Akatsuki no Yona no me pertenece, es propiedad de Mizuho Kusanagi.
~Dusk and dawn.
Día 4: Proteger.
— ¿Sigues mirándolo? —preguntó Lili, sorprendida de volver varias horas después y encontrar todo justo como lo había dejado.
Al ver el sudor corriendo por su frente y la agitación estremeciendo su pecho adornado por cicatrices, Yona no podía pensar en hacer ninguna otra cosa.
—Sí —contestó simplemente.
Él era el mejor guerrero de todos. Nacido entre la guerra y la sangre, hijo del campo de batalla. De cabello negro como la noche y ojos que anunciaban la muerte a todos los que se le enfrentaban.
Se había ganado el apodo de "Bestia del trueno" porque su lanza era capaz de derrumbar a cincuenta hombres de un golpe, como si de un rayo se tratase. Ante todo eso, ¿Qué otra cosa haría la diosa de la guerra, más que admirarlo todo el día?
—Hay muchos otros guerreros acudiendo a tu templo diariamente, él jamás ha pisado ninguno. Quizá si intentaras bendecir y proteger a otros jóvenes serían tan fuertes como él.
Yona se giró con rapidez, haciendo su túnica revolotear graciosamente al enfrentarse a la morena.
— ¡Ningún otro es como él, Lili! Nadie más siente ese furor por las batallas y ningún soldado cualquiera ha logrado permanecer tan puro como él a pesar de todo.
Lili suspiró, las mejillas de su prima se habían puesto casi tan rojas como su cabello y esa era la señal para retroceder, a menos de que deseara ganarse unos cuantos moretones de manos de la aparentemente indefensa Yona.
— ¿Sabes siquiera su nombre? ¡Espera! ¡No quiero saberlo! Sólo… Ten cuidado, ¿Si? El amor entre dioses y humanos siempre ha traído problemas.
Ruborizándose aún más –wow, si era posible–, Yona le dio la espalda a Lili y se dedicó a recoger sus flechas y arco de donde los había abandonado.
— ¡No es eso! Es sólo… No me importa si él no me pide que lo proteja ni pelea en mi nombre, yo lo ayudaré a cumplir su destino. Lo convertiré en rey.
— ¿Estás segura de que no debemos pedirle ayuda a Cupido? —bromeó Lili, con una gran sonrisa.
— ¡Lili, no!
…
