Bosque de Broceliande, Bretaña francesa, 1684.
Damon estaba admirando las vistas desde la copa de un árbol. Hacía ya tres horas que el sol se había ocultado ya dando paso a la luna llena que brillaba desde lo alto del cielo, pareciendo así, que quería competir con su hermano astral el sol, dándole un aspecto más fantasmagórico si cabe al frondoso bosque en el que se encontraba. El muchacho había escogido esta parte de Francia porque, desde que su madre le contó por primera vez la leyenda del rey Arturo, quiso ir a ver la tumba del famoso mago Merlín, ver con sus propios ojos si era cierta la historia o si sólo era un cuento creado por una imaginativa mente con el único fin de entretener a las inquietas mentes infantiles de la época.
Cuando había llegado a Saint-Nolff, en la pequeña pero medianamente limpia (aunque no tanto como a él le habría gustado) posada, le dijeron que tuviese cuidado, pues había un démon buveur de sang, cosa que a Damon le hizo una gracia tremenda. Se habría reído del posadero, pero no le pareció ni oportuno ni educado. Por otra parte, si había otro vampiro ahí, implicaba que la tierra en la que se encontraba era el territorio de caza de ese ser, y a Damon no le gustaba eso, siempre intentaba evitar situaciones así, pues, a pesar de que una buena pelea venía bien para el ánimo, podría ser que fuese Viejo y podría ganarle, y eso a Damon no le hacía ninguna gracia. Mas lo que le hizo menos gracia, fue enterarse por el mismo hombre que había unos cazadores en el pueblo buscando al vampiro en cuestión. Y por eso estaba él ahí, subido a uno de los árboles de ese milenario y frondoso bosque, para ver si podía hallar a los cazadores antes de que éstos le encontrasen a él.
Fue entonces cuando empezó a oír voces y disparos (Damon odiaba esas condenadas armas, ¿dónde había quedado el arte de la esgrima?) desde el mismo corazón del bosque. La única luz que recibía era la de la luna en lo alto del cielo, apenas era suficiente, un humano no habría visto absolutamente nada, pero el muchacho contaba con la visión y Poder de un vampiro de casi ya doscientos años. Forzó algo más el oído y la vista para poder captar dónde estaban los humanos cuando lo captó; los cazadores estaban haciendo su trabajo y cazando al vampiro que vivía en la zona. Damon no se lo pensó dos veces y bajó del árbol de un limpio a la par que elegante salto y se dirigió sigilosa y rápidamente hacía dónde se encontraban los humanos y el vampiro. Contaba con bastante ventaja, pues él era rápido y mortal (en los pocos años que precedieron a su conversión ya se había ganado una buena fama entre los suyos, quienes le respetaban a la vez que temían), y los mortales no le verían llegar hasta que fuese demasiado tarde para ellos.
En cuestión de segundos llegó a un pequeño claro en medio del bosque y rápidamente calculó mentalmente cuántos enemigos eran, lo que tardaría en despacharlos y el orden exacto en el que lo haría. No le gustaba matar, ni siquiera, cuando era humano y le habían obligado a ir a cacerías debido a su rango de nobleza, le había gustado. Pero, si no lo hacía ahora, sería él el siguiente en la lista de los cazadores y eso no le hacía ninguna gracia. Así que salió al claro y a la vista de los mortales, quienes creyeron en un principio que era sólo un joven al que había alcanzado la noche durante su paseo extraviádolo en las profundidades del bosque.
-Muchacho -dijo uno de los seis cazadores que allí se encontraban intentando esconder de la vista del italiano al vampiro que se encontraba en el suelo medio muerto-, no es sitio para que alguien tan joven como tú se encuentre de noche vagando por estos bosques.
Damon no contestó y, torciendo ligeramente hacia un lado la cabeza, sonrió a la vez que comenzaba a andar hacia sus enemigos a pasos cuidadosos y peligrosos, el maltratado vampiro del suelo pensó que parecía una pantera asediando a su presa antes de atacarla, esos estúpidos mortales no sabían lo que era y el joven aprovechó ese descuido y atacó sin que ninguno de ellos pudiese llegar a saber nunca qué es lo que les había ocurrido. Acabado el trabajo, Damon se acercó al vampiro y, poniéndose de cuclillas a su lado, le dijo en un perfecto francés con un ligero acento que el no supo de dónde sería:
-¿Estás bien?
-Sí, en cuanto me alimente estaré mejor. ¿Quién eres para que te haya resultado tan fácil algo que yo no he podido lograr?
-Alguien al que le debes una -contestó el joven mirándolo a los ojos fijamente.
-¿Puedo saber entonces el nombre del vampiro con el que tengo una deuda de tal envergadura?
-Damon Salvatore.
-Vaya -respondió el otro sonriendo-, tus actos para conmigo hacen honor a tu apellido.
-No es oro todo lo que reluce -contestó Damon.
-He oído hablar mucho de ti. Muchos te temen, mon ami. Y, a juzgar por lo que he visto aquí está noche, todo lo que he oído sobre tu persona es cierto.
-Vaya mi fama cruza fronteras...
-Oui, mon petit tyran.
Damon se le quedó mirando con cara rara pero no dijo nada más y comenzó a caminar despacio sin mirar para atrás. No lo necesitaba hacer para saber que el vampiro francés que acababa de conocer y salvar le seguía. El italiano aún no lo sabía ni se lo podía imaginar, pero en esa noche comenzaría una amistad entre ambos jóvenes que duraría siglos.
Fell's Church, 2015
Damon estaba que trinaba, dando vueltas por el salón como un león enjaulado. Estaba de muy mal humor, el cielo era buena prueba de ello, a pesar de que el pobre estaba intentando controlarse.
-Damon, por favor -le dijo su hermano-, cálmate
-¿Que me calme? ¿Cómo coño quieres que me calme?
-Te prepararé una tila -le comentó Mary Anne yendo hacia la cocina.
-¿La tila funciona con los vampiros? -preguntó Matt recibiendo un codazo por parte de Meredith. Afortunadamente, Damon decidió ignorarlo.
-Mira -le dijo de repente Damon a Sage-, ¿sabes qué? Dile al cabrón de tu padre que si tiene cojones, que venga y que deje de tocarme los huevos y de poderme la vida.
-No quieres que le diga eso.
-Quiero que le digas exactamente lo que te he dicho, palabra por palabra.
-Damon, conozco a mi padre y sé que no es buena idea buscarle así la boca.
-Y lo que me ha hecho él a mí, ¿qué? ¿Eso sí es buena idea?
-Yo no he dicho...
-Parad -cortó la discusión Elena antes de que fuese a más, Damon estaba fuera de sí- los dos ya. Sage, ve a hablar con tu padre. Quizás, si le distraemos lo suficiente, podamos hacer un plan.
-Eso no servirá de nada porque dentro de ocho meses, el bebé que llevas dentro te matará para salir.
-Bien -dijo Mary Anne entrando por la puerta con una taza en la mano-, basta todos. Sage, ve a hablar con tu padre. Stefan, vuelve con tus amigos a la Casa de Huéspedes y esperad ahí a que las aguas se calmen. Elena, sube a vuestra habitación y descansa un poco. Y Anabella, ¿por qué no llevas a tus hermanos al parque a dar una vuelta? Tengo que hablar contigo, Damon.
Mientras todos se iban a hacer lo que la vampira les había dicho, el mayor de los Salvatore, se dejó caer sobre el sofá sintiéndose completamente derrotado. Ya no sabía qué hacer para salvar a su esposa.
-No te sigas atormentado, hijo -le consoló su madre sentándose junto a él-. Cuando llegue el momento del parto, le haremos una cesárea y ambos se salvarán, te lo prometo.
-No sé qué hacer, madre. No dejo de pensar que debo ser egoísta para salvarla. Si hago lo que me pide Lucifer que haga, no sólo yo seré humano para el resto de mi vida, si no que todos los vampiros del mundo lo serán también. Daría cualquier cosa, mi inmortalidad, mi vida, daría lo que fuese por salvarla. Porque ella es mi vida y no concibo una existencia sin ella. Pero, ¿quién soy yo para decidir sobre la vida de millones de seres, para quitarles su inmortalidad por salvar a mi mujer? Además, ¿cómo demonios voy a proteger a mi familia siendo un simple mortal?
-Acabas de darme una solución, Damon.
-¿Cuál?
-Puede que no te guste, pero creo que podría funcionar.
-Soy todo oídos.
-¿Y si le das un poco de tu sangre cada día? Cuando llegue la hora del parto, tendrá tu sangre en su organismo y eso hará que cualquier herida que tenga, se cure.
-No sé si...
-Hazlo -ambos vampiros se giraron hacia las escaleras de donde había hablado Elena, quien estaba bajando las escaleras y se sentó sobre las piernas de su marido en cuanto llegó al sofá-. Tu madre tiene razón, es una buena solución. Me ponéis la anestesia y ya está. No sacrificas a tu raza y yo me salvo.
-¿Estás completamente segura? Si algo sale mal, acabarás siendo una vampira.
-Y, ¿vivir una eternidad contigo? ¿Dónde firmo?
-Te quiero -fue lo único que le dijo el chico antes de lanzarse a sus labios.
Mary Anne se marchó al parque para acompañar a sus nietos y dejando así a solas a la joven pareja.
