He tenido unos cuantos problemillas para colgar el capítulo, pero por fin lo he conseguido. Después de tres días para poder subirlo entero, no sé por qué sólo se había subido una parte. Pero ya está. Disfrutadlo, que ya queda poquito y likead y comentad. Besos desde Santurtzi.


Elena estaba en el bosque, en sus brazos llevaba envuelto en su mantita el hermoso bebé de ojos azules y negros cabellos, piel como la porcelana. Lo acercó a su pecho para poder protegerlo de su perseguidor. Apenas podía ver en la oscuridad pero sabía que si seguía hacia delante se encontraría con su casa y allí estarían los dos a salvo.

Echó a correr rápidamente, con las pocas fuerzas que le quedaban, hacia su salvación. Mas, cuando apenas había logrado avanzar unos pocos metros, unos fuertes brazos la cogieron por detrás y la acercaron aún fuerte cuerpo.

-Dame el niño, Elena -le susurró amenazadoramente en su oído-, y te dejaré marchar.

-Jamás te lo daré -respondió ella intentando zafarse de sus fuertes brazos.

-No tienes escapatoria, Elena. O me das el niño por las buenas o te lo quitaré de tu cuerpo inerte. Tú decides.

-Es mi hijo, nunca lo tendrás. Mátame si quieres. Cuando Damon se entere, que lo hará, te matará lenta y dolorosamente.

-¿No sabes que yo soy la inmortalidad en persona? -le contestó él al oído. A Elena no le dio tiempo ni a reaccionar. En un segundo estaba luchando por su libertad y la vida de su hijo y la suya propia, y al siguiente estaba muerta tirada en el verde y húmedo suelo del bosque cual muñeca de trapo olvidada.


Elena se despertó en su cama toda llena de sudor. A su lado, su marido, se acababa de despertar y, tras encender la pequeña lámpara de la mesita de noche, la miró con preocupación.

-¿Estás bien? -le preguntó apartándole cariñosamente un mechón de pelo de la cara.

-Sí, sólo ha sido una pesadilla. No te preocupes, Damon. Estoy bien.

-¿Me la quieres contar?

-Ha sido igual que la que tuve en el avión. ¿Crees que significará algo?

-No lo creo, princesa -le respondió él apagando de nuevo la luz y volviéndose a tumbar en la cama de frente a ella-. Y ahora, ¿qué tal si echamos otra cabezadita antes de que los gemelos se despierten pidiendo su desayuno?

-No creo que pueda dormirme de nuevo.

Damon la abrazó hacia sí y apoyó la cabeza sobre la coronilla de la chica.

-¿Qué es lo que te preocupa de verdad, Elena?

-Quisiera saber por qué tengo estos sueños tan espantosos. ¿Por qué ahora?

-Las pesadillas no tienen sentido, amore. No tienes por qué buscarle tres pies al gato.

-Pero, ¿por qué ese ser quiere al bebé que llevo en brazos? ¿Por qué ahora que estoy embarazada otra vez?

-¿Habías tenido un sueño como este antes?

-No. Nunca había soñado esto, y ahora se me repite casi lo mismo. Esta vez no corría por el bosque, si no que estaba al final de éste y estaba a punto de llegar a la casa. No la podía ver porque estaba muy oscuro, pero sabía que estaba ahí. Abracé al pequeño y eché a correr hacia donde creía que estaba la casa y, antes de que pudiese llegar, él me cogió, me exigió que le diese al bebé y, al negarme, me mató y se llevó al niño.

-No soy psicólogo ni estudioso de los sueños, principessa pero creo que las pesadillas pueden ser un reflejo a tus miedos por el embarazo.

-Yo no tengo miedo...

-¿Segura? ¿Sabiendo como sabes que ese niño que llevas en el vientre no es humano del todo y que la única híbrida que conoces mató a su madre al nacer? Creo que es evidente que tu subconsciente te está jugando una mala pasada cuando duermes.

-¿Tú crees que sólo es eso? ¿Mi subconsciente?

-¿Qué podría ser si no?

-No lo sé. Tal vez tengas razón.

-¿Tal vez? -preguntó él levantando la cabeza y alzando una ceja mientras una sonrisa ladeada se formaba en sus labios- Lo siento, nena, pero yo siempre tengo razón, es el orden natural de las cosas, pregúntaselo a cualquiera.

-¿Siempre? ¿Nunca te equivocas?

-Nunca. Dije que serías mía, y mía eres, ¿o no?

-Sólo si tú eres mío -respondió ella aguantándose la risa.

-Por supuesto que soy tuyo, princesa -antes eso Elena ya no pudo aguantar más la risa y se le escapó una pequeña carcajada-. ¿Os hace gracia, signora Salvatore? -susurró él atrapándola las manos con las suyas a ambos lados de la cabeza de la chica y poniéndose sobre ella antes de atacarle el cuello a besos.

-Por supuesto que no, mi señor. Vos sois mi amo y señor -nada más decir eso notó que al chico no le había hecho gracia eso al notarle tenso de repente y al haber parado sus caricias en el cuello de su mujer-. ¿Qué pasa, Damon?

-No vuelvas a decir eso, Elena. Nunca, por favor.

-Está bien, lo siento. Sólo quería seguir tu juego, perdona.

Elena iba a seguir con su disculpa sin entender muy bien por qué le habría sentado tan mal el haberle dicho eso, ya que Damon la besó en los labios hasta que ya casi ninguno de los dos podía casi respirar. Él bajó sus labios por el cuello de ella hasta llegar a su pecho y ahí paró para alzar un poco la mirada. Elena sabía de sobra que él, con su vista de vampiro la podía ver, no al cien por cien, porque la habitación estaba demasiado oscura, pero sí lo bastante como para que esa sonrisita presuntuosa suya apareciese en sus labios al saber que ya la tenía justo en el punto que él quería. Sin más distracciones, le bajó despacio (demasiado, quizás, para una Elena completamente excitada ya) los tirantes del camisón que llevaba puesto. Siguió un camino de besos hasta el lugar en el que crecía su hijo y ahí se paró levemente para susurrarle algo que ella no pudo lograr entender, debido al grado de excitación que tenía ya y a que él lo había dicho demasiado bajo. Ni siquiera se dio cuenta de cuándo él se había desvestido, ni si lo había hecho a velocidad vampírica o humana. Elena sólo sabía que él ya estaba dentro de ella y que, sin casi percatarse de ello, le había vuelto a clavar las uñas en la espalda, provocando un leve quejido por parte de Damon, antes de acelerar su ritmo hasta llevarlos a ambos a la cúspide de su placer.


Damon aún estaba dormido cuando el timbre le despertó, se quitó de encima con suavidad el brazo de su mujer, se puso el primer pantalón que encontró y, a velocidad vampírica, bajó a abrir a quien fuese el que estuviese tocando el timbre a esas horas. Cuando llegó al piso de abajo y abrió la puerta, se encontró con su hermano y sus amigos.

-¿En serio, Stefan? -le dijo él visiblemente enfadado- ¿No podías esperar a que fuésemos nosotros a la Casa de Huéspedes? ¿Tenías que venir aquí y traerte a la pandilla de Scooby Doo?

-Lo siento, hermano. Pero hay temas muy importantes que tratar. Como el presente embarazo híbrido de Elena, la profecía y el interés del Demonio en vosotros.

Damon iba a añadir algo más cuando ambos vampiros pudieron oír a la rubia ir al cuarto de baño en el piso de arriba a vomitar.

-Bueno -contestó Damon mirando al techo-, supongo que eso puede esperar ahora, ¿no? Pasad a la sala y esperadnos ahí sentados. En un rato estamos con vosotros.

Y, dicho eso subió las escaleras a velocidad vampírica dejando a sus inesperados invitados solos. Cuando llegó al baño y hubo entrado en él, se acercó a su mujer y se agachó junto a ella sujetándole el pelo mientras expulsaba lo poco que le quedaba en el estómago de la noche anterior.

-¿Ya estás mejor, princesa?

-Cada vez que vomito siento que voy a echar por la boca el estómago, así que no, no estoy mejor -al decir eso sintió como Damon se tensó a su lado y se maldijo en silencio por meter la pata de esa forma.

"Muy bien, Elena" pensó, "¿por qué no le dices también que es culpa suya que estés así?"

-Lo siento, Damon -se disculpó dándose la vuelta y cogiéndole la cara con ambas manos para, así, mirarle a los ojos.

-No pasa nada, Elena. Me lo merezco.

-No digas eso. Nunca me has forzado, ¿vale? Si estoy embarazada es porque los dos quisimos tener sexo -Elena iba a añadir algo más, pero un ruido procedente del piso de abajo la distrajo-. ¿Ha venido tu madre o Anabella?

-Eso tenía que comentarte. Ha venido Stefan y los aspirantes a la patruya X.

Ese comentario hizo sonreír a Elena, quien le dio un leve golpecito en el brazo antes de levantarse y lavarse la boca.

-¿Se han despertado los peques?

-No, siguen durmiendo. El haberles despertado para traerlos a casa les ha pasado factura a los pobrecillos. Ven, prepararé un desayuno para todos a ver si hay suerte y se mantienen dormidos hasta que se marchen.

-Lo dudo -murmuró ella saliendo del baño en compañía de su marido.

Para cuando llegaron abajo, se encontraron con que Stefan y sus amigos estaban en la cocina y que el vampiro estaba haciendo tortitas en la vitrocerámica.

-¿Se puede saber -dijo Damon mosqueado- qué demonios estás haciendo, Stefan?

-¿A ti qué te parece? -respondió su hermano sin llegar a girarse dando la vuelta a la tortita que tenía a en la sartén.

-¿A parte de ensuciar toda la cocina, de dejarnos casi sin vajilla y de destrozar una docena de huevos?

Stefan le iba a replicar, cuando a Elena le dieron arcadas. Aunque no llegó a vomitar nada, pues no le quedaba ya nada de comida en el estómago.

-¿Estás bien, Elena? -le preguntó su cuñado con la espátula en una mano y la sartén en la otra.

-Sí. Sólo que hay algo que has echado que me revuelve el estómago.

-Pues sólo he añadido unas gotas de esencia de vainilla.

-Vale. Pues me temo que al bebé no le va a gustar la vainilla.

-Ya que estás en la cocina, hermano, ¿puedes hacer unas normales para Elena?

-Sí, tranquilo. Vosotros sentaos en la mesa con el resto.

-Haré café -comentó Damon mientras sacaba la cafetera y se disponía a preparar la negra bebida.

Cuando todo estuvo listo ya, y todos estaban comiendo sus tortitas y bebiendo sus cafés (todos menos Elena, quien estaba bebiendo un cacao), Damon rompió el silencio preguntando el motivo por el que se encontraban todos ahí.

-Hasta que ayer me llamaste no supimos a qué se refería Bianca con lo que le había oído hablar a un demonio con el Diablo. Les oyó decir que con lo que le iba a ocurrir a Elena, no te quedaría otra que aceptar tu papel en la profecía y cumplir con lo que deberías, según él, hacer. Ahora ya sabemos a qué se refería.

-A ver si lo he entendido -dijo Damon muy seriamente-. ¿Estás diciéndome que Lucifer tenía planeado que yo dejase embarazada a Elena ahora, siendo vampiro, para que así a mí no me quedase otra que acabar con el vampirismo para así poder salvar a mi esposa?

-Sí. Y no sólo eso, hay más.

-Cojonudo. A ver, sorpréndeme.

-Sé que te vas a enfadar, y créeme, estás en tu derecho, pero intenta suavizarlo, ¿sí?

-Stefan, me estás asustando.

-Todo lo que te ha pasado hasta ahora ha sido para que llegases a este siglo, a Fell's Church y cumplieses con la profecía.

-Y, con todo te refieres a...

-A todo. Desde la muerte de Bianca hasta morir en la Dimensión Oscura.

-De puta madre. Me parece que ha llegado la hora de mantener unas palabras con el Demonio.