Damon acababa de regresar a su casa con su hermano, cuando ambos pudieron oír a Elena y a Anabella discutir en voz bastante alta. Ambos vampiros se miraron antes de que el mayor suspirase con hastío y comenzara a subir las escaleras.
-Hazme un favor, anda -le dijo a Stefan mientras subía los peldaños-. Ve a mirar cómo están los gemelos.
-Tranquilo.
Las chicas estaban tan entretenidas en la discusión que estaban teniendo, que ni siquiera se dieron cuenta de que el vampiro había entrado en el cuarto. Elena tenía ambas manos apoyadas en su abultado vientre y Anabella sostenía un papel en la mano.
-Por mucho -comentó él alzando la voz para hacerse oír entre tanto grito- que me gusten las peleas de gatas, deberíais parar ya, ¿no creéis?
-Damon, ¿cuándo habéis venido?
-Hace nada. ¿Se puede saber qué es lo que pasa ahora?
-Genial, a tomar por culo.
-Anabella, vigila esa lengua, ¿quieres? ¿Qué ha pasado, princesa?
-La clase de Anabella se va de excursión a Nueva York una semana entera y...
-Por favor, papá...
-Cállate. No vas a ir. ¿En serio, una semana? ¿Con lo que está pasando? O una de dos; o estás loca o me quieres oír.
-El problema no es que quiera ir, Dame.
-No, Elena -suplicó Anabella- por favor...
-Lo siento, Ana, lo tiene que saber. Y si no, no haberlo hecho.
-Me estás asustando, Elena. ¿Qué ha hecho?
-Como sabía que no la ibas a dejar ir, no se le ha ocurrido otra cosa que falsificar tu firma. La profesora se ha dado cuenta y ha llamado antes para decírtelo, pero como no estabas me lo ha dicho a mí.
-Bien -dijo él demasiado tranquilo, algo que ambas sabían que no era nada bueno-, estás castigada, irás de casa al instituto y del instituto a casa. Te ocuparás de tus hermanos el tiempo que no estés estudiando. Nada de televisión, radio, libros, CDs ni nada que suene medianamente divertido. Y tienes el móvil confiscado hasta nueva orden. Y no pienses ni por un momento que te vas a poder escaquear del castigo al salir de clase. Si no te llevo o te voy a buscar yo, lo hará tu tío o tu abuela. ¿Ha quedado lo suficientemente claro?
-Sí, papá.
-Si me entero, que sabes que lo haré, te juro por lo más sagrado que te meto en un internado. Y ten por seguro que buscaré el más estricto. ¿Estamos?
-Sí, lo siento.
-No mientas. Sólo sientes que te hayan pillado. ¿No crees que ya tengo bastante con lo que tengo encima como para preocuparme también de las locuras que puedas cometer? Ver a tu cuarto, enseguida iré a desconectarse todo.
Anabella apenas había cruzado la puerta cuando oyó a Elena contener un gemido. Se giró y vio cómo debajo de donde se encontraba su madrastra había un charco. Su padre ya la tenía cogida en brazos.
-Llama a tu abuela, dile que Elena se ha puesto de parto y que me la llevo al hospital. Corre.
Damon bajó las escaleras con su mujer en brazos y se la llevaba al coche cuándo su hermano le abordó por el camino.
-¿Qué ocurre?
-Necesito que te quedes en casa cuidando del fuerte, Elena se ha puesto de parto.
-Sí, por supuesto, hermano. Descuida. Llama cuando sepas algo, por favor.
Para cuando Damon llegó al hospital con Elena, su madre ya estaba allí con un quirófano preparado para ellos, un médico y una enfermera con la mente manipulada de tal forma, que, viesen lo que viesen en aquél quirófano, nunca recordarían nada.
-Venid por aquí -les dijo Mary Anne guiándolos al quirófano.
-Dame, tengo ganas de empujar.
-Aguanta un poco, cara mia. Ya casi estamos.
En cuanto llegaron al paritorio, Damon tumbó a su mujer en la camilla y el médico cogió el bisturí preparado para hacerle el corte que sacaría a su bebé y salvaría la vida de su amada Elena.
Sé que es cortito el capítulo y que llevo mucho tiempo sin publicar, pero tenía que poner un capítulo de relleno antes de colgar el último, ¿no?
Sí, esté es el penúltimo. Me da pena terminar la historia pero qué se le va a hacer... En esta vida todo tiene un principio y un final, ¿o no?
Sin más que añadir, besos desde STZ!
