorprendida a lo que él respondió con una sonrisa ladeada y una leve reverencia.

Ella iba a añadir algo más, pero Francesco no le dio tiempo al cogerla del brazo y tirar de ella hacia su estudio.

-¿Se puede saber qué es lo que pasa ahora? Ya te he dicho que sólo estábamos hablando.

-En verdad no tienes ni idea de quién era esa muchacha, ¿verdad?

-No, pero apuesto lo que sea a que tú me lo vas a decir.

-No seas insolente, Damon. Ya he tenido que aguantar bastantes tonterías por tu parte hoy. Esa muchacha era Bianca Bernini -Damon entonces se tornó más pálido aún de lo que ya solía estar. ¿Esa muchacha tan bella era la pequeñaja de Bianca? No se lo podía creer, ¿cómo era posible?- Por tu cara veo que así es. Creo que no necesito decirte que no hagas lo que haces siempre y la dejes en paz. No ensucies su nombre y nos pongas a nosotros en entredicho, ¿ha quedado claro?

-Sí, padre.

-Ahora vete de mi vista, busca a tu hermano y no te separes de él.

Damon no esperó a que se lo dijese dos veces, bajó a la planta baja y se dispuso a buscar a su hermano. Enseguida le vio junto a Lorenzo hablando sabía Dios de qué. Se acercó a ellos y le dio una colleja a su hermano.

-Au -se quejó el niño-, ¿a qué viene eso?

-Por hacerme venir aquí vestido de esta manera.

-¿Qué -le preguntó Lorenzo- ha pasado?

-Y tú no me habías dicho que tú hermana había vuelto.

-Y, ¿cuándo te lo iba a decir si te has largado en cuanto me he acercado a vosotros? Te la has encontrado, ¿verdad?

-Stefan, vete a por una copa de vino, anda -el niño iba a protestar pero se lo pensó dos veces al ver la mirada que le echaba su hermano-. Sí, me la he encontrado cuando estaba intentando escuchar lo que mi padre estaba hablando con el tuyo.

-Dime que no has hecho nada.

-Y dale vueltas a la rueda, molinero. No, no hemos hecho nada. Sólo hablábamos. Ella se ha acercado a mí para susurrar al oído y justo han salido del estudio nuestros padres.

-Mira, no debería decirte nada, pero como te conozco y sé cómo te las gastas cuando traman algo a tus espaldas te lo diré. Bianca está aquí porque mis padres quieren casarla. Creen que ya está preparada.

-¿Casarla? Pero si es una cría.

-Tú la has visto, ¿te ha parecido una cría? Conociéndote habrás estado coqueteando con ella, y no me mientas que nos conocemos desde niños.

-Vale, sí. He estado coqueteando con ella, sí. Pero te juro por la tumba de mi madre que no tenía ni idea de que era tu hermana.

-Tranquilo, te creo.

-Y, ¿con quién la van a casar?

-Y esto es justo lo que no deberías saber.

-Espera, ¡¿qué?! ¡¿De eso estaban hablando ahí encerrados?!

-Baja el tono, Damon, nos están mirando todos.

-Pues que miren mientras puedan.

-¿Qué pasa? -preguntó Stefan al llegar con dos copas de vino en la mano y ver cómo estaba su hermano de alterado.

-No pasa nada que te pueda interesar a ti -le contestó él cogiendo una copa y bebiéndosela de un sólo trago antes de coger la otra y hacer lo mismo-. Por eso tenía tanto interés en venir sobrio a la fiesta.

-Tranquilízate, amigo. No le des motivos a tu padre para castigarte.

-¿Desde cuándo lo han estado planeando?

-¿El qué? -volvió a preguntar Stefan.

-No debería...

-¿Desde cuándo?

-Desde que Bianca cumplió los catorce.

-¡¿Qué?!

-Se acabó -oyó decir a Giussepe sus espaldas-, vente conmigo arriba para hablar. Lorenzo, ¿podrías cuidar a Stefan mientras soluciono esto con mi hijo, por favor?

-Sí, señor -respondió él viendo como el conde de Florencia se llevaba a su amigo medio a rastras escaleras arriba.


Casa de Huéspedes, Fell's Church, 2016.

Sage y Bianca llevaban un buen rato ya hablando con Stefan y Mary Anne, recordando el pasado antes de ponerse a decir todo lo que ella sabía.

-Pero -preguntó Stefan- lo que no entiendo, es por qué tenía el padre de Sage tanto interés en matarte a ti.

-Todo era un plan, Stefan. Que Damon fuese provocado para meterse en peleas y así ser expulsado de la Universidad, que Katherine apareciese en tu casa y ambos os enamorarais de ella. Teníais que ser vampiros para que Damon llegase a estos tiempos y llevase a cabo la profecía. Por eso yo debía desaparecer de en medio, para que Damon fuese libre y se fijase en la vampira. Pero eso no es lo importante. Lo que necesitáis saber, lo que Damon necesita saber, y más si ahora está desposado, es que el demonio está planeando llevar a cabo su plan en breve. Le oí decir a otro demonio que Damon no aceptaría por las buenas hacer lo que según él tiene que hacer. Pero que en un año lo haría por salvar a su amada.

-¿A qué te refieres con eso? ¿Elena está en peligro?

-Sólo sé eso, Stefan. No dijeron nada más porque se dieron cuenta de que estaba yo delante.

-Tengo que avisarle.

-Espera, Stefan. Primero debemos esperar a qué Sagem traiga más información. No podemos decírselo a tu hermano porque cogerá a su familia y la esconderá. Sabes cómo es y cómo reacciona cuando se ve acorralado. Sé que no te gusta esta situación, a mí tampoco, pero necesitamos saber cual es el peligro antes de hacérselo saber a tu hermano.

-Está bien, de acuerdo. Pero en cuanto lo sepamos se lo diré.

-Sí, tranquilo.


Hotel Venetia Palace, Roma.

Damon estaba dormido aún cuando notó a Elena levantarse a todo correr e ir al baño antes de vomitar. Se levantó y fue a donde ella, quien estaba de rodillas en el suelo con los brazos apoyados en el retrete y la cabeza sobre éstos. Se acercó a ella y se agachó a su lado apartándole el cabello para que no se le manchase.

-Vete, Damon. No quiero que me veas así.

-Para lo bueno y lo malo, ¿recuerdas? ¿Te sentó mal la cena?

-Eso parece -contestó ella levantándose del suelo antes de lavarse la boca.

-Te dije que no comieras tantos raviolis.

-Estaban muy ricos y tenía hambre.

-Da igual. Mañana nos íbamos a ir para Venecia, pero si estás enferma, quizás sea mejor esperar a que te recuperes.

-Estoy bien, tranquilo. Esto se me pasa con una manzanilla.

-Pues bajo a la cafetería a por una.

-Gracias -le contestó ella acercándose a él para darle un besito en los labios-. Te quiero.

-Yo también te quiero, princesa. Enseguida vuelvo.

En cuanto Damon desapareció por la puerta, Elena se fue rápidamente a por su móvil a mirar la aplicación que tenía para llevar su ciclo. Desbloqueó la pantalla y abrió la aplicación. Enseguida pudo ver que tenía un retraso de dos semanas, para ella eso era mucho. Y si lo sumaba a sus cambios de humor, el hambre y el sueño continuo que tenía más esos vómitos matutinos, estaba claro qué era lo que pasaba. Estaba embarazada otra vez. Pero, ¿cómo era eso posible? Damon era un vampiro ahora y no como cuando hicieron a los gemelos. Pero claro, ahí estaba Anabella. Tenía que decírselo a Damon, pero antes tenía que asegurarse. No sabía cómo, pero tendría que conseguir una prueba de embarazo. Se salió de la aplicación y se metió en contactos, buscó a Damon y le llamó. A la de dos tonos le oyó descolgar y mucho barullo de fondo.

-¿Estás bien?

-Sí, tranquilo. ¿Te falta mucho?

-Iba a pedir ahora, ¿por qué?

-Para que me esperes y me acompañes a una farmacia.

-¿Una farmacia? ¿Para qué quieres una farmacia?

-Porque tengo que comprar unas sales de fruta.

-Está bien. Te espero en la entrada del hotel. No tardes, princesa.

En cuanto cortó la llamada cogió lo primero que encontró y se vistió a toda prisa. Cogió el bolso, unos euros, el móvil y la llave de la habitación y lo metió todo en el bolso y se fue por la puerta. Cuando hubo llegado a la entrada del hotel, vio a su marido esperándola junto a la puerta.

-Hola -le saludó ella llegando hasta él y dándole un beso antes de cogerle de la mano y caminar juntos por las calles. Enseguida encontraron una farmacia y ella le dijo que la esperase fuera.

-Venga, ya está bien. Qué es lo que está pasando. Primero quieres una manzanilla, para luego no quererla y después me sales con que quieres ir a una farmacia supuestamente para comprar sales de fruta, las cuales nunca has querido tomar porque no te gustan y, ¿ahora quieres que me quede fuera a esperar?

-Por favor, Damon. No tardaré nada.

-Y cómo pretendes pedir si no sabes italiano.

-Si tardo más de cinco minutos entras, ¿vale?

A Damon no le hizo ninguna gracia, pero acabó aceptando. Elena entró en la tienda haciendo que unas campanillas sonasen al dar en ellas la puerta. Dentro había una chica de unos veinte años que la miró sonriendo mientras la americana se acercaba al mostrador. Elena sacó el móvil y se metió en la aplicación traductora que se había bajado. Metió lo que quería decir, le dio al ok y leyó en voz alta la traducción.

-Buongiorno, voleva un test di gravidanza, per favore. (Buenos días, quería una prueba de embarazo, por favor.)

-Naturalmente -le respindió la farmacéutica con una sonrisa en los labios-, una volta lo porto.(claro, enseguida se lo traigo) -se metió dentro y a la de unos segundos salió con una cajita en las manos y lo pasó por el lector de códigos-. Ecco. Sono 12'5 euro. (Aquí tiene. Son 12'5 euros).

-Grazie -le contestó Elena al cogerlo y pagarle. Justo cuando se guardaba la prueba y las vueltas en el bolso apareció Damon en la puerta.

-¿Te falta mucho, princesa?

-Ya está. ¿Qué te parece si nos vamos a desayunar por ahí?

-¿Eso significa que ya estás mejor?

-Sí, cariño. Estoy bien, de verdad. Y en cuanto me meta un café y un bollo en el estómago estaré mil veces mejor.

Al oírle decir eso, Damon no pudo evitar sonreír. Se dirigieron a una cafetería que tenía muy buena fama, según Damon y en la que ya habían estado. Pidieron y mientras esperaban a que el camarero les llevase su pedido, Elena se levantó y se fue para el baño.

Una vez dentro, cerró el pestillo y se dispuso a hacer todo lo más deprisa que pudo para no tardar demasiado y que Damon se preocupase y fuese a buscarla. Cuando ya acabó, salió a la zona de los lavabos y esperó a que pasase el minuto que debía pasar. Transcurrido el tiempo, cogió el aparatito del lavabo en el que lo había dejado mientras esperaba y le dio un vuelco en el estómago al ver que había dos rayitas. Ahora sí que no tenía ninguna duda; estaba embarazada otra vez. Guardó la prueba en el bolso y salió del baño para ir hasta la mesa en la que le esperaba su marido sentado con el desayuno que habían pedido en la mesa y con cara rara.

-¿Qué te pasa? -le preguntó ella sentándose frente a él.

-¿Sabes? Tiene gracia que me hagas esa pregunta porque es exactamente lo que te llevo preguntando yo desde esta mañana cuando has vomitado.

-Damon, no creo que sea ni el momento ni el lugar para tener esta conversación.

-Vaya, ahora sí que me dejas tranquilo. ¿Qué diablos te pasa, Elena? Y deja de mentirme ya, por favor.

-Es que prefiero decírtelo en el hotel, cariño.

-Así que sí te pasa algo. Dímelo, por favor. Tal vez te pueda ayudar.

-No lo creo.

-Elena, no me hagas obligarte a decírmelo.

-Está bien -le dijo ella dándose por vencida-. Estoy embarazada.

Como ella lo dijo mirando el café que tenía ante ella, no supo qué pensar del silencio que se hizo de repente entre ellos y alzó la cabeza para mirar a su marido. Se sorprendió al verle tan sumamente pálido. Le hizo acordarse de la vez que éste se murió en sus brazos en la Dimensión Oscura.

-Damon -le llamó ella cogiéndole de la mano-, ¿estás bien?

-¿Desde cuándo lo sabes?

-Tenía la sospecha pero pensé que era imposible. Por eso quería ir a una farmacia -aclaró ella sacando la prueba del bolso para enseñarsela a él-, me la he hecho en el baño y como puedes ver a dado positivo.

-Merda -dijo él cogiendo su móvil y llamando por él.

-¿Qué pasa? -preguntó ella empezando a asustarse, pero él siguió hablando en italiano y alzó una mano indicándole que esperase. Cuando terminó y colgó, se tomó el café de golpe y levantó el brazo pidiendo la cuenta.

-Termínate el desayuno que nos marchamos.

-Pero, ¿por qué vamos ahora al hotel? Estoy bien, de verdad.

-Nos vamos de Italia. Lo siento, princesa. No pensé que podría ocurrirme esto contigo.

-No entiendo nada, Damon.

-¿Te acuerdas de lo que te conté sobre el nacimiento de Anabella? Pues no quiero que te pase lo mismo. Nos vamos a casa, allí entre mi madre y yo pensaremos algo para adelantarte el parto, hacerte una cesárea o algo para que no te pase como a su madre.

-Estaré bien -le intentó tranquilizar ella cogiéndole de la mano-, cariño. Ahora sabes a que atenerte, no es como cuando nació Anabella. Ya verás como todo sale bien, mi vida.

-No te puedo perder, Elena. No ahora que por fin eres mía.

-No me perderás y dentro de nueve meses, cuando recordemos esta conversación, ambos nos reiremos, verás cómo sí.

-Eso espero, porque sólo de pensar en que pueda perderte me vuelvo loco. Voy a llamar a mi hermano para decirle que volvemos ya y que nos vaya a buscar al aeropuerto.

-¿Estás seguro de que te quieres volver? Aún no hemos estado en Venecia.

-Ya te llevaré a Venecia. Te lo prometo. Terminaremos con la Luna de Miel cuando todo esto pase.

-Está bien. Pero que sepas que me lo has prometido.

-Lo sé, princesa. Ahora vámonos. Nuestro avión sale en hora y media.


Mientras Elena se preparaba, Damon cogió el móvil y llamó a su hermano quién descolgó el teléfono al primer tono.

-Damon -le saludó Stefan-, ¿qué tal por Roma? ¿Cuándo salís para Venecia?

-No vamos ya a Venecia. Por eso te llamaba. Volvemos a Estados Unidos, al avión sale de aquí a las 12:30 así que llegaremos a Virginia sobre las doce de la noche.

-¿Por qué os volvéis? ¿Ha pasado algo? ¿Estáis bien?

-Sí que ha pasado, hermano. No sé ni cómo no lo pensé antes.

-¿El qué?

-Elena está embarazada, Stefan. Y eso significa que el bebé es como Anabella, por lo que, si no consigo hacer algo, el bebé matará a Elena al nacer.

-Oh Dios mío. A eso se refería el padre de Sage con lo de que te pasaría algo que no te quedaría otra que cumplir con la profecía.

-¿De qué coño estás hablando ahora?

-Cuando volváis os lo contamos. Sage ha conseguido algo más de información sobre la profecía.

-Y, ¿a qué esperabas para decírmelo?

-Fue madre quien quiso averiguar más antes de decirte lo que sabemos.

-Bueno, da igual. Ahora mismo me importa todo un pimiento, sólo quiero llegar allí y poder poner a salvo a Elena. ¿Irás a recogernos a la hora que te he dicho?

-Sí, estate tranquilo. Que allí estaré. Por cierto, hermano. Hay algo que te tengo que decir, no quiero que te pille de sorpresa. Sage estuvo investigando sobre la profecía por la Dimensión Oscura y se encontró con alguien de nuestro pasado. Más tuyo que mío.

-¿En serio crees que eso me puede llegar a importar ahora?

-Te importa, Damon. Se trata de Bianca Bernini. Al parecer, el padre de Sage ya sabía que eras tú el de la profecía y la mató. La ha tenido todos estos siglos encerrada allí hasta que Elena, Mederith, Bonnie y tú la liberasteis junto a otras esclavas humanas.

-¿Bianca? Pero...

-Damon, ya estoy -le oyó a Elena decirle.

-Tengo que colgar, Stefan. No te olvides de estar ahí a la hora. Adiós.

-Adiós, hermano.

-¿Con quién hablabas?

-Con Stefan. Irá a recogernos al aeropuerto. ¿Estás lista?

-Sí -le respondió ella abrazándole antes de besarle apasionadamente-. Deja de preocuparte, amor mío. Estoy bien y saldremos de esta, ya lo verás.

Damon no dijo nada y la abrazó antes de cogerla de la mano y salir de la habitación con las maletas en la otra. Vaya viajecito que le esperaba. Su actual mujer embarazada y corriendo un gran peligro por ello y su antigua y muerta prometida esperándole en Fell's Church.